Moshi, moshi :3
Tardé más de lo esperado ._. pero esta semana fue de examenes y lo crean o no estudio para ello xD
Y la segunda razón por la que no pude sentarme a escribir fue que me enfermé terriblemente del estomago y ya sabrán...
En fin, no les aburro con mi vida sosa, vayamos a lo que importa, pero antes los reviews *w*
Deadloss: Que bueno que te guste mi OC, yo también a veces los odio, y es bueno saber que lo esté haciendo bien :D
Espero este capitulo sea de tu agrado.
Ana B Wolphe: Yo adoro responder sus reviews, para nosotros que escribimos nuestras historias y las compartimos nos hace muy felices leer la opinión de la gente.
Gracias enserio por tan bellos reviews que dejas, me animas mucho a continuar ;)
Entiendo lo de las contraseñas, son una lata, yo he olvidado millones de contraseñas -.- xD
Vaya, ese libro que mencionas suena interesante, espero que recuerdes el título para que pueda leerlo y en cuanto a la película de The Prestige, te la recomiendo muchisimo, querrás verla más de una vez ( en parte porque es algo confusa si no prestas atención desde el principio xD)
Espero te guste este capi, y sea de tu agrado mi interpretación de la supervivencia de Sherlock, la cual saqué de ver un millón de veces el capitulo de la última temporada y viendo en cientos de paginas web que traban el tema. Yo en lo personal creo que la que describo aquí es la más probable de todas, pero eso se deja al criterio de cada quien, incluso el director de la serie puede decir que Sherlock fue revivido con las esferas del dragón o que se yo, las posibilidades son infinitas en el mundo del entretenimiento xDD
Saludos y abrazos a donde quiera que te encuentres X3
paula alfonso. m: Nuevo cap al fin *llueve confeti* xDD lamento tardar pero la semana fue la locura -.-
Muchisimas gracias por comentar :3
Ahora si, solo me queda decir, disfruten el cap X3
Disclaimer: La serie Sherlock, así como los personajes no me pertenecen, son propiedad tanto de la BBC como de Sir Arthur Conan Doyle.
Veo esta ciudad arder
Estos sueños que flotan como cenizas
Nunca escuché tu voz
Solo silencio
¿dónde estabas cuando nuestros corazones sangraban?
¿Dónde estabas cuando todo se derrumbó?
Nuca pensé que me engañarías
¿Dónde estás ahora?
(Let it Burn by RED)
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Capítulo 4: La casa deshabitada.
Tres años dedicando su tiempo a desmantelar una gran red criminal sin precedentes, tres años fingiendo estar muerto para lograr sus fines sin ninguna clase de intromisión, porque quizá su némesis, James Moriarty hubiera muerto, pero su telaraña seguía ahí, fuertemente entretejida y letalmente poderosa, cualquiera que no se anduviera con cuidado, podría terminar enredado en ella y ser comido por las pequeñas crías.
Fue una decisión difícil y esperaba que en un futuro no tuviera que verse envuelto en la misma situación. Supo lo que Moriarty haría cuando vio su video en aquel taxi, y terminó por confirmarlo cuando supo que un hombre llamado Richard Brook hablaría sobre "la verdad" y quizá ya lo sabía incluso desde que su archienemigo le visitó en el piso de Baker Street, aunque en ese momento se negó a entenderlo.
Para el resto del mundo aquello no tuvo sentido, para él fue la pieza que faltaba en el rompecabezas, entendió que si quería terminar con todo eso, debía hacer grandes sacrificios y renunciar a muchas cosas.
Definió su meta no solo con atrapar a Moriarty, sino exterminar a toda esa red de corrupción.
Con la muerte de Moriarty, tenía la oportunidad perfecta para poder desparecerse del mundo por una temporada y llevar a cabo su tarea de "limpieza" por decirlo de alguna manera. Había deducido al momento de saber que las tres personas a las que consideraba amigos estaban en peligro de muerte, que sin duda su enemigo tenía tres adeptos a los que podía considerar cercanos, pero ellos no aparecerían tan fácil como el resto de los criminales, si quería hacerlo debería llamar su atención.
Lo logró un par de meses después y uno de ellos cayó en la trampa, y ahora pagaba una condena bastante larga en una prisión en Alemania. El segundo le había costado un poco más de tiempo y esfuerzo, al final no logró atraparlo precisamente, ya que miembros de una mafia llegaron antes que la policía y la cosa no acabó del todo bien, aunque no le preocupaba al saber que de todos maneras ya no andaba por ahí siendo una amenaza para las personas a las que apreciaba.
Y quedaba un tercer súbdito, el más escurridizo y se atrevía a decir que el más inteligente de los tres. Una entidad verdaderamente maligna y poderosa que aún mantenía lo que quedaba del legado de Moriarty, alguien a quien hasta la fecha no había podido atrapar, ese hombre era la verdadera y absoluta mano derecha de James Moriarty.
Hacía unos pocos meses que ese hombre había estado tras de él, llegó a matar a personas inocentes, como si quisiera probarle cuan poderoso era y lo que llegaría a pasarle si se entrometía con él. No por algo le dejó un mensaje en la escena del crimen de Anna Hilton, prácticamente le estaba invitando a reunirse y eso era precisamente lo que quería, lo que esperó por más de tres años.
Escuchó un golpeteo en la puerta y percibió como giraba la perilla y la puerta se abría lentamente. Reconoció aquellos pasos como los de su hermano, así que no se molestó en levantarse del sofá o siquiera dirigirle una mirada.
Tenía que decir que vivir con su hermano era un fastidio y quizá lo peor de todo lo que había tenido que hacer, pero después de todo necesitaba de Mycroft ya que su posición en el gobierno le resultaba de lo más oportuna ahora que era tan solo un fantasma sumido en la deshonra.
—Sherlock, traigo algunas noticias que podrían interesarte—comentó Mycroft con voz apacible.
No contestó, así que el hermano mayor de los Holmes continuó hablando.
—La señorita Hooper me ha llamado esta mañana—informó. Sherlock siguió sin mostrarse interesado—Y me ha dicho que John fue al hospital—sonrió al ver que su hermano por fin abría los ojos y cambiaba de expresión.
— ¿Piensa dedicarse a forense? —cuestionó con sorna para ocultar el repentino sentimiento de felicidad y nostalgia que le había causado el escuchar aquel nombre.
—En realidad, él estaba ahí con otras personas y por lo que tu amiga me dijo, uno de esos acompañantes estaba especialmente interesado en que John recordara lo que pasó en Barts el día de tu supuesto suicidio y al parecer descubrió tu pequeño truco—esta vez Sherlock dirigió toda su atención a su hermano.
— ¿Sabes quiénes eran esas personas? —interrogó mientras se preguntaba cómo había podido ser aquello si extremó grandes precauciones, no era posible que alguien supiera de él, no más de las personas de las que tenía conocimiento.
—La señorita Hooper mencionó que eran un hombre y una mujer, aunque la mente maestra ahí era la dama. —Mycroft frunció el ceño y clavó sus ojos en los de Sherlock. —Y por algún motivo se negó a revelar más, aunque igualmente dijo que no sabía quiénes eran.
Así que era una mujer… ¿Acaso John le había buscado a una especie de suplente femenina? Quizá no supiera los detalles de esa visita, pero él ya sabía de qué iba la cosa, ahora lo que quedaba por saber era de dónde provenían esas personas y cuáles eran sus intenciones.
¿Podrían ser de Scotland Yard? No, ellos seguían muy resentidos con su persona y era poco probable que se acercaran a John, y además eran demasiado idiotas como para llegar a sospechar de que su muerte era falsa por algo tan simple…
¿Detectives privados? Se veía más creíble, John podría haber contratado detectives privados para… ¿buscarle? ¿John…qué era exactamente lo que pasaba ahí?
Por vez primera no pudo llegar al final de todo, algo ahí estaba mal. John no tenía ningún motivo para creer que él podría estar vivo, él se había encargado de ello y no podía ser que simplemente guiado por una corazonada hubiera contratado a gente para comprobar sus pensamientos, era totalmente absurdo.
Nadie en el mundo podría haber sido capaz de descubrirle, porque por principio de cuentas no existía razón para creer que seguía vivo.
El único que conocía que sabía de su supervivencia era uno de los más fieles seguidores de Moriarty, y eso ya estaba planeado de esa manera…Entonces ¿cómo?
—Interesante—fue lo único que dijo después de su prolongado silencio.
—Te noto bastante tranquilo—observó su hermano— ¿Acaso no te preocupa que John sepa la verdad y todo se venga abajo?
Sherlock pareció meditar la respuesta. Por supuesto que le preocupaba John, todo lo que hizo fue para mantenerlo a salvo, para que volviera a tener una vida tranquila y libre de peligros, y que ahora le hubieran entrado ganas de hacérsela de detective no era muy bueno, pero tampoco podía hacer nada, lo mejor que podría hacer era esperar.
—Bien, he cumplido con mi parte de esto—Mycroft le tendió el periódico de ese día—Tú solo te entiendes, quédate aquí a resolver los crucigramas—al no ver reacción alguna por parte de su hermano pequeño echó a caminar a la puerta—Y no dudes que si algo le pasa a John por tu falta de interés estaré ahí para decirte un "te lo dije" —y dicho esto salió a paso veloz.
El detective miró con petulancia hacia la puerta y abrió el periódico para informarse de las últimas noticias, algunas eran bastante insulsas y en su mayoría ninguna llamaba su atención, siguió pasando las páginas hasta que llegó a la absurda sección de chistes y crucigramas que parecían haber sido hechos por monos debido a lo terriblemente predecibles y estúpidos que eran, miró de forma superficial y centró su mirada en una especie de código a base de números que estaba debajo de un título que decía "I know the truth", aquello llamó su atención y se dedicó a estudiarlo más a fondo. El código rezaba así:
51
77697884738265
6765736865
8482856779
686983806968736865
8965-7679-83656669-63
4855-5753-5448-5352-5349
8979-8369-7665-866982686568
7782-8372
Frunció el ceño y cerró el periódico, tenía cosas más importantes de las cuales ocuparse como para perder el tiempo intentando buscarle un sentido a un montón de números que de seguro no significaban nada, era un simple juego aburrido y sin ningún sentido como todos los que estaban ahí.
Últimamente se estaba tomando las cosas de forma muy paranoica y no estaba bien.
Miró la hora recayendo en que apenas eran poco más de las siete, se alistó con un excelente disfraz de vagabundo y salió a toda prisa de la casa de Mycroft.
Anduvo durante una hora vagando por las calles de Londres, tenía muchas ganas de pasearse por ellas con toda la seguridad y confianza del mundo, pero en las circunstancias en las que se hallaba, resultaba poco más que imposible.
Hasta que no se encontrara con el segundo de Moriarty no podría dormir tranquilo.
Llegó hasta una calle paralela a Baker Street, y entró por la parte trasera de una casa abandonada. Había estado ahí hacía dos días, no solamente había notado que desde la ventana del tercer piso podía verse perfectamente el departamento del 221B, sino que también reparó en que alguien había estado ahí con anterioridad, y que dicho visitante miraba hacia el piso con la ayuda de la mirilla de un rifle.
Sabía exactamente quién entraba ahí todas las noches y se quedaba mirando hacia la casa, y podía considerarse afortunado de que ese maldito no hubiera hecho ningún movimiento aún.
Observó el polvo y los restos de ceniza y supo que había estado la noche anterior también.
Al alzar la vista pudo ver a John saliendo del apartamento y después subirse a un taxi.
Una extraña sensación se alojó en su pecho al ver a su amigo, en ese momento deseo salir corriendo e interceptarlo, decirle que estaba bien, aunque con los recientes hechos quizá ya lo supiera y ahora lo único que se preguntaba era porque no le dijo nada. Quizá fuera con Mycroft en ese momento para preguntarle si sabía algo.
Tenía que darse prisa en atrapar al seguidor de Moriarty antes de que John hiciera algo idiota, porque si lo hacía su vida pendería de un hilo, más de lo que ya lo había estado haciendo en los últimos meses.
Faltaban cinco minutos para que dieran las nueve, no se le antojaba llegar temprano a la casa de su hermano, así que anduvo paseando hasta que llegó a una iglesia, llamó su atención la cantidad de patrullas y gente que se arremolinaban fuera del complejo, se acercó discretamente y escuchó a un par de policías explicando lo que había pasado a la multitud de curiosos. Un hombre de unos cuarenta años había sido asesinado de un disparo en la cabeza, aunque la víctima resultó ser un asesino a sueldo buscado durante años por la Interpol, según los oficiales. No necesitó saber más para llegar a la conclusión de que el partidario de Moriarty era el responsable…Ahora hasta a su propia gente estaba matando, no cabía duda de que estaba desesperado y ya no había tiempo, pronto, muy pronto llegaría su oportunidad.
Siguió su camino hasta llegar a un parque cercano y ahí se quedó un rato, meditando sobre lo que pasaba y lo que estaba a punto de pasar.
Recordó a John saliendo del 221B y rememoró los viejos tiempos; si algo había extrañado en los últimos años era a John.
¿Acaso él ya sabía sobre su supervivencia? Y de ser así ¿cómo lo supo? Era ilógico pensar que era por una mera corazonada, pero tampoco es que tuviera muchas otras opciones que analizar, y aquella mujer que estaba con él… ¿quién sería?
Un hombre pasó a toda prisa gritándole al móvil y dejó caer el periódico que llevaba bajo el brazo. Sherlock suspiró y se apeó de la banca para seguir su camino, echó una mirada al diario y lo recogió volviéndose a sentar. Lo ojeó tranquilamente, tal parecía que ese día no publicarían nada interesante, cuando llegó a la sección de entretenimiento, esbozó un gesto de sorpresa al ver que en la parte inferior de la hoja estaba el mismo código que vio esa mañana en el periódico que le dio Mycroft.
Prestó más atención, algo raro había ahí, ese periódico era completamente distinto y más sin embargo tenía el mismo código bajo el mismo título.
Observó el código como si de ello dependiera su vida, no parecía tener sentido alguno, no hasta que su teléfono comenzó a sonar, lo sacó lanzándole una mirada despectiva por haber interrumpido sus pensamientos, pero entonces recordó algo, canceló la llamada y comenzó a teclear como si fuera a enviar un mensaje de texto, cuando hubo terminado enarcó una ceja y sus ojos brillaron de admiración y cierto temor.
Después de todo si había un mensaje oculto en aquellos números, y no sabría decir si era bueno o malo. El mensaje descodificado decía:
3
MENTIRA
CAIDA
TRUCO
DESPEDIDA
YA LO SABE?
07-95-60-54-51
YO SE LA VERDAD
MR SH
Borró lo escrito y comenzó a escribir un mensaje; sin dudas, ese caso era verdaderamente interesante, y quería llegar al final de él.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Charlotte se apresuró a tomar el móvil y después de observarlo unos momentos y teclear a toda prisa se volvió a mí con una amplia sonrisa.
—Voy a explicárselo con calma en otra parte a la que quiero que me acompañe—se acercó a mí y me tendió su manita—Es momento de completar el acto y de que cumpla la promesa que le hice…El prestigio—sonrió—Voy a traerlo de vuelta, doctor Watson…
Los ojos de Charlotte brillaban con avidez y parecía que nada en la faz de la Tierra podía contra su repentino júbilo. Acepté su mano sin saber realmente qué era lo que estaba pasando por su mente, pero con la idea de que ella me lo aclararía más adelante.
.
— ¿Y vestir con pijama y pantuflas es el último grito de la moda londinense? —pregunté mientras el auto se movía a buena velocidad por la avenida. Charlotte había salido como si nada sin molestarse en cambiar de ropa y aunque se le veía adorable, hacía algo de frío afuera como para estar así.
—No tengo tiempo para esto, doctor Watson—inquirió la niña—Tiene preguntas—apuntó sin llegar a mirarme a los ojos y manteniendo la mirada fija en la ventana—Puede hacerlas ahora.
—La verdad es que no entiendo nada—reconocí—, así que si tiene la amabilidad de contarme todo desde el principio lo agradecería infinitamente.
—Tengo la certera idea de que si le contara todo lo que he descubierto pondría su vida y una gran obra de teatro en un riesgo inhóspito, doctor Watson—comentó la niña con la voz tan monótona como quien habla del estado del clima—, y como no quisiera que hubiera más víctimas, me abstendré de decirle algo más de lo que considero estrictamente necesario, más sin embargo, y si todo va tal cual mi plan, muy pronto podrá enterarse de todo de manos de un experto. —Supuse que vio mi gran gesto de desconcierto, porque agregó—Lo que le he dicho es solo un modo de atar cabos sueltos, eso del prestigio es solamente mi interpretación de un hecho, en mi cabeza lo he visto como un truco de magia y no se supone que el resto del mundo deba verlo igual.
—Un experto…plan ¿qué plan? —pregunté.
—Ya le he dicho que no puedo decir mucho por su propio bien—espetó—Pero es un plan para atrapar al asesino.
— ¿Sabe ya quién es el asesino? —interrogué.
—Naturalmente—afirmó mientras sacaba la misma pelota rosada, que le había visto hace un rato del interior de la bolsa de su bata y empezaba a juguetear con ella entre sus manitas con aire distraído.
— ¿De verdad? —exclamé, ya que por mucho que supiera que no estaba tratando con alguien precisamente normal, aquello me parecía demasiado.
—Si no lo supiera ya, no hubiera puesto en marcha mi plan y mucho menos me encontraría aquí con usted. —argumentó encogiéndose de hombros.
— ¿Puedo preguntar quién es? —dije con calma, aun intentando asimilar que ella hubiera podido encontrar a un asesino.
—No en este momento—apuntó deteniendo su juego con la pelotita y sosteniéndola en una sola mano.
Fruncí el ceño, algo me decía que me estaba tomando el pelo.
El auto se detuvo, tardé un poco en darme cuenta que estábamos enfrente de mi consultorio. ¿Qué acaso no íbamos a algún lugar sospechoso aparentemente relacionado con el asesino?
—No estoy jugando con usted—informó con cierto aire de indignación—Ahora, es mejor que entremos aprovechando que casi no hay nadie merodeando por la calle.
El joven mayordomo bajó del auto y nos abrió la puerta, yo me apuré a salir y mantuve abierta la puerta del consultorio para que pudieran entrar rápidamente y sin contratiempos.
Ya dentro del consultorio, la niña se ubicó en la camilla y se recostó juntando sus manos a la altura del pecho y quedándose completamente inmóvil como si fuera una momia, el mayordomo mencionó algo de regresar a buscarle ropa y se marchó apenas se hubo asegurado de que la chiquilla estaba segura ahí.
Me acerqué a mi escritorio y contemplé a Charlotte por lo que me pareció mucho tiempo.
—No vamos a ir a ninguna parte—informó, quizá notando la creciente pregunta que se estaba formando en mi cabeza—Aquí es justo donde debemos estar y no hay más.
— ¿Y por qué precisamente? —interrogué con una ceja enarcada y preguntándome cada vez más, que enredos y maquinaciones estaba haciendo esa niña.
—Tenemos que esperar—fue su respuesta.
— ¿Esperar? ¿Esperar qué? —insistí.
—A que las piezas del juego estén bien acomodadas en su sitio—indicó moviéndose por fin y sentándose en la camilla—Si algo sale mal todo se va al traste, así que nos conviene ser pacientes, doctor.
El mayordomo llegó una hora después cargando con una pequeña maleta y un par de bolsas de supermercado en cada mano, permití a la niña darse un baño y más tarde pasé una buena media hora mirando a Charlotte, quien se encontraba recostada en la camilla sin mover ni un solo musculo.
Más tarde, el joven Dominic me preguntó si deseaba comer, a lo cual me negué rotundamente y recibí toda una catedra sobre la alimentación por parte de la niña, así que terminé por comerme dos piezas de pollo "a las finas hiervas" como había recitado el chico, un gran plato de ensalada y algo de sopa también. Fue ahí en dónde descubrí que Charlotte comía demasiado muy a diferencia de lo que pensé.
El tiempo pasó y no sucedía nada, ya estaba anocheciendo y la niña seguía sin decirme algo sobre lo que debíamos hacer, por lo que estábamos esperando. Leía cómodamente sentada en la camilla un libro de anatomía que le había prestado, y de vez en cuando se dedicaba a hablar consigo misma sobre cosas de las cuales no tenía ni idea.
— ¿Cuánto tiempo más estará así? —bufé cansado y lanzándole una mirada exasperada al mayordomo.
—Siéntese afortunado porque no está aburrida—comentó el joven sonriendo y mirando con ternura a la niña—Ella sabe lo que hace, siempre ha tenido esa habilidad.
— ¿Le conoce de hace mucho? —pregunté para pasar el tiempo.
—Ya lo creo que sí—asintió—Yo...
Un teléfono comenzó a sonar en la habitación, aunque casi enseguida el tono fue interrumpido, Dominic carraspeó un par de veces como intentando llamar la atención de la menor, sin éxito, debo agregar.
—Su teléfono, señorita—dijo en voz baja.
—Sí, sí—ella siguió con el libro—Alcánzamelo si eres tan amable.
Negué con la cabeza, el jodido teléfono estaba a su lado, y no pude evitar recordar a Sherlock, siempre indiferente al móvil, completamente incapaz de contestarlo por sí mismo, requiriendo de mí para hacérselo llegar aunque lo tuviera en la nariz.
—Ya es hora—comentó la niña interrumpiendo mis dolorosos recuerdos del pasado, mientras tecleaba hábilmente y sonreía a la pequeña pantalla—Doctor Watson, voy a cumplir con lo que le prometí.
— ¿Sobre qué? —pregunté.
—Ya lo sabe—apuntó. Sus ojos fijos en la pantalla del móvil—Dominic nos llevará al lugar al que necesitamos ir esta noche. Hoy termina el juego…Jaque mate
Salimos del consultorio a toda prisa y cuidando que nadie nos viera, según Charlotte era mejor pasar desapercibidos e intentar no llamar la atención de la gente, cosa que encontré difícil dado el hecho de que la niña llevaba un gorro con orejas de gato.
Subimos al auto sin mayor contratiempo y una vez más recorrimos las calles de la ciudad, según por lo que observaba, nos dirigíamos a Baker Street, pero en lugar de girar, seguimos de frente y llegamos hasta otra calle aledaña, el automóvil se detuvo y el mayordomo apagó las luces, quedándonos en completa oscuridad. Charlotte miraba con los ojos entrecerrados hacia todos lados.
Hubo un prolongado silencio, vacilé antes y miré a Charlotte, ella se volvió a mí y me sorprendí un poco al ver su rostro especialmente serio, como si estuviera intentado decir algo y no pudiera por la falta de las palabras adecuadas.
— ¿Necesita decirme algo? —inquirí volviendo mi atención a ella y sin poder ocultar mi asombro ante su mirada de disculpa, como si acabara de cometer una travesura y supiera que por ella le vendría un buen regaño.
—No me odie, doctor Watson—pidió y por fin pude ver algo parecido al dolor en sus ojos verdes.
— ¿Perdón? —Dije sorprendido por aquello— ¿Por qué habría de odiarla?
—Yo lo hago por su bien, no tenía intenciones de ocultarle nada, y debe entenderme, así que ¿le puedo pedir que no me odie?
Su expresión se mantenía serena, pero en sus ojos brillaba cierto aire de súplica. No entendía por qué me pedía eso, no tenía motivos para odiarla, pero supe que debía prometérselo por alguna razón.
—Jamás voy a odiarla ¿cómo podría?
Le sonreí y ella me devolvió una radiante sonrisa, antes de volverse a poner seria, dejó salir el aire lentamente. Charlotte era de esas personas que siempre te sorprenden. ¿Odiarla? Ni en un millón de años podría odiar a una persona como ella, mí único consuelo en este mundo.
Charlotte hizo un gesto con la cabeza y el mayordomo salió del auto y abrió la puerta de mi lado.
—Dominic le acompañará al lugar indicado—aclaró la niña—Si todo resulta según lo planeado, tendrá las respuestas que necesita—yo esperaré aquí por cualquier cosas.
Quise preguntarle algo más, pero la creciente adrenalina subiendo a borbotones por mi garganta me imposibilitó hacer otra cosa más que asentir. Salí del interior del cálido automóvil y un escalofrío recorrió mi columna vertebral, aunque no supe bien si fue por el golpe del viento gélido o por alguna otra razón.
Caminamos en silencio, el joven se movía sigiloso como un felino, y yo le seguía lo mejor que podía. Después de recorrer algunos callejones, llegamos hasta la parte trasera de una casa abandonada, una construcción imponente que antaño habría sido hermosa.
Dominic avanzó primero, me indicó con un gesto que hiciera el menor ruido posible, casi anduvimos de puntillas, la casa olía a humedad y soledad, y su aspecto indicaba que llevaba demasiados años sin albergar ni siquiera a un vagabundo. Cuando íbamos por el segundo piso, un fuerte golpe proveniente de la planta de arriba nos hizo ponernos alerta, más golpes le siguieron al primero, así que abandonando toda precaución corrimos escaleras arriba. Al entrar nos encontramos a dos hombres peleando con gran habilidad, ambos eran altos, de cabello corto y rizado, y me di cuenta que delante de mí, había dos personajes sumamente parecidos a Sherlock.
El tiempo comenzó a pasar a cámara lenta, y me sentí ajeno a lo que estaba aconteciendo delante de mis ojos.
Dominic se lanzó a intentar detener la pelea, creí escuchar que me gritaba algo, pero no fui capaz de entender qué. Alguien habló detrás de mí y una fuerza extraña me empujó hacia un lado, uno de los hombres que peleaban se incorporó trabajosamente del polvoriento suelo y posó sus ojos en los míos, recibí un choque eléctrico que me hizo abrir los ojos desmesuradamente. El otro hombre forcejeaba con un par de oficiales ¿cuándo habían llegado? no lo noté hasta ese momento, quizá ellos habían sido los que me empujaron.
Me encontré con la figura conocida de Lestrade, quien en ese momento ayudaba a los oficiales a inmovilizar al asesino.
Seguí observando al hombre delante de mí, el que permanecía sereno, el que tenía una mirada inexplicable y quien comenzó a acercarse lentamente, como para no asustarme.
—John…—dijo con una voz suave, familiar.
La habitación comenzó a dar vueltas, de repente me sentí claustrofóbico, no había aire suficiente, era imposible respirar.
—Sherlock—fue lo único que alcancé a decir antes de que desmayarme por primera vez en mi vida.
Abrí los ojos. Tardé un poco en orientarme, me dolía un poco la cabeza, como si me hubiera golpeado, me incorporé lentamente y una sensación de vértigo me hizo afianzarme al buró para no caer. Estaba en mi habitación de Baker Street, no recordaba cómo había llegado ahí, todo era muy confuso, la casa abandonada, Charlotte, aquellos hombres peleando en el interior de la casona… ¡Sherlock! Había visto a mi amigo en esa casa, con un hilillo de sangre resbalando por su nariz, bastante más corpóreo y real que mis pobres alucinaciones.
Salté de la cama, bajé las escaleras lo más rápido que pude, entré a trompicones a la sala de estar, y fue ahí en dónde lo vi. Sherlock Holmes estaba sentado en el sofá de cuero, con las manos entrelazadas y un semblante sereno en su rostro. Alzó la cabeza y me miró intensamente con esos ojos azules que tanto había extrañado.
—S-Sher-Sherlock—tartamudee con un hilo de voz que ni siquiera yo escuché.
El aludido me sonrió y se puso de pie. No le dejé avanzar más, ya que me abalancé sobre él, le tomé de los brazos apretándoselos con fuerza, no era una ilusión, él estaba ahí de verdad.
— ¡Dios mío! —Exclamé agarrándome más, pues sentía que me iba a desmayar otra vez— ¿Enserio eres tú?
—Tómalo con calma—recomendó guiándome hasta mi sillón y ayudándome a sentar.
— ¡¿Qué lo tome con calma?! —Grité respirando con dificultad— ¡Tú…esto…!
Las palabras se atascaron en mi garganta, no sabía si estar feliz o enojado, necesitaba una explicación, y la necesitaba ya.
—John…—la mirada de Sherlock era diferente a todas las que le había visto con anterioridad, era una mezcla de dicha y disculpa.
Supuse que quería una respuesta, porque esperó un largo rato y al ver que no decía nada continuó.
—John, lo siento mucho, era algo que debía hacer—por primera vez noté algo de arrepentimiento y verdadera disculpa en su tono de voz.
Seguía en estado de shock, quería decir tantas cosas, quería golpearle y abrazarle a la vez, pero mi cuerpo se negaba a responder a ninguna acción.
—Era prescindible que todo el mundo creyera que estaba muerto, y sobre todo tú, John—prosiguió. — ¿Me dirás algo? —inquirió al ver que no le daba respuesta alguna.
—Yo…yo no sé qué quieres que diga—dije al fin con la voz rasposa después de no haber hablado por un considerable tiempo—No sé si quiera decir algo, la verdad.
Los ojos de Sherlock me miraban con gesto escrutador, sabía que estaba analizándome y poniéndose al día con lo que me pasaba. Agaché la cabeza y miré fijamente mis zapatos, intenté poner en orden mis pensamientos, pero estaba resultando muy difícil, dolorosamente complicado.
—Cuando descubrí el plan de Moriarty, idee un plan para poder ponerle fin a todo, él me amenazó diciéndome que si no saltaba del edificio, tú, la señora Hudson y Lestrade serían asesinados—echó a caminar por la habitación—Ya me esperaba algo así, y después de que se pegó un tiro, no me quedaba más que saltar si quería que ustedes vivieran.
Alcé la cabeza y lo contemplé totalmente asombrado por su relato.
—Yo ya tenía mis planes, me anticipé a Moriarty, siempre lo hice—prosiguió—Entendí que si quería desmantelar su red criminal y volver a tener seguridad, debía hacerles creer a sus seguidores que no había peligro alguno, así que por eso era necesario que nadie supiera que estaba vivo.
Sherlock, todo ese tiempo, lo que había hecho era por nosotros. Apreté los dientes para evitar llorar por aquello.
—Y todo el mundo creyó que eras un farsante—grazné—Lo creen hasta la fecha.
—Eso ya está arreglado—afirmó más animado porque hubiera vuelto a hablar— ¿No recuerdas al hombre de la casona abandonada?
— ¡Se parecía a ti! —exclamé al recordar al hombre con el que peleaba—No entiendo.
—Te acordarás por supuesto de la hija del embajador americano que gritó cuando entré a verla, por quién comenzó a despertar la duda en los de Scotland Yard sobre si yo estaba involucrado en el secuestro—comentó tranquilamente sentándose en cuclillas sobre el sillón.
— ¿No me dirás que…?—pensé que mis ojos se saldrían de sus orbitas—Ese hombre…
—Fue quien secuestró a los niños; como ya habrás notado su parecido físico conmigo es sorprendente, y estando en una fábrica abandonada, envuelto en las sombras, sin duda logró crear una buena ilusión en la niña.
Mi mirada lo decía todo, no encontré las palabras adecuadas para poder expresar todo lo que sentía en ese momento, por suerte, Sherlock siempre sabía lo que pasaba por mi mente.
—Es algo tan brillante—sonrió—, debo decir que hasta cierto punto me siento honrado de haber participado en un juego tan excitante, pero siempre es bueno restaurar un poco las cosas ¿no te parece?
Para mí no era algo brillante, ni agradable, aún tenía la cabeza llena de dudas, y esperaba que estas fueran respondidas antes de que me arrancara el cabello.
—Sherlock ¿qué has hecho estos tres años? —Sentía mi voz algo ajena—Cuéntame cómo fue que sobreviviste a la caída, y…
—Una cosa a la vez, John—interrumpió con desenfado—Pienso contarte todo lo que quieras—juntó ambas manos a la altura de la barbilla y prosiguió—Durante estos últimos tres años me he dedicado a disolver la gran telaraña de Moriarty. Una semana después de haber fingido mi muerte, viajé a Florencia, estuve ahí un corto tiempo para poner todo en orden y prepararme para mi largo viaje. Supongo que habrás oído de un viejo ex policía apellidado Sigerson que capturó a un grupo de asesinos en Paris, y jamás se te ocurrió pensar que estabas recibiendo una noticia de tu amigo.
En fin, nada ha sido cosa fácil, pero me las apañé bien, debo decir que mi hermano Mycroft y Molly fueron mis confidentes, qué más hubiera querido yo que contarte todo, pero temía que no pudieras ocultar lo que en verdad pasaba y eso habría sido catastrófico.
Tuve que apoyarme de mi hermano para que me prestara dinero y de vez en cuando me consiguiera cierta información privilegiada, y Molly, bueno ella me ayudó en mucho gracias a su posición en la morgue.
Créeme que varias veces quise escribirte, pero sabía que de hacerlo solo te pondría en riesgo y eso era lo último que quería.
Supe al principio de todo que Moriarty tenía por lo menos tres fieles seguidores que podrían considerarse los más peligrosos de todos, así que ellos eran mi prioridad, logré atrapar a dos de ellos, pero uno solo logró escapar, debería decir que es el segundo hombre más peligroso.
Me llamó especialmente la atención esa serie de asesinatos que estaban conectados por algo relacionado a mí, así que supe que muy pronto llegaría el momento de verme a la cara con el segundo de Moriarty, estuvo por más de un mes mandándome mensajes, y al fin pude atraparle.
— ¿Y cómo has podido dar con él?—inquirí.
—Verás, desde el tercer piso de esa casa se puede apreciar a la perfección este departamento—aseguró—Cuando volví a Londres persiguiéndole, sabía que vendría a por ti, pedí a los chicos de la red de vagabundos que pusieran atención a cualquier cosa que resultara sospechosa cerca de Baker Street o sus inmediaciones. Uno me informó sobre haber visto a un hombre sospechoso entrar a esa casa, y mencionó que desde ahí se podía ver el 221B, así que me puse a investigar y corroboré que alguien había estado vigilando y con un arma apuntando hacia las ventanas, así que de ahí supe cómo encontrarle, bastaba con ponerle una trampa.
El resto, bueno, espero que tú puedas contestar esa interrogante.
— ¿Yo? —Cuestioné— ¿Por qué yo?
—Molly dijo que habías ido a Barts con unas personas, entre ellas una mujer—comentó—Al principio supuse que contrataste a alguna detective porque por alguna razón sospechabas que estaba vivo. Ahora sé que no es así, ya que cuando me viste en la casa abandonada parecías verdaderamente sorprendido por verme, por lo cual es obvio que ella te pidió ayuda por algún motivo. Estoy completamente seguro de que esa mujer fue quién me envió el mensaje codificado a través del periódico y no entiendo por qué lo ha hecho. Tú debes saberlo porque la conoces.
La mandíbula se me vino abajo ¿Sherlock no se estaba refiriendo a…? ¿Charlotte había mandado un mensaje a Sherlock?
Recordé su mención de un plan, y su argumento de que pronto lo sabría todo. Sus palabras adquirieron por fin un significado, incluso su petición de que no le odiase, porque ella había averiguado que Sherlock no estaba muerto, y no lo dijo porque de alguna manera había entendido que podría suponer un riesgo.
Me dejé caer abatido, admirado por la inteligencia de Charlotte.
—Bueno, una mujer precisamente no es—inquirí y no pude evitar sonreír levemente. ¿Cómo reaccionaría Sherlock si supiera que la mente maestra era una niña de once años?
— ¿A qué te refieres? —entrecerró los ojos y me traspasó con la mirada.
—Primero dime cuál fue el gran teatro para atraer al asesino.
—Un mensaje en la web, una figura de cera y el apoyo de las personas correctas—declamó la voz musical y aniñada de Charlotte Whitehall quien en ese momento iba entrando a la sala acompañada por su mayordomo y la señora Hudson.
Sherlock miró a la niña con extrañeza y ella le devolvió la mirada, completamente inexpresiva y carente de interés.
—Aquí la jovencita viene a buscarlos chicos—la señora Hudson parecía muy tranquila y más feliz. Sherlock me dirigió una mirada de "es obvio que ya debe saberlo si te traje aquí yo mismo"
La señora Hudson se ofreció a preparar té, más sin embargo el joven mayordomo dijo que él se encargaría de ello y que fuera a descansar. Lo atribuí a que Charlotte no quería que nadie interrumpiera.
Cuando la casera se hubo ido, la niña avanzó un par de pasos y me lanzó una rápida mirada.
—Bien, como te decía no es una mujer, mujercita es más adecuado para ella—sonreí ampliamente al ver la cara que ponía Sherlock mientras sus ojos recorrían a la niña, estudiándola, seguramente preguntándose cómo una niña con un gorro que poseía orejitas de gato era aquella persona de la que quería saber.
Se desarrolló un duelo de miradas, parecía que el mundo había desaparecido para Sherlock y Charlotte y solamente estuvieran ellos dos. Por la manera en que se miraban, daban la impresión de estarse comunicando mediante telepatía o algo así.
—Exactamente—dijo Charlotte como contestando a un pensamiento de Sherlock.
—Fue una buena idea usar el código ASCII—reconoció.
—Vi mis propios intereses en ello—apuntó la niña.
—Obviamente—respondió mostrando por un momento un ligero brillo de sorpresa en sus ojos azules.
—No todos aquí leemos la mente—interrumpí su extraña conversación a medias. Quizá entre ellos se entendieran, pero yo no lo hacía.
La mirada que Sherlock le dirigía a Charlotte, dejaba ver un gran respeto por ella, y a la vez un brillo de curiosidad e intriga resplandecía en sus ojos. Naturalmente, mi amigo estaba maravillado por la niña.
—Hay que escuchar al doctor Watson—la pequeña dejó de observar a Sherlock y volvió a dónde su mayordomo la vigilaba—Tanto que explicar, lo bueno es que tenemos una cantidad de tiempo razonable para dejar todo claro.
— ¿Podrían decirme qué demonios fue lo que pasó? —Pedí quizá más bruscamente de lo que pretendía— ¿Cómo pudo ella saber que estabas vivo, más bien, cómo fue que sobreviviste a esa caída por principio de cuentas? Yo vi cuando caíste y te tomé el pulso y no lo había, así que…
—Si se pregunta qué cómo supe que el señor Holmes estaba vivo, fue por la simple razón de que, como le dije en su momento, el asesino se había tomado un tiempo antes de comenzar a matar, pudiéndolo hacer desde un principio, cuando deduje que estaba enamorado de Moriarty y al ver la nota dejada en la escena del crimen de Anna Hilton, fue bastante obvio saber que éste no podría estar más que detrás de Sherlock Holmes después de enterarse que estaba vivo, cosa que seguramente sabía gracias a la cantidad de criminales que habían sido atrapados, imposible que no llamara su atención.
— ¿Y cómo explicaría que mató a esas personas fundadoras de páginas web dedicadas a mí? —cuestionó Sherlock, mirándole con arrogancia.
—Obviamente eso fue un fuerte distractor en un principio, porque parecía que el asesino simplemente quería proteger la verdad sobre usted—argumentó—Pero uniéndolo con lo anterior, resultó ser más que evidente que lo que quería era atraer su atención principalmente, y de paso callarle la boca a quienes hablaran de más.
— ¡Sorprendente! —exclamé mirándola con admiración.
— ¿Y será tan amable de relatarnos cómo fue que sobreviví? —Sherlock permanecía con la vista clavada en la pequeña Charlotte. —Eso es justo lo que John, y debo decir que igualmente yo, deseamos oír de su boca.
—Esta es nuestra pieza central—Charlotte mostró la pequeña pelota rosada que le había visto cargar todo el día—Cuando supe que estaba vivo, yo misma me pregunté cómo logró sobrevivir, fue fácil determinar cómo consiguió saltar sin lastimarse, debido a que el campo de visión era obstruido por un edificio, y el doctor Watson dijo que un hombre en bicicleta lo había arrollado, habría muchas maneras de sobrevivir, usando un cable, cayendo sobre una colchoneta, y el tiempo suficiente para quitarlo todo antes de la gran confrontación.
Lo difícil fue determinar cómo había logrado detener el pulso, pensé en un principio que podría haberse hecho uso de una droga, pero entonces el señor Watson mencionó la pelota y todo quedó claro.
— ¿Qué tiene la pelota? —inquirí.
Sherlock esbozó una media sonrisa y esperó a que Charlotte lo dijera.
—Es un truco. Una persona puede tomarle el pulso en la muñeca a alguien, pero si este se pone una pelota de tennis o squash en la axila y la aprieta con fuerza, el flujo de sangre del brazo es restringido y el pulso se frena.
Y fue ahí cuando todo adquirió sentido. Ahora entendía por qué Charlotte me había pedido que recordara lo ocurrido aquel día, y el motivo de que se exaltara tanto cuando mencioné la pelota con la que había jugado Sherlock.
—Moriarty mencionó antes de todo que le debía una caída, y después, cuando salió a la luz aquella noticia sobre mí, supe que lo que él me obligaría a hacer sería saltar de alguna parte, suicidarme era lo que quería que hiciese, así pues recurrí a Molly para que me ayudase a montar todo el teatro de mi muerte—narró Sherlock, con la mirada perdida en algún punto de la estancia—Primeramente, Molly salió a buscar a algunos de los chicos de la red de vagabundos, y a preparar un buen lugar en el que pudiese caer sin matarme, ella fue quien pidió a uno de los chicos que te llamara y te diera una falsa alerta para que salieras del edificio que escogí para escenificar mi muerte, era prescindible que no estuvieras ahí o todo saldría mal si te dabas cuenta que todo era un montaje. Posteriormente envié un mensaje a Moriarty y esperé a por él, ya durante nuestra confrontación él mencionó que si no saltaba del edificio mataría a mis amigos, debo decir que me desilusionó un poco que cuando le pregunté a quienes pensaba matar, me lo dijera en forma de lista, aunque esperaba eso, ya que así podría confirmar que él ni siquiera se había preocupado por Molly, así que mi plan sería llevado a cabo sin contratiempos.
Lo que quedaba era saltar, si bien descubrí que había una manera de evitarlo, él se disparó en la boca para que no pudiera hacer otra cosa más que saltar, esperé lo suficiente para que todo allá abajo se acomodara bien. Por eso no te permití que fueras más allá del edificio enfrente de Barts, entonces cuando todo estuvo preparado, salté y el resto, como la "damita" lo ha dicho fue cuestión de un simple truco de magia.
— ¿Y en qué rayos caíste como para no hacerte puré en el suelo? —interrogué fervientemente aun sumido en un estado de sopor que no me permitía pensar con demasiada claridad ni coordinar muy bien mis movimientos.
—Eso es cierto—concordó Charlotte— ¿Cómo fue eso?
Sherlock nos miró alternativamente y se encogió de hombros.
—Un camión con una colchoneta y una cantidad considerable de bolsas llena de materiales que servirían para refrenar mi caída y hacer más fácil caer sobre el pavimento—aseguró—Una vez más, Molly ayudó donando un poco de la sangre que guardan ahí y por supuesto, dirigiendo a la maravillosa red de vagabundos para que escenificaran a un montón de médicos y curiosos.
—Sublime—alabó Charlotte radiante.
— ¿Y el tipo que me arroyó también estaba envuelto en eso? —dije con voz ahogada.
—Obviamente—recitaron al unísono, provocando así una mirada escéptica por parte de Sherlock y una arrogante por el lado de la niña.
—No todo fue fácil, a pesar de que sabía lo que me esperaba, tuve que sacrificar muchas cosas, tomar decisiones difíciles—Sherlock se había puesto de pie—Pero al final ha valido la pena y ahora podremos dormir tranquilos, que el imperio de Moriarty por fin ha terminado.
—Y ya puede darse el lujo de salir con total libertad—afirmó la niña—Haber atrapado a ese hombre supuso el último dato que necesitaba para mi investigación sobre su veracidad, señor Holmes, así que en cuanto se me permita publicarlo, el mundo entero sabrá la verdad sobre Moriarty y su honor será recuperado.
—Debo decir que nunca me imaginé que una niña podría saber tantas cosas—comentó Sherlock entre impresionado y curioso—Mi campo no son los niños, pero estoy seguro de que ellos están más interesados en series basura, videojuegos y cualquier otra cosa que resulta más que aburrida e insufrible.
—Y ser niña tampoco es mucho mi campo—respondió Charlotte.
— ¿Dejará que observe ese informe sobre mí? —Pidió mi amigo—Me resulta de lo más intrigante ver qué cosas ha investigado para determinar mi veracidad.
—Será un honor para mí—apuntó la chiquilla.
—Ahora ya veo por qué no llevas el bastón—dijo—Esta niña es bastante interesante.
Ambos personajes se miraban con entendimiento, ninguno de los dos dijo una sola palabra más, y más sin embargo, por el brillo de sus ojos, algo me decía que en realidad si estaban manteniendo una conversación mental.
Pasamos un buen rato sumidos en el más profundo silencio, yo aún me sentía aturdido por los recientes acontecimientos, que no era capaz de decir algo, así que ocupé el silencio para hacer lo posible por poner en orden mis pensamientos.
No sabía aun lo que podía esperar de mí y Sherlock, tenía que reconocer que me sentía un poco molesto porque él no me hubiera contado sus planes, pero mi sentimiento de felicidad era más grande y decidí que por el momento simplemente dejaría al velero seguir su curso según lo decidiera el viento.
Como ya era bastante tarde, Charlotte y su mayordomo se marcharon, no sin antes prometer que regresarían para enseñarnos la investigación sobre Sherlock.
Cuando regresé después de acompañar a la puerta a los invitados, volví a la sala y me senté en el reconfortable sillón, entonces recordé que aún no sabía algo.
—Ya no me dijiste como fue que atrajiste al asesino y ni siquiera sé quién es.
—Cuando descodifiqué el mensaje de Charlotte Whitehall, en este me dejaba un número, así que le envié un mensaje y ella me respondió cosas bastante interesantes, mencionó haber estado contigo en Barts, así que supe a medias quien era. Le informé sobre que estabas en peligro y que eran un blanco primario del asesino.
No me preguntes cómo, pero ella se metió a tu blog y publicó en tu nombre un curioso mensaje que daba a entender que ya sabías que estaba vivo, igual yo pensé que si lo sabías, pero eso es otra cosa, el punto fue que esa era la carnada. El seguidor de Moriarty pudo matarte en varias ocasiones pero nunca lo hizo, así pude deducir que él estaba esperando a que yo estuviera presente.
El plan consistió en que yo esperaría en la casa deshabitada, a la que seguramente acudiría el asesino esta vez para matarte. Ella consiguió una figura de cera que se parecía a ti, y mandó a alguien para que la manipulara constantemente. La señora Hudson pasó el día entero en la calle y tú debías permanecer en otro lugar seguro. Todo resultó bien, las cortinas opacas ayudaron mucho a que todo fuera más creíble, y el asesino disparó a la figura de cera.
— ¡No me lo puedo creer!—exclamé—Ustedes dos si estaban en todo. ¿Y dónde está la figura de cera? —miré hacia todos lados para buscarla pero no había nada.
—La vino a recoger hacia un rato el tipo que venía con Charlotte Whitehall—respondió restándole importancia.
— ¡Tendré que verlo! —afirmé. Caí en la cuenta de algo—Espera… ¿cómo sabes quién es ella?
—Porque la he visto en el periódico—Sherlock me miró con una ceja enarcada—Sabes, es bueno saber que en lugar de lloriquear haya hecho algo al respecto—reconoció sonriente—Mira que una niña es más inteligente que toda la panda de inútiles de Scotland Yard.
—Ella es bastante parecida a ti—comenté.
—Es interesante—reiteró.
Quise preguntarle que cual era la opinión de Lestrade respecto a su regreso de la tumba, pero en ese mismo instante su teléfono comenzó a sonar, creí que no respondería, pero en el último momento tomó la llamada. Lo vi permanecer impertérrito ante lo que le decían y después de que hubo terminado la llamada se quedó totalmente inmóvil y juntó sus manos mirando hacia algún punto por sobre mi cabeza. Algo me decía que lo que le habían dicho no era muy bueno que digamos.
— ¿Quién era?
—Lestrade—respondió fríamente—El hombre que capturé hace un rato quiere verme.
— ¿Y eso es malo? Igualmente creí que cruzarías unas palabras con él—inquirí.
—Sí que debo hacerlo—inclinó un poco su cuerpo hacia delante y me miró tan intensamente que me sentí aturdido—Pero él ha dejado un mensaje para mí.
— ¿A sí? ¿Y qué te manda a decir?
—"IOU" —recitó.
Me quedé helado; esas mismas endemoniadas tres letras, las mismas que Moriarty había escrito alguna vez… ¿Qué era lo que pasaba?
Sherlock no tardó en ponerse de pie de un salto y alistarse para salir. Lo vi irse y me sentí verdaderamente mal de que ni siquiera se hubiera dignado a preguntarme si me interesaba ir.
— ¿Vas a venir conmigo como en los viejos tiempos? —escuché su voz aterciopelada y me volví hacia la puerta; estaba ahí, acomodándose la bufanda y penetrándome con sus ojos azules.
No pude evitar sonreír, y tuve que tragar saliva un par de veces para reducir el nudo que se había formado en mi garganta.
—Ya lo creo, cuando quieras y a donde quieras—respondí sinceramente.
.
.
Cuando llegamos a Scotland Yard, Lestrade nos esperaba fuera del complejo, apenas pudo vernos bajó la mirada y por su expresión parecía estar apenado por algo, supuse que algo tenía que ver el hombre que iba a mi lado y que se alzaba imponente como un dragón.
Sherlock lo saludó con un tono un tanto formal, y el detective inspector respondió con voz apagada y nos condujo al interior del edificio. Algunos oficiales que aún estaban de turno se volvían a mirar a mi amigo con diferentes expresiones que iban desde la sorpresa hasta un poco de enojo, pero Sherlock no prestó atención a ninguno de ellos y siguió su camino completamente ajeno a lo demás.
Fuimos conducidos a una sala de interrogatorios, había un cristal que ocupaba casi la mitad de la pared, y dentro se veía sentado detrás de una mesa, a aquel hombre que se parecía terriblemente a Sherlock; miraba hacia el espejo con unos ojos propios de un demonio, como si supiera que lo estábamos viendo.
—A que es encantador—comentó Lestrade.
—Ya lo creo que si—dijo Sherlock con total sarcasmo—Así que quiere hablar conmigo, interesante.
—Es bastante raro—reconoció el detective inspector—Le hemos estado interrogando y se ha negado a responder nuestras preguntas, y dijo que solo lo haría si hablaba contigo. Traía una carta para ti por cierto—agregó
— ¿Una carta? —parecía sorprendido.
Lestrade le tendió un sobre amarillento que tenía escrito "Para el sr. Sherlock Holmes"
—Hemos comprobado que no es nada peligroso—afirmó el inspector.
Sherlock tomó el sobre y lo examinó detenidamente antes de abrirlo, sacó de su interior una hoja pequeña como una ficha bibliográfica y sus ojos se angostaron al leer el mensaje. Me estiré lo más que pude para poder leer lo que decía, y cuando por fin pude verlo no supe que pensar de ello.
"El verdadero juego ha comenzado, señor Holmes"
Atte. SM
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Hice lo que pude :okay: XDDD una especie de adaptación del relato de La casa vacía :yaoming:
Durante mucho tiempo he estado buscando teorías sobre la supervivencia de Sherlock y sacando las mías propias. A mi parecer esta es la que más me gusta y considero posible analizando los pequeños detalles del último capítulo de la serie.
En cuanto a mi fumada del doble de Sherlock en el siguiente capi lo explico a detalle :p
A mi me gustan mucho los relatos de El problema final y La casa vacía y creo que de ellos Conan Doyle debió hacer no un relato, sino un libro, con más trama y dándole más profundidad a estos dos maravillosos personajes como lo son James Moriarty y Sebastian Moran, así como en la serie de la BBC, pienso darle un lugar más importante a Moran :3
Ahora lo que queda es el misterio del asesino que atrapó Sherlock xD
Y no crean que John ya está contento y conforme, ya verán lo que he preparado para más adelante, pienso ponerle algo de drama xDDD
Me he montado una gran fumada, pero espero que les guste.
Espero que les haya gustado :3
Dejen sus comentarios, se acepta de todo, menos insultos ¬¬** XD
Nos vemos en el siguiente cap X3
