Historia de un amor. Capítulo 1 - 04

Majestuoso, el castillo se alzaba imponente ante la pareja. Rodmilla lo miraba atónita, nunca había visto nada tan grande ni tanta gente trabajando en el mismo lugar. Jared se bajó y llevó al caballo y su preciosa carga cogido de las bridas hacia el establo.

Cuando él levantó los brazos para ayudarla a bajar del animal, colocó sus manos en el torso de ella, de modo que la palma de la mano la sujetaba por las costillas, muy cerca de sus pechos.

Ella se sujetó a los hombros de él, e hizo todo lo que pudo por no mirarle, cuando la alzó de su montura y la hizo resbalar por su cuerpo hasta que tocó el suelo. Podía notar su penetrante mirada fija en ella, pero ella observaba el amplio establo. Siempre había tenido debilidad por los caballos, así que se puso a andar de forma soñadora, acariciando a los animales que sacaban los hocicos de sus cuadras para observarla a ella. Mientras tanto, Jared había desensillado a Lightning y le había llevado agua fresca y heno y paja limpia, ordenó a un mozo que le cepillase y le pusiera una manta abrigada para que descansase.

La vio sonriendo a una yegua purasangre árabe de color gris. Al acercase reconoció a Boreal, la hembra compañera de su semental. Sonrió interiormente ante esa coincidencia.

- ¿Os gusta? Se llama Boreal.

Ella se giró para mirarle de frente.

- Está preñada, ¿verdad? – dijo señalándola, sonriendo- debe quedarle poco ya…

Y tras decir eso, se apoyó sobre la puerta de la cuadra para acariciar el lomo del animal.

- Si, lo está. El potrillo será hijo de Lightning – señaló su caballo- pero bueno, salgamos de la cuadra, y subamos a la auténtica jungla… -dijo Jared con una nota de humor. Tenía prisa por sacarla de allí, o la tumbaría de espaldas sobre el heno en la primera cuadra vacía que viese.

La tomó del brazo y la condujo hacia el castillo. Rodmilla miraba todo y a todos, era el lugar más grande que había visto nunca.

Cuando entraron, Jared la llevaba hacia arriba, a lo alto de la torre del homenaje, donde estaban sus aposentos privados.

Una vez dentro, volvió a la puerta y le dio al paje unas instrucciones que ella no logró entender. Se paseó por el cuarto, exquisitamente decorado, observando las grandes pinturas al óleo y los muebles de maderas bellamente talladas. Vio una mesa con algo de comida y una botella de vino con dos vasos. Se preguntó si había esperado visita para que tuviera todo eso preparado…