Capítulo 4

Secreto

"Estuve a punto de preguntarle si me había tomado el pelo, pero enseguida comprendí que nunca me lo diría. Había conseguido que le creyera, y eso era lo único que importaba. Mientras haya una persona que se la crea, no hay ninguna historia que no sea verdadera".

"El cuento de navidad de Auggie Wren"- Paul Auster


Cuando el Doctor Kudo le propuso escribir a cerca de los extraños seres que se imaginaba, fue para ayudarla a separar lo falso de la realidad, para poder descubrir al fin cual era el verdadero causante de todos sus desordenes mentales. Sin embargo, había algo que no cuadraba. La doctora Hikari no estaba tan segura de que los recuerdos de Kagome estuviesen tan alejados de la verdad, de hecho, creía firmemente que aquellos escritos "imaginarios" eran la base fundamental para averiguar la realidad de su problema.

Debía averiguar por qué Kagome había mezclado sus recuerdos reales con los de unos personajes imaginarios dentro de un contexto histórico, específicamente el de la época feudal en Japón. Pero su campo de investigación era muy limitado. Preguntarle a Kagome no era una opción, luego del ataque que había tenido tras su conversación de hacía un par de días. No deseaba dañarla más de lo que ya lo había hecho. Eso la hacía reducir considerablemente las fuentes de información. Sin embargo, una idea jamás pensada surgió de manera fugaz en su mente.

La familia de Kagome podría proporcionarle información útil para, al menos, formular una hipótesis del origen del problema de la muchacha. No obstante, pensaba que no sería nada fácil, ya que la familia de Kagome se había negado varias veces a entregar más declaraciones de lo que podía verse en los registros. Esto sin ninguna razón aparente. Claramente podía comprobarse que algo ocultaban, algo que seguramente temían revelar.

Aquella mañana, la Doctora buscó de manera discreta los archivos de la paciente de la habitación 43, para encontrar su número de casa. Tras esto, se dispuso a llamar al instante marcando aquel número registrado. Tras un instante de absoluta expectación mientras escuchaba el tono de la llamada, la Doctora reformuló rápidamente aquellas palabras que le diría a la madre de Kagome para poder convencerla de hablar con ella.

No obstante, no alcanzó a repasar su discurso en su mente, ya que una voz al otro lado de la línea interrumpió su pensamiento de manera abrupta.

-Casa de la familia Higurashi ¿Qué desea?

-H-hola.- Titubeó la Doctora al verse acorralada por un instante.- Soy la Doctora Hikari Aiko, trabajo en la clínica psiquiátrica con el caso de Higurashi Kagome. Me gustaría hablar con su madre.

-Ella no se encuentra en estos momentos.-Musitó tenuemente la voz al otro lado del teléfono.

-Ya veo ¿Estoy hablando con algún otro familiar?

-Sí, soy su hermano menor.

A la Doctora Hikari se le iluminó el rostro. Era muy probable que su madre se negara a hablar, sin embargo, pensaba que podría convencer a su hermano más fácilmente.

-¿Podría hablar contigo acerca de Kagome? Necesito saber algo acerca de su vida.

Del otro lado de la línea se escuchó un rotundo silencio. Por un instante pareció como si el hermano pequeño de Kagome hubiera dejado el teléfono ya que no se escuchaba ni siquiera el suspiro de su respiración. ¿Acaso se había negado a su propuesta?

Preocupada por el agobiante silencio, la Doctora decidió comprobar si es que el muchacho seguía al otro lado de la línea, sin embargo no fue necesario.

-Venga a mi casa en una hora más. Mamá y el abuelo han ido de compras y no regresaran hasta la tarde.-Un sonido estrepitoso le hizo comprobar que el muchacho ya no tenía nada más que decirle y que pretendía colgar la llamada.

-¡Espera!- Se apresuró en decirle la Doctora impidiendo que cortara la llamada.-Aún no sé tú dirección, o tu nombre.

-Souta. Y la dirección me parece que puede obtenerla de la misma forma que obtuvo el número de mi casa.

Y tras decir esto último, el menor de los Higurashi colgó la llamada.

No tenía mucho tiempo.

Su hipótesis acerca de que la familia de la muchacha ocultaba algo se había confirmado con la actitud sospechosa de su hermano. Claramente había aceptado contarle aquello que su madre y su abuelo se negaban a decir, por ello la había citado cuando sabía que estarían a solas.

Volvió a buscar el documento con la información de Kagome, registrando rápidamente la dirección allí escrita. Caminó velozmente hacia su oficina para recoger la copia que había realizado de la historia de Kagome y colgando su bata blanca salió de la clínica en dirección a lo que parecían ser las respuestas de aquel caso.

No parecía estar muy lejos de ahí, así que decidió caminar.

Mientras aceleraba el paso, impaciente por llegar, hojeaba una vez más los documentos que había copiado del manuscrito de Kagome, releyendo una y otra vez una de las escenas.

"El pozo parecía conectar su mundo con otro completamente inimaginable, y era conocido por transportar los huesos de los demonios hacia dimensiones desconocidas. Sólo de esa forma, los aldeanos podían vivir tranquilos, pensando que aquellos monstruos no regresarían de la muerte para cobrar venganza."

Esta cita en particular la perturbaba sobremanera, ya que pudo leer en el registro realizado de de la primera entrevista que tuvo Kagome junto al Doctor Kudo, en donde salían algunas declaraciones acerca de un pozo mágico, por el cual ella viajaba a una época antigua. Aquellas declaraciones habían sido dichas por Kagome mientras se encontraba en un estado semiconsciente, producto de las drogas suministradas, sin embargo, revelaban una parte de su subconsciente que jamás habría expuesto si hubiese estado en un estado de alerta.

Ahora tenía la esperanza de averiguar qué significado tenía tal pozo dentro de la situación traumática que había vivido. Y quizás, averiguar quiénes eran los personajes de su historia en la vida real.

La Doctora Hikari se sorprendió en cuanto llegó a la dirección anotada en su, ahora, arrugado papel. Se encontraba frente a frente al templo de la ciudad, el cual visitaba todos los años para la ceremonia de año nuevo.

Confundida, releyó la dirección escrita en el papel, intentando comprobar que había llegado al lugar correcto.

No cabía duda. Se encontraba en la residencia Higurashi.

La mujer subió escalón por escalón intentando apresurarse lo más que sus piernas se lo permitían, ya que no estaba del todo segura cuánto tiempo tendrían el muchacho y ella antes de que su madre regresara. Y no estaba segura de que tuviese otra oportunidad como esta para conocer la verdad.

Con las palpitaciones de su corazón ahogando su garganta, la Doctora llegó hasta la puerta de entrada de lo que parecía ser la acogedora casa de aquella muchacha perturbada que había conocido hace días.

De alguna manera, conocer el mundo al cual pertenecía la muchacha de la habitación 43, le causaba una enorme curiosidad, ya que una persona normal no podría perder tanto la razón si su mundo era común y corriente. Se imaginaba que Kagome habría tenido que presenciar algo realmente fuera de este mundo para que sus recuerdos le jugaran una mala pasada y se distorsionaran tanto para volverla así de loca. Y suponía que vivir en un templo sagrado era justo la clase de lugar que podría ofrecerte una vida fuera de lo normal.

Inhaló una enorme bocanada de aire, con el objetivo de regular su respiración nuevamente y sin pensarlo dos veces tocó a la puerta de manera firme y decidida.

Como si la estuviera esperando todo este tiempo, la puerta de la casa se abrió al instante, dejando ver a un muchacho de no más de 12 años de edad observándola atentamente con una seria mirada.

-¿Doctora Hikari Aiko?- Confirmó el chico antes de que la mujer frente a él pudiese siquiera presentarse.

-Sí.- Afirmó la Doctora.-Tú debes ser Souta ¿Me permitirías pasar?

Sin decir ni una sola palabra, Souta se movió hacia un lado dejando que la mujer pasara dentro de la casa.

-¿Desea algo para tomar?- Cuestionó el muchacho mientras cerraba la puerta de su casa tras ellos.

-No, gracias, no será necesario. No tenemos mucho tiempo.

-Es verdad.-Musitó Souta, mientras invitaba a la Doctora a pasar hacia el comedor para sentarse a hablar con mayor tranquilidad.

-Me sorprendió mucho cuando te presentaste al teléfono. No sabía que Kagome tuviese un hermano.

-Mamá no me permite ir a ver a mi hermana. Cree que le podría decir cosas que perturben su proceso de "sanación".

¿Qué tipo de cosas podría decir su hermanito pequeño para perturbarla? No podía imaginarse que algo así pudiese suceder.

La Doctora Hikari observó cómo la expresión del muchacho se ponía tensa, claramente arrepintiéndose de lo anteriormente dicho.

-¿Cómo está mi hermana?- Preguntó rápidamente Souta, con el objetivo de desviar el curso de la conversación.

-Cada vez más tranquila. La terapia que le propuso el Doctor a cargo de su caso la mantienen alejada de los malos recuerdos.

-Él mal recuerdo.-Corrigió Souta.- Mi hermana sólo vivió un mal recuerdo, los otros sólo tuvieron la mala suerte de estar envueltos con ese.

-¿Qué recuerdos se relacionan con aquella situación traumática?

Souta guardó silencio mientras desviaba su mirada hacia la madera de la mesa.

-Me dijo que había otro Doctor a cargo del caso de mi hermana. Si usted no es la que está a cargo, ¿quién se supone que es usted?-Cuestionó Souta desconfiado.

-Sólo quiero ayudar a tu hermana. Como ya te dije, soy una Doctora que también trabaja en el centro de rehabilitación.

Souta la observó en silencio mientras la analizaba con la mirada cuidadosamente.

-Por favor, si no me interesara ayudarla no estaría aquí frente a ti pidiéndote ayuda. Los Doctores de la clínica no suelen hacer este tipo de visitas a las casa de los pacientes. Eso implicaría que se han involucrado emocionalmente con el paciente y eso va contra la ética del establecimiento.

-¿Por qué le interesa tanto mi hermana como para romper las reglas?

La mujer enmudeció. En ningún minuto se había cuestionado aquello. Ni si quiera se había dado cuenta cuando es que aquella muchacha perturbada se había convertido en su prioridad, sin siquiera ser una de sus pacientes establecidas. Nunca había hecho esto por ninguno de sus pacientes antes ¿Por qué ella era diferente?, ¿Por qué merecía un trato especial? Sin poder encontrar la respuesta a ninguna de estas interrogantes, se convenció de que quizás algún tipo de "hilo mágico" la ataba a ella y le impedía dejarla hasta dar con las respuestas de su problema. O simplemente se había comenzado a dejar envolver por aquel extraño mundo mágico creado por la trastornada mente de Kagome y se estaba comenzando a volver loca. Una cosa era segura. Algo había cambiado dentro de ella, y pensaba que si la ayudaba, descubriría también qué es lo que la había hecho cambiar.

-Ella es diferente a todos los otros pacientes.

Una sonrisa se dibujó en el rostro de Souta, borrando al instante el serio semblante que había tenido hasta ahora.

-Supongo que usted se da cuenta que mi hermana no está loca como todos dicen.

El chico de cabello azabache dio un profundo suspiro y se reincorporó nuevamente para hablar, antes de que la Doctora pudiese decir algo.

-¿Qué es lo que ha dicho mi hermana?

-Es más sencillo que veas esto.-Dijo la Doctora, mientras abría su bolso para sacar la copia de los manuscritos de Kagome y se los pasaba a Souta.

El chico recibió las notas confundido, mientras las hojeaba detenidamente. Y en un instante, sus ojos comenzaron a abrirse poco a poco de la impresión mientras más avanzaba en su lectura.

-No puedo creerlo ¿Ella le dejó leer esto?

-Sí, no es como si fuera un secreto. Todos en la clínica lo han leído. A todos les parece una historia increíble.

-Era su secreto. No puedo creer que lo haya expuesto de esa forma.

-¿Secreto?- Cuestionó confundida la mujer.

-Todo lo que está escrito aquí pasó en verdad.-Dijo Souta en voz categórica, mientras que sus ojos mostraban el reflejo de haber tomado una difícil decisión. Quizás el haberle dicho el principio de la verdad.-Pero no lo comprendo.

Los ojos de la Doctora se abrieron de par en par, interrogantes.

-¿Por qué les contaría todo esto a ustedes?

-No lo sé. El Doctor a cargo de su caso se lo propuso, ya que de esa forma separaba los recuerdos reales de los que claramente se había imaginado.

-No puedo creerlo. De verdad le hicieron creer que todo esto era mentira. Ella de verdad piensa que está loca.

-Bueno, pero no lo está completamente. Mi hipótesis era correcta, aquello que escribe sí pasó en su vida real. Sólo que inconscientemente lo imagina como si fuera una historia fantástica para así "desligarla" de ella. Sin embargo, sí escribe acerca de su vida. Escribe en base a recuerdos verdaderos.

-No. No es así. Usted no comprende.-Contestó Souta.-De hecho, lo que está aquí escrito es lo re…

De pronto, el sonido de la puerta de entrada se escuchó estrepitosamente, anunciando la llegada de los demás miembros de la familia.

La silueta de la madre de Kagome se mostró en el umbral del comedor mientras analizaba la situación que se presenciaba, intentando comprender el por qué su hijo estaba reunido junto a una mujer completamente desconocida.

-¿Quién es usted?-Cuestionó la madre de Kagome, nerviosa.

-Lo siento, soy Hikari Aiko. Trabajo en la clínica de rehabilitación. Conozco a su hija.

-¿Qué viene a hacer aquí?-Preguntó a la defensiva mientras dirigía una mirada molesta a su hijo.

-Es mi culpa, mamá.-Se apresuró a decir Souta al comprobar que la mujer frente a él estaba dispuesta a contarle toda la verdad de su conversación.-Yo llamé a la clínica y les pedí que por favor me dieran información acerca de mi hermana. Y ellos fueron tan amables de enviar a una de las Doctoras a conversar conmigo, para contarme acerca de sus avances.

-Debiste decírmelo.

-No lo habrías permitido. Si no me dejas ir a verla, al menos déjame enterarme acerca de su situación. Al menos me debes eso.

La señora Higurashi suspiró profundamente y luego dirigió su mirada hacia la doctora Hikari.

-Lo siento. Toda esta situación de Kagome me tiene algo alterada.

-La comprendo. Tranquila. No se preocupe, no voy a perturbar más a su familia.-Dijo la mujer mientras se ponía en pie.

-Yo la guío hasta la puerta.-Dijo Souta, mientras se ponía de pie.

La Doctora realizó una breve reverencia y luego se encaminó hacia la salida siguiendo al joven Higurashi.

Al llegar a la entrada, Souta abrió la puerta para dejarla marchar cuando de pronto le tomó el brazo para llamar su atención una vez más.

-Mi hermana pasó por una de las situaciones más traumáticas que puede vivir una chica.-Susurró el muchacho.-Sin embargo, eso no quiere decir que esté loca.

Y diciendo esto último, el joven agachó la cabeza en una despedida y luego cerró la puerta separando a la mujer definitivamente de él.

La mujer no podía creer cómo es que la conversación había tenido que ser interrumpida, justo en el momento crucial en el que el hermano pequeño de Kagome había decidido contarle la verdad. Sin embargo aquella verdad sabía un poco amarga para la Doctora Hikari, ya que no resolvía el caso, sino que lo convertía en un nudo ciego incapaz de deshacerse.

Acongojada de que su viaje hacia el hogar de la muchacha hubiera sido en vano, la Doctora emprendió el rumbo de regreso a la clínica, cabizbaja y pensativa. Intentando hilar las ideas para dar con alguna respuesta que fuera coherente a lo que ella conocía como realidad.

Repentinamente una brisa provocó que sus ojos se cerraran de manera momentánea intentando alejar la basura y ramas del suelo de sus ojos. Sin embargo, en un ligero descuido, el extracto del manuscrito que había estado leyendo todo el camino hacia el templo, se desprendió de su bolsillo y voló impredeciblemente por el cielo mientras era guiado por el travieso viento.

La Doctora intentó atraparlo en vano, persiguiéndolo torpemente hacia su improvisado destino. De pronto, el viento se detuvo por completo dejando que el papel diera con su destino final.

Cuando la mujer se acercó a recogerlo, se percató que había sido conducida hacia una pequeña casa, que parecía ser el desván de la familia, en dónde guardaban muebles viejos o recuerdos antiguos. La puerta estaba semi abierta y la curiosidad de la Doctora por conocer lo que había tras aquel lugar, dominaba su sentido común.

Cualquier instancia que la condujera a conocer más acerca del pasado de Kagome, parecía ser bienvenida por la Doctora. Sólo sería un instante. Comprobaría el contenido del lugar, y dependiendo de ello, decidiría la acción a realizar.

Sin siquiera medir las consecuencias, la Doctora empujó la puerta ingresando hacia el interior. Todas las esperanzas de conocer acerca del pasado de la muchacha se hicieron añicos en un instante en cuanto vio lo que había dentro de aquel gran cuarto.

Su corazón dejó de latir por un instante y en una velocidad impresionante, la mujer abrió el arrugado papel que la había traído hacia aquel lugar y lo leyó en voz alta.

-"El pozo parecía conectar su mundo con otro completamente inimaginable, y era conocido por transportar los huesos de los demonios hacia dimensiones desconocidas."- Guardó silencio, intentando no dejarse llevar por la euforia del momento, mientras intentaba analizar aquello que estaba frente a ella.

Un pozo.

El día que Kagome ingresó a la clínica, mencionó un pozo, con el cual ella era capaz de viajar al pasado, durante la entrevista que tuvo con el Doctor Kudo.

Los escritos de su historia hacen referencia a un pozo que conecta dos mundos.

Las ideas comenzaron a acumularse dentro de su mente amenazadoramente, provocando que cerrara los ojos para así lograr reordenarlas.

De pronto todos los disparates que había dicho Souta durante su conversación tenían sentido. La historia de Kagome era cierta.

Sólo necesitaba saber qué cosas había dicho durante aquella entrevista, que la hizo parecer fuera de sí y la obligaron a permanecer en la clínica psiquiátrica. Necesitaba ver el video que existe de aquella ocasión y que sólo podía encontrar con el hombre encargado en el caso.

El Doctor Kudo tenía las respuestas.