Hola a todas! Perdón por retrasarme tanto en subir este nuevo capítulo, pero es que la inspiración solo viene cuando le apetece, es decir, cuando tengo exámenes.
Espero que os guste :)
Ahh y le dedico este capítulo a mi amiga Leti por aguantarme cuando no me venía la inspiración.
Hermione miraba desolada el paisaje desde la ventana de su habitación. No sabía que hacer, ya lo había intentado todo. Incluso, en un intento de desesperación, había intentado romper la ventana para salir por ahí.
Ya había desistido de esa loca idea: era obvio que Voldemort no iba a ser tan incauto como para dejar que se escapase tan fácilmente. Pero de eso ya habían pasado dos días. Parecía que Voldemort se había olvidado de ella o, por lo menos, que no le interesaba demasiado verla... lo cual agradecía puesto que no tenía muchas ganas de verlo. El único contacto que tenía era con la pequeña elfa doméstica que le llevaba las comidas.
Un ruido la sacó de sus pensamientos. Al darse la vuelta, vio a la pequeña elfa en una esquina del cuarto, mirándola con sus grandes ojos mientras se inclinaba exageradamente.
-El amo oscuro ordena que la señorita baje a cenar con él -dijo la elfa con un poco de temor en la voz mientras seguía inclinada.
Hermione no sabía qué responder. "!¿De verdad piensa que voy a bajar a cenar con él?! ¡Está más loco de lo que pensaba!"
-No voy a bajar -contestó Hermione cruzándose de brazos.
-P..per..pero el amo así lo ordena -contestó la elfa, muy temerosa de la reacción de Voldemort.
-Tanto me da. Él no es mi amo y no voy a ir a cenar con él como si fuese una muñeca con la que quiere jugar -contestó Hermione muy cabreada.
La elfa la miró con cara de pena y con un "plop" desapareció de la habitación.
Voldemort se encontraba en su despacho, revisando los informes de la última misión encargada a sus seguidores. La caza de los miembros de la Orden del Fénix no iba tan bien como cabía esperar. Aunque la batalla había sido un éxito, muchos habían escapado y estarían planeando derrotarlo de alguna estúpida manera. "Nada que deba importarme demasiado", pensaba Voldemort.
Alguien llamó a la puerta. La pequeña elfa se adentró en la estancia con la cabeza baja y temblando levemente.
-Amo, la señorita Granger dice no desear acudir a cenar con usted -soltó la elfa con voz chillona y rápida.
Voldemort se quedó por un momento perplejo. "¿Pero quién se cree que es esa mocosa para negarse a cumplir mis deseos?" Voldemort notaba cómo la ira se iba haciendo con el control de su cuerpo. Se levantó rápidamente, lo que asustó a la elfa, que rápidamente retrocedió con la cabeza gacha.
Voldemort salió de su despacho, dando un portazo y caminando hacía la habitación que le había designado a la muchacha.
Hermione se sentía asustada. Sabía que acababa de despertar la ira de Lord Voldemort, y eso no era algo que se puediese tomar a la ligera. Pero tampoco estaba dispuesta a ser su mascota ni nada por el estilo.
Se asustó extremadamente al sentir la puerta abrirse de repente. Por ella entró el mago que se acercó velozmente a Hermione, agarrándola del cuello y elevándola unos centímetros del suelo.
-¿¡QUIÉN DEMONIOS TE CREES QUE ERES PARA NEGARTE A HACER ALGO QUE YO ORDENO!? -rugió furioso Voldemort.
Hermione estaba asustada como nunca en su vida. Lágrimas salían de sus ojos y se derramaban por sus mejillas por el esfuerzo de coger un poco de aire para sus pulmones.
Las lágrimas hicieron que Voldemort se sintiese poderoso de nuevo: debía enseñarle a esa mocosa dónde estaba su lugar en este mundo que él estaba moldeando. Al darse cuenta de que la iba a matar si seguía apretando la soltó, dejándola caer al suelo.
Hermione cayó con un ruido sordo sobre la alfombra que cubría el suelo. Volviendo a respirar con dificultad, se llevó las manos a la garganta mientras tosía de manera violenta puesto que el aire le quemaba la garganta al pasar.
Voldemort la miraba fíjamente desde arriba, con aires de superioridad, pero Hermione no se atrevía a mirar hacia ningún otro sitio que no fuese la alfombra sobre la que estaba.
-Te mostraré lo que ocurrirá si vuelves a desobedecerme. Sígueme y que ni se te pase por la cabeza hacer alguna tontería -dijo Voldemort mientras caminaba hacia la puerta y esperaba por ella.
Hermione se levantó con mucha dificultad y aún con los ojos llorosos, pero lo siguió. Ya había pasado bastante sufrimiento por el momento y no le parecía sensato seguir tentando la ira de Voldemort.
Este guió a Hermione por los pasillos de la mansión hasta la zona donde se encontraba la celda en la que, hasta hace poco tiempo, ella estaba encerrada. Hermione se quedó en la puerta de esta, esperando a que Voldemort la volviese a encerrar, pero este siguió su camino hasta que se dio cuenta de que la joven no lo seguía.
-No voy a volver a encerrarte aquí, si es eso lo que piensas -Voldemort comenzó a sonreír de una manera que no le gustó nada a Hermione-. Aunque, después de lo que te voy a enseñar, posiblemente sea lo que más quieras en este mundo -sentenció Voldemort.
Hermione no pudo evitar sentir un miedo atronador en el corazón; ¿qué pensaba hacer ese maníaco con ella? Pero no podía permitir que él descubriese ese miedo o las cosas irían a peor para ella.
Así que, tragándose todo el miedo que luchaba por paralizarla, lo siguió manteniendo la vista fija en el suelo.
De repente, Voldemort se detuvo delante de una de las celdas y, con un movimiento de su mano, esta se abrió. Voldemort entró en ella y se movió hacia un lado para dejar entrar a la joven. Nada más entrar, Hermione vio a un chico un poco más joven que ella con el uniforme de Hufflepuff. Recordaba verlo por los pasillos del colegio pero no conseguía recordar quién era. El muchacho se encontraba en un estado muy malo y estaba consciente a duras penas.
Voldemort alzó la varita contra el muchacho y este comenzó a revolverse y gemir de dolor. La risa del mago era cruel y sádica. A Hermione se le helaba la sangre al oír la risa de Voldemort y los gemidos del muchacho. De pronto todo se detuvo y solo se oía la respiración agitada del joven.
Voldemort se giró hacia la joven. -Por culpa de tu osadía este muchacho va a morir -Voldemort se giró de nuevo con la varita en alto-. ¡AVADA KEDAVRA! -dijo, apuntando al muchacho que cayó muerto sobre el suelo.
Nuevas lágrimas salieron de los ojos de Hermione al mismo tiempo que se sentía morir por dentro. De pronto, sintió la fría mano de Voldemort en su barbilla, elevándola hasta que los ojos de ambos se conectaron.
-¿Harás ahora todo lo que te ordene? ¿O tendré que seguir matando a estos asquerosos traidores? -Hermione quiso contestar pero ningún sonido era capaz de salir de su boca. Así que simplemente asintió cerrando los ojos.
No pudo haber mayor satisfacción para el mago que el verla así: totalmente destrozada ante él. En ese momento, Voldemort juntó sus labios con los de ella fuertemente.
