Capítulo 3
Apenas perceptible
"Los seres humanos están muy unidos a todo aquello que creen. No buscan la verdad, sólo quieren un cierto modo de equilibrio, llegando a construirse un mundo más o menos coherente fundado sobre sus creencias. Esto les proporciona tranquilidad y se aferran a ello inconscientemente."
"El hombre que quería ser feliz"- Laurent Gounelle.
Todo se sentía tan real en sus pesadillas, que lo que vivía en la realidad parecía ser sólo una estúpida broma. El miedo y el dolor que sentía en aquel mundo onírico, creado por su subconsciente, eran tan vívidos que algunas veces pensaba que nunca iba a despertar y que quedaría atrapada en ese mundo escalofriante para siempre. A veces llegaba a pensar que aquel mundo dentro de sus sueños era el real.
Esta era una de esas ocasiones.
Como siempre, el sueño mostraba a aquel personaje que ella tantas veces había plasmado en sus cuadros. Aquel hombre llamado Inuyasha.
El medio demonio observó a Kagome un instante, para luego pronunciar unas palabras que parecían rasgar su corazón.
-Puedo sentir la presencia de Kikyo. Debo ir a encontrarla.
Aquel simple diálogo parecía ser perfecto para utilizarlo en su historia, sin embargo, en el mundo de sus sueños, lo sentía tan doloroso, que dejaba un gran vacío dentro de ella.
Su pecho se comprimió con la pena en el momento en que vio como Inuyasha le daba la espalda y se alejaba de ella dejándola completamente sola.
Tuvo la intención de detenerlo. De gritar su nombre para que se quedara junto a ella. Sin embargo, sin importar cuánto gritara, la voz no lograba salir de su comprimida garganta.
De pronto, ya no logró verlo más. Ya se había alejado completamente de su vista.
La oscuridad comenzaba a apoderarse de la escena y se hacía cada vez más densa, tanto así que se volvía cada vez más asfixiante para Kagome. De repente, su cuerpo se puso rígido y pesado, como si la oscuridad la envolviera por completo y le impidiera moverse. Su respiración se cortó abruptamente y en un momento de pánico comenzó a llorar.
Rasgando su comprimido pecho, se deslizó un ahogado grito que llamaba muy claramente el nombre de Inuyasha, con la esperanza de que éste pudiese venir a rescatarla. No obstante, en el momento en que el muchacho, protagonista de sus retratos, se presentó frente a esta, se le quedó viendo durante un momento, su rostro se tornó inconsolable y luego, con un tono de angustia pronunció las siguientes palabras:
-Perdóname, no pude salvarte.
Al escuchar aquellas palabras, el corazón de Kagome se detuvo y la asfixiante oscuridad se introdujo en sus ojos cegándola por completo y alejando a Inuyasha definitivamente de su campo visual.
Kagome se obligó a sí misma a volver a la realidad abriendo sus ojos abruptamente. No quería permitirle a la pesadilla continuar su curso, sobre todo porque conocía perfectamente que es lo que venía después de aquella escena.
Cuando comprobó que realmente había logrado despertar, ahogó un sollozo que intentó salir de sus labios con su mano derecha, invitando a las traviesas lágrimas a deslizarse por sus ojos. Su mano izquierda se mantenía apretada contra las sábanas, esperando que su crisis nerviosa pudiese terminar.
No volvió a dormir en toda la noche.
Aquella mañana, esperó a que el sol saliera por completo y se introdujo en su baño personal para remojar su tenso cuerpo con agua helada.
Luego, se vistió con ropa ligera y saliendo del cuarto de baño, se paró frente a una de sus pinturas, observando al muchacho de sus sueños.
-No eres real.-Susurró Kagome, en dirección al cuadro. Como si aquel chico estuviese parado frente a ella y la estuviese escuchando.
Y en un momento de transitoria cordura, se dio cuenta de que aquel hombre del retrato no podía escucharla. Sacudió su cabeza para ordenar sus pensamientos y se sentó frente a la pintura que aún no acababa, para ponerse a trabajar.
Kagome nunca se había negado a recibir visitas, sin embargo, en cuanto la Doctora Hikari llamó a su puerta, deseó en lo más profundo de su ser que fuera tan sólo una mentira. Su reunión del día anterior la había dejado tan estresada que sus pesadillas se habían apoderado de ella una vez más, a pesar de que las drogas estuvieran en su torrente sanguíneo.
En cuanto entró al cuarto, la Doctora pudo darse cuenta que Kagome no había tenido una buena noche. Se encontraba pálida y de la comisura de sus ojos podía ver el resultado de una noche de mal sueño. En cuanto sus ojos se toparon, la mujer formuló una sonrisa amigable, esperando que eso pudiese tranquilizar más a la pobre chica frente a ella, aunque sabía que lo que estaba a punto de anunciar sólo podía alterarla más.
-Buenos días.-Exclamó la Doctora, ignorando el demacrado rostro de la muchacha.
-Buenos días.-Musitó entre dientes Kagome mientras dejaba pasar a la mujer a su habitación, más por cortesía que por deseo.
-Perdón que haya venido tan temprano.
-No importa. Estoy despierta desde hace varias horas.
-Sólo quería venir lo más rápido posible para comentarte tu historia. No pude dejar de leerla en toda la noche.
"Entonces no fui la única que no durmió"-Pensó Kagome intentando convencerse de que ella había provocado su insomnio. Sin embargo, volvió a decepcionarse tras comprobar que la Doctora no tenía ningún rastro de falta de sueño.
-Me dejó sorprendida.-Dijo La Doctora Hikari atrayendo una vez más la atención de Kagome.
-Me alegro.-Exclamó Kagome suspirando mientras su tenso cuerpo se calmaba, al comprobar que esta vez la mujer no mencionaría temas que le hicieran recordar aquello que deseaba olvidar.
-De hecho, me parece que la historia es muy original, y cada uno de los personajes que creaste son únicos y maravillosos.
Kagome dirigió su mirada hacia la Doctora, con una sonrisa oculta entre la comisura de sus labios.
-Gracias.-Musitó la chica realmente agradecida por los comentarios que había escuchado.
-Inuyasha y Kikyo parecen amarse realmente.-Continuó hablando la mujer.-Y creo que la historia de amor está muy bien lograda. Sin embargo…
En un instante, la sonrisa del rostro de Kagome desapareció por completo y sus dientes comenzaron a morder levemente su labio inferior, expectante por lo que la mujer frente a ella tenía que agregar.
-Me ha quedado algo dando vueltas por la cabeza. -Prosiguió la mujer.
La muchacha contuvo la respiración por un segundo, mientras su cuerpo volvía a estar a la defensiva contra cualquier declaración que hiciera la Doctora.
-Creo que la muchacha sombría que retratas en tus cuadros es importante en la historia también.
-No, no lo es.-Respondió Kagome de manera monótona.
-Sé que me dijiste que no lo era, y que tan solo era quien contaba la historia de los protagonistas. Pero mientras más iba leyendo, más me daba cuenta de un hecho sumamente importante.
Kagome la observó con curiosidad, pero aún con cautela, ya que no sabía si lo que estaba a punto de escuchar le gustaría.
-La narradora, aquella muchacha sombría que dibujas en tus cuadros, está enamorada de Inuyasha.
-No es así.-Negó Kagome al instante.
-Mientras leía, me daba cuenta de que la narradora contaba la historia de amor de los protagonistas, sin embargo, lo hacía con cierto dolor, dejando plasmado en sus palabras que estaba sufriendo por no ser correspondida.
-Ella sólo cuenta la historia. Sus sentimientos no son importantes.-Concluyó Kagome mientras intentaba ocultar el inusual aumento de las pulsaciones de su corazón, apretando fuertemente los puños de sus manos.
-No lo creo de esa manera.-Insistió la Doctora.-Creo que aquella muchacha también tiene una historia que contar. E incluso tu misma lo sabes, aunque sea de manera inconsciente.
La habitación se vio envuelta en el silencio.
La mirada de la muchacha se volvió difusa y sus oídos comenzaron a escuchar un agudo e insoportable pitido que le provocaron un aturdimiento momentáneo.
El cuerpo de Kagome se volvió duro como roca, mientras cada una de sus articulaciones se tensaba tras oír lo que decía la Doctora. Su mandíbula comenzó a moverse de manera reiterada y descontrolada. Una especie de bola gruesa y áspera se atoró en su garganta impidiendo que su respiración circulara normalmente. Su corazón palpitaba de tal forma que sentía que éste saldría expulsado por su boca.
-Kagome ¿Te sientes bien?-Cuestionó un tanto nerviosa la Doctora al comprobar que el tono de piel de la muchacha se había tornado blanco y sus ojos se veían cada vez más dilatados.
Pensó que moriría. En un segundo todo su cuerpo había dejado de funcionar correctamente, se había rebelado contra las órdenes de su cerebro y había decidido matarla.
En un desesperado intento por volver a respirar, Kagome comenzó a ingerir por su boca enormes bocanadas de aire, las cuales no lograban pasar por su garganta por verse interrumpidas por la gruesa bola de angustia atrapada. Sintió que su pecho ya no podría contener más a su corazón, y en un intento de mantenerlo dentro de su cuerpo tapó su boca con violencia mientras las lágrimas se liberaban de sus ojos.
De pronto, sus piernas se volvieron frágiles como el papel y no pudieron seguir sosteniendo su pesado e inestable cuerpo, provocando que sus rodillas se doblaran dejándola caer contra el suelo.
En un último intento por aferrarse a la vida, comenzó a gritar con tanta fuerza que sentía como si su garganta se desgarrara, y a llorar con tanta potencia que pensaba que de esa forma su alma se liberaría de este pánico que la atrapaba.
La Doctora Hikari envolvió el cuerpo de la quebrada muchacha entre sus brazos y colocó su cabeza contra su pecho, mientras acariciaba serenamente su oscuro cabello.
El tenue palpitar de la Doctora resonaba en la cabeza de Kagome como un rayo esperanzador, el cual deshizo poco a poco la bola de angustia que le impedía respirar. Su corazón volvió a calmarse mientras sus palpitaciones se sincronizaban con las de aquella mujer de bata blanca.
A pesar de que su cuerpo había comenzado a volver a la normalidad, aún no deseaba bajar la guardia ante cualquier tipo de alteración que pudiera hacerla sentir de aquella forma nuevamente, así que siguió sollozando hasta comprobar que el peligro inminente de muerte se había alejado definitivamente de ella.
-Ya basta.-Susurró en un hilo de voz sin despegar la cabeza del pecho de la Doctora, como si el mundo que estaba alejado de los brazos de aquella mujer estuviese rodeado de las aterradoras pesadillas que la visitaban frecuentemente.
La Doctora la mantuvo rodeada con sus brazos hasta que comprobó que la muchacha frente a ella había dejado de temblar por completo.
-Tranquila. Ya todo terminó.-Susurró la mujer mientras acercaba sus labios al oído de la muchacha.
Poco a poco, Kagome abrió sus ensombrecidos ojos marrones mientras intentaba reincorporarse al mundo real y alejarse de la locura momentánea.
Alejó su cabeza del pecho de la Doctora con suma cautela, mientras dirigía su quebrada mirada hacia los ojos de la preocupada mujer.
-¿Estás bien?-Cuestionó la Doctora, mientras comprobaba que los ojos de la muchacha la enfocaban completamente.
-¿Qué fue todo eso?-Cuestionó Kagome asustada y en un susurro.-Pensé que iba a morir.
-Fue un ataque de pánico.-Respondió la mujer de bata blanca.-Generalmente se gatillan por alguna situación estresante.
-No quiero que vuelva a suceder.
-Debes estar tranquila. No volverá a ocurrir. Sólo quiero saber qué fue el detonador del ataque.
-No lo sé. Me comencé a sentir mal hace un momento.
-¿Por lo que estábamos hablando?
-Por alguna razón, me molesta que me hables sobre el tema. No quiero que vuelvas a mencionar a la muchacha narradora. Ella no es importante. No intentes analizarme a partir de ella.
-No debes sentirte amenazada con lo que te digo. Después de todo tu estas aquí porque quieres curarte. Y sólo podrás hacerlo si aceptas la realidad de lo que te está pasando. ¿Estás dispuesta a que te ayude?
Kagome observó a la mujer con un semblante triste. Tenía miedo de la realidad. La realidad era dolorosa y mataba poco a poco a su corazón. Era mucho más sencillo dejarse llevar por sus fantásticas historias, que la mantenían alejada de los problemas reales. Sin embargo, la Doctora tenía razón. Ella estaba en ese lugar porque lo único que quería era sanarse y volver a ser la misma chica de antes, sin ninguna preocupación. Y para logras esto, debía intentar liberarse de lo irreal de sus recuerdos y volver a la realidad.
La muchacha asintió levemente con su cabeza, aún con mucho miedo a las reacciones que pudiese volver a tener frente a lo que la Doctora le dijera de ahora en adelante.
-Me he dado cuenta de que es posible que, inconscientemente, crearas este personaje oculto, que sólo se dedica a observar desde la distancia y a narrar la historia de amor de los protagonistas, sin permiso de participar-Expuso de manera tranquila y pausada la Doctora Hikari, observando atentamente cada reacción que tuviera Kagome ante lo que estaba declarando.- Además-Prosiguió- creo fuertemente que aquella muchacha ensombrecida es una representación tuya.
Los ojos se le abrieron de par en par ante tal aclaración.
-Es posible que esté loca.-Musitó Kagome de manera calmada.-Pero no creo estarlo tanto como para no darme cuenta de que he estado escribiendo de mis sentimientos a través de un personaje ficticio.
La Doctora Hikari sonrió ante el comentario.
-Sólo es una suposición.-Respondió la mujer tras un breve momento de silencio.
Kagome cerró sus ojos mientras suspiraba levemente intentando mantenerse tranquila y serena.
-Tranquila. No tengo la intención de alterarte. Así que no volveré a mencionar el tema por ahora. Sólo si prometes hacer algo por mí.
La muchacha de cabello negro la observó confusa.
-El día que te sientas preparada, te sentarás frente a un lienzo en blanco y pintaras el retrato de la narradora. Deberá dejar de ser una sombra de la historia y la retrataras como a los otros personajes.
Kagome se mantuvo un momento en silencio, mientras evaluaba la situación. El hecho de retratar a una muchacha que no se mostraba de manera tangible en sus pensamientos como los otros personajes, le parecía una tarea imposible. No obstante, quería que la Doctora dejara de hostigarla con el tema al menos durante un tiempo.
-Lo prometo.-Accedió finalmente la chica, esperando que con su respuesta mantuviera a la mujer calmada.
