Hola de nuevo! Gracias a todos por dedicarle tiempo a este fic. Y gracias tambien por los comentarios! Aquí va un nuevo capítulo, espero que os guste.
Voldemort salió de la habitación, pero no se alejó mucho más. Estaba demasiado deseoso de oír las suplicas de la chica cuando sus mortífagos empezasen a torturarla. Realmente quería que esa bruja insolente recordase cual era su sitio en ese mundo. "¿Quién se cree que es esa mocosa para mirarme con tanta insolencia? ¿Acaso no es consciente de que voy a convertir su vida en un infierno?" Pensaba Voldemort mientras agudizaba su oído. Finalmente decidió irse a su habitación. Necesitaba pensar en todo lo que tenía que hacer ahora, en todo lo que podía hacer sufrir a esa chica.
Dentro de la habitación todos los presentes estaban en circulo rodeando el cuerpo acurrucado de Hermione.
-Vamos a divertirnos un rato con esta asquerosa niñita- Dijo un hombre completamente vestido de negro con la cara oculta por la capucha de ta túnica mientras mandaba a Hermione por los aires con un sencillo movimiento de su varita.
Hermione impactó contra una pared de la habitación y cayó ruidosamente sobre el frío suelo de piedra. Se dio la vuelta solo para observar la cruel sonrisa de Bellatrix Lestrange mientras esta sacaba lentamente su varita de un bolsillo interno de su capa. Apuntando directamente a Hermione con ella
-¡CRUCIO!- Dijo la voz de Bellatrix acompañada de un horrible grito de dolor salido de los labios de Hermione. Mientras esta se revolvía en el suelo debido al dolor. Cuando Bellatrix apartó de ella la varita, finalizando el hechizo, esta no pudo evitar respirar fuertemente intentando que el aire entrase en sus pulmones.
Al verla tan débil los mortífagos comenzaron a reírse de ella. Esto la cabreó aun más. "¡Malditos mortífagos! ¡No tienen ningún derecho ha hacer esto!" Pensaba Hermione mientras costosamente se ponía en pie y corría con todas sus fuerzas hasta Bellatrix, a quien tiró, al más puro estilo muggle, al suelo mientras le sacaba la varita.
-¿¡Pero como te atreves maldita!? ¡Te arrepentirás de lo que has hecho!- Gritaba Bellatrix tirada en el suelo apoyada sobre sus codos. Mientras Hermione se ponía en posición de ataque para enfrentarse al resto de mortífagos presentes en la sala.
Todos se pusieron en posición de ataque, pero nadie hacía nada. Todos estaban expectantes a la espera de que ocurriera algo.
Hermione sabía que no tenía ninguna oportunidad enfrentándose ella sola a todos esos mortífagos.
"Son por lo menos veinte, no puedo luchar contra ellos yo sola. Piensa Hermione, piensa" Se repetía mentalmente la chica una y otra vez. De pronto se fijó en la gran araña que decoraba el cuarto.
-¡BOMBARDA MAXIMA!- Gritó Hermione apuntando hacía el techo.
El hechizo impactó en el cacho de techo que mantenía sujeta la araña, provocando un tremendo estruendo. La gigantesca araña impactó contra el suelo haciendo a los mortífagos correr hacía los lados de la sala para no ser aplastados.
Todos tosían e intentaban ver algo entre la nube de polvo que se había levantado en la sala.
Hermione se levantó tosiendo y aprovechó ese momento de confusión para correr hacía la puerta. Con un brusco movimiento la abrió y salió corriendo por los oscuros corredores por los que había llegado a esa maldita habitación.
Hermione no dejo de correr. "Tengo que encontrar el sótano, tengo que liberar a todos, tengo que salvarlos" Pensaba Hermione mientras intenta recordar por donde estaban las celdas donde estaban encerrados los demás.
-¡Id tras ella!¡No podemos dejar que huya o lo pagaremos muy caro!- Gritaba una voz histérica mientras intentaba organizar a sus camaradas y comprobar los daños sufridos.
Nada más oír esto Hermione intentó acelerar el paso. Necesitaba alejarse lo antes posible de esa habitación.
En el otro extremo de la mansión Voldemort estaba sentado en un gran sillón enfrente del antiguo escritorio colocado en uno de los extremos de su inmensa habitación. Intentaba descifrar que era lo que tenía esa chica que tanto lo había descolocado. Esa mirada, esa mirada de rencor con la que lo miró. Nadie nunca lo había mirado tan de una manera tan desafiante, tan directa.
Nadie nunca lo había mirado así, ni siquiera cuando era un niño y vivía en el orfanato, ni tampoco cuando llegó a Hogwarts.
Fue en ese momento cuando lo oyó. Un ruido sordo, como una explosión. "¿Qué demonios están haciendo estos malditos mortífagos?¡Les dije claramente que no quería que la mataran! Como le hayan hecho algo los mataré a todos" Pensaba furioso mientras se ponía de pie y salía apresurado de la habitación.
Voldemort caminó por los corredores con paso rápido y chispas saliendo de sus rojos ojos. Pero entonces fue cuando lo vio. Una maraña de pelo estaba parada en el pasillo con la varita en alto. Parecía confusa, como si estuviese buscando el camino.
Se acercó sigilosamente y la agarró del brazo, mientras la chica daba un respingo y se giraba lentamente.
- Vaya, vaya. ¿Qué tenemos aquí?- Dijo el poderoso mago mientras sonreía malignamente.
