Historia de un amor. Capítulo 1 - 15

Media hora después, lista y preparada para todo, Romilla se reunió con los hombres para casarse con Jared en mitad de la noche. Durante la ceremonia sentía como la cabeza le daba vueltas de la emoción. ¿Qué le diría a sus padres el día siguiente?

Desechó esos pensamientos cuando dijo con voz firme "si quiero" y Jared le puso un anillo de oro con rubíes engarzados al estilo romántico.

- Este anillo era de mi madre, la Reina, y quería que perteneciese a la siguiente reina así que, ahora es tuyo querida. – Jared sostenía su delicada mano entre las suyas con suavidad, mirándola a los ojos.

Rodmilla solo tenía ojos para él. Su rostro, sus ojos, sus labios. Alzó los dedos y se los acarició.

- Es precioso querido – se había quedado sin palabras, pero entre ellos ya no eran necesarias las palabras. Con una trémula sonrisa ya estaba todo dicho.

-Caballeros, gracias por su presencia a ambos esta noche. Mañana anunciaremos el matrimonio y la reina será presentada oficialmente como esposa en la corte. –un posesivo brazo rodeaba su menuda cintura a la vez que ella se sonrojaba.- Mandad a los mensajeros a las casas de las familias nobles convocándoles para la recepción de mañana.

Cuando se quedaron solos, Rodmilla dijo:

- ¡Oh Jared! no podré…

- Claro que podrás querida, estaré a tu lado en todo momento. No te preocupes.

- Pero, ¿y que les digo a mis padres? – estaba visiblemente nerviosa.

- Que eres muy feliz y estás enamorada de tu esposo, por supuesto –rió él al contestar.

También ella rió sin poderlo evitar.

- Sois malvado majestad –ronroneó.

- No puedo evitarlo mi reina, soy un goblin – le hizo una burlona reverencia antes de cogerla de nuevo en sus brazos y llevarla al dormitorio que compartirían durante muchos y felices años.

A la mañana siguiente, Rodmilla se despertó temprano y muy nerviosa. No sabía lo que debía esperar y eso la asustaba. ¡Iba a ser presentada como la esposa de Jared, como la Reina! Por un momento creyó que sus tripas se habían puesto a bailar una animada polca, pero pronto las náuseas y el miedo pasaron, cuando su esposo la rodeó entre sus musculosos y protectores brazos y le susurró que no tuviese miedo.