¡Hola a todos! ¡Rato sin escribir un nuevo capítulo de mis multichapter! Sé que quedé en actualizar mis historias, pero les confesaré que he estado ocupada en muchas cosas, especialmente en mi tesis, la cual abandoné por motivos personales U.U y la cual estoy retomando con fuerza. A la par, ando trabajando en un proyecto personal que, creo yo, mencioné en algún momento en alguna de las historias que he publicado. Dicho proyecto es una historia que estoy escribiendo y publicando en Wattpad cada vez que me llega la inspiración y cuando me distraigo de hacer la tesis...

Sin más qué decirles, aquí les va un nuevo capítulo de este fic...

¡Un abrazo!

Vicka.


XVI.

Memorias de Tintin parte XVII:

Je t'aime beaucoup, te iubesc.

Iniciando memoria genética número 16 de T.B… Listo.

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Bruselas, Bélgica, Noviembre de 1928.

Tintin caminaba por las calles de la fastuosa capital belga; tras un largo período de ausencia en el país, el joven periodista por fin había pisado e suelo de su patria adoptiva. Tenía mucho trabajo por hacer como periodista, mucho qué escribir, mucho qué publicar en el Vingtiéme Siecle, el periódico para el cual trabajaba desde que tenía los 15 años.

Sin embargo, también tenía que equilibrar su vida como el reportero más famoso del mundo con su vida de Asesino, situación nada fácil dado el enorme esfuerzo que suponía esconder las habilidades adquiridas con el paso de los años en el orfanatorio.

Se detuvo abruptamente frente a un edificio color amarillo con naranja, el lugar donde Martine vivía; había pensado por un momento hacerle una visita y pasar un buen momento con ella. Sin embargo, todo parecía indicar que no iba a poder ser así, ya que, desde lejos, observó a un grupo de hombres entrar intempestivamente al complejo con armas en mano.

Su corazón latía con fuerza…

- ¡Martine! – exclamó mientras corría hacia el lugar.

Con prudencia, se adentró al callejón y empezó a escalar la pared con agilidad. Cuando llegó al balcón de Martine, el chico se incorporó y observó a la bella pintora trabajando tranquilamente en su última obra de arte.

Temiendo que ella estuviera en peligro, golpeó el cristal de la ventana.

- ¡¿Valentine?! – exclamó la joven muy sorprendida al verle.

Abrió la ventana de forma apresurada y, abrazándose mutuamente, la pelirroja le preguntó:

- ¿Qué estás haciendo aquí? ¿Pasa algo?

- No hay tiempo para explicarte; ven conmig-

Tocaron la puerta.

Tintin y Martine se volvieron hacia la entrada del departamento; la joven estuvo a punto de ir a atender, pero el reportero la detuvo y le hizo seña de que hiciera silencio. Después, se acercó sigilosamente hacia la puerta y acechó por el orificio para ver quién era.

Afuera del departamento había un hombre bigotudo con un sombrero negro; detrás de él había otro individuo ataviado de manera similar. No era necesario ser un genio para darse cuenta de que eran los mismos hombres armados que entraron al complejo habitacional.

- ¿Qui-? – estuvo a punto de preguntar Martine, más Tintin le tapó la boca, la tomó de una mano y caminaron despacio hacia la ventana.

- Sal de aquí – le dijo el muchacho.

- ¿Por qué?

- Esos hombres están armados.

Martine obedeció y rápidamente salió al balcón seguida de Tintin al instante en que se escucharon disparos provenientes de la puerta.

- ¡Corre! – exclamó el reportero

- ¡MÁTENLOS! – gritó uno de los hombres.

Tintin y Martine corrían con la velocidad que sus piernas les permitían tener. Volviendo hacia atrás una y otra vez, veían a los hombres correr tras ellos disparándoles.

- ¡¿Quiénes son, Tintin?! – exclamó la artista mientras doblaban en una esquina.

- ¡No lo sé! – respondió el castaño rojizo - ¡Ven, por aquí!

Tomados de la mano, ambos entraron a un callejón y se escondieron detrás de un enorme bote de metal. Los hombres, por su parte, pasaron de largo, lo que hizo sentir a Tintin un enorme alivio pero sin bajar la guardia.

- ¡¿Qué has hecho esta vez, Valentine?! – reclamó la Vandezande - ¡¿A quién enojaste?!

- Yo no enojé a nadie como reportero, pero como Asesino he enojado a muchos – replicó el reportero con tranquilidad.

- ¡Dios!

- Martine…

- Valentine, mi amor… Esto… Esto no puede continuar así. ¡No puedes llevar una doble vida como esta! Cierto, yo acepté los riesgos al convertirme en tu novia, pero a veces pienso que debes valorar tu vida y renunciar a algunas cosas.

- Lo sé, Martine, lo sé. Sé lo que sientes y créeme que lo entiendo, pero…

- ¿Pero qué?

- Pero créeme que esta será la última vez que corras peligro, porque yo… Yo decidí renunciar a esa doble vida.

Martine le miró triste y sorprendida. Tintin continuó explicando:

- Yo ya no puedo llevar esta doble vida, no con la constante de saber que en estos momentos tú, el capitán o todos los que quiero estén en un serio peligro sin que yo pudiera hacer algo. Esto… Esto me enferma, me irrita… ¡Me agota!

- Valentine…

Tintin desvió su mirada por un momento; mirándola nuevamente a los ojos, añadió:

- Esta guerra ha durado no años, sino siglos enteros, Martine. ¡Siglos! A través de la historia ha habido eventos importantes para la evolución de la humanidad, y en todas ellas los Asesinos y los Templarios han estado presentes cuando menos te lo imaginas… Ambos en guerra por una ideología y una meta en común, pero entendida y comprendida cada una a su manera… "¿Cuándo acabará esa guerra?", me pregunto una y mil veces cada vez que estoy una misión como reportero o como Asesino. "¿Cuándo?"… Tal vez nunca…

Martine abrazó a su novio con fuerza.

Ella lo entendía, ¡y vaya que lo entendía a la perfección!

Sabía de lo que él hablaba, de lo que él trataba de expresar con sus palabras; entendía bien que las situaciones por las que había pasado no eran meramente provocadas por él. Ella misma sabía de los labios del reportero que todo aquél que se involucra en la milenaria guerra oculta entre los Asesinos y los Templarios jamás saldría de ello a no ser un ataúd o la propia vejez.

Tintin estaba involucrado desde siempre sin saberlo hasta hace un par de años; las habilidades extraordinarias que había adquirido en el orfanato le permitieron sobrevivir hasta ahora, aunque temía que esa suerte acabaría muy pronto.

Levantándose de su escondite, le ofreció la mano diciéndole con una sonrisa serena:

- Vámonos lejos, Tintin. Vámonos a donde esta guerra no nos encuentre. Vámonos a donde sea…

El joven la miró sorprendido.

Martine parecía estar dispuesta a huir, a irse de Bruselas, a irse de Bélgica, a irse del mundo que le rodeaba. Más que dispuesta, estaba decidida a alejarlo del mundo de los Asesinos, del mundo que él conocía a la perfección aún cuando desconocía su existencia.

Estuvo a punto de tomar su mano …

- ¡MARTINE! – gritó el joven al verla desvanecerse frente a sus ojos.

Al verla caer al suelo, Tintin se levantó abruptamente y la tomó entre sus brazos.

- ¡Martine, mi amor! – exclamó el hombre con desesperación - ¡Mi amor, háblame! ¡¿Qué es lo que tienes?!

- Tintin… Tin-

Tintin la revisó en busca de alguna herida que le indicara la gravedad de la situación.

Empero, Martine le detuvo diciéndole:

- Valentine… Mi amor…

Le acarició débilmente la mejilla mientras que él, con desespero, añadió:

- ¡Resiste! ¡Resiste, te llevaré a un hospital!

- No… Ya no… Sería inútil… E-el… El veneno ya surtió efecto en mí.

- ¡¿Veneno?! ¡¿Cuál veneno?!

- E-e-el… El veneno q-que… Que… Que Delacroix… Jean Delacroix…

- ¡¿Delacroix?! ¡Maldito! ¡¿Cuándo?! ¡¿Cuándo y en dónde?!

- V-Valentine… M-m-mi… Mi diario… Mi diario tiene la… La respuesta…

- ¡Martine!

Con lágrimas en los ojos, la moribunda dijo estas últimas palabras:

- Je-je t'aime beaucoup, mon amour (Te amo, mi amor)… J-je t'aime, Valentine Augustin Léroux Ynigov… N-no me olvides…

- ¡Martine !

Sonriente, Martine Vandezande expiró en los brazos de Tintin. Éste, lleno de dolor, la abrazó con fuerza y, tras plantarle un beso en la frente, murmuró en medio de sus lágrimas:

- Te iubesc (Te amo)… Martine Vandezande.

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Sincronización 100% completada.