Hola, mi gente!
Aquí les caigo con un nuevo capítulo de este fic que ya casi lo tenía (de nuevo) en el completo abandono! Ojalá lo disfruten mucho.
Saludos!
Vicka.
XII.
Memorias de Tintin parte XV:
Limpiar el nombre (I).
Iniciando secuencia genética número 14 de L.M… Listo.
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París, Francia. Octubre de 1928.
Anatole Litvak caminaba intranquilo por las calles del barrio de La Madeleine en el distrito VIII de la capital francesa. El hombre estaba en completo estado de alerta; se detenía en varios puntos del barrio para cerciorarse de que nadie lo estuviera siguiendo.
Procurando no ser detectado, el hombre se entremezclaba con los ingenuos ciudadanos que caminaban tranquilamente por uno de los barrios más conocidos de París. No obstante, no se había dado cuenta de que Tintin lo había detectado a pocos metros de distancia desde la mesa de una cafetería local.
Sosteniendo fuertemente una daga debajo de las ropas de su disfraz de un viejo rico burgués, el joven Asesino se aguantaba las ganas de saltar encima del infeliz rumano que había traicionado vilmente a su tío un mes atrás. De buena gana lo mataría, pero Georges Artanne, el nuevo Mentor de la Orden, le había dado el precepto de que le sonsacara cualquier información sobre sus móviles para cometer el asesinato de Pavlov.
Sabiendo que tenía un deber qué cumplir, el hombre esperó a que Litvak pasara de largo por la cafetería; de esa manera, él se levantaría y lo seguiría hasta atraparlo en un callejón sin salida.
Mientras tanto, desde lo alto de la azotea de la cafetería, Michel Tremáine, el compañero del belgorumano, procuraba que Litvak pudiera descuidarse en un solo instante para que él y su contraparte pudieran cumplir la misión encomendada.
Cuando el objetivo pasó de largo, Tremáine desvió su mirada hacia la de Tintin, quien con un asentamiento de cabeza se había levantado, pagado su cuenta y encaminarse en la misma dirección que el traidor.
El rumano, por su parte, se había detenido bruscamente para enfocar su mirada en todos lados. Al ver que no había señal del Asesino, suspiró con alivio.
- Es sólo mi imaginación – murmuró mientras reiniciaba su caminata -… Gracias a Di-
De repente un anciano se tropezó con él.
- Disculpe – murmuró el señor de edad ante la molestia de Litvak.
- Viejo decrépito… ¿Qué no se fija por dónd-?
Paró en seco.
Sintió que algo húmedo estaba escurriendo en su pierna izquierda; al tocar el área húmeda de sus pantalones, volvió su mano ante su vista…
- N-n-n…
Sangre.
Alzó su mirada pálida hacia el anciano, quien lo observaba con curiosidad. Éste, acercándose disimuladamente a Litvak, le dijo con voz clara:
- Puedes remediar tu situación ahora mismo, Anatole.
El aludido abrió los ojos como platos al reconocer en aquella voz al propio Tintin, quien lo tomó del brazo y lo llevó hacia el callejón. Al aporrearle la cabeza contra la pared, Tintin le preguntó mientras lo tomaba fuertemente del cuello:
- Muy bien, Litvak, maldito bastardo… ¡¿Por qué mataste a Pavlov?!
- L- Léroux...
- ¡Responde, maldito traidor!
- ¡No soy un traidor! – protestó Litvak con fiereza.
- ¡¿Si matar a Pavlov no fue un acto de traición, entonces de qué es exactamente?!
- ¡YO NO MATÉ A PAVLOV!
Dicho eso, se zafó del agarre de Tintin y lo empujó hacia atrás.
- ¡Eso lo dices para distraernos! – recriminó el Asesino con furia.
- ¡Pero si estoy diciendo la verdad, Léroux! ¡Yo no maté a Pavlov!
- Entonces explica porque te fuiste de la guarida y has huido de Rumania.
- ¡Yo no huí de Rumania!
- ¡Mientes!
- ¡Si mintiera, ¿no crees tú que ya te habría matado?!
Tintin miró de reojo a Litvak, quien con la voz entrecortada explicó:
- Sé que todos me buscan porque me creen el asesino del Mentor, pero no es así. Nunca he tenido ningún motivo para matar al hombre que me ha salvado la vida en más de una ocasión.
- ¿Entonces por qué estás aquí en París? – interrumpió Tremáine, quien había bajado de la azotea.
- Trémaine – saludó Litvak.
- Responde: ¿Por qué estás aquí en París si no es porque estás huyendo de nosotros?
- Yo no estoy huyendo de nadie, Trémaine… Más bien vine aquí a limpiar mi nombre.
- ¿Cómo podemos creerte? – inquirió Tintin.
- Simple: Porque conozco al verdadero traidor.
Tintin y Trémaine se miraron mutuamente mientras que Litvak, tras aclararse la garganta, añadió:
- ¿Qué saben de la Orden Hermética de Le Maines?
- Rosacruces – respondió Tintin.
- ¿Uh? – inquirió Trémaine.
- Los Herméticos pertenecen a una amplia rama de organizaciones secretas relacionadas con el esoterismo, el conocimiento y la espiritualidad. De hecho, ellos son uno de los principales pilares de esas sociedades secretas conocidas como Rosacruces. La Orden Hermética de Le Maines, podría decirse, es una de tantas versiones renovada de éstos. Si mal no recuerdo, Ezio Auditore los enfrentó una vez en el antiguo Templo de Pitágoras. Su objetivo es prácticamente el de obtener el conocimiento y "compartirlo" con todos, por no decir que a unos pocos.
- Te has informado bien – replicó Litvak.
- Es mil veces más preferible conocer aunque sea un poco a tu enemigo que no querer saber de él… Lo que nos lleva a que aún seguimos esperando tu respuesta a esto: ¿Quién es entonces el asesino del Mentor y qué relación tiene con los Herméticos?
- Es un Aprendiz de Asesino de origen suizo. Su nombre es Yann DeLorne.
- DeLorne… Lo he visto una vez antes de irme a Chile. Estaba acompañado de Onegin… Si no me equivoco.
- En ese entonces él recientemente había entrado a la Hermandad y se había convertido rápidamente en el Apendiz favorito de Onegin. Honestamente, ese infeliz me había dado mala espina desde un inicio, y más porque tiene una sorprendente habilidad con la ventriloquía que yo mismo he comprobado durante las numerosas ocasiones en que le he seguido hasta aquí por mis propios medios.
- ¿Qué? – inquirió Trémaine muy sorprendido - ¿Le has seguido a París?
- Como Léroux había dicho, es mejor conocer al enemigo aunque sea un poco… Y respecto a la razón por la cual me fui de la guarida, fue porque me avine a perseguirle hasta aquí y matarlo yo mismo para vengar a Pavlov.
- ¿Y qué nos dices de su relación con los Herméticos? – le preguntó Tintin.
- Él es el Líder y Mentor de ese grupo.
Tintin y Trémaine se quedaron sorprendidos.
Litvak era toda una caja de sorpresas. El Asesino rumano no sólo se había tomado una tarea autoasignada de espiar a alguien que, a simple vista, era un individuo cualquiera que había probado ser un miembro fiel de la Hermandad, sino que también se había tomado la molestia de perseguirle hasta ese punto.
Sosteniéndole la mirada a su contraparte, Tintin le dijo:
- Te daremos una oportunidad para probar tu inocencia, Litvak.
- Gracias…
- Si descubrimos que sólo estás intentando ganar tiempo para huir, te prometo que no tardaré en seguirte el paso y matarte.
- Créeme que no tendrás necesidad de eso, Léroux.
- Eso espero… ¿Sabes en dónde podría estar en estos momentos?
- Sí. En el interior del Café Napolitano que está en el Bulevar de Las Capuchinas del distrito de La Bourse. Ahí es donde realizan todas sus reuniones.
- Bien. Muéstranos el camino hacia ese lugar.
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Sincronización de memoria 100% completada.
