Hola! Aquí estoy de nuevo! Cómo prometí! Muchas gracias por vuestros reviews, esta vez a las adorables Andie Salvatore-Booth & UshieVictoria!

Espero que os guste este capítulo, un beso enorme y dejad reviews para que suba capis prontito!

:)


Caroline

El domingo por la mañana mi cabeza da vueltas y a pesar de los tambores que oigo en ella culpa de la resaca sólo puedo pensar en cierto rubio de ojos azules. Me despierto contenta y salgo al comedor. Elena y Kol aun duermen así que decido ducharme, vestirme y salir a comprar el desayuno para los tres. Kol compró muebles, Elena nos invitó a un helado, me siento una morosa. Me pongo un mono verde de tela suave, fina y elástica, de tirantes. Me hago una coleta y salgo a la calle con mis gafas de sol. Hace un día precioso.

Compro cruasanes, napolitanas, palmeras, cañas… Todo tipo de cosas porque no sé que les apetece y de vuelta a casa paso por delante de un bazar chino y veo algo en el escaparate que me hace gracia así que entro y lo compro. Es una bocina enorme y roja que suena muy fuerte. Creo que puede ser divertido tener una de estas en el piso.

Cuando llego compruebo que aun duermen y me pongo a tocar la bocina como una loca entre las dos habitaciones de mis compañeros. Oigo a Elena gritar.

-¿Qué demonios pasa? – con voz ronca.

Y Kol se limita a ronronear y taparse la cabeza con la almohada.

-¡A desayunar! – grito.

Después de la bronca que me mete Elena por haber comprado ese cacharro y los elogios de Kol por la idea tan genial de comprarlo, desayunamos. Más tarde nos traen los muebles nuevos y los montamos. Y al final el piso se parece un poco más a mi idea. Cómo a la hora de comer no hemos terminado nos hacemos unas pizzas y luego seguimos. Sintonizamos la tele y limpiamos el piso. Cuando terminamos es tarde y estamos cansados. Ha sido un gran día, muy divertido. Además, Elena y yo estamos nerviosas. Mañana empezamos la universidad. No me lo puedo creer.

-Tranquilas, chicas. Os va a ir muy bien. – nos tranquiliza Kol. – Además, cuando lleguéis yo os habré preparado la comida. – bromea. Y nosotras reímos.

El lunes por la mañana suena el despertador. Después de todo el verano sin oír ese maldito ruido. Pero enseguida me acuerdo de algo: Seguramente voy a ver a Klaus. Mis ojos se abren al instante y sonrío. Me pongo en pie de un salto y me visto rápidamente. Cuando salgo Elena ya está desayunando.

-Buenos días, Care. – Me dice sonriente. - ¿Nerviosa?

-Muchísimo . – Le contesto yo y me acerco a ella. - ¿Qué me has hecho para desayunar? – bromeo. Y me mira incrédula y divertida.

-Ahí tienes la cafetera. – dice señalando la encimera. Y las dos nos reímos.

Cuando llegamos a la ART nos hacen una conferencia a todos los alumnos para repartirnos los horarios y presentarnos a los profesores, y sus ayudantes. Pero no veo a Klaus por ninguna parte.

Estamos sentados en un salón de actos, alrededor de doscientos chicos que quieren especializarse en arte. Veo unas filas más adelante a la hermana de Kol y Klaus, Rebekah. Está rodeada de chicas. También veo al chico guapo del Japonés, lo cual me sorprende y pienso que el mundo es un pañuelo, que no para de mirarnos aunque en realidad creo que mira a Elena y cuando voy a decírselo a mi amiga ella sólo dice: "Sht, no quiero que nos cojan manía el primer día."

Y mientras el director nos cuenta no se qué del sistema de evaluación se abre la puerta del salón y mi respiración se para. Entra Klaus, disculpándose por llegar tarde con una reverencia. Está guapísimo. Lleva una camisa azul cielo y unos pantalones negros. El director lo presenta como ayudante de Danza y puedo ver como todas las chicas de la sala lo miran con admiración. No me hace ni una pizca de gracia.

El director sigue con su discurso y Klaus se une a la fila de profesores y ayudantes que hay detrás. Está guapísimo, serio. Sonrío y sé que por mucho que me esfuerce en escuchar a ese hombre menudo y con gafas que habla, no voy a poder. Solo le miro a él. Se me congelan los músculos cuando sus ojos se fijan en mí. Le sonrío, tímida. Y espero su respuesta. Una respuesta que no existe. Él me sigue mirando pero tiene la mirada fría y está muy serio. Yo me siento incómoda y me revuelvo en mi asiento.

"¿Por qué no me devuelve la sonrisa?" "No puede ponerse a sonreír ahí en medio, Caroline." Me digo a mi misma, aunque no me convence para nada esa excusa barata.

Toda la ilusión que tenía se ha ido al garete en cuestión de un segundo. Miro a Elena, está realmente concentrada y como me siento culpable intento hacer yo lo mismo.

Cuando por fin acaba el discurso del director nos separan por especializaciones y no me gusta la idea. Ya que Elena va con el grupo de teatro. Van a mostrarnos las salas en las que vamos a movernos y las zonas de la academia.

Veo al chico guapo del japonés también en el área de especializados en música y me acerco a él.

-Hola – le saludo sonriente, contenta por conocer a alguien. – Qué casualidad.

-Pues sí. – me sonríe. – Parece que me tienes hasta en la sopa. – ambos reímos. Y se me queda mirando.

-Soy Caroline. – digo finalmente.

-Yo Stefan. – tiene una bonita sonrisa. Y es muy simpático.

Seguimos al jefe de departamento de música, un hombre muy majo, y nos enseña las instalaciones, los estudios, las clases, etc. Y cuando estamos cruzando un pasillo para llegar al almacén de instrumentos, me cruzo con Klaus. "Ahora sí" pienso. Y le sonrío, incluso me paro un poco y le saludo con la mano. Él se limita a mirarme seriamente. Algo se rompe en mi interior, estoy segura. Creo que es desilusión y decepción. El sábado lo pasamos genial y ahora no me dice nada. ¿Qué pretende? Sé que me estoy poniendo triste así que acelero el paso y entro junto al resto de alumnos al almacén. Me quedo boquiabierta. Es una sala en la cual debe haber por lo menos cien instrumentos. Es enorme y no es el típico almacén sucio y desordenado. Está impecable. La grandeza de esa sala hace que deje de pensar en Klaus.

-¿Alguien quiere tocar algo? – pregunta el hombre que nos guiaba. Pero nadie contesta, todo el mundo está cohibido. –Venga chicos, aquí no tenéis que tener vergüenza de nada. A ver… Tú. – señala a una chica del grupo. - ¿Por qué no tocas algo? – Ella sonríe y se encoje de hombros. - ¿Cómo te llamas? – pregunta amigable.

-Bonnie