Deliberadamente despacio empezó a besarla en el interior del muslo de nuevo. Notó su cuerpo tensarse y relajarse con sus besos. Poco a poco volvió a centrar su atención en su sexo. Con su lengua empezó a lamer poco a poco, vigilando con el rabillo del ojo las reacciones de Rodmilla.
Tenía los ojos cerrados, se mordía el labio inferior y arqueaba la pelvis contra la boca deliciosamente traviesa de su amante. Nunca había imaginado que se pudiese sentir algo así.
Jared introdujo la lengua en su interior, y ella llevó una de sus manos a su cabeza, enredó sus dedos finos y ágiles entre los cabellos rubios del goblin y apretó su rostro contra su ardiente sexo, arqueándose más contra él, encantada con lo que le hacía sentir.
Él por su parte, introducía y sacaba la lengua de ella, haciéndole el amor con la boca.
Los fuertes gemidos de Rodmilla no se hicieron esperar. Pronto se sentía tan debilitada por el placer que temblaba contra la silla en la que se sujetaba.
Jared la llevó hasta el suelo, y la tumbó de espaldas bajo su cuerpo. Con suavidad, siguió su tarea entre las piernas de la joven doncella, hasta que los estremecimientos de placer que podía sentir en su lengua le transmitieron que había llegado a un fuerte orgasmo. El primero.
Poco a poco, el cuerpo de ella volvía a relajarse, mientras los últimos espasmos de placer de su primer orgasmo se iban disipado.
- ¿Cómo te encuentras? – Jared la miraba con una media sonrisa divertida.
- Sin… sin palabras… - consiguió articular ella.
Él rió.
- Y sin aliento…
Rodmilla le dio un amistoso toque en el pecho desnudo.
- Bobo.
Las risas de ambos poco a poco dieron paso a un silencio compartido. En ese silencio, lejos de sentirse incómodos, se miraban con cariño, acariciándose y mimándose. Conociéndose. Hacía apenas unas horas, ambos eran completos desconocidos el uno para el otro. Sin embargo ahora, en ese momento, estaban empezando a forjar un fuerte lazo de unión entre sus cuerpos que más tarde también uniría sus almas.
