Era ya de mañana, 8:30 AM para ser totalmente exactos. Nueva España estaba esperando ansiosamente ése día en el que conocería a más personas además de sus molestos hermanos. Se levantó temprano y se metió a una ducha rápidamente, para después levantar a Papá Antonio y a Manuel aunque a éste último no le agradaba que alguien le gritara a los cuatro vientos que se levantase. Después de usar toda su energía en su trabajo familiar, se metió en su habitación para hacerse 2 trenzas flojas con un partido muy bonito a mitad de su cabeza.
— María~, ¡Papi Antonio ya preparó el desayuno!
— ¡Voy! — Gritó desde su balcón la atareada morena. Con sus pies descalzos, bajó las escaleras rápidamente para ver el especial desayuno que España le había preparado. Junto a la mesa estaban su padre, con una adorable y enorme sonrisa en su rostro provocada ilógicamente por ver a Chile y a Romano comer. María se sentó junto a Romano, y cuando iba a dar una gran cucharada a la Paella que España había preparado, una sirvienta de cabello corto color azabache con ojos miel interrumpió el desayuno familiar.
— Se-señor Carriedo — Murmuró la criada, de nombre Isabel, mientras esbozaba una sonrisa tímida. — El hermanito menor de el Sr. Beilschmidt, La colonia de Mr. Bonnefoy y la otra colonia de el Comandante Kirkland ya se encuentran en el umbral de la casa, mi señor.
— ¿España? ¡Maldición! Invitaste a personas sin que yo me diera cuenta, estúpido bastardo… las pagarás muy caro idiota…
— ¡Oho-oho! No me digas que vienen a ligar con María… chiquillos tienen dos segundos para correr antes de que "Papi" Toño los saque de aquí. Además, España, no necesitas traer más aweonaos' aquí. Nueva España se encuentra bien sola… aunque, claro los trajeron bajo tu propia voluntad.
— Manu bastardo. ¿Estás preocupado, no? Estás celoso de que se acerquen a tu hermanita María y de que no les caigas bien, scemo bambino.
— Oh… Romano, tienes mucho que aprender, recuerdas que pareces un niño de un año y medio, ¿Verdad?
— Manu, Lovi… No es tiempo de pelear.
— ¿¡DESDE CUÁNDO YO ADMITÍ QUE LA COLONIA DE EL ESTÚPIDO DE INGLATERRA TENÍA QUE VENIR!? — Intervinó Antonio, interrumpiendo la riña verbal que se encontraba en esa misma mesa con sus hijos —Está bien… déjenlos pasar… pero si hay una sóla pelea entre ellos dos los saco de aquí.
A María se le iluminaron los ojos. Hace mucho tiempo que nadie venía a jugar con ella, además de Kiku Honda, el único amigo que tenía pero que por motivos familiares no la empezó a visitar. María corrió hacia la puerta y se encontró con unos niños de la misma edad que ella, pero unos 2 centímetros más altos. Entre ellos estaban un rubio con un corte de tupé rectangular, con la mirada frívola de color azul cielo, seguido de un niño de pelo un poco largo color rubio claro, de éste sobresaltaba un rulo largo que terminaba en forma de bucle, con una mirada indecisa de color morado, con gafas y con una inocente sonrisa formada en sus labios, que llevaba cargando un gran oso de color blanco. El anterior, estaba siendo aplastado por un niño de la misma altura de el anterior, con cabello un poco más corto que el de los demás y ojos color azul, que llevaba una enorme sonrisa en su rostro. Detrás de ellos se encontraban los amigos de su padre, el albino tocando suavemente la cabeza del primer niño y el francés sonriendo observando fijamente al más bajo de todos.
— ¿E-este?... — Preguntó indecisa María
— ¡Dile a Papá Toño que nos vamos! — Corrieron despavoridamente hacía la calle, meintras se veía a un Antonio muy enojado persiguiéndolos, gritando: "¡DIJE DOS NIÑOS, SÓLO DOS NIÑOS, MALDICIÓN!". Sin embargo, Nueva España no le hizo caso y cerró el portón fuertemente, mientras le daba la mano a el niño de gafas.
— ¡Hola! — Sonrió la más baja de los cuatro — ¡Yo soy María, María Hernández! ¿Podría saber su nombre? Encantada de conocerlos.
— Yo soy Ludwig Beilschmidt — Comentó seriamente el más alto de los tres, con una expresión totalmente refunfuñante. — Gusto en conocerte también, niña. — La última palabra hizo que María se enojara, pero la ignoró y volteó a ver a el siguiente niño.
— Y-yo… soy Ma-Matthew Williams… — Comentó inocentemente el chico de gafas. A María le pareció muy tierno.
— ¡Yo soy Alfred Jones! — Comentó energéticamente el niño con una rebosante sonrisa en su rostro — ¡Pero también me dicen héroe!
María frunció el ceño. Nunca le habían agradado las personas que se auto-llamaban a sí misma como héroes. Pero aún así, sonrió. Pensó que el más agradable de los tres era Matthew.
— Está bien — Comentó la morena. — Pasen a mi habitación, suban las escaleras de aquí. Vamos, yo los acompañaré.
— ¡Ro-romano! No podemos espiar a Nueva España así… creo que es… un poco intimidante, ¿No crees? ¡A mí no me gustaría que me espiaran así, carajo, aweonao'!
— ¡Cállate, maldición! María aún no nos ha visto… presiento que el chico estúpidamente energético se burlará de María tempranamente, y no creo que a Papá Toño le guste eso… ¡A-además, Si España se enoja n-no habrá tomates, maldición!
— Admítelo, Lovino~ Estás celoso.
¿Reviews? ¿Pandas?
Capítulo algo estresante. Espero os guste.
