Aquí os dejo el séptimo capítulo. Espero que os guste.

Gracias a todas por dedicarle vuestro tiempo y por los reviews

un saludo!


Hermione no era capaz de moverse. El miedo se lo impedía. Tenía miedo, un miedo como nunca lo había sentido en su vida. Voldemort la tenía atrapada entre una vieja pared y su cuerpo, con las manos fuertemente agarradas a su cintura. Hermione empezó a temblar de miedo al ver como acercaba su rostro al suyo mientras sonreía de la forma más siniestra que había visto nunca.

Voldemort, por su parte, se estaba divirtiendo mucho. Le encantaba aterrorizar a la joven, lo cual era bastante simple. Realmente le gustaba verla temblar de miedo. Ver cómo su labio inferior temblaba levemente mientras sus ojos se abrían desmesuradamente. Sin querer esperar un segundo más, agarró con una mano la nuca de la joven mientras estampaba fuertemente sus labios contra los de la joven.

Hermione estaba inmóvil. La mano del mago que agarraba su nuca no la dejaba apartarse de él. De repente, notó cómo la lengua del mago intentaba penetrar en su boca. Fue en ese momento en el que reaccionó. Comenzó a dar pequeños empujones en el pecho del mago con sus brazos y a revolverse todo lo que podía intentando zafarse de su agarre.

Voldemort notó el cambio en la actitud de la joven y, soltando su nuca, sujetó sus muñecas contra la pared y separó los labios de los suyos para acercar su cara al oído de la joven.

-No te muevas -dijo el mago lentamente y con la voz más ronca de lo normal.

Hermione se quedó helada al sentir las palabras del mago y sus ojos se llenaron de lágrimas.

-N...no me hagas nada, por favor -lloró la joven.

El mago rio en su oído y le mordió el lóbulo mientras la joven empezaba a respirar entrecortadamente. Voldemort volvió a besar a la joven, esta vez más lentamente. Hermione estaba perdida; no podía negar que le gustaba lo que el mago le hacía, pero no podía olvidar lo que él había hecho. No podía olvidar quién era él. Pero su juicio se estaba nublando cada vez más y comenzaba a olvidar quién era la persona ante la que estaba.

Voldemort sintió cómo todas las barreras de la joven caían ante él. Hermione comenzó a corresponderle al beso. Voldemort soltó las muñecas de la joven al sentir el cambio y volvió a posar sus manos en sus caderas. Hermione, al notar las manos libres, decidió pasarlas por su nuca mientras se ponía de puntillas para alcanzar mejor el rostro del mago.

Así estuvieron un rato hasta que Voldemort cortó el beso y apoyó su frente en la de Hermione, la cual respiraba erráticamente y estaba completamente roja. Nada más abrir los ojos y ver al hombre al que acababa de besar -a Voldemort- se puso blanca. No sabía qué había pasado. Con mucho cuidado, sacó las manos de la nuca del mago y se alejó un poco de él.

-Vamos, quiero descansar un rato -dijo el mago mientras la agarraba por la muñeca y tiraba de ella camino a las escaleras.

Cuando llegaron a la planta de arriba se dirigió a una puerta al final del pasillo. Abriendo la puerta se hizo a un lado para dejar pasar a la joven. Hermione entró en ella y se encontró con una habitación muy amplia con una cama enorme, un gran armario y muchas estanterías llenas de libros y artilugios mágicos.

-¿A quién pertenece esta habitación? -preguntó Hermione intrigada, debido a que parecía que estaba siendo usada actualmente, mientras se giraba para mirar al mago.

-A mí, es mi cuarto -contestó tranquilamente el mago.

Hermione lo miró un poco sorprendida. -Mm, vale. Y ¿dónde voy a dormir yo? -preguntó un poco temerosa de la contestación del mago.

-Aquí -contestó secamente Voldemort.

-¿Co..cómo que aquí? ¿Contigo? -preguntó al borde de un ataque cerebral.

-Sí -dijo Voldemort mirándola como si fuese una niña pequeña a la que había que explicarle todo.

-N..no. No quiero -dijo la joven temiendo la reacción del mago.

-Tanto me da si quieres o no. Tú no decides nada aquí -soltó el mago con tono serio-. Vamos, métete en la cama. Estoy cansado -dijo el mago mientras caminaba hacia la cama.

Hermione no se movió del sitio. No quería dormir con él. Su mente funcionaba a cien buscando alguna forma de librarse de ese problema.

-Además, está a punto de amanecer. No es hora de irse a dormir -dijo Hermione rápidamente. Sabía que no funcionaría, que era la excusa más tonta que jamás se le había ocurrido.

Voldemort la miró con sorna. -Yo duermo cuando me viene en gana. Y no pienso dejarte por ahí sola. Podrías salir herida -dijo el mago sonriendo.

Hermione se puso pálida y miró al mago con preocupación. Este hizo una media sonrisa mientras buscaba algo entre las estanterías. Finalmente, cogió un libro y se dio media vuelta caminando hacia Hermione. Cuando llegó hasta ella, se lo tendió para que lo cogiera. Hermione así lo hizo y miró el libro que tenía entre sus manos. Parecía muy antiguo pero no ponía nada en la portada. Hermione
miró al mago esperando una respuesta sobre lo que significaba aquello.

-Es para que no te aburras cuando no esté -dijo mirándola con interés-. Ahora déjalo en la mesilla. Quiero descansar -dijo agarrándola del brazo y tirando de ella.

La llevó hasta la cama y con un hechizo verbal hizo que los pantalones de Hermione y sus zapatos desapareciesen. Hermione soltó un grito y dejó caer el libro mientras volvía a estirar la camiseta con sus manos tratando de tapar lo más posible. Voldemort rio ante la situación.

Hermione lo miró con todo el odio que pudo, aunque en la situación en la que estaba no debía de intimidar mucho.

-Y ahora métete en la cama -dijo Voldemort de mal humor-. Y antes de que se te ocurra decir otra tontería, que sepas que ya me estoy cansando de aguantarte por hoy. Así que, si no quieres que te pase algo a ti o a alguno de tus amiguitos, obedece inmediatamente -continuó el mago sin mejorar su humor.

Hermione lo miró fijamente y se acercó lentamente a la cama. No quería que nadie más saliese herido. Pero al llegar hasta la cama no fue capaz de hacer nada más. No quería estar cerca de él y mucho menos compartir cama con él.

Voldemort vio la duda y el temor en la joven. Con un hechizo se cambió la ropa por un pantalón de pijama negro. Hermione observó el torso del mago y, roja como un tomate, apartó la vista de él, clavándola en el suelo.

Voldemort se posicionó detrás de ella sin que se diera cuenta y sin previo aviso la empujó hacia la cama. Hermione no se lo esperaba y se cayó de bruces contra el colchón. Escuchó la risa del mago. Rápidamente se colocó mejor en la cama y se tapó con las mantas hasta el cuello en la esquina contraria a la que se encontraba el mago. Este sonrió ante la actitud de la joven: ella era capaz de desafiarlo delante de todos sus mortífagos e incluso intentar atacarlo y se moría de miedo por tener que dormir en la misma cama que él.

Voldemort se tumbó en la cama tranquilamente apoyando su cabeza sobre su brazo. Miró a la joven que le devolvía la mirada atenta a cualquier movimiento por parte de él. Este cerró los ojos fingiendo que dormía para ver si la joven se relajaba un poco. Al notar que no había ningún cambio por parte de ella abrió los ojos y la agarró con un brazo por la cintura atrayéndola hacia su cuerpo.

Hermione se puso completamente rígida al sentir como la mano de Voldemort agarraba su cintura y la atraía hacia él. Sus brazos pasaron a agarrar la camiseta, soltando la manta, y sus ojos estaban completamente abiertos mirando al mago. Hermione sintió el frío cuerpo del mago completamente pegado a un lateral de su cuerpo.

El mago sonrió para sí mismo al sentir el cuerpo de la joven, completamente rígido, pegado al suyo. Podía sentir cómo seguía con las manos agarrando la parte baja de su camiseta mientras lo miraba con desconfianza.

-¿Quieres tranquilizarte? Ya te he dicho que no te haré nada.- Dijo el mago comenzando a hartarse de la situación. Pero mientras decía esto la mano con la que sujetaba la cintura de la joven fue bajando hasta llagar al bajo de la camiseta.

Hermione lo notó e intento incorporarse para salir de la cama. Pero se vio impulsada hacia abajo por los brazos del mago. Lo miró a los ojos mientras podía observar en su rostro lo mucho que le gustaba asustarla.

Hermione lo notó e intentó incorporarse para salir de la cama. Pero se vio impulsada hacia abajo por los brazos del mago. Lo miró a los ojos mientras podía observar en su rostro lo mucho que le gustaba asustarla.

-Ya te he dicho que no voy a hacerte nada. Ahora estate quieta y duérmete si no quieres que cambie de opinión con respecto a lo de no hacerte nada -dijo el mago muy cerca de su oído.

Esas palabras consiguieron hacer algo de mella en ella. Así que la joven se acomodó lo más que pudo en la cama al lado del mago sin bajar mucho la guardia. Este, al ver que sus palabras habían funcionado, se acostó y cerró los ojos.

Hermione no quería dormir. No se sentía segura con Voldemort tan cerca de ella. Pero al ver que no pasaba nada se fue tranquilizando y poco a poco se fue quedando dormida.

Hermione se despertó lentamente. Comenzó a frotarse los ojos mientras se estiraba y daba media vuelta en la cama. Pero no le duró mucho la sensación de tranquilidad. Nada más abrir los ojos se dio cuenta de dónde estaba y se giró rápidamente hacia el lado contrario. Pero allí no había nadie. Hermione no sabía si eso era bueno o malo. No quería estar cerca del mago, pero tampoco le gustaba la sensación de estar sola en esa casa y mucho menos no saber qué estaba ocurriendo. Miró con nerviosismo por toda la habitación en busca de algo, aunque no sabía muy bien el qué. No le gustaba nada aquel lugar. Se fijó en el paisaje que mostraba la gran ventana. Era de noche. Se había pasado todo el día durmiendo. Hacía mucho que no dormía tanto ni tan bien.

De repente, escuchó un ruido en un lateral de la habitación y se percató de la existencia de una puerta. Por ella salía Voldemort ya completamente vestido.

-¿Has dormido bien? -preguntó el mago mientras se apoyaba en el marco de la puerta.

Hermione jamás se habría esperado esa pregunta por parte de él. Así que asintió levemente como respuesta.

Voldemort se acercó a la cama y se sentó en ella. Hermione se alejó lo más que pudo de él hasta llegar a la esquina contraria de la cama.

-Esta noche, vendrán aquí unos magos muy poderosos de distintos países de Europa -comentó Voldemort sin darle importancia al nerviosismo de la joven-. Te lo digo porque es peligroso y no me gustaría que acabases herida -dijo mientras acercaba la mano al rostro de la joven-. Así que mantente alejada cuando lleguen -finalizó mientras se levantaba de la cama.

Hermione lo vio irse hacia la puerta de la habitación.

-No quiero que te acerques a la planta baja mientras están aquí. Ahora tengo que bajar a hacer unos últimos preparativos para esta noche así que pórtate bien. Por cierto, tienes ropa en el armario por si quieres cambiarte y también puedes darte una ducha -dijo mientras salía de la habitación y cerraba la puerta.

Hermione se quedó en cama sentada, pensando en lo que Voldemort había dicho. No sabía a qué se refería con lo de magos de Europa. Pero, si tenía que tratar asuntos con ellos, no debía ser nada bueno lo que estaba tramando.

Decidió levantarse y mirar en el armario qué ropa podía ponerse. La verdad es que necesitaba cambiarse de ropa, pero sobre todo la ducha. En el interior del armario encontró todo tipo de ropa, desde túnicas de bruja hasta vaqueros y camisetas simples pasando por vestidos y ropa más elegante. Escogió unos vaqueros y una camiseta negra y se metió en el baño para darse una ducha. Nada más sentir el agua caliente sobre su cuerpo se sintió mucho mejor.

Hermione salió de la ducha y caminó lentamente hacia la cama sentándose en esta. No sabía que hacer. Estaba prisionera en la mansión Riddle, había dormido con Voldemort y también lo había besado. No sabía qué hacer. Se sentía fatal por haberlo besado. Él era el enemigo. Él había destruido la mitad del mundo mágico por diversión y había matado a su mejor amigo. Pero, al mismo tiempo, le había gustado mucho el beso y era la primera vez que dormía bien en mucho tiempo y había dormido con él.

Hermione seguía dándole vueltas a todo cuando la puerta se abrió de golpe y por ella entró Voldemort con el rostro inexpresivo.

Hermione soltó un grito y un pequeño salto mirando al mago mientras respiraba apuradamente.

-Me has asustado -dijo la bruja recuperando el tono de voz.

-Ya veo. Te asustas por todo -dijo el mago caminando hacia la cama y sentándose al lado de la joven mientras la miraba fijamente.

Voldemort sacó su varita de la túnica y con un simple movimiento hizo aparecer una bandeja llena de comida sobre la mesilla.

-Come algo -dijo el mago secamente-. La reunión esta a punto de empezar. Así que sé lista y no te acerques mientras ellos estén aquí -dijo el mago elevando un poco la voz.

Hermione asintió y miró la bandeja mientras notaba cómo el mago se levantaba de la cama y se iba. Nada más sentir la puerta cerrarse Hermione se tumbó en la cama. No sabía por qué pero ya no tenía hambre. Cerró los ojos intentando relajarse un poco, pero comenzó a oír voces procedentes de la planta baja; más que voces eran risas que podían helar la sangre del mismísimo Merlín.

Hermione se sentó de nuevo en la cama y puso más atención a lo que estaba pasando debajo de sus pies. Sabía que no era buena idea espiar a Voldemort y a esos magos, pero tampoco quería quedarse en esa habitación sin hacer nada. Si algún día conseguía salir de ahí y volver a la Orden no estaría demás conseguir toda la información posible para sus amigos.

Hermione se sentó en el suelo y se fue acostando sin hacer el menor ruido hasta que su oreja toco el suelo. Pero ya no se oía nada. No sabía qué hacer, seguramente ellos estarían en una sala hablando tranquilamente y por eso no alcanzaba a oírlos.

Se volvió a sentar en el suelo y se apoyó contra la cama. Necesitaba saber qué era lo que estaba pasando pero no creía que fuese muy buena idea cabrear a Voldemort.

El tiempo pasaba lentamente para Hermione mientras seguía sentada en el suelo de la habitación pensando qué hacer. Pero ya no podía quedarse ahí. Necesitaba saber qué estaba pasando en esa casa y quiénes eran los magos con los que estaba reunido Voldemort.

Se sacó los zapatos y con mucho cuidado fue hasta la puerta de la habitación que abrió lentamente rezando para que no chirriase. Una vez abierta lo suficiente, miró a ambos lados y salió de la habitación atenta a cualquier signo de peligro que pudiese percibir.

Bajó las escaleras lentamente mirando hacia los lados por si veía venir a alguien de la parte baja de la casa y se adentró en el vestíbulo. Nada más poner un pie en él, sintió un escalofrío que le decía que no había sido buena idea. Pero, al fin y al cabo, ella era una Gryffindor y no solo eso, sino que también era la mejor amiga de Harry Potter y siempre que había estado con él había estado metida en los peores líos inimaginables.

Hermione siguió avanzando lentamente protegida por la poca luz que había en la casa. A cada paso se sentía más nerviosa, se sentía ingresando en el mismo infierno.

Hermione vio unas grandes puertas al final del corredor que no estaban cerradas del todo y de las que se oían voces de distintos hombres discutir. Pero no era capaz de entender sobre qué lo hacían.

Hermione estaba a punto de acercarse cuando algo le heló la sangre. Podía escuchar unas pisadas que lentamente se acercaban, por el corredor en el que ella se encontraba, acercándose a ella. Hermione rápidamente y evitando hacer el menor ruido posible se acercó a un mueble que había en una de las paredes y se pego a él esperando que con la poca luz que había pudiese pasar desapercibida.

Las pisadas seguían acercándose a ella y su corazón cada vez iba más deprisa. Vio pasar a su lado a un hombre muy alto con una túnica negra y que desprendía aun más miedo que Voldemort. Hermione pensó que estaba a salvo al ver al hombre pasar sin fijarse siquiera en ella. Pero sin previo aviso el mago se paró y rápidamente se volteó hacia ella con la varita en la mano.

-Vaya, vaya. ¿Qué tenemos aquí? -preguntó el desconocido en voz muy baja.

Hermione sintió que toda su sangre desaparecía de su cuerpo cuando ese mago le apuntó con la varita.

-¿Quién eres? ¿Qué haces espiándonos? -preguntó con la misma voz que antes.

Hermione no se sentía capaz de responder nada coherente. Solo era capaz de mirar la varita que apuntaba hacia su rostro. Oyó un siseo y se giró para ver como la enorme serpiente de Voldemort reptaba por el corredor hacia la puerta donde estaban reunidos los demás magos.

-No eres ningún mortífago de Voldemort. Eso puede verse desde lejos. ¿Qué hacías caminando descalza hacia nuestra reunión? -preguntó mientras se acercaba más a ella y la obligaba a pegarse más y más contra la fría pared-. He de suponer que eres una espía. No sé de quién y tampoco me importa mucho. Pero lo que sí que me importa es lo que puedas haber llegado a escuchar... -finalizó el mago sonriéndole malévolamente.

-N..no, yo no estaba espiando -contestó Hermione muerta de miedo con un hilo de voz.

-Y, entonces, ¿qué hacías? -preguntó el mago mientras ponía la varita en el cuello de Hermione.

-Nad..nada. No hacía nada -contestó la joven.

-No te creo. Sé que estabas espiando. Y ahora no puedo dejarte con vida. Pero antes me gustaría saber qué es lo que has averiguado -sentenció el mago mientras sonreía malévolamente.

-No, no sé nada de verdad. Ni siquiera estaba espiando. Voldemort me ha traído aquí -soltó Hermione apresuradamente.

-Sigo sin creerte -contestó el hombre.

Hermione cerró los ojos aterrada sabiendo que no le esperaba nada bueno.

-¡Cruc-! -el mago se quedó a mitad del hechizo cuando se vio lanzado por los aires en la dirección de la que provenía.

-¿Qué crees que estás haciendo Gaahl? -dijo Voldemort con odio en la voz.

Hermione se dejó caer en el suelo con lágrimas surcando su rostro. Nunca se había imaginado que se sentiría tan feliz de escuchar la voz del mago. Se giró hacia él y lo vio de pie con la enorme serpiente sobre sus hombros y con la varita apuntando hacia el mago que se estaba poniendo de nuevo en pie.