Buen día, gente! ¿Cómo han estado? Espero que bien...

Ok, señores. Aquí está un nuevo capítulo de este fic que tengo abandonado desde hace rato. Debido a que hubo un nuevo empate entre éste y el de Only You, decidí designar entonces los días sábados para actualizar este fic y los domingos para actualizar "Only You".

Sin más qué decir, les dejo con el presente episodio...

¡Saludines!

Vicka.


XV.

Memorias de Tintin parte XVI:

Limpiar el nombre (II).

Iniciando secuencia número 15 de T.B… Listo.

París, Francia. Octubre de 1928.

Tintin, Litvak y Trémaine entraron al Café Napolitano, uno de los lugares más concurridos y populares del Boulevar de Las Capuchinas. El lugar estaba hasta reventar de gente, por no decir que todas las mesas estaban ocupadas por personas de todas las edades; Tintin observó disimuladamente bajo el disfraz de anciano judío a una bella camarera adolescente de complexión delgada, cabellos rubios claros, ojos azules ataviada con una blusa rayada de manga larga, falda plana hasta debajo de las rodillas y zapatos negros.

Litvak, quien al parecer conocía a la camarera, se acercó a ella y, saludándola de beso en beso, le dijo:

- Hallo, liebe! Wie geht es Ihnen? (¡Hola, querida!, ¿cómo estás?)

- Sehr gut. Danke. Hat Kaffee Ort und Zeit? (Muy bien, gracias. ¿El lugar y el café de siempre?).

- Ja, bitte ... Und sie sind drei Kaffeesorten. Sie sehen, ich habe Unternehmens (Sí, por favor... Y que sean tres cafés. Como verás, tengo compañía)

Dicho eso, señaló a Tintin y a Trémaine, quienes saludaron a la chica con un asentamiento de cabeza.

- ¿Amigos tuyos? – inquirió la joven con curiosidad.

- Sí – respondió Litvak.

- Me imagino entonces que querrán charlar. Vengan por aquí.

Litvak asintió e hizo señas a Tintin y a Trémaine para que les siguieran.

Los cuatro se adentraron disimuladamente en la cocina y salieron por la parte trasera de la cafetería; ahí, la chica se volvió hacia los hombres y les dijo:

- No debieron haber venido, señor Litvak. Esto se está tornando peligroso para todos. ¿Quiénes son sus amigos? ¿Son Asesinos como usted?

Tintin y Trémaine se sobresaltaron mientras que Litvak le replicó:

- Sí lo son.

Volviéndose entonces hacia ellos, la presentó:

- Léroux, Trémaine… Les presento a Vanessa Wallerstein, de Suiza. Vanessa, ellos son Valentine Léroux Ynigov, de Rumania…

- Señorita – respondió Tintin.

- Y Michel Trémaine, de aquí, la bella ciudad de París.

- Enchanté (Encantado) – respondió Trémaine.

- Igualmente, señores – replicó la joven mujer con un sonrojo.

Luego se quedó mirando fijamente a Tintin por un momento y comentó:

- Monsieur Léroux…

- ¿Sí, señorita?

- Disculpe si le parece extraño que le pregunte esto, pero… Su rostro me es familiar. ¿Nos hemos conocido en algún lado?

- No que yo recuerde, señorita – contestó Tintin muy extrañado.

- Estaba segura que sí… Digo, me recuerda usted al de un hombre muy famoso que siempre sale en los periódicos.

- ¿Un actor acaso?

- Non (No)… Es un periodista. Su nombre… O apellido… se parece al sonido de las campanas. ¿Cómo era…?

- ¿Tintin?

- ¡Sí, ese! ¡Ese mero! Mon Dieu! ¡Jamás he sido buena con los nombres!

Tintin quería reír a carcajadas en ese momento, mas consideró aguantarse la risa, ya que no quería ofender a tan bella dama como lo era la joven Wallerstein. En lugar de ello, le contestó con una sonrisa:

- No se preocupe, señorita Wallerstein. Me ha sucedido muchas veces que me confundieran con Tintin.

Vanessa no pudo evitar sonrojarse más de la cuenta mientras que Tintin sentía de repente las ansias irreprimibles de decirle que él era ese famoso reportero.

Litvak y Trémaine, quienes al parecer observaban en silencio el inesperado estado de confianza entre los dos, se aclararon la garganta y Litvak, con cierta premura, le preguntó a Rita:

- Vanessa, ¿está aquí Delorne en estos momentos?

- Oui (Sí) – respondió la chica -. Está en el sótano a punto de iniciar su reunión con sus hombres.

- Bien…

- Sólo les advierto que no está solo en esta ocasión.

- ¿Ah, no? – inquirió Tintin con interés.

- No… Está acompañado de un hombre a quien le llama El Templario.

- ¡¿Templario?!

- ¡Sabía que esos malditos estaban detrás de esto! – exclamó Trémaine.

- ¿Cómo era ese hombre? – inquirió Tintin.

- Bueno… Por lo que pude observar, era un hombre gordo, de cabeza calva, de traje elegante y con un monóculo en su ojo derecho. Su apellido parece un trabalenguas…

Tintin se tensó enseguida al escuchar aquella descripción. Litvak, al observar aquella reacción de su compañero de la Hermandad, le inquirió:

- ¿Le conoces?

- Sí – contestó sombríamente -… Vanessa, ¿de casualidad su nombre es Niklas Robertos Rastapopoulos?

- ¡Sí, ese es su apellido!

- ¿Rastapopoulos? – inquirió Trémaine - ¿Te refieres a tu archienemigo?

- ¿Archienemigo? – repitió Vanessa con extrañeza - ¿Usted tiene enemistad con ese hombre, monsieur Léroux?

- Desde que nos conocimos – replicó Tintin -… Pero no hay tiempo para dar explicaciones. Litvak y Trémaine, vengan conmigo… Señorita Wallerstein, le aconsejo que se vaya de aquí lo más rápido posible… Me temo que la matarán si se queda aquí.

Dicho eso, Tintin y los otros Asesinos dejaron a Rita, disponiéndose a tramar un plan para poder eliminar a Delorne y, dicho sea de paso, a Rastapopoulos.

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Desde un punto favorable entre la multitud de Herméticos reunidos en el suntuoso sótano de la cafetería, Tintin podía observar con rabia al asesino de su tío y al hombre que había resultado ser, según el discurso dado por el propio Delorne a sus compañeros, la mano derecha de Louis Vuttier, el Gran Maestro de los Templarios.

No podía evitar sentir un odio atroz hacia ambos, especialmente hacia Rastapopoulos. La razón de su odio iba más allá de una simple enemistad; la razón de su odio radicaba en un hecho del pasado que le daban las ganas de saltar entre la multitud e insertarle cualquier objeto punzocortante en el cuello…

Radicaba en que ese hombre era el autor de la terrible masacre de su familia.

Su familia. Su padre. Su madre. Ambos muertos de manera indescriptible por órdenes de ese hombre del monóculo sin el mayor remordimiento.

Tintin era un recién nacido cuando había acontecido aquél hecho terrible; Pavlov le había dicho una semana antes de morir que había descubierto ese hecho cuando ambos, Templario y Asesino, se había enfrentado mutuamente en Grecia. El hombre no había dudado en confesar su autoría en ese crimen, autoría de la cual él, el retoño de aquella pareja de Asesinos, le haría pagar bien caro cuando le pusiera la mano encima.

Ese momento sería perfecto, salvo que no beneficiaría en mucho la misión que Georges Ataine, el nuevo Mentor, le había encomendado antes de partir a París. Tendría que hallar una nueva oportunidad para matarlo… Y rogó que fuera pronto.

- Ahí están esos dos – murmuró Trémaine -… ¿Qué haremos, Léroux?

Tintin, con firmeza, le respondió:

- Cedámosle a Litvak el honor de asesinar a ese hijo de puta de Delorne y limpiar su nombre… Pero a Rastapopoulos debemos dejarlo vivo… Aunque me gustase matarlo yo mismo…

- Lo harás pronto, hermano – le replicó Litvak -. Ten por seguro que así será.

- Bien… Anatole, ya sabes lo que debes hacer.

Litvak asintió la cabeza y, con sigilo, se movió entre la multitud. Trémaine y Tintin, por su parte, decidieron salir del lugar para poder despejar lo que sería la ruta de escape…

Un grito de mujer los distrajo.

Tintin y Trémaine se volvieron.

Delorne había caído muerto instantáneamente al atravesársele un cuchillo en el cuello, obra del propio Litvak, quien tiró una bomba de humo para poder escapar. Era la oportunidad que esperaban, aunque no tan pronto, de poder salir del lugar.

- Litvak sí que actúa rápido – comentó Trémaine mientras pateaba la puerta del sótano.

Por algo Onegin decía que era el mejor de sus hombres – replicó Tintin mientras salía detrás de Trémaine -. ¡Vámonos!

Los dos corrieron por el pasillo, el cual dio hacia la cocina de la cafetería; las camareras, sorprendidas al verles salir del sótano, empezaron a gritar. Aquello no les importó a Tintin y a Trémaine en lo absoluto, ya que salieron por la puerta trasera y treparon la pared del edificio contiguo hacia la azotea.

Antes de marcharse, Tintin se volvió para buscar con la vista a Litvak.

No había rastro de él.

- ¡Léroux, debemos irnos!

- ¡¿Y qué hay de Litvak?!

- ¡Dijo que nos alcanzaría!

- ¡No! ¡Vete tú, Trémaine! ¡Yo iré por Litvak!

- ¡Valentine!

Tintin desoyó los ruegos de Trémaine por irse con él a la guarida; no quería dejar solo a Litvak, quien había demostrado con hechos su inocencia sobre la muerte de Pavlov. Le debía una disculpa por creer que él era el culpable cuando en realidad había sido el único que desconfiaba plenamente en Delorne.

Se adentró en la cafetería, la cual estaba empezando a incendiarse, y se puso a buscar a su compañero en el sótano. Ahí vio al propio Litvak enfrentándose a varios de los compinches de Delorne, por lo que intervino con disparos provenientes de sus dos armas de fuego primero y después peleando cuerpo a cuerpo con los que intentaban hacerles daño.

Litvak, en algún momento, recibió una herida de arma blanca en el costado, a lo que Tintin lanzó una de sus dagas directo al ojo izquierdo del agresor.

- L-Léroux… - murmuró el rumano muy jadeante.

- ¡Debemos salir de aquí! – exclamó Tintin - ¡Ven!

- P-Pero… ¿Y-y R-Rast-?

- Olvídalo, Anatole… Ese hijo de puta corrió con suerte… Por ahora.

Tras decir eso, Tintin cargó a Litvak entre sus hombros y comenzó a caminar a cuestas hacia la entrada del sótano. Por suerte, en el camino se toparon con Trémaine, quien se había negado a abandonar a sus dos compañeros en medio de un fuego cruzado.

Entre los dos sacaron a Litvak de la cafetería y, vigilando que nadie les viera, se fueron caminando por un callejón.

Tintin se volvió disimuladamente; en medio del gentío que se reunía en torno a la entrada de la cafetería, se hallaba Martine, quien había llegado a París el día anterior proveniente de Londres. La joven pelirroja estaba angustiada, puesto que sabía muy bien que él podría estar entre los heridos de la cafetería; en algún momento, ambos jóvenes cruzaron sus miradas…

Y desde ahí, Martine Vandezande supo que Tintin estaba bien.

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Sincronización 100% completada.