Historia de un amor. Capítulo 1 - 09

Con un gemido de sorpresa y placer, sin apenas darse cuenta de lo que hacía, Rodmilla cerró los ojos, echó la cabeza sobre el hombro izquierdo de Jared y le ayudó a masajearle su propio pecho. Sospechaba desde hacía rato que él no era ningún principiante en esos juegos amorosos, y la maestría de sus manos se lo confirmó. Un pequeño pinchazo de celos atravesó su cabeza, pero desechó ese pensamiento para después, al notar como sus piernas se abrían lentamente por voluntad propia a la mano invasora y decidida de Jared.

- Jared… que… que me haces… - susurraba ella quedamente, con la boca seca.

Él acercó sus labios al oído de ella, llenando la piel de su cuello de besos cortos y candentes.

- ... el amor, cherie, el amor… - un escalofrío de placer sacudió el menudo cuerpo que estrechaba entre sus fuertes brazos. Su falo, hinchado y orgullosamente erguido, palpitaba de excitación entre las suaves nalgas femeninas.

En sus dedos juguetones, uno de los cuales había llevado hasta su secreto centro, pudo notar la humedad del sexo de Rodmilla. Ella buscaba sus labios, ofreciéndose ya sin pensar, abandonada solo a sus sentidos, olvidado lo que estaba bien y lo que estaba mal… y lo cierto era que eso que sentía entre las piernas estaba muy muy bien…

Jared se aprovechaba de su estado de abandono. Sus gemidos llenaban la estancia y disfrutaba haciendo que su voz sonase cada vez más aguda. Cuando estuvo seguro de que ella estaba lista, sin despegar los labios de la piel satinada de su cuello, a la vez que abandonaba su lugar en la espalda de ella se situó frente a ella. La miró largamente a los ojos a la vez que desenredaba sus cabellos con los dedos.

Despacio, muy lentamente, empezó a besarla en los labios, para no asustarla. Eran besos largos, dulces, a los que ella respondía. Poco a poco fue abandonando esa boca tentadora para buscar sus otras tentaciones, que tan abiertamente le ofrecía.

De sus labios bajó al cuello de Rodmilla, y lo llenó de besos más cortos y ardientes, a la vez que sus manos expertas acariciaban cada adorable curva, cada centímetro de piel, enviando estremecimientos por toda su bella figura.

Cuando Jared empezó a besarle el cuello, Rodmilla estaba a punto del éxtasis, sin poder creer lo que estaba pasando. Apenas esa misma mañana había salido de su casa para coger unas pocas flores del campo para adornar su habitación, y ahora estaba desnuda y temblando de placer entre los brazos fuertes y musculosos del hombre más apuesto y viril que había conocido nunca, y al que estaba a punto de entregarle sus más preciado tesoro; su virginidad.

Cerró los ojos con fuerza, tratando de respirar calmadamente cuando notó la suave y húmeda lengua de él rozar la delicada y sensible piel de sus pechos.

Un gemido de sorpresa escapó de sus labios al notar como su cuerpo traidor respondía.