Hola! Una vez más gracias a UshieVictoria ya que es la única que se atreve a dejarme reviews y la verdad es que a veces pienso que escribo solo para ella! jajaja Todos aquellos que visitáis mi fic y no comentáis (que sé que estáis ahí) animaros a decirme que os parece pues hay algunas cosas que no tengo claras y las opiniones me ayudarían mucho! UshieVictoria, el tema de las parejas la verdad es que la única que tengo clara clarísima de momento es Damon & Elena, las demás la verdad es que tengo demasiadas ideas en la cabeza y he de decidirme pero decirte que el Steferine tiene muchas papeletas y más ahora que me lo has comentado en tu review porque como ya he dicho vuestra opinión para mi son las reglas.
De todas maneras quiero avisar de que las parejas van a ir surgiendo lentamente y quizás antes de estar con quien deben esten con otros o haya algún rollo así pues me gusta complicar las cosas para que así sea más emocionante! Bueno, en fin, espero que os guste este capítulo. Es cortito, pero pronto subiré el próximo, lo prometo!
Besos! Y gracias por leer! :)
Kol
-¿¡Con dos tías!? – me pregunta Rick mirándome alucinado. Yo me limito a asentir con la cabeza y sonreír. – Eres la leche. – ambos reímos. Estamos sentados en dos butacas una delante de la otra, en su casa, y me mira. Saco mi paquete de Cherterfield y le ofrezco un cigarrillo mientras me enciendo yo uno. – Gracias. – dice. - ¿Y qué tal son?
-Simpáticas. – se ríe.
-No me refiero a eso… - sonríe malévolamente. - ¿Están buenas? – pregunta por fin. Me hace gracia, Rick es uno de los amigos más tontos que tengo.
-Pues mira, te explico. – empiezo – Llego al primero B acojonado, por la idea de compartir el piso con dos tías. – me inclino hacia adelante apoyando los codos sobre las rodillas – Entonces me decido y toco a la puerta. Oigo unos pasos que se acercan corriendo, unos pasos fuertes…
-Entonces, ¿están gordas? – me interrumpe.
-Tío, cállate y déjame acabar. – rechisto.
-Vale, sigue. – se tiende en la butaca y fuma de su cigarro.
-Entonces me acojono más aun y oigo la cerradura, están abriendo. – la escena es muy cómica, parece que estoy contando una historia de terror. – Y entonces la puerta se retira y se me planta delante de mí una rubia de melena ondulada con unas curvas de infarto. – hago un gesto con las manos describiendo las curvas de arriba abajo – En ese momento aluciné. Me la quedo mirando embobado y entonces se acerca la otra chica y… Madre mía… Verlas a las dos juntas era un cuadro. Morena, pelo largo, liso, con unas curvas también preciosas… - Vale sí, las chicas no están nada mal pero estoy exagerando, quiero darle envidia porque se pone muy gracioso. Y lo consigo. Rick me mira con la boca abierta embobado y está a punto de quemar la butaca con el cigarro. – Tío, cuidado con la butaca. Y deja de babear. – le doy un toque en la barbilla para que cierre la boca y espabila, entonces nos ponemos a reír los dos.
-Kol, vives en el paraíso. Creo que voy a ir a verte a menudo. – ríe. Me miro el reloj, es hora de irse.
-Tío, me voy al paraíso que mis diosas me esperan. – bromeo.
Me despido de Rick, cojo mis maletas y me subo a mi coche. Esta mañana he ido a casa a por todas mis cosas, suerte que sólo estaban mamá y la abuela, aunque me hubiera gustado ver a Rebekah. La abuela me ha llamado más tarde diciéndome que me iba a ingresar una generosa cantidad de dinero para que pudiera empezar mi vida sin ninguna dificultad pero aun así me buscaré un trabajo, no quiero ser un mantenido.
-¡Hola, Kol! – me saluda efusivamente Caroline mientras Elena un poco más tímida me sonríe. – Vaya llevas poca cosa… - dice la diosa rubia mirando mis dos maletas enormes que a mí me parecían una exageración.
-¿Enserio? – reímos.
Las chicas me ayudan a instalarme. La verdad es que son geniales y aunque me sienta un poco extraño creo que podré acostumbrarme y que al final me irá bien, se las ve responsables y quizás se me pega algo. Entonces se me ocurre una idea, justo cuando estamos saliendo del piso para ir a hacer una copia de la llave.
-Chicas, ayer no os vi muy contentas con el mobiliario de las partes comunes de la casa, ¿puede ser?
-Puede ser. – admite Elena mientras se recoge el pelo. Debe tener calor, hace mucho sol.
-Ese sofá es horrible, en todos los sentidos. – afirma Caroline.
-¿Qué os parece si pasamos por una tienda de muebles y compramos un par de cosas? Mi abuela me ha regalado un dinerito esta mañana y… ha sido bastante generosa. – propongo con una sonrisa en la cara. A Caroline se le encienden los ojos pero a Elena no la veo tan de acuerdo.
-Pero nosotras no podemos pagarte nuestra parte… - dice la morena.
-No, no. Habéis sido muy amables conmigo y además, ahí también voy a vivir yo. Es algo así como una aportación.
Al final las convenzo. Bueno, a Elena, Caroline estaba convencida desde el primer momento. A cambio, ellas no me cobran este mes de alquiler. Así que nos pasamos por una tienda de muebles y compramos un bonito sofá rojo de cuatro plazas con cojines negros de terciopelo y a juego dos pufs negros. También compramos una tele de plasma, no muy grande; un juego de mesa de comedor con cuatro sillas, normalita, de madera; y una mesa auxiliar para el salón de madera y bajita. Nos afirman que nos lo traerán todo mañana por la mañana y nos alegran, así ya tenemos algo que hacer el domingo.
Decidimos dar un paseo por la ciudad. Les enseño los mejores bares, restaurantes, discotecas, heladerías y cafeterías. Parecen dos niñas pequeñas en un parque de atracciones y yo me divierto viéndolas. Elena nos invita a un helado y nos sentamos en un banco en una plaza abarrotada de gente a comérnoslo. Charlamos y reímos, son muy divertidas. Entonces oigo una voz a mi espalda.
-Te veo muy bien acompañado, Kol.
