Rachel se despertó y quitó de sus ojos los rastros de lágrimas que estaban ya secos. Miró hacia el suelo en busca de Quinn, pero la chica ya no estaba. Se levantó y se cambió en silencio. Salió de la habitación hacia el comedor. Ahí estaba Quinn, leyendo en la mesa.

Buenos días – se sentó en frente de la rubia. Quién solo la ignoró. Rachel asintió en silencio y decidió dirigirse a la cocina para hacer algo de desayunar.

Entró a la cocina y comenzó a cocinar comida para ella y Quinn. Después de todo estaban casadas, tenía que ver por ella. Sonrió al recordar lo hermosa que era Quinn. Su Quinn, ya que ahora era sólo de ella. Su esposa. Rachel siempre había sido una muy buena cocinera, pero en esta ocasión se esforzó más que nunca. Tenía que ganarse al amor de su vida, poco a poco.

Se acercó a Quinn y le puso el plato de comida en frente y se sentó a esperar la reacción de la rubia, pero todo fue en vano, ya que la rubia no quitó la mirada del libro. Rachel carraspeó para llamar la atención de Quinn. Ella sólo levantó la mirada del libro y levantó una ceja. Miró a Rachel quién le sonrió y le hizo un gesto para que probara la comida, que honestamente se veía deliciosa.

No tengo hambre – mintió

Vamos, no lo hice por obligación – le rogó – no la envenené – bromeó y rió de su propia broma

¿Qué parte de no tengo hambre no entiendes? – cerró violentamente el libro y se levantó

¿A dónde vas? – se levantó también

A un lugar donde no tenga que ver tu cara todo el tiempo – salió y cerró la puerta con violencia

Rachel molesta la siguió y cerró la puerta fuertemente para que la rubia escuchara que la estaba siguiendo

¿Por qué no me dejas en paz maldita sea? – la miró violentamente

Porque no tienes por qué tratarme de esta manera – le gritó Rachel suplicándole a la rubia

Te voy a tratar de la manera que me pegue la gana – le escupió las palabras con odio

La morena no pudo responderle, las palabras y el odio de Quinn le dolían en el alma

¿Por qué aceptaste Quinn? – un par de lágrimas cayeron por sus mejillas - ¿por qué?

Necesidad Rachel, necesidad… de otra manera jamás en mi vida soportaría el asco que me provocas – al ver el rostro de Rachel rojo de llorar sintió la necesidad de abrazarla y pedirle perdón… pero obviamente no iba a hacerlo… había jurado venganza… y venganza iba a tener… tenía que convertir en amor que la morena sentía por ella en sufrimiento… mucho sufrimiento

No me odies por amarte tanto – dijo levantando la mirada mientras se acercaba a Quinn – por desear que sientas una décima parte de lo que siento por ti – tomó su barbilla… iba a besarla, no tenía dudas, si no se arriesgaba jamás iban a tener ese primer beso. Acercó sus labios a los de la rubia y cerró los ojos

¿Qué haces? – se alejó – no te besaría en mi vida

Estamos casadas Quinn, es sólo lo que te pido, un beso, sólo uno – se acercó de nuevo a los labios de Quinn quién hizo lo mismo que la vez anterior

Maldita sea, ¡ahora resulta que no voy a poder estar a gusto porque vas a querer besarme todo el tiempo! – la empujó levemente para que se alejara de ella

¿Por qué me haces esto? – le dijo con dolor en cada una de las palabras

Porque te odio. No puedo estar en un lugar donde estés tú, tu presencia me desagrada – le dijo con indiferencia

¿Por qué no mejor me matas de una vez? – la miró a los ojos

No seas dramática por el amor de Dios – se dispuso a salir

¿A dónde vas?, ¡maldita sea! – Rachel pateó una silla

No he tenido sexo en mucho tiempo, buscaré a un hombre – recalcó la palabra – que pueda complacerme – mintió, obviamente no iba a hacerlo con un desconocido

No… lo hagas – dijo Rachel mientras se tiraba al piso tapándose el rostro con ambas manos

Tengo necesidades – dijo sin mirarla, no podía soportar ver a alguien sufrir así

¡Me tienes a mí! – levantó la mirada – puedo hacer lo que me pidas – le suplicó

No te me ofrezcas – la miró con asco – además, jamás podrías complacerme – Salió dejando a Rachel arrodillada en el suelo con las manos en el rostro. Completamente humillada.

Quinn caminó por las afueras de la casa buscando un lugar donde nadie pudiera mirarla, y poder leer a gusto. Movió el cuello y se llevó la mano hacia él. Sin duda el suelo no era muy cómodo que digamos. Abrió su libro y se recargó en un árbol que estaba cercano a la casa. Escuchó un par de voces que hablaban y corrió a esconderse para escuchar libremente

Señor, creo que le será incómodo a la señorita

Charles, tengo que saber cómo trata esa extraña a mí hija… no puedo creer que la haya entregado ya–dijo con nostalgia

Pero… si… sigue en momentos comprometedores con su esposa – Quinn rodó los ojos y siguió escuchando

Mejor aún, nada en este mundo me haría más feliz que ver su rostro lleno de felicidad – sonrió… de verdad amaba a su hija, Rachel era lo que más quería en este mundo

Quinn rodó los ojos una vez más, suspiró y decidió dar una vuelta. No quería llegar cuando estuviese el padre de Rachel con ella. Sería incómodo que hicieran preguntas de su intimidad… inexistente

Charles y John (padre de Rachel) tocaron la puerta. Rachel pensó que sería Quinn arrepentida, se secó los ojos y se miró en el espejo, casi no parecía que había llorado. Sonrió y abrió la puerta, su sonrisa se hizo más débil al no ver a su amada en la puerta… ¿con quién estarás Quinn? Se preguntó a si misma mientras miraba las afueras buscando la cabellera rubia que tanto amaba.

¿Padre? – lo miró confundida

¿Por qué tanta euforia? – dijo sarcásticamente

No… yo… olvídalo – sonrió… Rachel no pensaba decir nada de lo de Quinn, su padre podía llegar a ser muy violento, no quería que lastimara a la rubia, moriría antes de permitir que Quinn sufriera

¿Dónde está Quinn? – preguntó con una sonrisa mientras buscaba a la rubia con la mirada por la cocina

Ella… ella está descansando – mintió

Oh… ya entiendo – la miró picaronamente

Exacto – rió nerviosamente, rezando para que Quinn no entrara mientras su padre siguiera ahí

Quinn se llevó de nuevo la mano al cuello… tenía que descansar. Pensar en cómo hacer para no volver a dormir en el suelo… de alguna forma… cerró su libro y se dirigió a la casa. No le importaba que dijera el padre de Rachel, quería descansar. Se levantó en frente de la puerta y la tocó.

¿Quinn?- dijo Rachel con voz baja

No, soy el cartero – dijo con enfado y trató de entrar pero la morena se lo impidió

Maldita sea me duele el cuello, no tengo ánimos de soportarte en estos momentos – le gritó

¿Por qué le gritas a mi hija? – dijo John molesto

Quinn se quedó estática sin saber que contestar

Yo… le grité primero padre – mintió Rachel

No es cierto - quitó con violencia a Rachel de la puerta - ¡Qué sea la última vez que le hablas así a mi hija! – le gritó

Quinn no contestó y lo miró sin miedo, sin mover ni una sola facción de su rostro. Lo que hizo enfadar al John quién levantó una mano con intenciones de golpearla, pero Rachel lo alcanzó a evitar agarrando la mano de su padre

Primero me golpeas a mí – le dijo molesta

¿Por qué la defiendes? Nunca antes habías dejado que alguien te gritara de esa manera – la regañó

Siempre hay una primera vez – desvió la mirada, sin duda no había sido la primera vez que había sido humillada… Quinn se había encargado de humillarla siempre que tenía oportunidad

Quinn no habló y caminó hacia la habitación. Rachel miró con incredulidad a su padre

¿Ibas a golpearla? – le dijo con rencor

No voy a permitir que te humillen hija – llevó su mano a la mejilla de su hija

No quiero que vuelvas a intentar ponerle una mano encima – quitó la mano de su padre que estaba posada en su rostro – ahora vete, no estoy de humor… tengo que ponerme bien con Quinn

Entonces… ustedes dos… ayer… si – dijo un poco incómodo

No es tu asunto – le dijo sin mirarlo, era la primera vez que le hablaba así a su padre

Está bien – asintió con dolor – pero si me vuelve a tocar ver que te trata mal… no respondo – y así salió seguido de Charles que permanecía en silencio

Rachel cerró los ojos, y se secó una lágrima. Caminó hacia la habitación y ahí estaba Quinn sentada en la cama con una mano en su cuello y otra en el libro.

¿Te duele mucho? – preguntó sin esperar una respuesta

Un poco – dijo sin mirarla, lo que causó el asombro de Rachel que esperaba ser ignorada… como de costumbre

Perdón… no quería que pasara lo que pasó – sacó una crema de color verdoso de un cajón

No importa…- hizo una pausa – gracias – siguió sin mirarla

Jamás dejaré que te hagan daño – se puso de rodillas en la cama detrás de la rubia y comenzó a ponerle crema en el cuello

¿Qué haces?- dijo sin moverse, el contacto de la crema y las manos de Rachel en su cuello hacían que el dolor disminuyera

Soy buena haciendo masajes – masajeó el cuello de Quinn. Primero con desconfianza, pero al escuchar gemidos de Quinn, bastante sexys por cierto, siguió con más confianza

¿Hay algo que no hagas o en lo que no seas buena? – dijo sonriendo

Hay algo que no he probado – dijo con voz provocadora mientras tocaba el cuello de Quinn con sensualidad

Deberías de hacerlo, serías muy buena – no pudo evitar apretar un poco las piernas… al darse cuenta de lo que Rachel provocaba en ella se levantó de la cama

¿Qué pasa? ¿Hice algo mal? ¿Te lastimé? – preguntó preocupada, mientras seguía de rodillas en la cama

No… es suficiente – dijo mientras tendía de nuevo su sábana

No lo hagas – le imploró quitándole la sábana de las manos – por eso tienes lastimando el cuello

No puedo… - dijo sin mirarla

Yo dormiré en el suelo… solo sube aquí – tocó la cama

Quinn no se iba a hacer del rogar, en realidad deseaba dormir en la cama, el suelo no era cómodo en lo absoluto.

Rachel esperó a que Quinn le dijera algo mientras tendía la sábana en el suelo… pero ese algo no llegó, en realidad deseaba que la rubia le dijera que durmiera a su lado esta noche… solo despertar con ella era lo que deseaba. Pero la rubia le dio la espalda y volvió a ser la mujer de piedra que había sido después de ese momento de debilidad.