Advertencias: Los personajes no me pertenecen, son enteramente de su creador, Kishimoto San, solo los alquilo por horas para quitarme el estrés, nada mas.

Espero que disfrutéis del cap.

oooooooooooooooooooooooooooo ooo

Angéles caídos, demonios levantados.

Capítulo cinco: No me arrepentiré jamás.

oooooooooooooooooooooooooooo oooooo

Era tan fácil encontrarle, que para él era solo un juego.

Aleteó con fuerza en su dirección y se quedó sobre su cabeza, rozando con los dedos las plumas rebeldes y pomposas de lo mas alto de las alas blancas de otro ángel, que le ignoraba a propósito caminando hacia delante, como si tener a un ángel flotando sobre él fuera lo mas normal del mundo.

Iruka apretó el paso, frunciendo el ceño, consciente de que no iba a quitarse la mosca gigante de la cabeza por muy rápido que caminara. Al otro le encantaba verlo enfurruñado a si que, mas aposta, trazó círculos sobre su cabeza, subiendo y bajando en altura, pero siempre encima suyo, como una bandada de carroñeros acechando una suculenta presa.

– Ya vale, deja de hacer eso. – masculló entre dientes, casi susurrando. Mirando alrededor para comprobar que nadie le miraba.

– ¿Hacer qué, 'Rukaaaaa?. – Quedó suspendido sobre él, de espaldas y sonriendo.

– Revolotear a mi alrededor. No lo hagas, me pones nervioso. – Se paró mirando arriba, topándose con las alas del "acosador" peligrosamente cerca de su cara.

Tiró de una de las pequeñas plumas que nacían al costado haciéndole perder el equilibrio y obligándole a ponerse sobre sus pies en el suelo.

– Así que te pongo, ¿Eh?. – Relamió cada palabra en la oreja de Iruka, que le guiaba con su rápido caminar a un espacio entre dos edificios, buscando intimidad y evitando miradas curiosas.

– Nervioso, no seas mal pensado. – Le dio un golpe con el dorso de los dedos en el hombro, mientras sus alas se agitaban a su espalda con nerviosismo. No sabía por qué, pero siempre se ponía nervioso con su cercanía. El corazón amenazaba con estallarle dentro del pecho y no podía pensar con claridad... a veces se quedaba mirándole en silencio mas tiempo del que era consciente, perdido en el plata de su cabello o en los hoyuelos que nacían en su rostro cuando le sonreía... – Nervioso, me pones de los nervios.

– Que grosero. – Hizo un puchero y atrapó un mechón castaño entre sus dedos. Deslizó las yemas por todo él hasta el borde de las alas de Iruka, y siguió con la caricia por las plumas, hasta donde el brazo le daba de sí sin agacharse. – Y yo que te traía un regalito.

– ¿El qué?, ¿Qué me has traído?. – preguntó ansioso, intrigado.

Kakashi apartó el pelo que caía por su hombro y casi rozaba el suelo y fingió rebuscar entre las plumas de la derecha. Estiró la mano y "sacó" un pequeño tarro de cristal de la oreja de Iruka.

El castaño lo miró, con sorpresa.

Una pequeña mariposa disecada en su interior, vivos colores, dando la sensación de ponerse a volar de un momento a otro.

Una lágrima se deslizó sin permiso por su rostro. No entendía por que los habitantes del reino intermedio tenían que arrebatar la vida hasta a las mas pequeñas e indefensas criaturas, solo para contemplarla.

¿Qué tenia de bello contemplar la muerte?

Kakashi hizo el gesto de arrebatarle el bote, pero Iruka dio un paso atrás, evitándolo.

Miró largo rato la criatura. Memorizo sus tonos, brillos, ángulos y curvas... hasta el punto de darse cuenta de que en sí , era hermosa...

Iba a morir de todos modos, en pocos días. La vida era injustamente breve para esas criaturas, y de ese modo podía ser alabada y contemplada casi eternamente, a si que, ¿Hacer eso no era del todo malo?¿"Él" permitía a los humanos hacer esto a otros seres vivos sin castigarles?... Necesitaba entenderlo.

Sumido en sus pensamientos mas profundos no se dio cuenta de las intenciones de Kakashi hasta que casi rozó sus labios.

Rápidamente usó su mano como escudo, recogiendo en su palma el dulce beso que iba destinado a sus labios.

Estaba mal, estaba muy, pero que muy mal.

No podían hacer eso, los ángeles no podían... aunque internamente sintiera que no tenía nada de malo.

Sin embargo... ¿Porqué los humanos podían y ellos no?

Sabía que era eso que sentía, se llamaba amor. Los humanos lo hacían constantemente entre ellos, Kakashi se lo contó una vez, ya que él no podía abandonar el cielo, le encantaba escucharle relatar las cosas que había visto en la tierra.

El día que le contó lo de los besos, Iruka no podía creérselo. Que cosa mas inútil... ¿Para qué podía servir algo tan asqueroso como juntar los labios y entrelazar las lenguas? Ni siquiera se planteó la posibilidad de probarlo temiendo que fuera algo terrible, que aunque a los humanos les gustara, a ellos podía hacerles algo irreparable, o encender la ira del Señor en su contra.

Tampoco sabía como actuar ante eso, por que nadie le había dicho si estaba bien o mal...

Bajó el brazo con la mariposa en su mano y se acercó a Kakashi, dando un solo paso. Flotó un poco, para compensar la diferencia de estatura y posó sus labios en la frente del peliplata, que se había quedado de piedra ante el atrevimiento del castaño.

Nada, no sintió nada diferente.

Solo lo que esperaba, el calor en la piel de la frente y el dulce aroma que desprendía Kakashi amplificado por la cercanía, nada mas.

La mano del mayor en su cintura le animó a un nuevo avance, y repitió el gesto, esta vez en su rostro, con idénticas consecuencias.

El latido de su corazón se aceleró, y eso lo desconcertó completamente.

El sol se escondía en el horizonte, arañando el mar infinito de nubes con sus alargados rayos anaranjados, haciendo que los dos girasen su cara para verlo atentamente.

– Es hermoso. – Susurró Iruka.

– No tanto como tu. – Respondió Kakahi.

Iruka se sonrojó, avergonzado sin saber muy bien de qué exactamente. Dibujó una sonrisa, pequeña, mientras la noche los rodeaba a ambos, de pie en mitad de la calle.

Iruka tomó la mano derecha de Kakashi y puso en su palma una pequeña pluma, blanca, preciosa, luminosa y blandita... que acababa de arrancar de su propia extremidad.

El mayor se sorprendió, mirando con los ojos abiertos hasta el limite la pequeña pluma, comprendiendo en toda su magnitud el significado de dicho gesto.

Arrancó una de las suyas, y utilizó el cordón azul de su cuello para anudarlo al cabello de Iruka, y mezclarla con los largos cabellos, para ocultarla de miradas indiscretas.

Colgó la de Iruka de su cuello, y la ocultó tras la túnica.

Y ahí seguía, después de tantos años, no la había perdido... Era lo único que le quedaba de Iruka, y moriría con ella, si es que se le concedía el honor de terminar su existencia.

Sin Iruka no quería seguir … solo esperaba que "Él", le permitiera terminar con todo...

O eso pensaba hasta que las noticias de que Iruka seguía con vida le hicieron cambiar de idea...

Necesitaba verlo, con urgencia... no podía ser verdad, por que él estaba allí.

Kakashi vio como arrancaban sus alas, sin hacer nada por impedirlo.

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

Otro capi nuevo, van rapidito, por que tengo la idea muy clara.

Gracias por pasaros y comentar.

Besitos y mordiskitos

Shiga san