Advertencias: Los personajes no me pertenecen, son enteramente de su creador, Kishimoto San, solo los alquilo por horas para quitarme el estrés, nada mas.
Espero que disfrutéis del cap.
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Angéles caídos, demonios levantados.
Capítulo cuatro:Demasiados cabos sueltos.
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Sus gritos de felicidad se escuchaban por todo el cielo.
Volaba a tal velocidad que las nubes se arremolinaban a su paso en tirabuzones planos. El sol golpeaba en el plateado de sus plumas emitiendo destellos en cada pasada.
Y él solo podía gritar su felicidad sin importarle nada mas.
Aleteó al reconocer una energía en la planicie de entrada y redujo su velocidad hasta quedar suspendido a varios metros, buscando con la mirada al propietario de dicha energía.
Le miró un rato desde su elevada posición, siguiendo sus movimientos con cautela.
No podía ser.
No, Deidara no podía haber hecho lo que creía que había hecho desde su posición... pero ese aroma que lo rodeaba era inconfundible.
Hidan conocía muy bien esa fragancia en concreto, y si no quería meterse en ningún lio, tenía que eliminarla del rubio inmediatamente.
Dio varios golpes con sus alas, ganando altura para bajar en picado a toda velocidad y agarrarlo por la cintura en cuanto le encontró entre la multitud de ángeles que caminaban por la misma zona.
Deidara se asustó mucho con el impacto y al verse de repente a mucha altura. Se revolvió molesto, agitando sus propias alas para hacer fuerza, inútilmente.
Hidan no solo era más fuerte que él, si no más rápido. Sus alas plateadas no solo eran de un bonito color estético, eran un rango en si mismas. Solo unos pocos tenían ese tono en sus alas... y todos sabían que no había que llevarles la contraria.
Los encargados de ejecutar la ira de dios no tenían sentido del humor, al menos la mayoría.
Hidan era una excepción a juzgar por las carcajadas que emitía en esos momentos. Los forcejeos de Deidara le hacían mucha gracia.
Se detuvo en seco, a gran altura, y anudó las alas del rubio atando dos de las plumas mas largas de cada lado. Tras regalarle una sádica sonrisa, le soltó.
Deidara cayó en picado, sin poder abrir sus alas para frenar el golpe; golpe que no llegó.
En su lugar se zambulló suavemente en la laguna pura, el lugar en el que los ángeles que salían del reino celestial volvían a recuperar su pureza, un modo de no contaminar el cielo.
Salió reclamando el aire que la impresión por sumergirse le había robado y tosió un par de veces. Sacudió el cabello y buscó a Hidan muy molesto.
El joven ángel le esperaba en la orilla mas cercana, saludándole con la mano, sonriendo.
– No se te ocurra quejarte. – Le advirtió Hidan con calma. – Te estoy haciendo un favor y lo sabes. – Pinzó su nariz con dos dedos, para darle a entender por que le había tirado a mala leche a la laguna.
Deidara abrió mucho los ojos... era cierto. Cualquiera que visitara el infierno aunque fuera unos segundos, tomaba un aroma fácilmente reconocible en el cielo, y cualquier otro que no fuera Hidan no habría sido tan amable, eso lo sabía.
– Para devolverme el favor, cuenta, cuenta. – Tironeó de él hasta el paseo principal. Le llevó a la sala del inicio, donde los pequeños querubines dormían flotando plácidamente.
– He estado con Iruka. – Hidan elevó las dos cejas al escuchar el nombre del otro ángel.
– ¿Iruka el traidor?, ¿Ese Iruka?. – Deidara asintió y Hidan apretó los labios negando.
– ¿Sabes algo?. – Preguntó sentándose en el suelo, estirando sus alas hasta el límite, sacudiendo las plumas al mismo tiempo.
– Solo lo que dicen por los altos círculos. – Apretó el largo cabello rubio de Deidara a la altura de su hombro y siguió la gota que bajaba por su brazo. – Es largo de contar y hay muchas versiones.
– Resume lo que sepas. – Hidan le mantuvo la mirada. Antes de decir nada quería estar seguro de que Deidara entendía lo que iba a contarle.
– Lo que sé es que entregó su pureza. – Deidara abrió mucho los ojos, impresionado. – Alguien le delató, le torturaron para que confesara con quien había tenido " ese tipo de contacto". – Hizo el gesto de meter el dedo índice en el círculo formado por dos dedos de la mano contraria, provocando un dulce sonrojo en Deidara. – Se negó a confesar, le acusaron de traición y fue castigado como corresponde a los traidores.
El ángel rubio se llevó la mano a la boca. El castigo por traición era arrancar las alas del acusado, procurando mantenerle consciente. Las palabras de Iruka cobraron sentido para él en ese momento: " Cuando un angel pierde sus alas lo pierde todo"
– La cosa va a peor... después lo lanzaron al mundo intermedio, y fue abandonado a su suerte... cuentan que después se supo quien era su pareja pero como la sentencia de Iruka ya había sido ejecutada, se limitaron a romper las alas del otro, condenándole a estar aquí preso, sin poder salir del cielo... ¿Te imaginas?. – Apartó el cabello de Deidara a un lado y sacó la pequeña pluma negra que escondía ahí, metiéndola en su túnica, con cuidado de no ser visto por nadie mas. – Ten cuidado con estas cosas si no quieres meterte en un lio … – Hidan apartó el único tirante de su túnica y le mostró una pequeña pluma negra, en tonos esmeralda por el borde cosida a la tela. – Y esa es mas o menos la historia.. Oí que Iruka se asoció con un poderoso demonio y que gobierna el infierno con mano de hierro, pero eso ya son especulaciones.
– Es puro. – Hidan le miró sin entender. – Tocó mi túnica, la sostuvo un buen rato, y sonreía. – Hidan iba a decir algo, pero Deidara le cortó al instante. – Si fuera cierto, eso que has dicho de que entregó su pureza, no podría haber tocado mis ropas, y lo sabes.
– ¿Y que hace en el infierno, eh?. – Rebatió un poco molesto al darse cuenta de que el rubio tenía razón en su apreciación.
– Eso no lo sé, pero lo de que gobierna ahí es verdad, y no parecía asociado con nadie...eso si, tiene unos interesantes aliados. – Su sonrisa se perdió con su mirada en el brillo de los ojos de su amigo. – ¿Y quien era el otro, la pareja de Iruka?. – Negó un momento. – Unas alas rotas se ven perfectamente, es algo que no se puede esconder...
– Si es alguien muy poderoso, alguien de las mas altas esferas, puede fácilmente hacerlas invisibles incluso aquí arriba... podría ser cualquiera que no las muestre... o alguien que ha subido de rango y ha obtenido unas nuevas después de que pasara eso... es difícil de saber...
– Me voy, quiero ver a mi hermano. – Deidara tiró de Hidan para levantarlo y caminaron juntos un rato, en silencio, cada uno metido en sus pensamientos.
– Si quieres un consejo, no metas la nariz donde puedas perderla. – Se despidió del rubio con esa frase. – Pero sé, que harás lo que te de la gana, a si que, mi consejo es que tengas cuidado. Nos vemos. – Y se alejó volando dejándole con la palabra en la boca.
….
– Sasuke temeeeeee. – Naruto despertó sin mucha delicadeza al moreno, zarandeándolo con saña.
– Se puede saber que quieres, ¿Dobe?. – Masculló entre dientes, adormilado.
– Ya lo he decidido, tteba. – Puso los brazos en jarras apoyando los puños cerrados en las caderas en una pose de super-heroe. – Vamos a salvar a Iruka.
– Sabía que dirías una tontería por el estilo. – se giró sobre sus caderas para seguir durmiendo. – Si no quieres tener a los ejecutores en tu puerta, no digas lo que piensas en alto.
– P- pero... Yo... – Tragó saliva, asustado. Fijó su mirada en la espalda del moreno y pegó las alas a su cuerpo, temblorosas.
Sasuke suspiró y le miró por encima del hombro, apartando sus alas a un lado, para que Naruto viera claramente sus ojos.
Y solo hizo falta esa mirada para que Naruto supiera que Sasuke no solo iba a ayudarle, si no que había empezado ha hacerlo mucho antes de que el mismo rubio tuviera la idea.
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Hale, otro cap...
jejeje, me gustaaaaaaaaaaaaaa seeeeeeeeeeeeeeeeee
Gracias por el apoyo, de verdad.
Nos leemos en el siguiente
Besitos y mordiskitos
Shiga san
