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Capítulo 1.

Todo había acabado, la guerra, la esperanza. Todo por lo que tantos magos y brujas habían luchado y perdido su vida se vio derrumbado cuando el-niño-que-vivió fue asesinado por Lord Voldemort.

La batalla no era más que un recuerdo en la mente de los supervivientes, los pocos que habían sobrevivido. Ahora prisioneros de los mortífagos.

Hermione era una de ellos. Encerrada en una celda de la mansión Malfoy. Donde se encontraba con otros compañeros de colegio y miembros de la orden. Cada uno en celdas individuales, sin poder saber quienes habían sobrevivido ni quienes habían muerto.

La noción del tiempo era realmente difícil de llevar en las oscuras celdas de la mansión Malfoy.

Hermione no dejaba de llorar la muerte de sus amigos y cada vez se encontraba más débil a causa de la falta de agua y de alimentos, pero también a causa de las heridas y las torturas sufridas en su estadía en dicha celda por parte de los mortífagos.

Cuando habían pasado lo que ella creía que eran tres semanas desde en final de la batalla. La puerta de su celda se abrió y en el umbral estaba Bellatrix Lestrange con una sádica sonrisa en el rostro que dejaba bien claro que Hermione no lo iba a pasar muy bien.

-¡Levantate asquerosa sangre sucia!- Dijo la cruel voz de Bellatrix. - El Señor Tenebroso quiere divertirse un rato contigo.

Hermione obedeció lentamente, sin poder evitar que lágrimas de puro terror se derramasen por sus mejillas. Sabiendo que este era su final. Que muy pronto moriría y que por fin podría encontrar un poco de tranquilidad.

Bellatrix harta de la lentitud con la que se movía Hermione la agarro fuertemente del pelo y se la llevo arrastras por los oscuros y fríos corredores de la mansión, mientras Hermione no dejaba de sollozar de dolor y miedo. Hasta que llegaron a una gran puerta de roble donde Bellatrix se paró y toco a la puerta.

-Adelante- Dijo una fría y terrorífica voz que parecía sacada del propio infierno.

Bellatrix movió su varita para abrir las puertas y entro en la habitación llevando a Hermione agarrada fuertemente del pelo. Hermione no pudo evitar observar la habitación en la que acababa de ingresar. Era larga, oscura y fría. En ella se encontraban muchos de los más cercanos mortífagos del Señor Tenebroso. Y en medio de todos ellos sentado en un enorme sillón se encontraba Voldemort con su enorme serpiente en su regazo mientras sostenía en su mano derecha la varita de Sauco y en la izquierda una copa con un líquido de color oscuro que parecía bastante espeso.

-¡Mi señor! Aquí os traigo a la sangre-sucia como usted pidió.- Dijo Bellatrix mientras se inclinaba exageradamente ante Voldemort.

Este se levanto del sillón y caminó lenta y elegantemente hasta el centro de la sala donde se quedo quieto.

Voldemort sonrió cruelmente al ver a Hermione tirada en el piso con el terror grabado en sus ojos. Hermione tampoco pudo evitar fijar su mirada en él, puesto que siempre se lo había imaginado como un ser repulsivo y diabólico, pero no era así, al verlo más de cerca se dio cuenta de que sí tenía rasgos que lo identificaban como un ser diabólico, la blancura enfermiza de su piel o sus ojos carmesíes, pero por el resto parecía un ser humano como otro cualquiera. Aparentaba unos treinta y cinco años aunque ella sabía que tenía muchos más. Tenía el largo pelo negro y liso por debajo de los hombros recogido en una coleta baja y tenía un cuerpo bastante atlético aun que no muy musculado.

-Así que tu eres la amiga de Harry Potter.-Dijo mientras acariciaba lentamente su varita.- He oído hablar mucho de ti, dicen que tienes gran poder mágico. Es una lástima que seas una sangre sucia. Si todo lo que me han dicho de ti es cierto serías más que valorada en mis filas.

Hermione no pudo evitar mirarlo con odio. Se sentía cada vez más marea y débil.

-¡Jamás me uniría a ti aun que fuese hija de magos. Eres un ser cruel y no mereces ser adorado ni seguido!- Exclamó Hermione juntando todo el valor que le quedaba dentro. Si iba a morir al menos moriría con valor y no suplicando por su vida como una cobarde.- Me has hacho venir aquí para reírte de mí antes de matarme. Pues no te daré ese gusto.

-¿¡Como te atreves a dirigirte así al Señor tenebroso!?- Gritó Bellatrix agudizando su voz al límite.

-¡Silencio Bellatrix! No necesito que nadie intervenga por mi para tratar con seres miserables como esta sangre sucia.- Dijo Voldemort con aparente tranquilidad. Aun que no era así, él imaginaba que la chica rogaría y lloraría por salvar su vida. Había esperado ver debilidad en sus ojos, pero no fue así. Lo único que veía era odio, quizás si que había un poco de miedo pero no como él esperaba. Esto lo desconcertó un tanto, pero pronto se recuperó de su sorpresa.

Observó más detenidamente a la chica que estaba tirada en el suelo de la habitación. Esta toda sucia, con la ropa hecha jirones y llena de barro. Tenía moratones y heridas con sangre seca por todo el cuerpo y el pelo todo enredado y lacio.

Repentinamente se dio cuenta de que llevaba demasiado tiempo analizándola.- Divertíos con ella, pero no la matéis quiero poder hacerlo yo también más tarde. Cuando terminéis la llevareis de nuevo a su celda.- Dijo mientras salía a tranquilamente de la habitación.