Bueno ya esta aquí el quinto capítulo. Lo he hecho un poco más largo ya que muchas así me lo pedisteis. Lo de actualizar antes lo intentaré, pero no siempre puedo hacerlo.

Gracias a todas por leer y sobre todo por los reviews. Intentaré cumplir con lo que me pedís en ellos.

Espero que os guste :)


Hermione no podía moverse por la sorpresa. Se había quedado estática en el sitio. No sabía qué hacer mientras los labios de ese maníaco estaban sobre los suyos moviéndose con violencia.

Lágrimas seguían cayendo sin control por el rostro de la chica. Voldemort acabó por separarse de ella. Hermione no sabía qué hacer: no quería alzar la mirada y ver a ese ser que acababa de matar a un pobre muchacho, solo para demostrarle que podía hacer lo que le viniese en gana.

Voldemort le agarró la cara firmemente con su mano y se la alzó. Pero Hermione no quería verlo, así que desvió la mirada hacia un lado, aunque eso no evitó que viese la sonrisa de triunfo en su rostro.

-¿Entiendes ahora qué pasará si sigues desobedeciéndome? -preguntó el mago con malicia-. Y no te preocupes, aún me quedan muchos amiguitos tuyos encerrados en las celdas contiguas. Debes aprender tu lugar en este mundo. Debes aprender que ahora yo soy tu dueño y que debes obedecerme en todo lo que te ordeno. Si no, ya sabes lo que pasará. ¿Harás ahora todo lo que te ordene? -susurró al oído de la chica.

Hermione bajó la cabeza y simplemente asintió.

-Bien -dijo Voldemort al tiempo que salía de la celda y cerraba la puerta tras de sí.

Hermione no lo soportó más y se dejó caer en el suelo sin poder respirar a causa del miedo. No quería volver a estar encerrada en una celda. De repente, se acordó de que no estaba sola en la celda: también se encontraba en ella el cadáver del joven que Voldemort había matado por su culpa. No pudo evitar retroceder arrastrándose por el suelo hasta la esquina más alejada del cadáver.

No podía soportar el simple hecho de pensar que ese chico estaba muerto por su culpa. Se abrazó las piernas con las manos y enterró la cabeza en ellas, aún sin poder asimilar lo que había pasado unos minutos antes.

"Ese loco me ha besado", pensaba Hermione sintiendo repulsión por lo que él había hecho, pero sobre todo por no haberlo evitado. "¿Cómo es posible que ese hombre esté tan mal de la cabeza? ¿Qué piensa hacer conmigo? ¿Por qué me ha besado?" Hermione se estaba sintiendo cada vez peor. No lograba entender la lógica de ese hombre. No sabía qué era lo que tenía pensado hacer con ella y eso la ponía muy nerviosa pero, sobre todo, le daba mucho miedo.

El agotamiento mental y físico de Hermione se hacía cada vez más notable y, finalmente, se quedó dormida contra la pared de la celda, mientras pensaba en lo que dirían sus amigos si la hubiesen visto besando a Voldemort y lo que es peor, qué pensarían si supiesen que no le había desagradado ese beso.

Mientras tanto, en el otro lado de la mansión, Voldemort se encontraba en su despacho meditando en lo que acababa de pasar. "¿Qué cojones me está pasando? ¿Por qué demonios la he besado? Ella tendría que estar muerta como los demás despojos de sangre-sucia. ¿Por qué no quiero hacer lo mismo con ella?" Todos estos pensamientos aturullaban su mente cuando tocaron a la puerta.

Con un movimiento de su mano esta se abrió dejando ver a una temerosa Bellatrix.

-Mi señor -dijo Bellatrix con voz temblorosa mientras se arrodillaba en el suelo con la cabeza baja.

-Dime, Bellatrix -contestó Voldemort sin ningún tipo de emoción en la voz mientras se giraba a verla.

-Tenemos noticias sobre la Orden del Fénix, mi señor -. Voldemort se irguió en su sillón, ya sintiendo un poco más de interés por la visita de Bellatrix.

-Continúa -le indicó Voldemort con un movimiento de mano.

Bellatrix tomando un poco más de valor, se puso de pie y se acercó al escritorio.

-Nos ha llegado información sobre que los miembros de la Orden se están reagrupando de nuevo y no solo eso, sino que al parecer cada vez hay más miembros. La gente se está uniendo a su causa después de lo ocurrido en la batalla final...-. Una carcajada interrumpió las noticias de Bellatrix.

-Mi señor, ¿qué le hace tanta gracia? -preguntó una asombrada Bellatrix.

-Lo que me hace tanta gracia es lo estúpida que puede llegar a ser la gente. No ven que igual que maté a todos estos críos en el colegio puedo matarlos a ellos con la misma facilidad. Así que la Orden se esta reagrupando de nuevo. Pensé que habíamos acabado con la gran mayoría de ellos en el colegio... -dijo Voldemort pensativo-. Pues si no están muertos, pronto lo estarán. Quiero que averigüéis todo sobre sus movimientos y que me informéis en seguida. Tenemos que acabar con ellos antes de que se les ocurra alguna estupidez.

-Pero, mi señor, ¿por qué no los atacamos ya? -preguntó divertida Bellatrix-. Puedo encargarme personalmente del tema. Me llevaré a algunos de los mortífagos y lo solucionaremos en seguida -dijo una orgullosa Bellatrix.

Voldemort la miró y soltó una carcajada. Se puso en pie de un golpe mientras golpeaba la mesa con los puños. Cuando habló, su voz tenía un tono amenazante y algunos de los mechones de pelo negro que se le habían caído delante conseguían darle un toque más terrorífico al asunto. -¿Qué tú te encargarás de esto? Ni tú ni ninguno de los malditos inútiles que tengo a mi servicio conseguisteis el otro día vencer a una cría que estaba medio muerta. Creo que he puesto demasiada confianza en vosotros. Pero eso se acabó -sentenció Voldemort aparentemente divertido mientras se apartaba el pelo de la cara y se volvía a sentar elegantemente. -A partir de ahora no quiero un solo fallo y si lo hay, las consecuencias serán terribles. Ahora puedes irte, tengo cosas que hacer. Quiero que se me informe de todo movimiento de la Orden de inmediato. ¿Has entendido?

Bellatrix asintió y se dio la vuelta para salir de la habitación. Pero no podía irse así, tenía que demostrarle a su amo que era digna de confianza y no una inútil más.

-Mi señor... -comenzó temerosa-. Creo que habría una manera de tenderle una trampa a la Orden y que vengan corriendo a caer en ella.

Voldemort, que ya se había acomodado de nuevo en el sillón y cerrado los ojos para poder pensar qué hacer con todo lo que estaba pasando, se giró nuevamente hacia Bellatrix y levantó una ceja.

-Podríamos usar a la sangre-sucia como cebo. Si la orden se entera de que sigue con vida no dudará en venir a ayudarla. Son muy previsibles -comentó Bellatrix, muy orgullosa por el plan que se le había ocurrido.

-No -dijo Voldemort con cara de pocos amigos-. Como has dicho, si la Orden se entera de que está viva, vendrán a por ella y no se detendrán hasta que la tengan de vuelta con ellos. Pueden ser unos estúpidos, pero son persistentes.

-Señor, no lo entiendo. ¿Por qué no quiere que la Orden venga a por la sangre-sucia? -dijo una extrañada Bellatrix.

Voldemort la miró como si acabase de salir de un trance, aunque rápidamente recuperó su usual frialdad.

-Bellatrix, querida, creo que ya sabes perfectamente que no me gusta que me lleven la contraria. Te he dado una orden. Y creo que eres lo suficientemente lista para cumplirla sin rechistar... Aunque visto lo que pasó con la chica el otro día, no sé si deshacerme de vosotros y ponerla a ella a mi servicio, al menos no es una completa inútil -amenazó Voldemort con voz aguda-. Y ahora, si sabes lo que te conviene, saldrás de aquí y cumplirás mis órdenes.

Bellatrix no se lo pensó dos veces antes de salir del despacho cerrando la puerta tras de sí.

Voldemort suspiró mientras cerraba los ojos y se pasaba la mano por el pelo.

Miró el reloj de pared que tenía en el otro extremo de la habitación y se levantó tranquilamente del sillón. "Seguro que ya ha tenido tiempo para pensar cuál es su nueva posición en la vida." Sonrió para si mismo al imaginársela sumisa y obediente a él. Pero sabía que eso no sería tan fácil: al fin y al cabo era una Gryffindor.

Llegó a la celda y abrió la puerta de esta pero no estaba preparado para ver lo que le esperaba dentro de esa celda.

Hermione se encontraba en una esquina durmiendo en el suelo en posición fetal agarrándose las piernas fuertemente con los brazos. Pero lo que más le sorprendió fue la tranquilidad que había en su rostro, como si nada de lo que estaba pasando en su vida fuese real. Esa tranquilidad fue lo que lo descolocó. "¿Cómo puede estar durmiendo? Se supone que debería estar a mis pies, suplicando que sea benevolente con ella."

Voldemort se acercó sigilosamente a donde estaba la joven y se agachó justo delante. Lentamente con la mano le apartó el pelo que se le había caído sobre la cara. Hermione, al sentir el tacto frío, se despertó sobresaltada y casi se le para el corazón al ver los rojos ojos del mago. Sin poder evitarlo, pegó un grito y se pegó todo lo que pudo contra la pared que tenía detrás.

Voldemort al ver que la chica ya se encontraba despierta. Se levantó y la miró desde arriba.

-Levántate, nos vamos de aquí -dijo lentamente el mago.

Hermione obedeció rápidamente lo que provocó una sonrisa triunfante en el mago.

Voldemort se dio la vuelta y comenzó a caminar hasta la puesta. Al llegar a ella, esperó a que la joven llegase a su altura. Cuando Hermione pasó a su lado con intención de salir de ese lugar el mago la agarró fuertemente del brazo y estampó sus labios contra los de la joven en un seco y corto beso. Tan rápido como la besó se alejó de ella.

Hermione se quedó nuevamente sin respiración y cogiendo un poco de valor afrontó la mirada del mago que la miraba divertido.

-¿Por qué has hecho eso? -preguntó Hermione, sin saber muy bien por qué.

-Porque quise. ¿Tienes algún problema con ello? -preguntó el mago sonriendo.

Hermione lo miró incrédula durante unos segundos. "Esto no puede estar pasando de verdad, este hombre esta completamente mal de la cabeza"

-Además... -dijo mientras la agarraba de la cintura- ¿cómo piensas impedir que lo haga?

En ese momento, Voldemort volvió a besar a la joven. Esta vez, Hermione fue incapaz de no corresponder al beso. La lengua de Voldemort se adentró en la boca de Hermione nada más sentir que esta le correspondía. Finalmente, se detuvieron al quedarse sin aire.

Voldemort observó a la chica con una sonrisa burlona y la agarró del brazo mientras la arrastraba por los pasillos.

-Vamos. Tengo hambre y, como ya te ha dicho la elfa doméstica, vas a cenar conmigo -dijo el mago con voz neutral.

Hermione simplemente asintió, su mente no era capaz de asimilar que hubiese respondido al beso de ese hombre que había arruinado su vida.

Llegaron hasta unas puertas muy ornamentadas. Voldemort sacó su varita y las abrió con un movimiento de esta. La sala que tenían delante era impresionante. Era muy amplia y tenía una gran mesa de madera con sillas todo muy elegante. También había algunas chimeneas que hacían la estancia más elegante e inmensas ventanas que mostraban una despejada noche de verano.

Voldemort la llevó hasta el lado opuesto de la estancia y al llegar al comienzo de la mesa la soltó del brazo y cogió una de las sillas para apartarla un poco e hizo un gesto a Hermione para que se sentara.

Hermione lo miró intrigada, pero no se movió del sitio.

Voldemort al darse cuenta de lo que pasaba la miró divertido- A pesar de todo, soy un caballero.

Hermione no sabía si creerlo o si echarse a reír. Pero optó por sentarse. Cuando hubo acabado, Voldemort se sentó en la silla que presidía la mesa.

-Te veo un poco perdida -comentó el mago prestándole un poco de atención a la expresión de Hermione.

Hermione lo miró- ¿Y cómo se supone que tengo que estar?

-Pues deberías estar contenta y agradecida por estar con vida. Estoy haciendo mucho para que tu vida no sea tan miserable como debería ser -contestó Voldemort como si fuese la cosa más normal del mundo.

Hermione no pudo aguantarlo más y explotó:

-¿De verdad crees que debería estarte agradecida por algo? ¡Lo único que has hecho ha sido arruinarme la vida! ¡No te debo nada! -dijo Hermione con los ojos llenos de lágrimas.

Voldemort la miró con los ojos entrecerrados- Lo mejor para ti es que te calles de una vez y cenes, antes de que se me ocurra llevarte a hacer una nueva visita a alguna celda.

Hermione perdió todo el color de su cara cuando el mago hizo ese comentario y cuando la comida apareció delante de ellos solo se preocupó por comer y comer.

Voldemort la observaba cada poco y, cuando por fin terminaron, la volvió a coger del brazo y la llevó hasta la habitación que le había dado a la joven.

Hermione temía ese momento, no sabía qué se le podía ocurrir al mago y tampoco quería saberlo.

Voldemort abrió la puerta del cuarto y dejó pasar a la joven, que no tenía muy buen color.

-Tranquila. No te haré nada -dijo Voldemort con una sonrisa inusual en su cara-. Buenas noches pequeña, espero que descanses. Vendré a buscarte mañana -mientras le decía esto, se iba acercando lentamente hasta ella y finalmente depositó un simple beso en sus labios.

Hermione se puso rígida y cerró los ojos. Pero cuando los volvió a abrir el mago ya se estaba yendo de la habitación dejándola con un montón de dudas en su cabeza. Lentamente, se acercó a la cama y se tiró encima sin importarle cambiarse de ropa. Solo quería dormir y olvidarse de todo.