Advertencias: Los personajes no me pertenecen, son enteramente de su creador, Kishimoto San, solo los alquilo por horas para quitarme el estrés, nada mas.

Espero que disfrutéis del cap.

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Angéles caídos, demonios levantados.

Capítulo Doce: Reunión angelical.

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La barrera ondulaba tenuemente alrededor de la zona neutra. Las criaturas de ambos lados se pegaban a ella para mirar, curiosos, tanto a los que tenían permitido atravesarla como a los del otro reino.

Iruka avanzó hasta el centro justo, aferrando con firmeza la mano de la persona escondida bajo una blanca capa, con una enorme capucha que ocultaba su identidad. Solo se escuchaban sus murmullos a través de la tela, como si fuera incapaz de dejar de hablar.

– Todo está bien, tranquilo. – Abrió la capucha con dos dedos, lo justo para mirar dentro. El chico asintió, sin dejar de hablar, pero bajando el tono en el que lo hacía.

– Nada está bien, no. Todo termina... Pero no es como debería. Ahá, si, ah... entiendo. Cambia de nuevo. Lo que es ya no importa, lo que iba a ser no será, todo está cambiando. Todo se da la vuelta. – acercó a Iruka hasta sus labios, para hablarle solo a él. – Va a dejar que pase, "Él" está esperando. Va a romperse desde dentro. Siempre hay una primera vez, y será esta. Va a entregarse, en lugar sagrado, mas sagrado que ninguno... los dos, van a hacerlo... lo están haciendo ahora y no puede detenerse. Si, mira, puedes sentirlo, ¿Verdad?... Ja, ja jajajaja... y el otro, ya llega, espera.

Iruka se da cuenta de que es cierto. No necesita concentrarse para notar las energías de Naruto y Sasuke en la Sala del origen. El deseo de ambos es tan potente que el enfado de Iruka hace que sus ojos se vuelvan completamente negros, y que sus alas se agiten contra el cuero de la gabardina con fuerza, creando el sonido de un látigo restallando contra el suelo, y haciendo que toda la atención se centre en su persona.

Los dedos del oráculo en su mano le hacen tranquilizarse un momento. Alguien tiene que detener a esos dos, pero si cruza la barrera corromperá a muchos inocentes que no tienen por que acabar en medio de la rebelión.

En ese punto su sonrisa se hace mas grande, pero solo unos segundos, hasta que puede ver a Deidara al otro lado de la barrera.

Sasori lo sostiene a duras penas. Su cabeza cuelga hacia delante y el rastro de sangre mancha su túnica por delante, hasta sus rodillas, aunque ninguno de los ángeles de ese lado puede verlo, él lo ve perfectamente. Deidara se ha entregado y nadie en el plano celestial parece haberse dado cuenta aún.

La presencia de Hidan al otro lado del rubio le llama la atención. Y es cuando su vista se desvía de nuevo, esta vez a Kakuzu, que hace una pequeña reverencia con la cabeza en señal de servidumbre.

Aunque la siguiente mirada es de molestia, y va dirigida a Itachi, por incumplir el plazo que le había dado. Solo tiene que pensarlo para que el moreno acaba a su lado, sin poder oponerse.

– Él me reclamó. – Itachi no tuvo que escuchar la pregunta para formular la respuesta.

Iruka comprendió que no podía negarse sin mas. Una vez que eran reclamados, el contrato era obligatorio. Debían entregarse, en realidad no tenían opción. Una vez el reclamo era susurrado, sus cuerpos se movían solos, y hasta que no era consumado el acto, la razón no volvía a su cerebro.

No supo si Deidara había hecho el juramento por voluntad propia, o si por el contrario, había sido incitado por alguien mas. No poder contar con él desde dentro cambiaba un poco las cosas, pero no demasiado.

Si el oráculo tenía razón, que siempre la tenía, y "Él" estaba dejando que pasara, lo mejor era no intervenir.

Iruka desvió su atención, al nuevo invitado. Uno de los anfitriones acababa de llegar con toda la pomposidad de la que le gustaba ser protagonista.

Madara pasó por su lado y le dedicó una pequeña sonrisa de superioridad que Iruka supo leer al instante. Tenía la misma cara que un niño que acaba de hacer una trastada y espera que le pillen para poder presumir de ella.

Eso era malo.

Siguió la línea de su mirada al lado celestial de la barrera y no le gustó ni un poco la cara de satisfacción con la que miraba a Deidara, que seguía tratando de sostenerse con normalidad sobre sus temblorosas piernas. Aún le faltaba un poco para completar el cambio, y que estuviera en el lado equivocado de la barrera no ayudaba a acelerar el proceso.

Si Madara esperaba que el rubio hiciera algo dentro del cielo, iba a joderle la diversión. Miró a Itachi un segundo, y no necesitó mas para que el moreno entendiera la orden.

Tomó la pluma blanca entre sus dedos y reclamó para sí a Deidara, que no pudo negarse, viendo como su cuerpo se movía solo cruzando la barrera sin impedimento alguno hasta los brazos de Itachi, que le besó inmediatamente, ante la mirada atónita de todos los presentes.

No solo era increíble que un ángel de bajo rango como Deidara cruzara la barrera sin problema alguno, si no que pudiera tocar a un traidor desterrado, un escalón mas bajo que un ángel caído, lo hacía mucho mas impresionante.

El aura de destrucción de Madara hizo crepitar el aire a su alrededor, lo que arrancó una sincera sonrisa a Iruka. Deidara era una de sus bazas y acababa de arrebatársela.

– ¿Se puede saber de que lado estás, Iruka?. – Preguntó Madara enfadado.

– Del mío, creí que lo sabías. – Le encaró desafiante.

Apartó la mano un segundo antes de que Madara tratara de tomar la pulsera entre sus dedos.

Sin embargo se movió a un lado, confundiendo al caído con su gesto.

Le faltó el aire unos segundos, justo en el momento que sintió como la entrega entre Naruto y Sasuke se hacía efectiva.

Apretó la mandíbula, tenso. Kakashi le miraba desde dentro, sorprendido de comprobar, que efectivamente, Iruka estaba con vida, delante suya, y seguía igual de hermoso que como lo recordaba... igual no, mucho mas que antes.

Hidan apoyó la mano en la barrera, con la mirada fija en Kakuzu, esperando una señal por su parte. Sasori seguía a su lado, mirando confuso a Deidara, en la zona neutra y en los brazos de Itachi.

– ¿Con él?. – Preguntó el pelirrojo. – ¿Cuándo?. – El albino se encogió de hombros, tampoco sabía todos los detalles de la relación entre su amigo y el traidor, solo que había pasado, nada mas. –¿Qué está pasando, Hidan?. – Ahí estaba, la pregunta adecuada.

Hidan sonrió a su amigo, y tomó su rostro con las dos manos. Los ángeles a su alrededor, miles de ellos, les miraban interesados. Los labios de Hidan se posaron candentes en los de Sasori, apresando al ángel de alas rojas en un abrazo demandante, alargando el beso hasta hacerle jadear en su boca.

La sonrisa de Hidan cuando terminó el beso era satisfecha en su totalidad. Le tomó de la mano y ambos, juntos, cruzaron la barrera al otro lado, donde Kakuzu los acogió entre sus brazos, a los dos.

Kakashi se quedó ahí, mirando sin entender nada. El tintineo de una cadena, de sobra conocido, le hizo girar el rostro a un lado. Obito se ponía a su lado, estudiando todo con mirada crítica.

Sus predicciones estaban fallando, sus visiones tenían vacíos, borrones que las hacían incomprensibles. Agarró la túnica de Kakashi entre sus dedos, formando un puño cerrado con fuerza en torno a la tela.

Mierda, el encapuchado era el otro oráculo, y él no contaba con su presencia. No lo había visto en ninguna de sus visiones... y podía echar por tierra todo el trabajo que llevaba años preparando.

Ya había sacrificado mucho por su libertad, pensaba salir del cielo, de su cautiverio como fuera... aunque tuviera que dejar que Madara tomara el cielo.

Había traicionado, mentido, matado... entregar a Iruka a los ejecutores con mentiras fue su primer paso, pero cuando fuera libre, estaba seguro que el caído le comprendería... aunque no contaba con que Iruka se haría con el control del infierno, ni que formaría a su alrededor un ejercito de lo mas temible...

ni con que Kakashi dejaría que le mataran como lo hicieron. Esperaba que descubriera su mentira durante el juicio, pero su amor era completamente puro y limpio. Demasiado grande como para que se traicionaran el uno al otro. Obito vió demasiado tarde que eso no ocurriría, que Iruka no iba a delatar a Kakashi, por que él consideraba que su entrega había sido totalmente necesaria, inocente, sin mas consecuencias que una prueba de su amor por él.

El amor era un sentimiento estúpido, maligno, dañino. Solo traía desgracias a aquellos a los que tocaba.

Obito ansiaba el amor de Iruka. Lo quería para sí. ¿Acaso no tenía derecho a amar? Después del sacrificio al que se estaba sometiendo, encerrado, solo y teniendo esas terribles visiones cada poco tiempo, tenía derecho a ser amado del mismo modo que Kakashi, por la misma persona.

Obito quería para sí esa entrega y devoción.

No contaba con que no se delatarían el uno al otro, ni que Itachi le encontraría, moribundo y acabado en el reino intermedio, ni que Iruka se las arreglaría para ganarse la confianza del caído original.

Fue un fallo de calculo terrible por su parte.

Y ahora todo se desmoronaba ante sus ojos.

Kakashi, a su lado, miraba con devoción a Iruka, a pesar de su aspecto tan repulsivo a ojos de un ángel. Esperaba que le tomara en cuenta, que Iruka viera que estaba ahí. Pero daba lo mismo lo mucho que gritara, o golpeara el cristal, no le vería.

O eso creía Obito, hasta que Iruka dibujó una medio sonrisa y se acercó quedando a pocos centímetros de Kakashi.

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Ya sé que dije doce caps, pero …. bueno, queda mucho que contar, nee?

Gracias por los coments, os lovio.

Besitos y mordiskitos

Shiga san.