Advertencias: Los personajes no me pertenecen, son enteramente de su creador, Kishimoto San, solo los alquilo por horas para quitarme el estrés, nada mas.

Espero que disfrutéis del cap.

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Angéles caídos, demonios levantados.

Capítulo Ocho: Suposiciones.

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Separados por la fina barrera que limitaba el cielo de la zona neutra los dos hermanos se estudiaban mutuamente.

Sasuke había recibido minutos antes la señal, que solo él entendía, y había acudido lo mas rápido que le habían dado sus alas.

Ver a su hermano siempre le producía una imparable ola de sentimientos contradictorios. Seguía siendo su hermano, le quería como tal, pero era un desterrado... alguien que había elegido esa vida, junto a los caídos, los impíos, los impuros... los demonios.

No llegaba a entender por qué su hermano había elegido tal vida, dejándole a él ahí en el cielo.

Tan cerca y a la vez tan lejos.

A pesar de todo seguía cumpliendo la promesa que le había hecho a su hermano de cuidar de Naruto.

–Algo va mal, lo noto. –Confesó Sasuke en un susurro. –Si sabes algo, dímelo.

– Si quieres un consejo... cuando oigas ruido, escóndete y esconde a Naruto contigo. – Sasuke sostuvo la mirada de su hermano sin entender nada. – No olvides mis palabras, solo hazlo...

– ¿Pero...?. – La duda quedó en el aire, cuando otro ángel acudió del mismo modo al llamado de Itachi.

– Vete Sasuke... y una última cosa. – Sasuke encaró a su hermano muy serio. –Si de verdad quieres a Naruto, lo sabrás en el momento adecuado. Tomes la decisión que tomes, no te eches atrás, por nada del mundo, o ambos sufriréis un dolor inmenso.

– Itachi, no te entiendo... – Recibió una sonrisa como respuesta. – Adiós hermano.

– Adiós hermano. – La misma despedida.

Itachi no se movió, siguió en el sitio, esperando.

Deidara aleteó antes de posarse en el suelo, mirando con alegría a Itachi.

– Has venido. –Dijo con una enorme sonrisa.

– Eso parece. – sonrió de vuelta. – ¿Me has extrañado?.

– Mucho, no sabes cuanto. – Se acercó, pero Itachi le hizo un gesto con la mano para que parase ahí.

– Vuelve a casa Deidara. No pueden vernos juntos, aún no. – Le pidió, pena en su mirada.

– Vale. – Asintió a la petición pero hizo algo antes de marcharse. Besó su propia mano y le sopló el beso al moreno, que fingió tomarlo entre sus dedos y guardarlo entre sus ropas. – Ten cuidado.

– Tu también. – Dijo adiós con la mano, y despareció sin mas.

No había podido hablar con Sasuke pero había merecido la pena, solo por el hecho de ver a su rubio.

Deshizo el camino a la sala del trono caminando deprisa, y lo que vio al llegar allí le hizo sonreír de nuevo.

Kakuzu había vuelto del reino intermedio... lo que significaba que Hidan aparecería pronto...

…...

De pie en uno de los límites Kakashi pensaba. En todo y en nada concreto.

Llevaba años pensando que Iruka había muerto. No sentía su energía, ni su esencia... no había registro de un alma nueva para él... ¿Por qué no se había dado cuenta?

Era imposible que Iruka tuviera alma, improbable... una locura.

Solo una vez, en toda la historia, un ángel había sido premiado con una alma, y la cosa había acabado bastante mal, tan mal, como que ese ángel era el gobernador del infierno.

Madara había sido dotado de los mas grandes y poderosos dones como ángel, pero su constante desafío al Señor y su intento de rebelión, le llevaron al castigo eterno que estaba cumpliendo. Y ningún ángel ni criatura celeste podía sentirle... pero no podía ser.

Iruka no podía gobernar el infierno... si eso era así, ¿Qué había pasado con Madara? Era demasiado poderoso para que alguien como Iruka le venciera en igualdad de condiciones, a si que, mucho menos en las condiciones en las que fue arrojado al reino intermedio.

Kakashi suspiró, gimiendo apenado.

Nunca lo olvidaría, jamás. Esa escena... la sangre bajando por su espalda... sus gritos... el murmullo de los que como él miraban, sin hacer nada, sin oponerse a la sentencia del Señor.

Su mente gritando una y otra vez: "Dilo Iruka, dí mi nombre"... pero solo salían de sus labios jadeos, gritos, mas jadeos y mas y mas gritos. Ni una palabra, ni una acusación.

No le miró, aún a sabiendas que estaba ahí, no lo hizo. Solo al final, cuando ya no podía mas, cuando sintió su entereza flaquear, dijo algo.

Sus verdugos pegados a él, sonriendo triunfantes por su buen trabajo... pero Iruka solo dijo: "No lo hagas por mi, no lo digas. Ya es tarde, muy tarde"

Esas palabras iban dirigidas a él, pero no hizo nada, estaba paralizado por el miedo, aterrado... pero nada de eso era lo peor.

Lo que jamas olvidaría, el sonido.

El ruido del último crujido, el hueso partido y arrancado de su espalda. Ese ruido siempre iba con él, siempre.

Impotente, paralizado y horrorizado contempló como arrastraban su cuerpo al límite del cielo y lo arrojaban sin mas al reino intermedio.

El mismo límite en el que estaba de pie, al que había acudido miles, millones de veces.

Desde ese sitio contemplaba el mar de nubes frente a él... y algo mas. Un pequeño agujero por el que el mundo humano conectaba con el infierno. Era un pasillo, junto a una ventana, poco pero demasiado para él.

Había pasado horas, que le habían parecido meses mirando ese trozo de infierno desde que Sasuke le había dicho que Iruka era un demonio, con la esperanza de verlo.

No lo había creído de los labios del menor, ni aunque Naruto corroboró sus palabras... ni aunque Deidara le juró por su honor que así era, que Iruka estaba vivo, no lo creía... no lo sentía así, todos le mentían.

Alguien pasó de largo, pero no era él.

Suspiró frustrado y acarició la blanca pluma.

"Por favor, Iruka, no puedes ser tu, por favor... no sería justo"

… y entonces vio una nueva figura, y esa si que le era familiar.

Madara caminaba lentamente, con su brazo sobre un ángel de alas negras pero cabello rubio, extrañamente familiar... no podía ser, era mentira

Su ojo, el único que le quedó después de su castigo, le estaba engañando...

Ese no podía ser Naruto.

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Ale jop, este si me gusta, cortito, intenso y a otra cosa mariposa.

Besitos y mordiskitos

Shiga san