Advertencias: Los personajes no me pertenecen, son enteramente de su creador, Kishimoto San, solo los alquilo por horas para quitarme el estrés, nada mas.
Espero que disfrutéis del cap.
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Angéles caídos, demonios levantados.
Capítulo Once: Preludio de destrucción.
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Naruto chapoteaba despreocupado en la laguna pura, sin importarle lo incorrecto que era que hiciera eso, en ese preciso momento, cuando todos en el cielo se preparaban para la reunión en la zona neutra.
Los ángeles corrían apurados, preparándose para el encuentro. Los que iban a acompañar al "Señor" se afanaban en tener sus ropas listas, asegurase de que estaban todos, de que la barrera que protegería el cielo durante el encuentro estaría levantada y lista para entonces.
La zona neutra era un espacio diáfano, blanco por todas partes desde el que se podía disfrutar del cielo mas azul que nadie imaginara. En ese lugar estaba prohibido cualquier acto de violencia, no había mas norma que esa.
Desde los dos "bandos" se podía tener una clara visión de toda la explanada, que solo era visible durante las horas que duraba el encuentro, necesario e inevitable. Con el propósito de establecer las normas que marcaban el equilibrio para el existencia natural, los líderes de ambos bandos tenían pactados varios encuentros al año, obligatorios... exceptuando algunas situaciones que requerían reuniones de emergencia, ambos bandos evitaban el contacto con el contrario...
Lo que no impedía, que en los dos lados, se divirtieran en el reino intermedio. El reino humano era una constante fuente de discusiones por ambas partes. Todos querían su trozo del pastel, pero para convivir en cierta armonía, ambos bandos debían hacer ciertas concesiones de vez en cuando. Para eso eran las reuniones.
Los dos líderes acudían con sus hombres de confianza. Sin haberlo pactado siempre acudían el mimo número de seres de las dos partes, que se quedaban en la zona neutra mientras los líderes conversaban en una segunda barrera, que se alzaba para el encuentro, combinando ambas energías y opacando la barrera, impenetrable por ambos lados hasta que terminasen de hablar, haciendo imposible ver que pasaba en su interior.
Dado que todos los seres divinos nacían del mismo sitio, todos ellos eran conocidos, por esa razón las peleas en la zona neutra era inexistentes, aún así, las barreras de ambos reinos permanecían inalterables hasta que terminaban...
...
Sasuke miraba interesado a su alrededor. Algo en sus entrañas le mantenía alerta. No sabía que era, pero la visita de Kakashi buscando a Naruto le hizo poner mucha mas atención en el ángel rubio de la que le había puesto hasta ese momento. Y las palabras de su hermano rebotaban sin sentido en su cabeza. Lo que fuera que iba a pasar tenía que ver con Naruto, y él tenía que protegerlo... o al menos estar a su lado.
Una dulce media sonrisa se dibujó en su rostro al verle nadar en la laguna, flotando boca arriba, sacudiendo sus alas con fuerza dentro del agua, desplazándose como si flotara en lugar de nadar.
Se sonrojó sin darse cuenta cuando su mirada se desplazó silenciosa por las curvas del rubio. La túnica mojada dejando adivinar la piel bajo ella, los sonrosados botones en su pecho... la planicie de su vientre...
Carraspeó molesto al darse cuenta a donde se dirigían sus ojos y sus pensamientos. Eso estaba mal, no estaba permitido, no.
Echó la cabeza hacia atrás al ser descubierto por el rubio, que flotando lentamente había acabado prácticamente a sus pies, con su azul mirada clavada en él.
– Ven conmigo, Sasuke. – Levantó la mano fuera del agua, incitante.
– Sal de ahí, Naruto. – Ordenó tajante, llevándose como respuesta que el rubio que se alejara de él dando varias brazadas en el agua; una preciosa sonrisa perfecta. – Tenemos que ayudar con los preparativos de la reunión, sal del agua, por favor.
– Ven, Sasuke. – Repitió provocador. – No nos necesitan para nada.
Se puso de pie en la zona en la que podía hacerlo y caminó lentamente con la vista fija en el muchacho moreno, y las dos manos alzadas, palmas hacia arriba.
Ya que las palabras del rubio eran totalmente ciertas, y no tenía nada mejor que hacer, se dejó tentar...
Pero algo en la sonrisa de Naruto le hizo detener su avance cuando el nivel del agua le llegaba hasta la mitad de los muslos.
Quiso estudiarle con mas atención, pero Naruto, se adelantó aferrando su muñeca con las dos manos, arrastrándole hacia el centro.
Pegó las alas la cuerpo y empezó a nadar en círculos, alrededor de Sasuke que se limitaba a ir girando sobre sí mismo para no dejar de mirarle en ningún momento.
Los murmullos de los improvisados espectadores le hicieron darse cuenta de que no era muy buen sitio para estar dándose un chapuzón, aunque realmente sintiera que era totalmente placentero compartir con Naruto ese baño.
Expulsó por la nariz todo el aire y le atrapó por una mano, tirando de él hasta la orilla mas lejana al trasiego de gente.
– Aguafiestas. – Hizo un puchero para dejar claro su descontento, pero no dejó que Sasuke le soltara.
En lugar de eso, le arrastró de vuelta a la sala del comienzo, donde los querubines permanecían dormidos por seguridad. Si quería un lugar totalmente íntimo, ese mismo era el mas adecuado.
Naruto le atrapó contra la puerta, pegándose a él, emitiendo un ruidito al unir sus cuerpos aún húmedos por el reciente chapuzón.
Sasuke retrocedió medio paso, la distancia que le separaba del tope, posando las manos en el pecho del rubio sobre la túnica blanca.
Le empujó levemente, para alejarle, pero el rubio se las arregló para hacerle perder el equilibrio, tirarle al suelo y ponerse después encima de él.
Acercó los labios con la intención de besarle pero el moreno apartó la cara a un lado, evitando el contacto... solo durante unos segundos.
Clavó uno de los codos en el suelo y haciendo fuerza dio la vuelta a la situación poniendo al rubio bajo su cuerpo en la misma posición en la que él estaba antes.
Naruto enroscó las piernas alrededor de sus caderas... Algo iba mal con él.
Sasuke trató de desplegar sus alas, y lo único que consiguió fue acercar su rostro al de Naruto. Tratando de evitar lo inevitable, sintió que algo se liberaba dentro de su cuerpo...
Miró a Naruto a los ojos y descubrió que su azul mirada que tanto le gustaba se había transformado en una rojo fuego, y que sus labios, carnosos, incitantes , eran mucho mas bonitos en ese momento que en cualquier otro que lo hubiese mirado... Si hubiese prestado atención a las señales, y a las palabras de su hermano, Sasuke habría sabido que sus ojos eran en ese momento, igual de rojos que los de Naruto...
Y sin intención alguna de luchar mas, olvidando completamente las leyes del cielo, Sasuke se entregó totalmente al deseo y besó con todo el amor del mundo a Naruto...
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Hidan canturreaba de lo mas feliz por el borde de la barrera... iba dando saltitos en lugar de caminar...
Se detuvo junto a la fuente al notar la ausencia de Deidara y Sasori... Molesto pensando que le habían dejado de lado caminó de regreso siguiendo el rastro de sus dos amigos, que sabía estaban juntos.
La puerta en la casa de Sasori estaba abierta, y eso se le hizo raro. La cerró tras él para poder cotillear a gusto y fue directamente a la habitación del fondo. Cuando abrió la puerta se quedó de piedra.
Deidara estaba de rodillas, dándole la espalda, sobre un charco de sangre inmenso, que casi ocultaba el suelo por completo. Sasori, a su lado, trataba de que se levantara, sin saber donde poner las manos ni que hacer a continuación.
Hidan suspiró con cierto fastidio, y después dibujó una preciosa sonrisa.
– Aparta, nenaza. – Tocó el hombro del pelirrojo, que miraba angustiado a su amigo. – No pongas esa cara, no va a morirse. – Vamos, Dei-chan, respira por la boca. Así, muy bien, tranquilo...
– ¿Qué le pasa?. – Sasori se atrevió a preguntar al cabo de unos minutos.
– Nada, no te preocupes. – Trazó círculos con la mano abierta en el espacio entre sus alas, sin dejarle ponerse de píe aún. Otra bocanada de sangre le hizo doblarse por la cintura hacia delante.
– ¡¿Cómo que no pasa nada?!, Mírale, se está desangrando. – Sasori estaba a puntito de darle un ataque de ver tanta sangre... y la tranquilidad con la que Hidan se lo estaba tomando le estaba poniendo de mala leche.
– La primera vez es así, deja de hacer un drama. – Apartó el pelo de Deidara de la trayectoria de los vómitos y lo agarró todo junto en su nuca, con una sola mano. Se inclinó para susurrarle. – ¿No podías esperar, eh? Cuando te dije lo que podías hacer con la pluma de Itachi no era para que la usaras de inmediato...
La respuesta quedó suspendida ante una nueva arcada... aunque Sasori era todo oídos en ese momento.
– Dei chan ha dejado de ser -chan para convertirse en todo un hombrecito. – Sasori se llevó la mano a la boca, incrédulo. – Personalmente creo que se ha precipitado, pero bueno, si tenía ganas, pues eso que se lleva... Dale un par de minutos y estará listo para la reunión.
Deidara negó, pero Hidan estalló en carcajadas, al mirarle a la cara.
– ¡Oh, si! Tienes que ir a la reunión. – Señaló sus ojos con el indice extendido, divertido. – Aunque tendremos que hacer algo con eso, o los ejecutores te descuartizarán en nombre de la ley sagrada... chist, mira que te dije que tuvieras cuidado, pero tu nada. … Alguien hace caso a Hidan cuando habla, noooo, ¿Para qué?...
– ¿Quieres decir que Deidara ha... – Sasori terminó la pregunta con una sonrisita traviesa.
– Equilibrio, de eso se trata. – Señaló la sangre en el suelo. – La luz que se ha ido ha de ser reemplazada, nada mas.
No terminó de hablar cuando Deidara se puso de pié por sus propios medios, y miró a sus dos invitados fijamente, limpiando sus labios ensangrentados con el antebrazo.
– Voy a tardar en acostumbrarme... lo cierto es que dan un poquito de miedito. – Sasori señaló sus ojos de nuevo, lo que le hizo ir al baño y lo que vio reflejado en el espejo le hizo abrir la boca de la impresión.
Sus ojos eran completamente rojos, tan rojos como las alas de Sasori.
La rebelión había empezado y cada bando marcaba a sus tropas...
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Pues eso, se finí.
Besitos y mordiskitos
Shiga san.
