Capítulo 8: ¡Nos vamos!

Había pasado una semana desde que Ginny y Harry se había besado, y la única que lo sabía era Hermione. Se moría por contarle a Ron, en muchas ocasiones había estado a punto de hacerlo, pero sabía que sus amigos preferían mantenerlo en secreto por un tiempo.

- Harry, ¿me ayudarías a levantar la mesa, por favor? – decía Ginny con una voz sensual.

Se divertían coqueteando en frente de Ron y Hermione. El hecho de que Ron no supiera qué andaba pasando, les resultaba divertido. Ron se quedó mirando el televisor como si nadie hubiera dicho nada, mientras que Hermione se hundía en el sillón para que no se le notara la risa.

- Tengo que ir a la oficina a buscar unos papeles, ¿necesitás algo, Ron? – Harry sonaba serio, mientras que Ron seguía leyendo El Profeta. En eso se aparece Ginny en el departamento.

- Hola, chicos. ¿Qué andan haciendo? Ya no sé qué hacer con mi tiempo libre… Me aburro. – Ginny se tiraba al lado de su hermano en el sillón.

- Podés acompañarme si querés… - Harry miraba para la pared, sin mirarla. Esperaba que Ron no notara nada. Pero…

Ron se sienta derecho en el sillón, con cara divertida.

- Ustedes andan pasando mucho tiempo juntos, ¿puede ser? No quiero imaginarme en qué andarán, ¿no? – Ron parecía disfrutar torturarlos.

En el Ministerio de Magia…

- ¡Harry! Deberías ser más cuidadoso. Ayer me dijiste delante de Ron si quería quedarme a dormir, ¿Qué demonios creés que habrá pensado? ¡Y ahora esto! – Ginny se desplomaba frustrada en la silla de la oficina de Harry.

- Bueno, disculpame, Ginny. Pero me cuesta mantener esto en secreto. Quiero que podamos disfrutar lo que nos pasa sin tener que ocultar absolutamente todo. Si no fuera por el Muffilato no sé qué haríamos. – Harry sonaba frustrado también, pero un poco divertido en verdad. Se acercó a la silla donde estaba ella y le dio un beso.

- En vez de encerrarnos en tu habitación y hacer encantamientos para que no nos pesquen, podríamos salir a hacer algo… Cuando sepamos que Ron no va a estar disponible para salir de su casa, podríamos aprovechar y salir a pasear. – Ginny sonaba muy entusiasmada, y lo miraba con ojos esperanzados.

- Todo el mundo nos conoce, no podemos andar por las calles besándonos o tomados de la mano. ¡Y no pienso tomar alguna poción multijugos! – agregó lo último sabiendo que su querida pelirroja era capaz de proponerlo.

Ginny ni se gastó en decir algo más. Simplemente se quedó mirando por la ventana. Ella era toda una traviesa ingeniosa. No podía ser que siguieran encerrados en la habitación de Harry, tenían que poder hacer algo más… ¿No?

- ¡Ya sé! Me vas a amar después de que te cuente. – Se levantó bruscamente de su silla. Harry lo miraba desde la biblioteca donde guardaba sus libros. Ginny había empezado a correr hacia la puerta.

- ¡Ey! ¡Ginny! ¿Adónde vas? – Harry la miraba extrañado.

- Después te cuento. – Se acercó rápidamente a él, le dio un beso y se fue antes de que Harry pudiera frenarla.

En lo de las chicas…

Hermione yacía tirada en su cama, envuelta en sus pensamientos hasta que se apareció la pelirroja en su habitación.

- ¡Herm! Necesito tu ayuda. – Ginny se acercó y se sentó junto a su amiga, mientras ésta se sentaba también.

- ¿En qué puedo ayudarte? – Hermione sonaba somnolienta y distraída.

- Estaba pensando… Podríamos aprovechar las vacaciones, en vez de quedarnos como siempre acá haciendo nada. – Hermione seguía sumida en sus pensamientos.

- Eh, sí…

- Herm, ¿me estás escuchando? Necesito pasar un rato con Harry, y obviamente no puedo hacerlo acá tranquila. Y obviamente no podemos irnos Harry y yo solos, y si decimos que cada uno se va por otras razones y a otros lugares, se van a dar cuenta, sería muy tonto. Así que… - Ginny no podía callarse, mientras que Hermione seguía pensando en sólo ella sabrá qué. - ¿Qué te parece si nos vamos los cuatro a las cabañas de Surrey? No es lejos de acá y siempre quise ir, Lupin me dijo que son increíbles.

Hermione seguía en otro mundo.

- Herm, ¿qué te pasa? ¿Escuchaste algo de lo que dije?

- Sí, perdóname. Acá estoy. – No sonaba muy convencida. – Me parece una idea buenísima. – Nada más divertido y entusiasmante que irse de vacaciones con su pelirrojo.

- ¿Segura que no te pasa nada? ¿Mi hermano te hizo algo? Te juro que lo mato.- Ginny atinó a levantarse de la cama, pero Hermione la frenó.

- No, boba. No pasó nada. – Hermione ya se reía y parecía contenta con la idea de su amiga.

En el departamento de los chicos…

- Ya tengo todo listo para mañana, incluso me compré una campera, la que tenía era un desastre ya. – Ron sonaba entusiasmado con el pequeño viaje.

En esa suena el timbre. Ron se acerca a ver quién era.

- ¿Quién es? – Veía por la mirilla pero no reconocía quién era. Era una mujer morocha, alta, muy sensual. Llevaba una camisa que revelaba un poco demás, y una pollera muy apretada, con tacones altos.

- Soy Martha. Hola, Ron. – Sonaba seria pero provocativa. Era una compañera de trabajo que tenía la mirada puesta en Harry. Todos sus compañeros lo notaban, e incluso le hacían bromas a Harry, pero él no estaba interesado en ella.

- Martha, disculpa, no te reconocí. Pasa. - Ron la dejó pasar y no pudo evitar mirarla detenidamente. Realmente era una mujer atractiva, aunque bastante desagradable.

- Vine a dejarle los papeles a Harry, que andaba buscándolos. – Lo buscaba en el living pero no podía verlo.

En eso aparece el morocho. Ron sabía cuánto despreciaba verla, no la podía bancar más. Siempre se le insinuaba, él estaba harto. Ron se retiró a terminar de preparar su bolso, era casi la hora de cenar y planeaba tenerlo listo antes de comer.

Pensaba en Hermione, en cómo había dormido a su lado. No podía dejar de sonreír. No había vuelto a mencionar el beso, considerando que la última vez ella se desmayó…

En eso se aparece Ginny en su habitación.

- ¡Ginny! ¡¿Cuántas veces te dije que no te aparezcas acá?! ¡Mirá si me estaba cambiando! – Ron, harto de que su hermana siempre hiciera lo que le cantara la gana, la miraba detenidamente.

- Sólo vine a pedirte un bolso, el mío ya está viejo, tiene el cierre roto. Ya sabés… Mamá guardaba lo que pudiera rescatar. – Ginny ni se inmutó en el enojo de su hermano.

- En el armario del comedor hay varios, agarrá el que quieras. – Ron seguía con lo suyo.

- Gracias, hermanito. – Se dirigió allí y en eso escuchaba la voz de una mujer. Sonaba bastante tonta para el parecer de la pelirroja.

- ¿No querés que me quede, bombón?

- Perdón, Martha, pero tengo mucho que hacer, estoy por irme de viaje.

Esa era la voz de Harry. Ginny se acercó a la pared que dividía el comedor del living, y asomó la cabeza. La mujer parecía una zorra, se iba acercando a Harry como si se tratara de una presa.

- Es más… - Continuó Harry. – Tendría que haber preparado el bolso ya, y ni empecé.

En eso Martha se tira encima de él y comienza a besarlo. Ginny quería matarla. Pero le sorprendió ver que Harry no la frenara.

¿Cómo se atrevía? ¡Le estaba faltando el respeto! ¡Zorra estúpida, soltalo!

Ginny con el bolso en mano se aparece en su habitación.

- No voy a llorar. Ella es una idiota, y él también. No merece que llore por sus pelotudeces. – Ponía su ropa en el bolso agresivamente, como si se desquitara con Harry. – No vale la pena.

Los cuatro "amigos" se aparecieron en el complejo de cabañas. Había nieve por todos lados. Se dirigieron a la cabaña con el cartel de "Administración". Harry notaba que Ginny ni lo miraba. Se la veía fría. Sólo le hablaba a Ron o a Hermione.

- ¡Qué hermosa mañana! ¿No lo creen? – comentaba un Ron contento. No podía esperar a pasar esa semana junto a Hermione, lejos de la rutina y toda la gente conocida.

- Alguien se levantó de muy buen humor hoy… Hermione, ¿vos sabés algo de esto? – Harry bromeaba, intentando incomodar a sus amigos como hacía siempre con Ginny. La mira para ver si le seguía la broma, pero ella estaba mirando para el lado contrario a Harry.

Hermione y Ron ni se inmutaron en la broma de Harry. La castaña notaba la tensión entre Harry y Ginny. Llegaron a la administración y esperaron a que apareciera alguien. Pidieron una cabaña para cuatro.

Ya en la cabaña…

- ¡Miren esto! Todo, completamente todo, está hecho de madera. – Ginny parecía contenta nuevamente.

- Oigan, hay solo 2 habitaciones, y con una cama matrimonial en cada una… - Ron no sabía si era algo bueno o algo malo. ¡Quizas era su oportunidad de dormir de nuevo junto a Herms!

- Supongo que dormiremos juntas, Gin. – Hermione mencionó no muy segura. Con lo que a Ron le cambió la cara.

Se pusieron a sacar la ropa de sus bolsos, cada dupla en su habitación. Ginny estaba seria y en silencio. Hermione lo notó.

- Gin, ¿Qué pasó con Harry? ¿No andan bien? – Ni siquiera se le ocurrió pensar que su amiga podría estar molesta por otra razón que no involucrara al morocho. Ante la pregunta, Gin en seguida paró de hacer lo que estaba haciendo y se sentó en la cama que luego compartiría con su amiga.

- Pasa que ayer por la noche lo vi besándose con otra mujer. – Hermione no entendía. – Bueno, él no la besó. Fue esa estúpida, piernas largas… ¡Pero él no la frenó tampoco! Se quedó ahí, parecía disfrutarlo y todo. Lo que me molesta es que fui una tonta. Harry no inició el beso, pero yo creí que éramos exclusivos, y que quería estar solamente conmigo… - Parecía que iba a largarse a llorar.

Hermione se acercó, se sentó a su lado y la rodeó con un brazo.

- Gin, apuesto mi vida, y debe ser muy valiosa para vos… – Ginny no pudo evitar reír.- a que Harry de verdad quiere estar solamente con vos. – Ginny no dijo nada y siguió con lo suyo.

Más tarde se acercó a la cocina a cocinar. Hermione seguía ordenando la habitación. La cabaña estaba en un estado lamentable. Hasta que apareció Ron.

- Herm, ¿se puede pasar? – Se lo escuchaba desde el otro lado de la puerta.

- Sí, pasa. – Hermione seguía limpiando y ordenando.

- ¿Sabés qué pasa con Harry y Ginny? Siento que soy el único que no entiende nada. – Ron se tiró en la cama, con lo que recibió una cara de desaprobación de su amiga.

- No puedo decirte, Ron. Perdón. – Hermione no lo miraba, seguía con lo suyo.

- No puedo creer que no confíes en mi, Granger. – Se hacía el ofendido, y se giró en la cama para quedar boca abajo.

- Vamos, Ron. No es eso. Pero no es de mi incumbencia. Preguntales a ellos… - Hermione se acercó y se sentó en la cama cerca de él, aunque sabía que su amigo estaba bromeando.

- Ya sé que están juntos… - Hermione lo miraba con cara de incertidumbre. – Los escuché hablando hace uno días. Están tontamente enamorados que se olvidan que yo vivo en ese departamento… ¡Se escucha todo, Herms! ¡No podía taparme los oídos! – Se defendía al ver la cara de su amiga. La conocía tan bien. De seguro ella pensaba que él se había entrometido en las cosas de su hermana.

- Bueno, pasa que ahora hubo un malentendido. Ella cree que él besaba a otra mujer y en verdad debe haber sido Martha. Él me contó de ella; es toda una fiera.

- Hay que retomar nuestro plan, parece que había funcionado en principio… - Ron no podía evitar sonreír. ¡Le encantaba que Hermione fuera su cómplice! Aunque fingiera que lo hacía solamente por su hermana y su mejor amigo.