Historia de un amor. Capítulo 1 - 16

Entraron un par de doncellas para ayudarla a bañarse y vestirse cuando Jared, ya vestido, se marchó a ultimar los preparativos.

Le trajeron un elegante vestido color rojo borgoña abierto en el escote para mostrar una enagua de seda de color un poco más claro bordada con hilo de oro. En el vestido llevaba bordados rubíes auténticos y filigranas doradas que resaltaban su esbelta figura. Al moverse, la enagua de seda crujía de forma deliciosa, y las gemas capturaban la luz y lanzaban destellos.

Le peinaron sus largos cabellos de forma sencilla, dejándolo suelto excepto por una trenza que le bordeaba la cabeza a modo de diadema.

Jared llegó justo cuando terminaban las peluqueras. Le habían sujetado el cabello con unas peinetas de carey que se apresuró él a quitar ignorando las quejas.

- Mis señoras, traigo algo que la hará lucir aún más bella que su ya de por sí deslumbrante belleza. – les entregó una diadema surcada de diamantes y rubíes.

Rodmilla se quedó sin habla al verla. Solo pudo sonreír. Dejó que se la pusieran y se entretuvo en observarle a él. Llevaba un elegante traje negro con jubón blanco bajo la chaqueta. Al cinto, una espada de empuñadura dorada y vaina a juego con joyas engarzadas. En el pecho, una banda cruzada y en la chaqueta, varias medallas que marcaban su alto rango militar. Ceñida en la frente una banda de oro era lo que usaba de corona.

- ¿Estás lista, querida?

- Si. - tomó aire para armarse de valor. – Si, lo estoy.

Jared le ofreció su brazo y ella se cogió de él para coger fuerzas. Iba a ser una dura prueba.

Una vez en la sala de recepciones del castillo, sentada en un alto trono junto a Jared, Rodmilla temblaba de nervios. Jared se había dado cuenta, y la cogió de la mano para darle ánimos.

- Tranquila, puede que parezca aterrador, pero pasará enseguida…

Ella asintió.

Poco a poco, los nobles fueron pasando al salón para presentar sus respetos, y todo dicho sea de paso, chismorrear entre ellos la razón que había llevado al joven rey a casarse en secreto. Cuando ya se habían presentado, las mujeres se reunían en pequeños grupos para hablar de su nueva reina.

- No parece que esté embarazada, pero en los primeros meses no se puede saber – decía una.

- Oh,… ¿creéis que se abrió de piernas por un trono? – preguntó otra, fingiendo escandalizarse, aunque ella también lo había intentado.

- Estoy segura… - contestó la primera.

En el estrado, los jóvenes reyes aún tenían a muchas familias a las que saludar, cuando de pronto la reina vio a sus padres acercarse. Miró a Jared con expresión de pánico en busca de ayuda. Él la sonrió y se puso en pie antes de que ella pudiese preguntarle que hacía. A esas alturas, Lucrecia y William, Duques de Blois y de Ghent, ya habían reconocido a su hija sentada en el trono.

Con premura, se inclinaron ante su rey, y ante su reina.

- Majestades… enhorabuena. Les deseamos toda la felicidad del mundo. – habló el Duque William, en un tono cortés pero extrañamente contrariado.

Jared llamó a su esposa, y Rodmilla se apresuró a reunirse con ellos.

- Os estamos muy agradecidos por vuestros buenos deseos, y estamos seguros de que lo seremos. Querida, dejaré que hables con tus padres a solas o conmigo, si quieres… - les brindó a los tres una amplia sonrisa.

- Quedaos conmigo, por favor… -suplicó ella.

Cuando el protocolo obligatorio pasó, la pequeña familia se apartó para hablar a solas. Era ya noche cerrada, y madre e hija aún estaban cogidas de las manos y hablando entre susurros.

- ¿Estás segura de la decisión que has tomado, hija? ¡Si acabas de cumplir los 18 años! –decía Lucrecia.

- Si madre, amo a Jared y… él me ama a mi. –sonrió, y al hacerlo se le formaron unos esquivos hoyuelos en las mejillas que solo en señaladas ocasiones se le solían formar.

- Entonces de acuerdo - su sonrisa era contagiosa.- te quiero, hija.

- Y yo a ti, madre

William y Lucrecia dejaron a los esposos a altas horas de la madrugada, entre abrazos emocionados, satisfechos con la suerte de su hija Rodmilla. Sabían que sería feliz con su marido en su nueva vida.