Jared la miraba a los ojos. Sus propios ojos mestizos brillaban con el reflejo de las llamas de la chimenea, Se deleitaba la vista con sus delicados y jóvenes rasgos, que le hipnotizaban. Las luces cambiantes de la habitación provenientes de la chimenea vertían sobre sus cuerpos unidos un juego cambiante de luces y sombras que los dos disfrutaban. Repasaban las partes iluminadas y se adentraban en la exploración de las zonas en sombras.
Cuando más exploraban, más crecía su mutuo deseo, y pronto los dos volvían a gemir entre los brazos del otro.
- Pequeña, quiero avisarte de que cuando me introduzca en ti, te dolerá. –susurraba Jared al oído de una acalorada Rodmilla- procuraré tener cuidado y no hacerte demasiado daño.
Ella asintió haciéndole entender que lo había comprendido.
- Estoy preparada… - decía a la vez que abría lentamente las piernas para facilitarle el acceso a centro de su intimidad.
Jared comprobó satisfecho que realmente ella estaba preparada al repasar su sexo con un dedo y notar la humedad que resbalaba por el.
Despacio, se colocó encima de ella sin llegar a apoyar todo su peso sobre su cuerpo, sino que lo hacía sobre sus manos, a cada lado del cuerpo de Rodmilla. En esa postura ella podía acariciar todo su torso y espalda. Incluso un poco más debajo de esta si alargaba un poco las manos.
Ella empezó a sentir como Jared se abría paso lentamente en su interior. Hizo todo cuanto pudo por estar relajada, pero cuando Jared llegó a un punto en el que no podía continuar entrando, ella le miró asustada.
- Te prometo que solo será un momento…
Ella asintió.
Jared atravesó su himen en una fuerte embestida y se quedó quieto para que ella se acostumbrase al dolor y a la sensación de tenerle dentro e su cuerpo.
Cuando él empujó, Rodmilla lanzó un pequeño quejido de dolor, y pronto la sangre manchó sus piernas. Poco a poco fue disminuyendo y pronto esa sensación cambió por otra diferente.
- ¿Estás bien?
- Si… ya casi ha pasado – Rodmilla estaba fuertemente aferrada a los brazos de Jared de tal forma que le había dejado las marcas de sus cuidadas uñas en los antebrazos.
Cuando se relajó de nuevo, Jared comenzó a moverse de nuevo también, despacio, sin prisas, para que el dolor no volviera a molestar a su compañera,
Ella se mordía el labio inferior, gimiendo entre dientes, con los ojos cerrados y las manos puestas en el amplio pecho de su amante.
El dolor y el placer estaban entremezclados, y lentamente ella se dio cuenta de que ambas sensaciones le gustaban.
Pronto se atrevió a buscar los labios de su compañero y los besó con fuerza cuando él se los ofreció.
Estaba enfebrecida. Sus manos apretaban la cintura de él contra la suya, rogándole con su cuerpo que la abrazara más fuerte, y soltaba un placentero suspiro cuando lo hacía.
Apenas era consciente de sus actos, por lo que se sorprendió sobremanera cuando se dio cuenta de que sus piernas aprisionaban las caderas de Jared contra las suyas a la vez que sus manos se enredaban con las de él, y su boca mordía la suya.
