¡OK! Antes que nada: ¡LO LAMENTO! Casi un año (literalmente) sin actualizar. Bueno, les cuento que tuve una crisis de escritor. No tenía inspiración, nada, absolutamente N-A-D-A de inspiración. Últimamente me han pasado cositas que me ponen sentimental y así. Así que estaba sentada, recién acabadas mis vidas en CandyCrush no sabía realmente que hacer :c, entonces ¡BAAAAAAAAAAAM! ¡Que me viene la idea del capítulo! Si me ha tomado algo de tiempo, no es tan extenso a como lo merecen, quizá no tan bueno... pero para ser honesta, me gustó. ¡Anyways! Al final de cuentas son ustedes quienes tienen la palabra. Cómo siempre muchísimas gracias por el tiempo que se toman para leer esto y de nuevo, una disculpa. Y ya saben, se agradecen sus consejos para un capítulo próximo c:.
Rachel llegó a su habitación y se recostó sobre la cama. Miró el reloj y aún eran pasadas las ocho de la tarde.
- Bien Rach, y ahora, ¿qué hacer? – se dejó caer en su cama y por más que deseara evitarlo, no dejaba de pasar la yema de sus dedos sobre sus labios y sonreír. "señoras y señores, les presento el efecto Fabray" se dijo a sí misma un tanto molesta pero sin embargo resignada a que desafortunadamente estaría como boba pensando en esos labios un buen rato.
Aburrida de intentar conciliar el sueño se levantó a buscar algo para leer. No tenía nada nuevo. Caminó hacia la puerta. Pegó su oído derecho a la fría madera y se quedó en silencio un rato. Sonrió al verificar que en efecto, la televisión del piso de abajo seguía encendida; lo que significaba que Quinn seguía en el piso de abajo. Caminó a paso ligero hacia la habitación de la rubia. Al llegar a la puerta se detuvo y de nuevo comprobó que la televisión siguiera encendida. Se detuvo en seco cuando por un segundo el ruido de la televisión cesó, pero el alma le regresó al cuerpo cuando escuchó de nuevo.
-¿Podrías decidirte por un solo canal, Fabray? – renegó aliviada en voz baja.
Tomó el picaporte y con cuidado le dio vuelta, abrió la puerta esperando que no sucediese el típico caso de las películas: la protagonista está por cumplir su objetivo y de pronto el rugir de la puerta o del piso de madera la delata. Sonrió aliviada cuando la puerta se abrió sin problemas. Recorrió la habitación de Quinn con la mirada, recordaba casi todo, las cosas habían cambiado un poco de sitio, pero no habían sido cambios importantes. Hizo a un lado un par de pantalones de la rubia que estaban tirados sobre el suelo y avanzó hasta el estante donde se encontraban los libros.
-Muy ruda, ¿no? – rio al encontrarse con la trilogía de Los juegos del hambre. Ella amaba los juegos del hambre, pero quería leer algo nuevo, sus ojos se posaron en un libro grueso, negro y de pasta dura. En su cara lateral decía "IT.- Stephen King".
Flashback
-¿Te vas a llevar ese libro? – dijo ignorando a la morena.
-No… no – tartamudeó. ¿En serio la estaba ignorando?.
-Perfecto – arrebató el libro de las manos de la morena – este es bueno – le dio un libro con el título "Eso".
-¿Gracias? – dijo confundida.
-No hay porque – sonrió – tenemos algo que hablar – cambió su semblante burlesco para darle lugar a uno totalmente serio.
-No tengo nada que hablar contigo – dijo sin mirar a la rubia.
-¿Seis meses te dice algo? – le susurró en el oído para volver a hojear su libro.
La morena se quedó paralizada. Quinn rio y caminó hacia el siguiente estante. Rachel caminó detrás de ella.
-¿Qué quieres de mí Quinn? - levantó la voz.
-Te quiero a ti – susurró invitando a la morena a bajar la voz ya que otros compradores las miraban.
Fin flashback
Se quedó perdida en esa última frase "Te quiero a ti, Te quiero a ti, Te quiero a ti, Te quiero a ti, Te quiero a ti".
-Por Dios Berry, ¡Contrólate! – se regañó a sí misma. Sacudió la cabeza y se dispuso a salir de la habitación.
Caminando por el valle de ropa que Quinn tenía esparcida por toda la habitación, se encontró con un sostén que le era conocido.
-Este es mío – se quejó.
-Creo que sí, no recuerdo haberlo comprado.
El corazón de Rachel comenzó a palpitar a mil por hora, sus mejillas se enrojecieron y sus manos comenzaron a sudar. Levantó la mirada y ahí estaba la rubia recargada en el marco de la puerta.
-No… ¿no ten enseñaron a tocar antes de entrar a una habitación? – contestó nerviosa haciendo su peor intento de molestia, realmente en ella solo cabía la vergüenza.
-Si, bueno - dio unos pasos hacia Rachel y la miró con sarcasmo – es mi habitación – en lo que a mí respecta, tú eres la mal educada aquí – tomó el libro de las manos de la morena – esto es mío
-No, yo lo saqué de la librería – molesta intentó quitárselo, pero como la rubia era más alta solo bastó elevar su brazo y ponerse de puntitas para dejarlo fuera del alcance de la morena.
-Si mal no recuerdo, tú saliste corriendo de la librería y yo tuve que pagarlo, así que me pertenece.
-¡Eres odiosa! – la empujó levemente - ¿Cuándo vuelven Nina y Judy? Eres mucho menos molesta cuando no están.
-¿Qué si te digo que no volverán? – sonrió elevando su ceja izquierda.
-¡¿Qué?! ¡¿A qué te refieres?! – respondió desconcertada.
-Me regalaron la casa. Judy consiguió un cambio para otra ciudad, se fueron a prisa, no tuviste tiempo para despedirte, lo lamento – levantó los hombros fingiendo preocupación.
-¡Se desaparecieron de la nada! ¡¿Cómo iba yo a saber?!
-Oye, calma – lanzó el libro a su cama y se acercó a la morena – vendrán en cuanto tengan una oportunidad – masajeó los hombros de su esposa.
La mirada de Rachel se posó en el libro, la ausencia de Judy y Nina había pasado a segundo plano. Ella tenía un objetivo e iba a cumplirlo. Definitivamente Quinn no iba a salir ganadora.
Al notar el silencio de la morena, Quinn entendió la situación y clavó sus manos en los hombros de Rachel con fuerza, pero con cuidado de no lastimarla.
-Tómalo, Rach – susurró a su oído y la soltó con delicadeza.
-¡No, no, no! – viró para quedar de frente a la rubia que se había quedado confundida.
-No ¿qué?.
-Tu sabías que yo tenía grandes posibilidades de tomar el libro, por eso, para "salir vencedora" – hizo un ademán con los dedos – me dices que lo tome, para después decir que lo tengo porque tu quisiste dármelo, no porque yo sea capaz de tomarlo – la señaló con su dedo índice – touché Fabray.
-No lo quiero, lo leí ya, no me molesta que lo tomes, sólo te molestaba. Somos… amigas o algo así ya, ¿no? – se mordió el labio para no reír ante el ataque de paranoia de la morena.
Rachel en un rápido movimiento tomó el libro y corrió a la puerta. Se detuvo y miró a la rubia.
-Lo tengo Fabray – agitó el libro ligeramente para señalar el objeto de su victoria.
-Que tengas buena lectura Rach – rió y se recostó en su cama.
Rachel hizo lo mismo. Comenzó a leer. A los minutos se cuestionaba a sí misma el por qué lo estaba haciendo. Eran diez páginas las que había leído apenas y estaba muerta de miedo. Aun así, no se detuvo y siguió leyendo hasta altas horas de la madrugada.
Quinn despertó a la hora de costumbre al baño. Iba a entrar cuando distinguió el color de la luz que se escapaba por debajo de la puerta cerrada de Rachel. Dudó y entró al sanitario. Se lavó las manos y salió. Por inercia miró de nuevo hacia la parte del pasillo donde se encontraba la habitación de Rachel y notó que la luz seguía encendida. No tenía idea de que hora era con exactitud, pero definitivamente, era pasado de las dos y media A.M. caminó hacia la puerta y puso su mano derecha sobre el picaporte. Estuvo a punto de tocar pero se decidió a tocar. Al instante se escuchó un gritó y un golpe. Quinn alarmada abrió la puerta y ahí sentada, recargada en la cabecera de la cama, con una mano en el pecho y con respiración agitada se encontraba Rachel. Miró al lado izquierdo de la cama y se encontraba el libro tirado en el suelo. Quinn no pudo evitarlo y rió.
-¿Para eso querías mi libro? – se mordió el labio y lo levantó del suelo – si lo ibas a tirar si no te gustaba, no lo hubieses tomado – se burló.
-¡Eres una idiota! Quinn, en serio ¡CASI ME MATAS DEL SUSTO! – cerró los ojos sin quitar su mano del pecho hasta normalizar el ritmo de su respiración.
-Sólo toqué – levantó sus manos al aire reprochando en forma de broma – digo, obviamente, si veo la luz encendida a estas horas supongo que te quedaste dormida y vengo a apagarla, ¿no crees?.
-Pero… - se quedó sin reproches, realmente la rubia no tenía nada en su contra. En un acto de buena fe se había acercado a apagar la luz. Por lo de la puerta… ¿Quién la culparía? Se vivía reclamándole el que no tocara las puertas y no iba a contradecirse y aguantar a Quinn burlándose de su volubilidad – nada – tomó el libro de vuelta, lo puso sobre la mesa y se recostó – buenas noches Quinn.
-Buenas noches Rach – sonrió y besó la frente de la morena. Acarició su mejilla y se dispuso a dormir también.
Rachel se mordió el labio, respiró profundamente y apretó los párpados.
-No te vayas… - susurró.
-¿Qué? – a pesar de que lo había dicho en susurro, Quinn había escuchado y entendido perfectamente la petición de la morena.
-Tengo miedo, ¿sí? Lo admito – rodó los ojos y cruzó los brazos.
-Claro – contestó de inmediato con una sonrisa de oreja a oreja – voy… voy a apagar la luz de mi habitación y por mi almohada… si soportas ese tiempo sola, ¿verdad señorita miedos? – rió
-No me hagas arrepentirme Fabray – bromeó, de verdad hasta ella se reía de su situación.
Después de unos segundos, Quinn estaba de nuevo en la habitación con su almohada. Rachel se hizo a un lado.
-Lo lamento, pero duermo del lado izquierdo – se disculpó.
-Me parece perfecto, yo lo hago en el derecho – colocó su almohada sobre la cama y se tapó con el cobertor.
Rachel se destapó al instante y le dio la espalda.
-Sólo busco compañía, no te hagas ilusiones… - su voz se escuchó seca, pero ni siquiera ella creía lo que había dicho.
Las chicas se quedaron en silencio por unos minutos. Cuando Quinn estaba segura de que Rachel se había quedado dormida tomó el cobertor y la cubrió. Tendría que aguantarse sus reproches del día siguiente, sin embargo la noche era fría y no dejaría que se enfermara. La morena no se movió. Quinn no aguantó más y pasó su mano por su cintura, espero unos segundos por si escuchaba un reproche… nada.
Recargó su cabeza en la espalda de la morena y respiró su aroma, ese delicioso aroma que tanto extrañaba. Estaba perdida en él cuando algo la interrumpió:
-¿Por qué, Quinn?.
-Por qué, ¿qué? – susurro sin dejar su posición.
-¿Por qué me quieres solamente cuando estoy con alguien más? – susurró, su voz se escuchaba vacía, pensativa.
-No estás con nadie más…
-Sabes a lo que me refiero…
La rubia suspiró y se quedó en silencio, después de unos segundos logró contestar.
-No lo sé.
-¿Quién crees que eres para tratarme así? – no reprochaba, su voz seguía siendo vacía.
-Nadie, en realidad.
-Buenas noches, Quinn – se pegó más al cuerpo de la rubia, el calor familiar le agradaba, lo extrañaba.
-Buenas noches Rach – besó su espalda y cerró los ojos.
Por primera vez en mucho tiempo, ambas durmieron tranquilas.
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Lulu. Tirado . 5
Digo, mínimo, me tomé el tiempo de ponerle espacios guapitos, ¿No?
De nuevo, ¡GRACIAS POR LEER!
