Advertencias: Los personajes no me pertenecen, son enteramente de su creador, Kishimoto San, solo los alquilo por horas para quitarme el estrés, nada mas.
Espero que disfrutéis del cap.
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Angéles caídos, demonios levantados.
Capítulo tres: Mensaje entregado.
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Sasuke no tardó ni diez minutos en encontrar a Kakashi. Debía darse prisa, por que no quería que Naruto despertase y descubriera que le había dejado solo.
No le dejó hablar, ni siquiera aceptó su saludo. Sasuke le relató su encuentro con Iruka. Le contó todo lo que había visto, oído, sentido. Todo.
Kakashi no dijo nada, no por que Sasuke no le dejara hablar y se marchara justo después de arrancarle un asentamiento como respuesta a la pregunta: ¿Has entendido que Iruka quiere que sepas que está vivo?, si no por que la impresión de saber que Iruka era un caído, y que tenía intención de devolverle su "regalo" le había dejado mudo de repente y con la mente en blanco.
En ese momento a Sasuke no podía importarle menos, lo único que quería era regresar junto a su rubio y acurrucarse a su lado. Acicalar sus alas mientras dormía, o simplemente dejar pasar el tiempo junto a él. Nada mas.
….
De regreso, Iruka se sentía pletórico. Sus pasos retumbaban en el largo pasillo de mármol negro veteado en rojo brillante. Desde las ventanas alternas sin cristales que salpicaban las paredes se podía disfrutar de la calma noche eterna del infierno, su terrible y nauseabundo hogar.
Todo contra lo que había luchado en su anterior vida se arremolinaba en aquel lugar, donde la perdición era un orgullo. Donde nada tenía valor y al mismo tiempo era terriblemente valioso, dependiendo de la persona, animal o cosa a la que te dirigieras.
Sus alas siseaban a cada paso contra el cuero de la larga gabardina que cubría su torso hasta los talones de sus botas negras. Las cadenitas que colgaban de las presillas del cinturón del pantalón de cuero negro, tintineaban a su avance, como si cada uno de sus pasos formase una tenue canción.
Una figura le esperaba junto a la titánica puerta que daba fin al pasillo. Los dos se miraron un segundo, antes de que el mas joven hiciera una pequeña e inapreciable reverencia con la cabeza en señal de respeto hacia Iruka.
– Lo tengo. Tal y como pediste. – Itachi pronunció las palabras con calma, voz grave, severa. – Iruka le mantuvo la mirada el tiempo suficiente como para que completara la frase con un gesto; apuntó con la cabeza hacia la puerta.
Pasó la mano delante de él, haciendo que la enorme puerta gimiese sobre sus goznes antes de abrirse y dejarle pasar. Itachi le siguió de cerca, todo el camino hasta la sala de la coronación, donde esperaba su "recado".
La inmensa estancia, sin adorno de ningún tipo, solo el negro mármol brillante por todas partes, estaba lleno de demonios de todos los niveles, todos alrededor de una enorme jaula de barrotes incandescentes.
El ángel de su interior temblaba aterrorizado, mirando a todas partes y a ninguna al mismo tiempo. La túnica que debía vestirle yacía a un lado, junto a las rejas, mientras él permanecía arrodillado en el centro, lo mas lejos posible de esos salvajes que le tiraban cosas, le escupían y trataban de herirle con sus armas. Sus alas, blancas y apagadas al estar alejado del cielo, se apretaban temblorosas contra su cuerpo, con fuerza, en un vano intento de recibir las heridas en ellas en lugar de la carne.
Apretó los brazos en torno a su pecho, agarrando sus brazos con la mano contraria y cerró los ojos con fuerza al sentir una esencia poderosa acercarse a él.
Iruka buscó entre los presentes al que había iniciado todo, al que había obligado al ángel a despojarse de su ropa, al que instigaba a los demás a herirle. No tardó ni un segundo en dar con él; el mas orgulloso y sonriente de la estancia. Un pequeño demonio grotesco y arrugado, demasiado ocupado en si mismo y feliz de su nauseabunda hazaña.
¿Qué tenía de fantástico aterrorizar a un ser puro que estaba encerrado de ese modo?.
El culpable se desintegró en décimas de segundo, un pestañeo de Iruka y no quedaba nada él.
Itachi se adelantó hasta la jaula, y arrugó la nariz. Miró alrededor, a los que eran espectadores y vitoreaban el comportamiento salvaje de unos pocos y alzó su labio superior por un lado, dando muestras de desagrado total.
Casi al punto del pánico, uno a uno fueron saliendo de la sala, dejando solos con el ángel a los dos últimos en llegar.
Itachi se apartó para dejar pasar a Iruka, que de nuevo, solo necesito alzar la mano para que los barrotes de lava se apartasen lo suficiente como para que pasara sin tocarlos.
El ángel le miró, y trató de alejarse de él trastabillando hacia atrás. Una fuerza invisible le devolvió al centro de la jaula.
Su respiración agitada se tranquilizó al darse cuenta de que había impedido que sus alas se quemaran.
– Si un ángel pierde sus alas lo pierde todo, no lo olvides. – Iruka sonrió dulcemente y se acuclilló junto a la túnica. Acarició la tela unos segundos, paladeando el suave tacto casi olvidado por sus yemas y lo tomó entre sus dedos, para ponerse de pie y acortar la distancia que le separaba del ser celestial.
El ángel, le miraba con sus azules ojos abiertos hasta el límite. No podía creer lo que estaba viendo.
La tela de la túnica que vestía a todos los seres celestiales estaba tejida de una materia que heriría de forma grave a cualquier criatura que la tocara. Y sin embargo ese, ser infernal había tomado la tela entre sus manos, y no solo la había acariciado con nostalgia, si no que había sonreído al hacerlo.
Iruka extendió la mano que sostenía la tela y la dejó así, a la espera que de el rubio ángel la tomara.
Lo hizo, después de levantarse con cautela, mirando alternativamente a los dos seres, uno dentro de la jaula con él y el otro fuera, el que le había capturado.
Se vistió con prisa, avergonzado al ser consciente de su desnudez y miró agradecido a Iruka. Su sorpresa fue mayúscula al descubrir, entre el largo cabello negro del caído, una pluma plateada, grande y brillante, sujeta a su pelo por un lazo azul.
– Camina conmigo, Deidara. – Pronunció las palabras alargando el brazo hacia el hueco entre los barrotes, para que saliera delante. – Tenemos mucho de lo que hablar y poco tiempo para hacerlo.
Le hizo caso, aún temeroso de su suerte en aquél lugar, pero inquietamente tranquilo en su presencia. El tono de la pluma plateada le recordó algo, y detuvo sus pasos una vez fuera de su prisión de lava.
Miró con incredulidad a sus dos acompañantes, pero se detuvo en el que había sido amable con él.
Lo reconoció por la pluma... Era Iruka, el traidor. Y ahora reinaba en el infierno... con el otro traidor... el que eligió el destierro a cambio de la vida de su hermano, Itachi.
Y se asustó, mucho... ¿Qué querrían de él?
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Bueno pues un cap mas, me va saliendo solo por que tengo la idea clara en la cabeza, y en lugar de adelantar mis otros fics, ( cof cof cof) pues me pongo con este nuevo jejeje
Gracias por pasaros a leer y comentar.
Nos leemos en el siguiente.
Besitos y mordiskitos
Shiga san
