Advertencias: Los personajes no me pertenecen, son enteramente de su creador, Kishimoto San, solo los alquilo por horas para quitarme el estrés, nada mas.
Espero que disfrutéis del cap.
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Angéles caídos, demonios levantados.
Capítulo Nueve: Juramento.
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Kakuzu, a su lado, sonreía.
Iruka le gustó desde la primera vez que se cruzaron, aunque ahora mismo le gustaba por otras razones.
Y no le importaba ayudarle si eso le servía para conseguir su meta personal.
Kakuzu, al igual que la mayoría de seres celestiales, lo único que ansiaba con locura era ser libre.
De que servían tantos poderes si no podían tener lo único que ansiaban. El libre albedrío no les estaba permitido. No tenían derecho a elegir, a equivocarse; todo eso les era negado.
Nacían con un propósito, una finalidad.
"Él" lo tenía todo calculado.
Equilibrio, esa era la razón. Una y otra vez los mismos fallos, el mismo número de ángeles en un lado y el otro. La luz y la oscuridad complementándose con la misma intensidad.
La tentación era terrible, los arrastraba sin oponer resistencia al otro lado... al disfrute de los placeres, por que todo se resumía en eso mismo. El dolor, el engaño, el poder, la satisfacción... todos los sentimientos, las sensaciones, los pequeños logros, no eran si no mas que meros medios para el placer, en todos sus pliegues imaginables.
Pero lo sabía. "Él" los creaba con esa disposición a dejarse arrastrar por "la maldad"... ¿Pero qué era lo malo?, ¿Quien decidía que, por ejemplo, un arcángel como Iruka fuera un traidor por desarrollar un amor puro, limpio y sin malicia, por otro de sus congéneres?
Kakuzu contempló el perfil de Iruka, ordenando su cama para que estuviera cómodo. No era necesario, él sabía hacer su cama, y había dormido en sitios sin tanta comodidad totalmente tranquilo, pero le gustaba ver como Iruka se preocupaba de esos pequeños detalles inútiles.
Se giró un momento para escribir un par de líneas en una hoja y esperó que Iruka formulara la pregunta.
– ¿Lo encontraste?. –Su tono de voz, preocupado. Delante de Kakuzu su altiva presencia se diluía hasta hacer aparecer la criatura blanca que fue una vez.
–Sé hacer mi trabajo. – Alargó el pequeño papel entre dos dedos y esperó hasta que lo leyó.
Iruka suspiró aliviado y acarició sin pensar el brazalete en su muñeca derecha, oculto tras la manga de la gabardina de cuero.
Alzó la mano y apareció una llave brillante, dorada, que arrancó una sonrisa al de los ojos verdes.
–Diviértete. Te lo has ganado. –Sus morenos dedos tomaron la pieza metálica sin abandonar la sonrisa. –Que no grite mucho.
Kakuzu le vió marcharse y no esperó a que abandonara el infierno para hacer uso de la llave.
Atravesó el reino con prisa, hasta la cámara blanca. Ese sitio había sido el hogar de un poderoso ángel, el único que había conservado su pureza angelical habitando en el mismísimo centro del infierno. Desde su desaparición, se usaba para otros fines, un poco mas deshonestos.
Entró dentro y cerró la puerta a conciencia. Dejó las prendas de la parte de arriba en la silla que había a un lado y se sentó en la cómoda y espaciosa cama que coronaba el centro de la gran sala.
Tomó la pluma plateada que colgaba de su cuello en una cadena plateada entre sus dos manos y cerró los ojos, respirando pausadamente, en pequeños resuellos.
Sus alas brotaron en un golpe seco, negras, inmensas, con una filigrana verde esmeralda adornando cada una de las plumas.
Suspiró casi con lujuria, y aleteó una docena de veces con fuerza, hasta hacer que el movimiento fuera algo fluido y agradable.
Envío una pequeña porción de energía al objeto entre sus dedos y acercó la pluma a sus labios, para susurrar una plegaria, que sería escuchada; eso lo sabía.
"Hidan, hago uso del juramento,presentando la prueba entre mis dedos, entrego en mi aliento el llamado, y acercando la prueba al corazón, reclamo tu presencia ante mi, exijo tu pago y entrega".
Incluso con los ojos cerrados el destello blanco que precedía la llegada del ejecutor de alas plateadas le hizo doblar una de sus alas para cubrir su rostro y evitar el impacto cegador.
Sintió sus dedos apartado la extremidad para devolverla a su sitio, esos mismos dedos, deslizarse por su pecho, y costillas, hasta transformar esa simple caricia en un abrazo.
Y abrió sus ojos, sonriendo. Estaba deseando volver a verle.
…...
Kakashi corría a toda velocidad, buscando a Naruto para confirmar que su visión del rubio en el infierno había sido un error.
Miró en la sala del origen, en el lago, en la casa de Sasuke, sin resultados.
Casi sin resuello se aventuró a probar en la casa de Naruto. Nunca estaba ahí, siempre iba pegado al Uchiha y acababa la mayor parte del tiempo en su casa, por lo que era imposible que estuviera ahí, pero se estaba quedando sin ideas.
Ni siquiera llamó, abrió directamente.
Buscó habitación por habitación hasta encontrar a Sasuke dormido sobre la cama del rubio, con las alas encogidas sobre su cuerpo rodeándolo por completo.
– Sasuke despierta. –Le zarandeó con violencia. –¿Dónde está Naruto?.
El moreno pestañeó un par de veces y se volvió al lado contrario para seguir durmiendo. Estaba tan acostumbrado a que Naruto le golpeara, agitara, pateara y empujara fuera del colchón durante el sueño, que los reclamos de Kakashi no le preocuparon en lo mas mínimo.
Kakashi tiró de sus brazos hasta sentarle y le tiró el vaso medio lleno de agua que había en la mesilla, ahora sí, despertándole de golpe.
– Pero.. ¿Qué pasa?. –Protestó pasando la mano por la cara quitando el agua que ya le había calado entero.
– ¿Dónde está Naruto?. –Preguntó de nuevo, haciéndole ver al moreno que era importante.
– "El Señor" le llamó. Quería a Naruto en el templo principal. –Respondió sin entender nada.
– ¿Estás seguro?, ¿Le viste entrar ahí, con tus ojos?. –De nuevo sus manos apretando con demasiada fuerza en sus hombros.
– Si, claro que si. Yo mismo entré con él, hasta la primera sala y me marché cuando le llamaron a su presencia.
Kakashi se sentó desconcertado en la cama de Naruto, ahora ocupada por un confundido y mojado Sasuke.
– ¿Has notado que se comporte diferente, o sientes que pasa algo raro con él?. – le miró de lado, voz seria.
– Es... como siempre... – desvió la mirada un segundo, que no pasó desapercivido para el peliplata.
Sasuke estaba sonrojado, ligeramente, pero ahí estaba.
Y Kakashi entendió... que el circulo se cerraba de nuevo para volver a ser dibujado.
Se levantó de la cama y salió dispuesto a comprobar si la respuesta de Sasuke era cierta.
No tenía por qué mentirle, pero Sasuke se estaba enamorando de Naruto, si es que no lo estaba ya, y eso les reportaría mas dolor del que estaba dispuesto a permitir que les destrozara la vida.
Ya que su historia no había tenido un final, iba a hacer todo lo posible para que esos dos angelitos se amaran sin impedimentos, si es que el destino quería que así fuera... y si no era así, lucharía en contra. Pero primero tenía que comprobar que Naruto estaba donde Sasuke decía que estaba.
…...
– ¡BBBBBBBBBBBBBBAAAAAAAAAAAAAA AAAAAAAAAACCCCCCCCCCCCCCCCHH HHHHHHHHHHHHHHHHHHHAAAAAAAAA AAAAAAAAAAAAAAAAANNNNNNNNNNN NNNNNN... BAACHAN, BAACHAN, BAACHAN, BAACHAN... ¿Sabes qué?, ¿Sabes qué?.
–¿Qué ocurre, Naruto?. –La mujer al frente del cielo conocía los arranques del rubio, y estaba segura de que no callaría hasta decirle todo lo que bailaba en su cabeza.
– Ayer me entraron ganas de darle un besazo enorme en los morros a Sasuke... ¿Está mal?. –Miró directamente a la mujer, balanceándose atrás y delante flotando a medio metro del suelo.
– No está mal si él también quiere. –Naruto puso unos morritos que dejaron muy claro que Sasuke no era muy de dejarse. – Pero debes saber contener tu deseo, tener siempre presente que dentro de nada serás ascendido, y no es bueno tener ciertas tendencias destructivas.
– No entiendo nada de lo que has dicho, baachan. – Cruzó los brazos sobre el pecho, enfadado.
– Que puedes besarle, si él quiere, pero no hacer nada mas. – Casi se cae por mirarla.
– ¿Hacer mas?... ¿Se pueden dar besos con mas cosas?... Hablas muy raro, no entiendo nada.
– Sé bueno, obedece. –Tiró de la punta mas baja del ala y le obligó a bajar a su altura. Le estrechó entre sus brazos, y solo necesito un segundo para notar algo distinto en él.
– Me estás haciendo daño, baachan. – Trató de zafarse del abrazo de la mujer, sin resultados.
– ¿Por qué hueles como si hubieras estado en el infierno?. –Enmarcó su cara con las dos manos.
Naruto sonrió, abiertamente.
Depositó un beso cálido en la mejilla de la mujer, que le soltó lentamente y le vio dar un par de pasos hacia atrás.
– Estuve con Iruka hace poco, se me habrá pegado. – El tono en su voz era distinto, casi inapreciable, pero mas duro, incluso irónico.
– Sí, es posible.-Hizo un gesto con la mano para que se marchara.
Naruto se giró, dispuesto a salir. Se paró un segundo, sin borrar la sonrisa de su cara, y agitó la mano en el aire para despedirse de la mujer.
Abrió la puerta y al cruzarla, solo durante una milésima de segundo, un destello carmesí cruzó la mirada azul del rubio.
Ya estaba hecho, la rebelión había comenzado.
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Hale que me voy... otro mas.
Besitos y mordiskitos
Shiga san
