Buen día, gente!

Aquí les caigo con un nuevo capítulo de este fic... En donde morirá un individuo cercano a Tintin... Sé que es muy corto este capi, pero les prometo que a partir de aquí la cosa se pondrá buena ;-).

¡Saludines!

Vicka.

XI.

Memorias de Tintin parte XIV:

Tumba familiar.

Iniciando secuencia genética de memoria número 13 de L.M… Listo.

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Bucarest, Rumania.

Tintin y Onegin llegaron a uno de los escondites de la Hermandad ubicado cerca de la Piata Amtei, uno de los mercados más grandes de Europa. No obstante, el recibimiento dentro del lugar les cayó como agua fría, ya que Fédor Argéi, mano derecha de Onegin, comunicó a ambos Asesinos con tristeza:

- Tintin, señor… El Mentor está mortalmente herido.

- ¡¿Qué?! – exclamaron ambos hombres.

- ¡¿Dónde está?! – inquirió el joven belgorrumano muy angustiado.

- Ahí, en los aposentos.

Tintin se dirigió hacia las habitaciones en donde se hallaba su tío, quien en esos momentos se encuentra en medio de un combate entre la vida y la muerte gracias a una herida en el costado causada por una daga que contenía un poderoso veneno que lo mataba lenta y dolorosamente.

- ¡Tío! – exclamaba el joven reportero al verle en tan deplorable estado.

- V-Valentine…

- ¡Tío!

El joven Asesino se acercó al hombre y, con la intención de darle ánimos, exclamó mientras le tomaba la mano:

- ¡Vas a estar bien! ¡Te atenderemos esa herida lo mejor posible!

- V-Valentine… Mu-muchacho…

- ¡Traigan a un doctor!

- Vino uno hace unos momentos – explicó Fédor -… Y dijo que ya no hay nada qué hacer.

- ¡¿Cómo que no hay nada qué hacer?! – exclamó el joven muy alterado.

- La daga estaba envenenada, Valentine.

- ¡¿Qué?!

Volviéndose hacia su tío, a quien le sostenía la mano con fuerza, le preguntó con la voz a punto de quebrarse:

- ¿Q-quién te hizo esto, tío? ¿Quién es el traidor? ¡Lo mataré por esto!

- Litvak… L-Litvak…

- ¿Litvak?

- Anatole Litvak … Uno de los nuestros… Él fue el que m-me hizo est-.

El hombre gimió de dolor mientras que Tintin, sintiéndose impotente, se volvió hacia Onegin y Argéi, y, con la ira en la voz, exigió:

- ¡¿Dónde está ese infeliz de Litvak?!

- Escapó de aquí en un auto– respondió Fédor -. Estábamos regresando de una misión cuando ese infeliz sacó una daga y deliberadamente la clavó en el costado a tu tío.

- ¡¿Y por qué no fueron tras él?! – exclamó Onegin muy furioso- ¡Lo hubieran cogido y retenido aquí para que se le interrogue!

- Hicimos lo que pudimos, señor, pero el hijo de perra ya lo tenía todo contemplado.

- ¡Maldición! ¡Y pensar que lo había entrenado y querido como a un hijo! ¡Él, uno de mis mejores hombres cometiendo la más infame de las traiciones!

Volviéndose hacia Tintin, añadió:

- Ten por seguro que buscaremos a ese perro y lo mataremos, Valentine. Tenéis mi palabra y su cabeza.

- N-No – susurró Pavlov cada vez más débil -… N-no lo m-matéis…

- Mentor… Él es un traidor…

- P-pero l-la venganza… L-la venganza… N-no… Es e-el camino…

- ¡Resiste, tío! ¡Por favor, te necesitamos! ¡Yo te necesito! ¡Tío!

- V-Valentine… C-cuídate mucho…

- No…

- S-sé que serás… E-el mejor…

- Tío, no… Por favor…

- T-tus padres… Estarán muy orgullosos de ti…

- ¡Tío!

- Adiós… Mi pequeño războinic (guerrero)…

Exhalando el último aliento, Nikolai Pavlov, el que fuera el Mentor de los Asesinos, falleció sosteniendo la mano de Tintin, el único familiar que le quedaba en vida… Y quien en esos momentos estalló en lágrimas de dolor y era retenido por Onegin y por Fédor.

- ¡NO! – exclamaba - ¡TÍO! ¡NO!

En los pasillos del escondite se podían escuchar los gritos de dolor del joven Asesino. Incluso los Aprendices y los Asesinos que estaban en el lugar, al comprender por los gritos del joven que el líder había fallecido, empezaron a hacer luto en el corazón y en el alma.

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Los bosques nevados de Targoviste siempre había sido el lugar favorito de Tintin. Sus abedules ofrecían a todo aquél que visitara aquellos misteriosos bosques una atmósfera llena de misterio y hasta un refugio para aquellos que quieran escapar de los avatares de Bucarest.

No obstante, para Tintin era algo más que un refugio.

Resaltando en medio de la nieve y con tres rosas rojas encima de cada una, había tres piedras grises con los nombres de sus dueños grabados en cada una de ellas. El joven se inclinó delante de ellas y, tras llevar sus dedos a los labios, extendió su mano hacia cada una de las tumbas.

Repentinamente una lágrima cae de sus mejillas hacia la nieve, una lágrima que indica el dolor de haber perdido no a uno, sino a todos los seres queridos que formaron parte de su familia alguna vez en sus 19 años de vida.

Siempre pensó que era huérfano de padre y madre, pero jamás supo que aquél hombre que le crió junto con tantos otros niños era su familiar, su tío, el primo de su madre. Siempre lo había visto como el hombre que lo convirtió en lo que él era, en lo que él, sin pedirlo, se había convertido tanto para bien como para mal.

No obstante, jamás se imaginó que él nunca había sido enviado a la bendición de Dios a hacer su vida de un papalote. No, jamás de los jamases el hombre le había dejado solo ni en la más complicada de las situaciones.

Nunca estuvo solo… Hasta el momento de su muerte.

- Padre… Madre… Tío Nikolai… Cuánto les extraño…

Desvió su mirada y se incorporó para contemplar por un poco más de tiempo las únicas tumbas que se levantaban en medio del bosque. Inesperadamente, una mano se posó en su hombro al mismo que una voz conocida le decía:

- Lo lamento mucho, amigo mío.

Tintin se volvió hacia el dueño de la voz y, con una sonrisa queda, le replicó:

- Gracias, Tchang.

El Asesino chino abrazó a su mejor amigo y, tras separarse, le dijo:

- Si piensas dar caza a ese traidor, cuentas con mi apoyo.

- Gracias, Tchang, pero… Tengo que hacer esto solo. Lo que ustedes deben hacer es buscar la manera de detener a los Templarios.

- Es por eso que Georges me envió aquí, Tintin. Me pidió que te dijera que Litvak se dirige a Paris.

- ¿A Paris?

- Sí.

- Iré tras él, entonces…

- Pero antes de que vayas tras él, Georges quiere verte en Bucarest.

- ¿Por qué?

- Pues parece ser que podría tratarse de una nueva misión… Justamente ahí mismo en Paris.

- Bien… Iré con él. Gracias, amigo mío.

Tchang sonrió y, con un asentamiento de cabeza, se dispuso a marcharse con el belgorrumano. Éste, no obstante, se volvió por última vez hacia las frías tumbas…

Y con el corazón en la mano, juró honrar el Credo en el cual había nacido y crecido y bajo el cual vive a todo momento... Y vengarse de aquél que les ha segado la vida de manera traicionera.