Otro capi más! Ojalá les guste!
Un abrazo!
Vicka.
XIV.
Lazos cortados.
Linda había terminado de lavar los platos cuando Stephen llegó a la casa con algo de despensa que ella misma le había encargado que comprara. Cuando el hombre entró a la cocina para saludar a su mujer, ésta lo miró con una sonrisa triste y le preguntó:
- ¿Cómo te fue en el trabajo?
- Bastante bien, gracias a Dios – le contestó Stephen mientras ponía la despensa en su lugar-. ¿Y tú? ¿Cómo te sientes?
- Más o menos… No puedo creer que nuestro hijo se mudara de aquí tan rápido. Digo, apenas entró a la escuela de medicina y ya se nos fue de la casa.
- Sí… Lo sé. Yo tampoco puedo creer que nuestro Butters haya logrado entrar a la Facultad de Medicina de la Universidad de Colorado… Y que se nos haya ido tan de pronto. Tal vez podamos visitarle en alguna ocasión…
- Stephen… Respecto a eso… Butters me pidió que no lo fuéramos a visitar a su departamento.
Stephen miró a Linda muy sorprendido mientras que ésta añadía:
- Hoy vino a buscar las pocas cosas que se habían quedado aquí… Y hablamos un poco al respecto. Me dijo que no quería que se le visitara porque no tendría tiempo para recibirnos…
- Pero supongo que él sí vendría aquí a vernos, ¿no es verdad?
Linda suspiró.
Sabía que Stephen se lo tomaría demasiado mal, y sin embargo estaba consciente de que si le mintiera, sería como no respetar el deseo de su hijo de no verles por al menos una temporada o… O durante toda una vida.
El Stotch, por su parte, parecía presentir instintivamente que su mujer estaba debatiéndose entre comunicarle algún asunto al respecto o abstenerse a responder su pregunta. Decidido a que su esposa se lo comunicara sin más, le preguntó:
- ¿Qué fue lo que te dijo Butters, Linda?
La aludida, agarrando algo de valor, le respondió:
- Él… Él no vendrá a visitarnos, Stephen. Al menos no durante un tiempo.
- ¿Y cuánto se supone que es "durante un tiempo", Linda?
- Al menos hasta que concluyera sus estudios. Realmente él… Él no me dijo más, querid-
- ¡¿Pero cómo?! – le interrumpió Stephen muy enojado - ¡¿Nuestro hijo prácticamente nos dio el esquinazo cuando tuvo la oportunidad de irse de aquí?!
- Stephen, por favor, trata de entender que él necesita su tiempo y su espacio.
- ¡¿Tiempo y espacio, Linda?! ¡Nuestro hijo prácticamente nos dio a entender que no quiere vernos más!
- Stephen…
- ¿Pero al menos te dejó la dirección de su departamento, no? ¿O ni tuvo la decencia de hacerlo?
- No, no me dejó nada.
Stephen estaba enojado y contrariado. Se sentía entre la espada y la pared al ver que su hijo, su propio hijo, había decidido cortar lazos de todo género con la familia, especialmente con él y con su madre.
Él, que recordara, lo había crecido, lo había formado para ser un hombre de bien, un hombre que sirva a su nación y que defienda las buenas costumbres. Aunque fuera con dureza, estaba consciente de haber formado a un buen hombre y un buen hijo; no obstante, el crío parecía ser que lo había mandado al carajo cuando tuvo la oportunidad, y si bien había visto venir una situación parecida, nunca se había imaginado que el muchacho lo hiciera mediante el corte abrupto de comunicación entre ambas partes.
Y tal vez, o al menos sentía desde el fondo de su alma, jamás lo volverían a ver en lo que restaba de sus vidas.
&%&%&
Desde los tejados de South Park, Mysterion observaba con ojos vigilantes el panorama nocturno de la recién ascendida ciudad. Ese día no había mucho qué hacer, aunque siempre habría alguna que otra cosilla que lo mantuviera siempre ocupado. No obstante, en esa ocasión sentía el panorama diferente.
Respirando hondamente, Kenneth MCormick recapituló los acontecimientos del día.
Su padre le había comentado en el almuerzo que Stephen Stotch estaba que se lo llevaba la fregada, y la razón no era ni más ni menos que su propio hijo, quien de manera abrupta y, en su opinión, con justa razón había cortado todo lazo con todo el mundo, por no decir que con la familia en general.
En pocas palabras, nadie de la familia Stotch y LaVolpe sabía dónde vivía Butters en Denver o si realmente él vivía allá.
Sinceramente fue lo mejor que el buen Leo había hecho en su vida, de eso no cabía duda, aunque la forma en que lo había hecho no había sido la indicada. No obstante, había que darle la razón a quien la tenía, y en el caso de Leo era simplemente más por el secreto que con tanto celo Linda y Stephen le habían guardado que por cualquier otra cosa.
Lo que faltaría ahora sería que Stephen intentara averiguar por sus propios medios dónde vivía su hijo, aunque se toparía con el hecho de que Leo había tomado el camino que él mismo había desdeñado en su juventud.
Kenny tembló con tan sólo pensar en aquél choque descomunal que habría entre un padre Templario y un hijo Asesino.
Stephen tal vez tendría algunos viejos trucos de su entrenamiento como Asesino, pero no era nada comparado a las habilidades de Leo, quien sin dudarlo le sesgaría la vida…
- ¿Siempre pensando con profundidad, Asesino? – le preguntó de pronto una voz masculina.
Kenny se volvió hacia la dueña de aquella voz y, con una sonrisa, le respondió:
- ¿Y tú siempre andas observando a la gente desde las sombras, mi estimado Aprendiz?
De las sombras que cubrían la pared del cobertizo de la azotea surgió la figura de un joven de cabellos negros rizados y piel morena oscura que vestía con la indumentaria de los Asesinos. Poniéndose al lado de Kenny, le replicó:
- Sólo ando paseando por aquí, si eso responde tu pregunta.
- Je… Si sigues así de paseador, Token Black, creo que estarías listo para ser uno de los nuestros en milenios.
Token se echó a reír y añadió:
-. Kyle me tiene mucha paciencia, tal vez más de la permitida en estos asuntos, para entrenarme bien.
- Uhmmm… Es posible… Aunque te diré que deberías de poner más atención a tu entrenamiento que a estar detrás de cuánta Cortesana se te cruzara en el camino.
- No es mi culpa ser hombre.
- Sólo te estoy dando un consejo…
Ambos varones guardaron silencio durante un rato. De pronto, Token se avino a preguntar lo siguiente:
- ¿Es cierto que Leo cortó lazos con sus viejos?
- Sí… Trent me lo confirmó hace unas horas, aunque escuché por mi padre que Stephen está muy furioso por ese detalle.
- No debería, puesto que debe admitir que es su culpa y la de su esposa. Si no lo hubieran tratado como lo habían hecho desde siempre, sería otro cantar.
- Lo sé… Pero también pienso que Leo fue muy duro con ellos, sobre todo con su madre. Ella… Ella sabía de sus conexiones con la Hermandad desde hace un año y encima de eso guardó celosamente el secreto como una forma de compensar los tantos años de maltrato.
- Honestamente creo que ni con ese silencio compensaría los años de humillaciones, Ken. Se dice fácil el perdonar lo que te ha dejado marcado durante toda una vida y olvidarlo, pero no es así. Está como Kyle y el gordo de Cartman; lo que hizo la bola de grasa realmente no tenía nombre. Revolcarse con Bebe fue una tremenda traición que no se disculpa.
- Lo de esos dos es muy diferente. Lo de ellos fue amirivalidad de años, lo de Leo… Lo de Leo fue prácticamente la mitad o la cuarta parte de su vida. Al menos hay que comprenderle eso.
Kenny volvió su vista hacia el paisaje mientras que Token, con una palmada en la espalda, le dijo:
- Nos vemos en Denver, amigo.
- Igualmente. Salúdame a Kyle cuando le veas.
- Lo haré.
&%&%&
Stephen aporreó el teléfono luego de marcar varias veces al celular de su hijo sin éxito. El aparato lo mandaba a buzón de voz cada vez que marcaba el número, lo que le daba a entender que el muchacho efectivamente había cortado toda comunicación con ellos.
Eso lo llenaba de frustración, por no decir de decepción.
Muchos de sus amigos, incluyendo a Stuart McCormick, Gerald Broflovski y Randy Marsh, le habían dicho que le diera tiempo para que el chico les volviera a hablar. No obstante, para Stephen eso de darle tiempo era una patraña, ya que para él estaba más que claro y confirmado que Leopold no quería saber nada de ellos en lo que restaba de su vida.
Quién sabe si el muchacho realmente estaba estudiando medicina o les había mentido con intenciones de evadirles.
Stephen negó con la cabeza.
Él mismo había averiguado que él estaba inscrito en la Facultad de Medicina de la Universidad local; incluso había visto como Butters se había empezado a desvelar en un esfuerzo por aprenderse los gruesos libros de medicina a la perfección. Lo había visto con sus propios ojos, en pocas palabras.
Por esa razón era prácticamente imposible que Butters fuera capaz de llegar a ese punto de fingir que estudiara medicina para luego dedicarse a quién sabe qué. No lo creía capaz debido a que Butters nunca había sido un buen mentiroso.
- ¿Estás ocupado, Stephen? – le preguntó de repente un hombre de cabellos castaños con gafas.
- No, Jerome. ¿Qué pasa?
- Ehmmm… Bueno… E-el jefe y t-todos los compañeros de la oficina, incluyéndome, pensamos que sería mejor que te tomaras unas vacaciones.
Stephen alzó la mirada muy sorprendido y le preguntó:
- ¿Qué intentas decirme con eso, Jerome?
- Verás… Muchos de aquí se enteraron de que tu hijo cortó lazos contigo y con tu mujer por algún motivo que se desconoce. Y ese asunto, bueno, vemos que te está afectando demasiado.
- Lo que concierne a mi hijo no es de su incumbencia, Jerome – replicó el hombre mientras se levantaba de un salto con lentitud -. Lo que sucedió fue una simple peleíta, eso es todo.
- Pues disculpa, Stephen, pero muchos no lo ven as-
- Me importa un bledo si lo ven así o no, Jerome. Mis problemas personales no tengo porqué mezclarlos con el trabajo.
- Pues parece ser que sí lo haces, Stotch – le interrumpió un hombre de traje elegante, quien se había acercado al escritorio de Stephen disimuladamente.
- Señor Lewis… – saludó Stephen.
- Ven conmigo, Stephen.
- P-pero, señor…
Lewis le miró con un rostro sombrío. Stephen, conociendo bien el significado de aquél rostro, suspiró y siguió a su jefe hacia su despacho.
El hombre de negocios, tras meter llave a la puerta, se sentó en el escritorio y, al hacerle la seña a Stephen de que se sentara, le comunicó estas palabras:
- Stotch, tengo entendido que tienes un grave problema con tu hijo. Un problema que te afecta más de lo que pensé que te afectaría.
- Señor Lewis, lamento mucho bajar el rendimiento de mi trabajo, si es que por eso se refiere. Realmente no acostumbro a mezclar cosas de mi hogar con el trabajo.
- No lo digo por eso, Stephen.
- …
- Mira, Stephen, yo comprendo esa clase de problemas puesto que también soy padre. He tenido un problema similar al tuyo con mi hija al irse de la casa para irse a estudiar en Londres.
- Bueno, señor, lo de su hija es muy distinto. Ella por lo menos le habla.
- ¿Pero cuánto tiempo pasó para que eso sucediera, Stephen? Pasó un año entero para que ella se mantuviera en contacto con nosotros. Digo, hay jóvenes que hacen llamadas a sus familias casi todos los días o una vez por semana, pero hay otros que no lo hacen por sus estudios y por querer experimentar una vida independiente. Tal vez por eso tu chico te pidió que no lo fueran a visitar ni que le llamaran, Stephen. Es una cuestión de juventud. Ya verás que él te llamará, al menos cuando menos te lo imagines.
- Eso espero, señor… Eso espero…
