Advertencias: Los personajes no me pertenecen, son enteramente de su creador, Kishimoto San, solo los alquilo por horas para quitarme el estrés, nada mas.
Espero que disfrutéis del cap.
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Angéles caídos, demonios levantados.
Capítulo Siete: Cambios inevitables.
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No debía pensar en ello, era una locura. Su prioridad era, y siempre había sido la felicidad de Naruto, el resto no podía ser importante, pero el tema de Iruka le tenía inquieto.
Necesitaba ver a su hermano, que le contara que estaba pasando. Se había dado cuenta de que en el cielo algo estaba cambiando. El ambiente era tenso, silencioso. Sentía que estaban en el ojo de un huracán que nadie había previsto y que de un momento a otro los lanzaría con fuerza contra algo.
Pero no podía salir del cielo sin mas, bajar al reino intermedio y encontrarse con Itachi. No funcionaba así. Ni tenía un teléfono o un modo de llamarle. No, ir hasta la puerta del "Séptimo Cielo" tampoco era una de las opciones. Suspiró a punto de tirarse de los pelos con fuerza.
Se giró sobre sus pasos y se encaminó de nuevo a la sala del origen. Sin necesidad de nada mas, sabía que Naruto estaría ahí. Siempre, desde que el rubio le cayó encima tras su primer y torpe vuelo infantil, no se habían separado ni un instante. Y Sasuke sentía que había algo mas, algo que se le escapaba. Inmenso, desconocido... pero solo de ellos dos.
Sintió las miradas sobre sus alas, ya estaba acostumbrado a ellas, y si parecía que le daba lo mismo era por su férrea convicción de que así era. Aunque por dentro le dieran ganas de gritarles cuatro cosas. Sabía que era diferente. Los que tenían las alas diferentes eran muy pocos, inusuales... y el otro con las alas mas raras que las suyas cruzó casualmente por delante de él en el cruce anterior a su destino junto a Naruto.
Sasori y sus hermosas alas rojo fuego.
Sasuke entrecerró los ojos, no al pelirrojo, si no al rubio que lo acompañaba. Si no fuera por que parecía una locura, juraría que tenía algo de su hermano. Lo sintió. Sintió a Itachi en aquél á íntimo, privado e importante de su hermano vivía en aquél rubio sonriente.
Pero no podía ser. Deidara era como él, aún no había sido designado a ningún propósito, a si que, no podía bajar sin mas a la tierra... pero ese pensamiento se deshizo cuando se dio cuenta de que él mismo había estado en contacto con uno de los demonios mas peligrosos del mundo... a si que: ¿por qué razón no iba Deidara a encontrarse con Itachi?
Se acercó al trío de ángeles que reían despreocupados en mitad de la calle. El otro, un ejecutor de lo mas inestable, siempre le había parecido alguien muy divertido. De hecho, levantó la mano y la sacudió invitándole a unirse en cuanto le vio acercarse a ellos.
– Hola Sasuke. – Sasori ladeó la cabeza a la expresión del menor.
– ¿Podemos hablar un momento?. – Preguntó al notar que Deidara se sonrojaba al mirarle unos segundos. Confirmado.
– ¡Hola cosita monaaaaa!. – Hidan pellizcó el moflete de Sasuke y tiró de la carne hacia fuera. – No seas maleducado y responde cuanto te saluden. – Puso un dedo en el entrecejo fruncido y tiró hacia arriba. – Y deja de poner esa cara de avinagrado.
– Hola Sasori,hola Deidara, pfffrrrrr Hidan. – Mirada asesina unida a pedorreta.
– Esa reacción tuya es de lo mas madura, enano. – Enhebró los brazos con sus dos acompañantes y rió alejándose. – Pero lo sentimos mucho, tenemos prisa. En otro momento, ¿Vale, retaquín?.
Se quedó mirándoles hasta que desaparecieron de su campo de visión. Escondían algo, ahora si que lo tenía claro.
Se paró frente a la entrada de la sala del inicio, y le extrañó el silencio que allí reinaba. Normalmente, cientos de pequeños angelitos armaban suficiente escándalo como para oírlos al otro lado del cielo, y que estuvieran callados somo confirmaba sus sospechas de que su rubio estaba ahí con ellos.
Cerró la puerta tras de sí y encontró a los pequeños arremolinados alrededor de Naruto, en el suelo. Naruto sostenía entre sus brazos a un pequeño, con unas diminutas alitas negras de apenas una docena de plumas, que sollozaba inconsolable con la carita llena de lágrimas y la boca abierta.
Los demás le miraban, preocupados, nerviosos, en silencio.
Solo los pasos de Sasuke les hicieron centrar su atención en él, pero pronto volvieron al angelito y su llanto inconsolable.
Naruto le miró sonriendo y Sasuke se arrodilló frente a el, mirando al pequeño con la duda en su cara. Rozó sus pequeñas alas y le limpió las lágrimas, extendiendo las suyas en un golpe, que sisearon como un latigazo por la estancia, provocando que los pequeñines emitieran admiraciones con la boca convertida en una "O" perfecta.
El querubín se puso de pié en el regazo de Naruto y jadeó por culpa del llanto. Apretó los ojos, concentrándose para aletear con fuerza. Consiguió subir unos centímetros y miró sonriente a Sasuke, feliz de haber logrado algo tan difícil minutos atrás.
– Bien chicos, ¡Al ataqueeeeeeeeeeeeeeeeee!. – Naruto se elevó entre risas, y los pequeños le imitaron.
Una bola inmensa de querubines aleteantes y sonrientes cayeron a plomo sobre Sasuke, que se limitó a caer sobre su espalda para que todos le usaran de colchón.
De repente todos se alejaron para hacer sitio al rubio, que flotando sobre él, dejó de mover sus alas para caer a peso muerto sobre el moreno, que lo recibió con los brazos abiertos tendido en el suelo.
Algo que habían hecho infinidad de veces de repente se sintió diferente. Los dedos de Sasuke, enterrados en una de sus alas, y la otra mano en su cintura, sobre la túnica que cubría su cuerpo, era un contacto cálido. Naruto se elevó sobre sus brazos, con las manos abiertas sobre el pecho del moreno. Una parte de sus dedos al contacto directo con la suave piel del pecho de Sasuke.
Sus miradas conectadas, haciendo desaparecer el escenario a su alrededor. Solo estaban ellos, y sus dedos, viajando por el cuerpo contrario, deleitándose en el tacto suave, placentero de la piel, las delicadas plumas de sus respectivas alas, la agradable túnica...
La fuerza en sus brazos flaqueó, haciéndole temblar un segundo antes de precipitarse sobre Sasuke, que en un momento de lucidez se alzó al mismo tiempo que el otro caía, sentándose en un abrazo apretándole contra él, con fuerza.
La sala regresó, los querubines regresaron, su conciencia regresó... y la vergüenza sonrojó ambos rostros, deshaciendo el toque a cámara lenta, sin dejar de mirarse, confusos.
Sasuke sintió que algo acababa de iniciarse... algo imparable... algo impensable... algo prohibido...
…..
Le gustaba el reino intermedio. Los humanos eran tan patéticamente manipulables que a veces se preguntaba que veía "Él" en ellos, como para concederles tal cantidad de dones.
Le tocaba los cojones que esa panda de débiles criaturitas pasease por el destino ignorantes de su presencia. No comprendía por que tenían que mantenerse ocultos, escondidos.
Como demonios eran poderosos.¿Por qué esconderse? ¿Por qué dejarles equivocarse una y otra vez?. Despreciaban todo lo que se les concedía. Se mataban entre ellos, desolaban sus ciudades, tierras, animales, nada escapaba a su egoísmo.
Eran insidiosos, crueles, despiadados, arrogantes. No tenían límites, ni finalidad clara. Solo se limitaban a colmar su ego de toas las maneras posibles; sexo, comida, dinero, joyas... no importaba.
Alguien podía aludir a las cosas buenas que tenían... Si, era cierto. Pero necesitaban un líder al que temer, saber que no estaban solos, que cualquiera de sus actos tendría consecuencias reales, inmediatas... y no juzgables en su lecho de muerte, como la doctrina que ciegamente seguían desde su creación.
Iruka caminó por los pasillos del hospital esquivando a los humanos que, detenidos en el tiempo, poblaban el edificio.
Sumido en sus pensamiento, injustos lo mirase como lo mirase, se detuvo frente a dos puertas batientes con una pequeña ventanita en lo alto.
Alzó sus ojos negros al cartel que etiquetaba el lugar y chasqueó la lengua hastiado.
Empujó una de las puertas con el hombro y se detuvo de nuevo, a leer el siguiente cartel.
"Morgue"- "Sala de autopsias"-.
Fue hacia la izquierda, consciente de que su "amigo" estaba disfrutando de una sesión de "cariñitos" a su manera y entró en la sala.
Esquivó las camillas metálicas y fue directamente a los congeladores. Abrió uno de ellos, y tomó la etiqueta enganchada al pulgar del pie del cadáver.
Estalló en carcajadas.
– ¿Es una broma o que?. – Preguntó al aire. El nombre era de lo mas estúpido que había leído en su vida. "Señor Don Delicado Amoroso", por favor.
Tiró de la camilla hasta sacarla del todo y destapó el cuerpo.
– Venga, tenemos trabajo. Se acabaron tus vacaciones. – Lanzó una bolsa con ropas y pertenencias personales sobre el frio cuerpo, que milagrosamente se sentó, estiró los brazos por encima de su cabeza y abrió sus verdes ojos mientras bostezaba, y eso que llevaba, según la etiqueta de su pie, dos días muerto, autopsia completada incluida.
Bajó de la camilla de un salto y se vistió, con calma, bajo la atenta mirada de Iruka, que finalmente se canso de esperarle y se dedicó a fisgonear por el cuarto. Los botes llenos de criaturas muertas, restos de malformaciones... otra prueba visual de por que esos humanos no tenían consideración ni respeto con la vida.
Una mariposa clavada junto a sus hermanas en un marco acristalado le hizo apretar la mandíbula y recordar la razón por la que hacía todo esto.
El muerto terminó de vestirse y se colgó la pluma plateada que descansaba enganchada en la orilla de una cadenita de plata del plata del cuello, y carraspeó para hacerle saber a Iruka que estaba listo.
– Bien, volvamos a casa. – Señaló la puerta de salida, volviendo el transcurso del tiempo a su ritmo normal en cuanto salieron por ella. – Hay ciertas novedades que deberías saber... Un par de nuevos reclutas muy interesantes que se han unido a nuestra … causa... recientemente...
Su compañero sonrío, divertido... Acarició la pluma colgada en su pecho con dos dedos y asintió.
Se moría de ganas por conocer las novedades..
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Hale, otro mas.
Uy este me ha quedado muy largo, no me gusta, pero no sabía por donde cortarlo sin cargarme el cap y si dejaba solo la escena del principio quedaba muy corttitititittititto.
Gracias por pasaros y sobre todo por comentar, no me da tiempo a contestar a tanto revi ( sarcasmo)
Besitos y mordiskitos ( con lengua solo con Iruka)
Shiga san.
