Hola, mis lindos lectores!
Aquí les caigo con un capítulo corto de este multichapter :-). Ojalá lo disfruten!
Memorias de Tintin parte X:
Alcázar.
Iniciando secuencia genética número 9 de T.B... Listo.
&%&%&
Ciudad de Santiago de Chile, Chile.
Un hombre elegante se baja del taxi en el lujoso hotel "Tapioca Chilena" con solamente un par de maletas en sus manos. Luego de pagarle al conductor, se introdujo en el edificio y se acercó a la recepción.
- Bienvenido al hotel "Tapioca Chilena", señor. ¿Quiere alguna habitación?
- Gracias – respondió el hombre con voz grave -. Hice una reservación aquí a nombre de Valentine Léroux.
- Bien – murmuró el recepcionista mientras revisaba la lista de reservaciones -… Léroux, Léroux, Léroux… ¡Oh, sí! ¡Aquí está!
Le dio la espalda al visitante para tomar unas llaves y, al entregárselas, le comentó:
- Su habitación es la 1232, monsieur Léroux. Le diré al botones que le ayude a subir su equipaje para que usted no tenga tanto trabajo. Se ve bien pesado su equipaje.
- Oh, gracias, señor…
- Rodríguez. Anselmo Rodríguez a su servicio. ¡Ea, botones!
Un joven moreno ataviado de negro y rojo se acercó enseguida al mostrador y le dijo:
- Diga, señor Rodríguez.
- Lino, por favor, ayuda al monsieur Léroux con su equipaje y guíalo a la habitación 1232.
- Enseguida, señor. Por favor, señor Léroux, venga por aquí.
El hombre asintió con la cabeza mientras seguía al botones hacia el elevador. Una vez dentro de la caja metálica, el joven botones observó con curiosidad al visitante y le comentó:
- ¿Es usted de Francia?
- Oui – respondió el señor Léroux-. Soy de Avignon.
- ¿Avignon? Me suena a Bruselas.
El chico dobló el dedo anular e hizo una seña al turista. Éste le devolvió la seña y le preguntó:
- ¿Tú eres Lucio?
- Sí… Y tú eres Tintin, el reportero… Bueno, el Asesino. Mucho gusto.
- El placer es mío. ¿Qué noticias me tienes?
- Tapioca está ausente de Chile, pero regresará dentro de un par de días, según me informó uno de los nuestros, quien está infiltrado en el gobierno. Nuestro líder me pidió que te dijera que tengas cuidado, Tintin. Tapioca está fuertemente custodiado por cincuenta hombres de su ejército personal. Cualquier ayuda que necesites, puedes contar con nosotros.
- Gracias, Lucio. Tomaré en cuenta tu consejo.
- Bien… ¡Oh! ¡Casi lo olvido! Nuestro líder te envía un afectuoso saludo. Dice que, si sobrevives a esta misión suicida, te invita a una partida de ajedrez.
Tintin se volvió muy sorprendido hacia Lucio y exclamó:
- ¡¿Partida de ajedrez?!... Espera... ¿Tu líder es…?
- Así es - respondió el joven con una sonrisa -. El buen general te envía un abrazo.
Léroux, con una sonrisa, exclamó:
- ¡Ese Miguel y sus ocurrencias!
&%&%&
El general Miguel Alcázar estaba sumamente concentrado en la partida de ajedrez que sostenía con uno de sus subordinados. El viejo general, por ende el líder de los Asesinos de Chile, se había asombrado primero y después congratulado al enterarse que quién iba a asesinar a Tapioca no era otro que el propio Tintin.
Del chico podía esperar cualquier cosa, pero el hecho de que sea un Asesino lo dejaba fuera de juego. Quién diría que aquél chico de apariencia enclenque fuera en realidad uno de sus hermanos de la orden y un ágil combatiente a la hora de ofrecer pelea contra los Templarios.
- Jaque Mate – le dijo Julio, su subordinado, al mover su reina y retirar al jinete de Alcázar.
- Cielos, Julio. ¡Me dejaste derrotado!
- Je…
- Tú nunca fuiste muy bueno para el ajedrez que digamos, Miguel – interrumpió una voz.
Julio y Miguel se volvieron hacia el dueño de la voz. Alcázar, con una sonrisa, extendió los brazos y se levantó de la silla exclamando:
- ¡Tintin!
El chileno y el belgorrumano se echaron a reír mientras se abrazaban.
- Un gusto verte, general – dijo Tintin con una sonrisa -. Veo que te has avejentado mucho, mi buen amigo.
- Y tú has ganado un poco de cuerpo, muchacho. Jejeje… ¡Venid a mi mesa y charlemos! Julio, por favor, tráenos algo de beber.
- ¡Enseguida, señor! – respondió el muchacho muy feliz y se fue corriendo a conseguir las bebidas.
Tintin y Alcázar, mientras tanto, se sentaron frente a frente. Léroux, con seriedad, comentó:
- Nunca pensé que fueras el líder de los Asesinos Chilenos, Miguel.
- Y yo jamás te imaginé como uno de los nuestros, amigo mío. ¡El mundo es muy pequeño!
- Tan pequeño como lo es Chile… Y hablando de tu bello país… ¿Qué novedades hay con Tapioca? ¿Cómo es que no has perpetrado otro golpe de Estado?
- La situación está muy crítica, Tintin. La economía del país estaría por los suelos si me atrevo a perpetrar por enésima vez un nuevo golpe de Estado. Sus amigos Templarios le han prodigado de armamento de tecnología avanzada con el cual me está dando caza.
- ¿Armas de última generación?
- Sí.
- ¿De dónde provendrán esas armas?
- No lo sabemos con exactitud, pero al parecer ese armamento proviene de Europa.
- ¿Europa?
- Sí. A juzgar por lo que hemos investigado, creemos que Tapioca intercambia "cerebros", por no decir ingenieros, científicos, médicos… Las mentes más brillantes de Chile a cambio de armas para provocar toda una guerra civil en dado caso de que yo inicie el conflicto. El maldito sí que es muy listo.
- Uhmmm… Interesante… Muy interesante… Miguel, necesitaré toda la ayuda posible.
- ¡Claro! ¡Como quieras, amigo mío! ¿En qué te ayudo?
- Necesito que tú y tus hombres provoquen una distracción a la gente de Tapioca en el momento en que él regrese.
Dicho eso, Tintin se levantó y se dispuso a marcharse. No obstante, Alcázar le preguntó un poco preocupado:
- ¿Y tú qué harás?
El joven, con una sonrisa, respondió:
- Voy a infiltrarme en el palacio presidencial y sostener una larga charla con Tapioca en persona.
