Capítulo 5
No es real
"Si yo supiera qué habita en tu corazón,
si yo supiera qué luce en tu mirada,
si yo pudiera abrir los ojos tanto como fuese necesario
para ver cómo eres realmente,
descubriría que detrás de un rostro tan bonito
sólo puede existir en este mundo una mentira."
"Musas que no me amaron"-Lucideces, Poema VIII.
Se despertó abruptamente, empapada en llanto y ahogada por los sollozos, de lo que parecía la pesadilla más aterradora que había tenido que enfrentar. No obstante, no era la primera vez que aquel mal sueño invadía su subconsciente, atacándola en su hora de dormir. A veces no era una, sino hasta tres veces las que soñaba con aquel suceso tan traumático que había marcado su vida para siempre.
En un comienzo, se dispuso a seguir con su vida lo más normal que pudo, sin embargo, ya no era la misma. Ya no lograba recordar cómo es que se comportaba diariamente. Poco a poco fue transformándose en una persona más callada y reservada y su número limitado de sonrisas se redujo a cero.
Tenía miedo la mayor parte del tiempo. Durante el día vivía temerosa de la vida misma. Y durante las noches, el mundo onírico le parecía realmente espeluznante. Su vida ya no parecía tener razones de existir. Sin embargo, ella no era de las que se rinden fácilmente. Sabía mejor que nadie que si no hacía algo por ella misma, terminaría suicidándose.
Decidida a encontrar alguna solución a su salud mental, se dirigió de manera autónoma hacia el único lugar que podría llegar a ayudarla.
Ella entró al establecimiento y en seguida fue guiada hacia una de las oficinas, en donde podría ser atendida. Con ayuda de una mujer vestida completamente de blanco, logró encontrar la puerta de la habitación que ella estaba buscando.
En la puerta se leía: "Doctor Kudo".
Sin siquiera dudarlo, ella tocó la puerta, y tras una invitación a entrar, la abrió ingresando al cuarto.
-Tome asiento, por favor, señorita…
-Kagome.- Dijo ella, continuando su oración, mientras tomaba asiento en una enorme silla negra frente al escritorio en el cual se encontraba un hombre delgado, cabello negro y de unos cuarenta años.
-¿Por qué decidiste venir?- Cuestionó el doctor mientras sacaba una libreta de su banco.
- Tengo pesadillas todas las noches.
-¿Y qué te hace pensar que eso es tan grave como para ser tratado en una clínica psiquiátrica?
-Fui violada.- Contestó tajante la chica sin siquiera titubear.
El doctor la observó atónito ante su fría respuesta.
-¿Te gustaría platicarme cómo te sientes frente a eso?
-¿Va a aceptarme en su clínica?
-Creo que debo consultarlo con tus padres, aún eres menor de edad.
-Mi madre está de acuerdo, ya lo hablé con ella. Sólo quiero que me curen.
El Doctor Kudo suspiró profundamente, mientras se acomodaba en su agradable silla de cuero y entrelazaba los dedos de sus manos frente a su pecho.
-No es tan sencillo. No es como si pasaras unos cuántos días aquí y luego ya te encuentres completamente sana. Esta es una tarea ardua que requiere mucho más tiempo del que tú crees y la gran mayoría de las personas no se curan del todo, pero sí aprenden cómo enfrentar la vida de un modo distinto.
-Me da igual el tiempo que lleve, sólo quiero dejar de pensar en ello.
La mirada fría de Kagome, penetró profundamente el cuerpo del Doctor, dejando en evidencia su enferma condición. La muchacha parecía no haber conciliado el sueño en semanas, sus ojos se veían rojos y desenfocados, su piel se encontraba pálida y enferma, sus ojeras parecían dos enormes moretones bajo sus ojos y el temblor de su cuerpo parecía ser constante. Además, era fácil darse cuenta de que sus horas de comida habían disminuido considerablemente, tomando en cuenta el hueco que se había generado en sus mejillas.
Sólo en el momento en que realizó dicho análisis, comprobó el verdadero estado de la chica que se encontraba frente él. Era algo serio, que requería de una intervención inmediata.
Kagome aguantó la respiración en el momento en que el especialista le confirmó su petición por una noche en la clínica, para realizarle algunas pruebas, que confirmarían su eventual permanencia.
Las pesadillas se presentaron sin falta aquella noche, poniendo en alerta a gran mayoría de los internos con turno nocturno. Los calmantes parecían cumplir con su cometido, sin embargo, no por mucho tiempo. Sus sueños eran tan vívidos, que el mundo ilusorio creado por las drogas era revocado por aquel creado por su desorientado inconsciente.
Kagome se despertó bañada en llanto, con el cuerpo tenso y con intensos gritos envueltos en pánico, intentando escapar en vano del peligro invisible.
A la mañana siguiente, Kagome fue trasladada hacia una oficina completamente blanca en donde se encontraba sólo el Doctor Kudo y dos sillas. La misma enfermera que la había guiado hasta la habitación, tuvo que conducirla hacia dentro y ayudarla a sentarse en la silla que se encontraba libre, ya que las extremidades de su cuerpo no parecían reaccionar. La noche anterior había sido administrada con una dosis excesiva de calmantes que ahora parecían surtir el efecto que no tuvieron durante la noche.
Al Doctor no pareció importarle el estado en el cual se encontraba su paciente, de hecho, pensó que podría ser una oportunidad para conocer más acerca de la raíz de todo el problema. Aquello que ella se había negado a confiarle el día anterior, mientras estaba completamente consiente y era dueña del uso de todas sus facultades.
-¿Cuál es tu nombre?- Cuestionó el Doctor Kudo mientras se preparaba para anotar en una libreta.
-Higurashi Kagome.-Contestó de inmediato la chica sin apartar su mirada adormecida de sus pies.
Al menos aún conocía su nombre. Aquello daba cuenta que quizás se encontraba en un nivel de aturdimiento cercano a la realidad, lo que significaba que contestaría a todo lo que se le preguntara sin alucinaciones. Todo lo que escucharía ahora sería real.
-Aquel que abusó de ti, ¿Era alguien conocido para ti?
-No.
-¿Era algún conocido de tu familia?
-No.
-¿Él te raptó?
-Sí.
-¿Puedes decirme dónde ocurrió?
-Al otro lado del pozo.
El lápiz del Doctor Kudo se detuvo abruptamente mientras apartaba su mirada del cuaderno de notas y la dirigía hacia Kagome, la cual parecía aún atrapada en un mundo en medio de la realidad y el sueño.
-¿A qué te refieres con eso?
-Ocurrió en otra época.
El Doctor la observó muy confundido. Temeroso de la dirección que estaban tomando sus respuestas, realizó un escabroso cambio de la pregunta.
-¿Puedes describirme al hombre?
-Tenía forma humana. Pero era un demonio. Era muy alto. Tenía enormes orejas puntiagudas. Sus dientes eran afilados. Sus uñas largas.-El tono de su voz comenzó a quebrarse y su cuerpo temblaba en pánico.-Ojos rojos. Muy rojos. Piel blanca.
El Doctor Kudo había tratado muchos casos de jóvenes víctimas de abuso y violación y muchos tendían a narrarle características erróneas de su agresor, era normal no recordar, es una manera que tienen las víctimas de bloquear aquella situación tan traumática. Sin embargo, con Kagome era muy diferente. Ella había entregado características de un hombre completamente inexistente. Era imposible que alguna de esas características pudiese atribuirse a la vida real.
-Valla, me diste una descripción bastante detallada ¿Cómo puedes recordarlo tan bien si no lo conocían de antes?
-Lo veo todas las noches. En mis pesadillas.
El doctor anotaba a gran velocidad cada palabra que salía de los labios de la chica frente a él.
-¿Puedes nárrame lo que ocurre en tus sueños?
Por primera vez durante la conversación, los dilatados ojos de Kagome realizaron un esfuerzo por enfocar al hombre que se encontraba frente a ella. Sus dientes se apretaron. Su respiración se contuvo, atrapada en sus pulmones. Una enorme bola de angustia, que crecía con cada segundo que trascurría sin aire, se encontraba atorada en su garganta. Un frío escalofriante invadió todo su cuerpo y un sonido inaudible para las personas normales comenzó a emerger de su comprimido pecho.
-No.-Fue todo lo que pudo formular la chica, tras los eternos minutos que permaneció en silencio. No podía soportar revivir aquel momento en sus sueños cada noche. Imaginaba que sería inmensamente más aterrador llevarlo ahora a la realidad, contándolo.
-Está bien. No te obligaré.-Dijo el hombre sin dejar de escribir.-Sólo tengo una pregunta más.
La mirada de Kagome volvió a desviarse, esta vez centrándose en un punto muerto de la habitación.
-Las enfermeras me dijeron que cada vez que despertabas de una de las pesadillas gritabas un nombre. ¿Crees que puedas identificarlo?
Los ojos de Kagome volvieron a concentrarse en su Doctor.
-El nombre era Inuyasha.- Murmuró el Doctor.
Kagome abrió sus ojos de par en par y se mantuvo en silencio.
-¿Conoces a alguien llamado Inuyasha?
-Sí.- Contestó finalmente la chica.- Él no pudo salvarme.
-¿Quién es él? ¿Un chico de tu clase?
-No. Es de otra época. No es humano. No pudo salvarme. –Dijo la chica mientras los ojos se le llenaban de lágrimas.- Me dijo que regresara. Yo estaba rota.- Un sollozo ahogado se liberó desde su pecho mientras las lágrimas comenzaban a salir rápidamente de sus ojos empapando su rostro. En un intento desesperado por controlar su llanto, Kagome colocó sus delgadas manos contra sus ojos. Su voz se quebró aún más cuando su garganta liberó un estrepitoso grito que no pudo controlar.
Tras perder el control de su paciente, el Doctor Kudo se apresuró a dirigirse hacia un teléfono que se encontraba dentro de la habitación, dando aviso a las enfermeras de que le proporcionaran más calmantes. Mientras esperaba la intervención, el hombre se acercó a la descontrolada joven y colocó sus manos sobre sus hombros con la intención de que ésta dirigiera su atención hacia él.
-Escúchame. Debes estar tranquila. Aquello no es real. Nada de lo que me cuentas pasó en verdad.
La puerta se abrió dando paso a un grupo de enfermeras que sujetaron el tenso cuerpo de Kagome mientras gritaba e intentaba zafarse en vano.
-Kagome. Por favor, concéntrate.-Susurró el Doctor mientras conseguía que los desorbitados ojos de Kagome lo enfocaran por un instante.- La época que me relatas no existe en la vida real. Dilo conmigo. No es real. No es real.
La aguja con la droga tranquilizante se clavó en el antebrazo de Kagome. Una sensación de aturdimiento invadió su cuerpo en cuanto sintió el frío líquido entrando y circulando por su torrente sanguíneo. Se entregó al mundo onírico.
-No es real.-Fue lo último que alcanzó a formular la chica antes de que su visión se volviese negra y callera inconsciente.
