Asdfghjklñ :'C.

Sorry por hacer los capítulos especialmente cortitos. Duro cuatrocientos mil años haciéndolos y me salen así de horripilantes y pequeños. Perdón, Sorry, Vergebung, прабачэнне, tilgivelse, fyrirgefning, -inserte más de mil de palabras de perdón en diferentes idiomas aquí- (?).

So... Espero os guste 8).

Disclaimer: Hetalia no me pertenece, le pertenece a el magnífico y sensual Himaruya Hidekaz :D

Personajes: Italia del Sur, Chile, Argentina (Mención), México, Alemania, Canadá y Usa.


— ¿¡Y-yo!? Ajá, si claro. Y tu no amas a Argentina, estúpido bastardo.

— ¡Querido! No trates de cambiar de tema. Estás celosito. — Interrumpió a el castaño con una mueca de diversión, cuándo de repente, señaló a su hermana subiendo las escaleras de la mano de Matthew — Mírala, no soportas verla con otro mocoso aparte de ti.

— ¡Cállate! Maldición. No dejas espiar a gusto. — El italiano mencionó la palabra ''espiar'' cómo si fuera lo más normal y prudente del mundo. — Da igual. Vete si quieres, estúpido. Yo seguiré espiando guste o no. Bambino.

— Está bien, cómo yo si soy de su edad y no dos años menor que ellos, como cierta persona, me uniré a su fiesta.

Púdrete. Vete, no te necesito, bastardo.

— Sí, sí.

El chileno se puso en una posición más cómoda y se levantó, sin decirle nada más a Lovino. Cuándo dió la espalda, na sonrisa altanera se formó en su rostro.

Jujujú~ No hace mal una broma de vez en cuándo.

— ¿¡Qué tanto duras caminando, maldición!?, ¡Ya sal de aquí!

Carajo, voy.

Manuel dejo los binoculares que estaba usando para observar a Nueva España y a sus amigos hace unos minutos sobre una mesita hecha a mano por su Padre.

— Romanito, te haré la tarde imposible~


La niña de tez morena se encontraba acompañada actualmente de Alfred, Matthew y Ludwig, subiéndo unas enormes y elegantes escaleras en forma de espiral hacía la segunda planta que dirigía a la habitación de sus hermanos, de su padre y de ella. Al pararse junto a el portón de su habitación, María lo abrió y con delicadeza dijo:

— Pasen

— ¡Los héroes primero!

— Ah, sí... Danke schön.

Gra-gracias...

Entraron, y Alfred se lanzó rápidamente a la cama de María, haciendo que esta frunciera el entrecejo.

— ¿Ésta es t-tu habitación?...

— Sí — Afirmó la castaña.

— E-es muy bonita...

— ¡Gracias! — Contestó alegremente María.

Antes de darse cuenta, el alemán ya estaba sentado en una de las orillas de su cama, mientras Alfred... ¿Revoloteaba? O lo que sea en ella. Matthew pareciá intentar pararlos, pero según Nueva España, lo veía demasiado tímido cómo para tan siquiera acercársele a los otros acompañantes.

Había un silencio destrozante en la habitación. La respiración de cada uno se hacía escuchar con libertad en el aire de la casa y también se podía escuchar casi su flujo sanguíneo. Hasta que la voz conocida de la niña la exaltó.

— ¡Wow! María, estás aquí.

La aludida volteó y se encontró con sorpresa a su hermano a unos dos añor mayor que ella, Chile, apodado Manuel por parte de Papá España.

— Ugh, Manuel. Qué agradable sorpresa. La casa es tan pequeña, ¿No?

El aludido esbozó una enorme sonrisa altanera, y prosiguió.

— Sí, tan pequeña que te encuentras con matorrales llevando puestos unos binoculares. Te-he... ¿Nuevos, no? Soy Chile, el pololo de María.

Todos se quedaron helados, los chicos por la palabra tan extraña, que no comprendían, y la pequeña por la expresión que había usado sabiendo que ellos dos eran hermanos.

¿Pololo? ¡Qué es esa cosa! — Rió incontrolablemente Alfred.

— ¿Pololo?

— E-este... ¿Ma-maría, qué es pololo?

— ¡Éste! — Gruñó María. — Tengo algo que hablar con éste chico unos segundos, así que espérenme un poco, ¿S-sí?

— Ésta bien — Asintieron todos a el mismo tiempo.

María tomó de la oreja a Manuel y lo jaló afuera de su habitación, mientras cerraba con un portón.

— ¿Estás idiota, Verdad?

— É-este, M-ma... ¡Duele, carajo!

— Yo no te suelto hasta que me expliques por que dijiste eso.

— Pufff... — Bufó el Chileno — Quería poner celoso a Romanito, ni que te fuera a amar de verdad, estás horrible. Hasta Argentina es más bonito que tú.

— ¡Mira, se le caen los ojos al hablar de su enamorada! ...

— ¡C-Cállate! Pero hablando enserio, eres tan estúpida, Romano te ha estado vigilando desde hace quien sabe cuántas horas.

— Dile que si me vuelve a estar vigilando, le destruyo todos los tomates en menos tiempo del que se duerme.

— Sí, sí... ¿ Ahora me puedes hacer el favor de soltarme?

— Ah, sí. Está bien. Ahora lárgate.

— Ugh. Tienes apenas nueve años y ya pareces Venezuela en su período.

— ¿Qué?

— Nada, nada. Cuídate de ese tal Ludwig, tiene cara de... según Romano, Patatas.

— Sí, sí.

— Yo se que me amas.

Y tras. Sonó un portazo justo en la cara del Chileno. El mencionado lanzó una sonrisa maquiavélica y se despidió mirando hacia la puerta de roble que acababa de ser resonada por toda la casa.


Ugh. Lo odiaba, lo odiaba, lo odiaba con todo su corazón. Era un infantil, un testarudo, un terco, un inútil, un estúpido, un feto con problemas mentales. Todo menos su hermano. Lo repudiaba. Soltó un suspiró y dirigió su mirada a Matthew, dedicándole una tierna sonrisa, haciendo que el oji-morado se ruborizara y le devolviera el gesto de la mexicana con una pequeña y apenas divisible sonrisa.

— ¡Nueva Espaaaaaaaaña!~ — Gritó un ruidoso rubio estirándose sobre la cama de la morena. — ¡Me aburro! ¿No podemos estar en otra parte de la casita?~

— Duuh... Está bien, siempre y cuando no causen cosas muy desastrosas. — Bufó Maria con el entrecejo arrugado. — ¿Les parece bien, Ludwig, Matthew?

Los mencionados asintieron levemente. María soltó una leve risilla inaudible.

— So~ ¡Vamos!


¡Me odio!~

No tengo nada de cosa dentro de mi cerebro. Por más que intento escribir nada no me sale. Soy una idiota.

¿Qué les parece? ¿Tomates? ¿Islandias? ¡Todo es bienvenido! Pero más los Islandias, te hago un altar si me mandas uno.