II.
Kenny.
- Lindo panorama – comentó Kenny al ponerse junto a Leo en el campanario de la catedral de la ciudad.
- De por sí Denver está muy tranquilo cuando es de noche, Kenny – replicó el joven rubio -. Y esa tranquilidad es la que me transmite un momento de calma en mi vida diaria.
- Mmm… Eso veo. Digo, con los padres que te cargas y la clase de gente que lidias siempre en South Park, es bastante comprensible que necesites un respiro.
- ¡Je!
Ambos rubios miraron el paisaje en silencio; Leo, con seriedad, reflexionó sobre su ausencia en el trabajo de campo. Desmond le había dicho a él y a Trent que tendrán que someterse la semana entrante a unas sesiones intensivas del Animus de manera intercalada, de tal manera que los dos pudieran recuperarse de esas sesiones bajo constante tratamiento médico.
La idea era buena porque al fin podría explorar con mayor profundidad la vida y obra de su ancestro; no obstante, la cuestión de tener que abandonar de manera prolongada las misiones de asesinato le era un poco complicado de aceptar. Estaba tan acostumbrado ya a estar de un lado a otro pateándoles el trasero a todos los chicos malos que el simple hecho de ausentarse podría significar descuidar su condición física.
Recordó que el año anterior había explorado junto con Trent las siete primeras secuencias genéticas de Tintin; no obstante, las tuvieron que dejar hasta allá debido a que querían llevar las cosas con tranquilidad y no arriesgar demasiado su estado de salud. Ahora, cuando menos se lo había imaginado, regresaría a aquella máquina, aunque la situación era de mayor premura, ya que se quería aprovechar la ventaja de poder conocer de primera fuente la ubicación del Tercer Fruto del Edén.
Kenny, por su parte, observaba discretamente al joven Asesino.
Ambos podrán ser de la misma edad, pero en cuestiones de madurez en general, Leo era el que llevaba la ventaja sobre Kenny. El que fuera el chico más pobre del cuarteto… No, del trío mejor dicho, se había maravillado de la evolución del Stotch en cuanto a su forma de actuar y a su forma de desenvolverse socialmente.
Hasta meses atrás, Kenny, bajo su álter ego de Mysterion, desconocía que el chico más "marica" de su generación fuera el mismísimo Ángel de la Muerte de South Park. Recordó la forma en que se había enterado de su identidad y de todo el contexto que se escondía de los ojos de aquellos que no estaban involucrados en la guerra oculta entre Asesinos y Templarios.
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::Flashback::
Mysterion se sentía débil luego de recibir la salvaje golpiza por parte de uno de los chicos O'Grady, los perros irlandeses de la mafia francesa. Unos minutos atrás, el héroe de South Park había seguido a ese grupo de irlandeses hacia las afueras del lugar, justamente a unas fábricas de algodón abandonadas. Había recibido el informe de la policía que los O'Grady han estado secuestrando a mujeres de las zonas aledañas a Denver con el objetivo de ser vendidas al mejor postor en el comercio sexual.
Cuando llegó el momento de rescatar a las dos chicas que habían sido secuestradas, Mysterion hizo su acto de aparición y se puso a pelear con los maleantes. No obstante, la pelea fue muy dispareja, teniendo en cuenta que los O'Grady estaban fuertemente armados; como resultado, Kenny recibió sendos golpes en las costillas con un garrote y una patada en el abdomen.
Mirando con ojos desafiantes, les dijo con su trabajada voz gutural:
- ¡No permitiré que te las lleves, O'Grady! ¡Son mujeres inocentes que no te han hecho daño alguno!
-¿Quién eres tú para decidir si son inocentes o no, Mysterion? – le replicó O'Grady en todo burlón – Ellas son mercancía fresca y mis clientes adoran esa clase de mercancía…
- Creo que olvidas un pequeño detalle, O'Grady – le interrumpió una voz.
Mysterion levantó su mirada y sonrió al ver de quién se trataba; el irlandés, por su parte, se volvió hacia atrás y, aterrorizado al ver a un hombre de capucha blanca y con el rostro cubierto a excepción de los ojos, exclamó:
- ¡T-tú!
- ¡Asesino! – exclamaron varios.
El aludido, quien estaba en el umbral de la entrada de la fábrica con dos cuerpos sin vida en sus manos, añadió:
- Tus clientes están muertos.
- ¡DISPÁRENLE! – gritó O'Grady.
El Asesino, con rapidez, lanzó una bomba de humo en medio de los hombres armados y, aprovechando la humareda que salía del compartimento del artefacto, empezó a pasar cuchillo a todos los que podía.
Mysterion, por su parte, se incorporó con esfuerzo y acudió a ayudar a las dos chicas que estaban atadas en el suelo.
- Tranquilas – les decía -. Las sacaré de aquí como pueda.
- ¡CUIDADO! – gritaron las chicas llenas de terror.
El héroe se apartó para evadir el golpe de O'Grady con un objeto de metal; ambos enemigos estuvieron a punto de luchar, pero un objeto filoso se acercó al cuello del mafioso y su portador, otro Asesino que había llegado para ayudar a su compañero, le dijo con frialdad:
- Detente ahí, infeliz. Un movimiento más y acabarás muerto.
O'Grady tragó en seco mientras que el Asesino añadía:
- Dile a tus hombres que detengan su ataque contra mi compañero… Ahora.
El mafioso, sin otro remedio, exclamó:
- ¡Deténganse! ¡DETÉNGANSE, HE DICHO!
El sonido de un objeto de metal atravesando la carne viva fue lo último que se escuchó; el Asesino que intercambiaba golpes y balas, sonriente, comentó:
- Demasiado tarde para ellos. Están muertos.
Y era cierto: La humareda se había despejado y acabó por revelar la terrible escena de 10 cadáveres cubiertos de sangre alrededor del Ángel de la Muerte, quien se abrió paso entre ellos para dirigirse hacia Mysterion.
Éste, quien contemplaba con las dos chicas secuestradas el panorama, se maravilló una vez más de la forma de trabajar de su compañero en la lucha contra el crimen.
- ¿Estás bien? – le preguntó el Asesino mientras desataba a las mujeres.
- U-un poco lastimado – respondió el chico de la capucha morada -, pero estoy bien.
El Asesino, volviéndose entonces hacia su compañero, le dijo:
- Sédalo y llévatelo.
- Como gustes – replicó el individuo.
Acto seguido, apretó un poco el hombro de O'Grady y éste cayó al suelo de manera simultánea. Mysterion, consternado, le preguntó a su rescatador:
- ¿Lo llevarán a la estación de policía?
- No – respondió el hombre de blanco -. Lo llevaremos a otro lado.
- ¿Por qué? Ese hombre tiene que responder por los secuestros de 150 mujeres.
- Lo sé, pero antes debe respondernos algunas preguntas respecto a la repentina desaparición de tres científicos nucleares conocidos.
Dicho eso, el hombre de blanco se volvió hacia las chicas y les dijo:
- ¿Están bien, Cristina y Lisselote?
- Estamos bien…– respondió la joven pelirroja con una sonrisa mientras abrazaba al Asesino.
Mysterion, muy sorprendido, exclamó en su voz normal:
- ¡¿Q-qué?! ¡¿Ustedes se conocen?!
- Sip – respondió el otro Asesino -. Son nuestras compañeras de trabajo.
- ¡¿C-compañ- compañeras de trabajo?! ¡Un momento, señores! ¡Un momento!
Los Asesinos se volvieron hacia Kenny, quien les preguntó:
- Creo que tengo cierto derecho a saber qué es lo que está pasando aquí. Estas chicas han sido reportadas como desaparecidas hace tres días cuando acudían a una cita a ciegas…
- La cual en realidad era una trampa – replicó el Asesino.
- ¡¿Qué?!
- Sí. Todo esto fue una trampa para atrapar al líder de la banda irlandesa para interrogarlo por el asunto que nos concierne.
- P-pero aún así tengo derecho a saber qué demonios sucede aquí. No puedes aparecer de la nada y hacer toda esta carnicería sin una buena razón.
- ¿Quién dijo que tienes derecho a eso, cabrón? – replicó el compañero del Asesino – No l-
- ¡Espera! – interrumpió el Ángel de la Muerte – Creo que nuestro amigo aquí tiene bastante razón en ese punto.
- ¡¿Qué?! Leo… No creo que él comprenda mucho lo que sucede aquí.
- ¿Leo? – inquirió Kenny - ¿Te llamas Leo?
- Muchas gracias – reclamó Cristina un tanto molesta -… Trent. Acabas de romper la primera regla de la Hermandad.
- ¿Trent? ¿Hermandad? ¿Qué…?
Leo, suspirando, añadió:
- Ven con nosotros y te lo explicaremos. Podemos ir al campanario de la catedral de Denver. Es el lugar más seguro que conozco para hablar.
- ¿Y por qué no aquí? – inquirió el rubio.
Leo se acercó un poco más al McCormick y le respondió con firmeza:
- Hay cosas que no deben ser contadas en un lugar tan público como este. No sabemos si habrá alguien observándonos para luego ir con el chisme a su jefe y lograr que éste envíe matones a exterminar a nuestras familias. Por favor, McCormick, deja de hacer preguntas y ven con nosotros de una buena vez, ¿quieres?
- ¡¿C-cómo sabes mi…?!
- Ahora.
Kenny, comprendiendo que tal vez el Asesino se lo decía por su seguridad, asintió con la cabeza y siguió al grupo de jóvenes.
Horas después de viajar por la carretera y por las calles de la ciudad, Kenny y los dos Asesinos se apostaron en el campanario de la catedral. El Asesino se volvió a Kenny y, con seriedad, le dijo:
- Lo que estoy a punto de decirte tal vez lo consideres una estupidez o un juego, Kenny, pero te advierto que ninguna palabra mía es cosa de broma.
- A juzgar por el tono en que me lo dices, la cosa si es seria. Por lo tanto, no tengo yo porqué tomarlo como algo estúpido.
- Bien…
Dicho eso, el Asesino se quitó el cubrebocas y la capucha. Kenny estuvo a punto de sufrir un paro cardiaco al reconocer en el Ángel de la Muerte a nada más y nada menos que a Leopold "Butters" Stotch.
- ¡¿B-Butters?! – exclamó - ¡¿T-tú…?! ¡¿Tú eres…?! Oh, Dios…
- ¿Sorprendido?
- Sorprendido y… Consternado. Tú… Tú eres el Ángel de la Muerte. El Asesino de South Park… El tipo que ha dado muerte a toda la mafia siciliana en cuestión de meses… Simplemente no puedo creerlo.
- Pues si esto te es imposible de creer, lo que te diremos será todavía aún más imposible, McCormick – añadió Trent, quien se quitaba su cubrebocas y su capucha.
Kenny se encogió del asombro al ver quién era el compañero de Butters.
- ¡¿Trent Boyett?! – exclamó - ¡¿E-eres tú?!
- El mismo en carne y hueso, cabrón- replicó el rubio mayor con sarcasmo.
- Trent, basta – intervino Leo-. Lo que importa ahora es poner a Kenny al tanto de lo que sucede.
- Está bien – respondió Boyett -. Si este pendejo se lo toma a broma, juro que le cortaré las pelotas.
- Me basta con verte para creer todo lo que el buen Leopold diga, mastodonte – replicó Kenny.
- Bien – dijo Leo.
Dicho eso, empezó a referirle a Kenny todo lo relacionado con los Asesinos y los Templarios, desde el asunto de la Creación hasta las grandes hazañas que han hecho Ezio Auditore, Altair Ibn La-Ahad y Connor Kenway, entre otros Asesinos. Kenny escuchaba todo con atención, aunque Leo sabía que el rubio no se lo creía del todo. De todos modos, no importaba que el chico pobre se lo creyera; si Kenny se pusiera a contarlo a todo el mundo, francamente el tipo sería catalogado de idiota y de loco.
Al terminar su relato, Leo concluyó:
- Ahora bien, Kenny… Me vale una reverenda mierda si lo crees o no. Está en tus manos quedarte como un idiota frente a todos, o guardar silencio y abstenerte de esta guerra oculta. Si quieres participar en esto, también es tu decisión.
Kenny no dijo nada al respecto.
Le había quedado claro que Leopold solamente trataba de ponerle al tanto de algo que ocurría desde tiempos inmemoriales en las narices de la humanidad sin saber absolutamente nada de ello. Asesinos, Frutos del Edén, Templarios, guerras ocultas sostenidas por siglos enteros… Sonaba a un relato de fantasía al principio, como un videojuego, pero luego de enterarse que las mafias y la poderosa farmacéutica Abstergo estaban íntimamente relacionadas con numerosos crímenes y escándalos a nivel internacional, la cosa empezaba a sonar más serio de lo esperado.
En pocas palabras: El asunto no era una jodida broma tipo Eric Cartman, sino una situación real, seria y muy peligrosa. Era una situación en dónde la vida y la muerte penden de un hilo y en dónde no puedes darte el lujo de ser un idiota con traje de superhéroe que solamente sabe lanzar puños al aire y ya. De hecho, una vez que un individuo conoce el testimonio de aquellos que viven día a día en esa guerra oculta por la humanidad, la vida podrá tener un giro inesperado, sobre todo cuando los enemigos a los que enfrentan los Asesinos son personas sádicas que persiguen encarnizadamente a todo aquél que se oponga a sus planes.
Suspirando hondamente, le dijo al joven Asesino:
- Miren, podría decir que esto me suena a pura fantasía inventada y que esto es una jodida broma, pero analizando bien las cosas, me doy cuenta de que esto es mucho más serio de lo que puede aparentar. Supongo que hay algo de verdad en esos rumores de las famosas sociedades secretas… Aunque lo que me narraste les sobrepasa.
- Todo está conectado y relacionado, Kenny – le respondió Leo -. No por nada han sucedido muchas cosas en la historia de la libertad humana. La lucha que sostenemos acabará algún día, pero por ahora lo que nos queda es pelear. Al menos a Trent y a mí nos queda eso, no sé a ti.
- A mí no me queda de otra que guardar silencio al respecto. Decir que sé cosas de ustedes públicamente equivaldría a la consecuencia de ser secuestrados por esos hijos de puta y morir torturado ó, lo más probable, quedar como un pendejo frente a todos si dijera todo lo que ustedes me han dicho. Créanme que, luego de haber visto lo sucedido el día de hoy, me conviene y me veo obligado a quedarme callado.
- Haces bien – dijo Trent -. No me gustaría tener que cortarte en pedacitos si cometes alguna imprudencia que ponga en peligro a nuestras familias.
- Trent… - advirtió Leo.
- Déjalo, Butters – intervino Kenny -. Trent, me considerarás un reverendo estúpido, pendejo, pervertido y lo que sea, pero cuando de discreción se trata, y más en un asunto demasiado delicado, soy como una tumba en el cementerio: No digo ni grito nada.
- Ok – le respondió Trent -… Te creeré. Sólo porque eres conocido de Leo y amigo de Kyle…
- ¡¿Kyle también anda metido en esto?!
- ¡Trent! – exclamó Leo muy molesto.
- Oops… Se me salió – lamentó Boyett.
- Argh… Bueno, como aquí mi estimado Boyett ha comentado, sí, Kyle está muy al corriente de esto. De hecho, él es uno de nosotros.
- ¡¿Qué?! – exclamó Kenny - ¡¿No me están jodiendo?!
- Por supuesto que no, cabrón – le refutó Trent -. No estamos jodiéndote. Te estamos diciendo la verdad. Es más, para que nos creas, te podemos decir que hay ciertos amigos mutuos que están más que involucrados en este asunto.
- ¡Ay, carajo! ¿No me digan que…? Bueno, más bien, díganme quiénes…
- Wendy y Henrietta – respondió Leo.
- ¡¿Wendy y Henrietta?! ¡Puta madre, eso sí que es serio! ¿La ex de Stan y la chica gótica caliente?
- Más respeto, pervertido- advirtió Boyett -. Henrietta es la chica de Kyle.
- … Wow… Eso sí que no me lo esperaba. Pensé que eran rumores.
- Si tú te atreves a decir algo al respecto, te juro que te rompo toda tu pinche madre.
- Ya te dije que soy discreto, cabrón. No es necesario que me amenaces.
- ¡Lo haré por si acaso! Sabemos por Leo que el idiota de Donovan ha estado enviando a todos los pretendientes de Henrietta al hospital. No quiero que a Kyle le suceda lo mismo; estuvo así de cerca de tener la mandíbula rota gracias al gordo infeliz de Cartman y sus ataques de celos de mujercita.
- Lo que haga ese gordo infeliz no es mi más jodido problema, gorilón. Hace un año que ni Stan ni yo le dirigimos la palabra por lo de Bebe. Tú has de conocer las razones.
- Sí, las conozco… Pero eso no te salva de-
- ¡Suficiente ustedes dos!- exclamó Leo muy exasperado – ¡Dejen las peleas y futuras golpizas para otra ocasión! Lo que nos interesa ahora es ir a donde el Mentor y los Mayores.
- Bien – replicó Trent.
Leo se volvió entonces a Kenny y le dijo:
- Vete a South Park. Debes reposar por tus heridas.
- Lo haré… No sin antes expresarles mi agradecimiento por salvarme el cuello.
- Hey, estamos del mismo lado… O casi.
- Si quieren, puedo echarles una mano con el asunto.
- No. No quiero que arriesgues tu pescuezo y la de tu familia.
- Tengo un contacto en las oficinas regionales de Abstergo aquí en Denver.
Trent y Leo se volvieron hacia Kenny muy sorprendido. Éste añadió:
- Mi primo Ernie Jones trabaja allá como conserje. De vez en cuando entra a las oficinas a… Ustedes saben. Echar mano de algún dinero asentado o de explorar las computadoras de los empleados y de los altos cargos, ya que es un hácker sumamente discreto. Puedo pedirle que entre a las bases de datos y averiguar lo que ustedes quieran.
Los Asesinos se miraron mutuamente y Leo, con seriedad, le dijo:
- Tengo la extraña sensación de que tu primo se habrá apoderado de algún documento electrónico que sirva para chantajear a su jefe, ¿cierto?
- Sí… Espera, ¿cómo lo sabes? ¿O cómo lo adivinaste, más bien?
- Porque Ernie es un viejo amigo mío – respondió Trent -. Él no sabe nada de la Hermandad ni de la pugna con los Templarios. Si tú y Ernie se prestarán a esta clase de cosas, entonces estarán conscientes del riesgo que existe para ustedes y sus familias, ¿no es verdad?
- No sé Ernie, pero yo estoy consciente de esto. Sé que este asunto es demasiado serio como para darse atrás una vez que te enteras, pero Ernie y yo les echaremos una mano hasta donde podamos.
::Flashback::
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Desde ese momento, Kenny y Ernie Jones, su primo, se volvieron un par de peculiares aliados de los Asesinos. Su ayuda en sí era demasiado invaluable, ya que gracias a ella, la Hermandad se adelantaba un poco a los Templarios en cuanto a movimientos estratégicos.
No obstante, los Asesinos sabían que los McCormick y los Jones se encontraban en constante peligro desde el momento en que éstos decidieron formar parte de la lucha. Por esa razón, esa misma noche, el Mentor de la Hermandad decidió iniciarlos como Refuerzos, o sea, Aprendices de Asesino encubiertos.
Uno nunca sabe cuándo los enemigos podrían atacar por sorpresa.
