Hola! Aquí estoy de nuevo con un nuevo capi! Miles y millones de gracias por vuestros reviews a lunni, kturra89, UshieVictoria & Andie Salvatore-Booth!
Bueno, espero que os guste este capitulo tanto como me gusta a mí! Y no os olvideis de mis reviews esos qe me hacen tan feliz, me motivan tanto y hacen que suba los capis muy prontito para teneros contentos! jajaja
Un beso enoooooooorme!
Rebekah
Por fin hemos terminado todo el paripé de las presentaciones y mañana empezaremos las clases. Les he dicho a todas esas chicas que iba al baño. Pero lo que quiero es estar sola. Me pongo mis gafas de sol, me hago una coleta, y me dirijo a la cafetería de la academia.
Ya se han ido todos los alumnos y los profesores están preparando las clases para mañana así que en la cafetería no hay nadie. Me siento en la terraza, quiero que me dé un poco el sol. Miro a mi alrededor y no me lo puedo creer. Después de pasarme años admirando esta academia por fin estoy aquí. Pero en cuanto me pongo a meditar no puedo evitar pensar que si estoy aquí es por ser quién soy. ¿De verdad si hubiera hecho la audición con otro nombre me hubieran cogido? ¿Valgo de verdad para esto? Nunca lo sabré. Está claro que cuando llegué a la audición no dije en ningún momento quien era mi padre pero desgraciadamente todo el mundo conoce a la hija del alcalde. Suspiro. Odio a todas esas chicas que me hacen la pelota y admiran mis prendas de vestir. ¿Nadie puede valorarme por lo que soy y no por quién soy?
Cuando me doy cuenta de que nadie viene a tomar nota me levanto y entro en la cafetería para dirigirme a la barra. No hay nadie. Espero unos segundos.
-¿Hola? – pregunto dulcemente en espera de una respuesta. Pero no se oye nada. - ¿Hay alguien? – repito. Y oigo unos pasos que vienen del almacén y parece que corren. Me giro para mirar hacia mi mesa y vigilar mis cosas, no quiero que me roben. Y me vuelvo hacia la barra de nuevo en cuanto noto una presencia y sé que el camarero ya está ahí.
-Perdona. – dice una voz masculina. Y entonces lo veo. Es él. Pero ¿qué hace él aquí?
-Matt. – soy capaz de decir.
-Anda, Rebekah. Hola. – me dice. Y yo soy incapaz de decir nada más. Sólo le miro. Ese chico rubio con el que me siento tan incómoda. - ¿Quieres algo? – dice brusco, como me mira desde hace unos años.
-Matt… - repito, ahora más dulce.
-¿Qué quieres, Rebekah? – su mirada es dura y tiene la mandíbula encajada con fuerza. Conozco esa expresión. Está molesto, incómodo.
-Una coca-cola. – respondo al final. Y él sin decir nada saca la coca-cola, un vaso y me la da. – Gracias. – le sonrío. Le regalo la mejor de mis sonrisas, pero no funciona. Él se limita a seguir con la misma cara. Así que me rindo, doy media vuelta y dispongo a salir a la terraza.
-Rebekah – dice de repente cuando estoy a medio camino y yo me doy la vuelta para mirarle – me alegro de que estés consiguiendo tu sueño. – Me pilla por sorpresa. Asiento con la cabeza y aunque quiero quedarme ahí a su lado sé que no puedo. Me doy media vuelta y me voy a sentarme en mi mesa. Por un momento creo que estoy paralizada. Llevaba tiempo viéndolo por la ciudad pero hablar con él… después de tanto tiempo. Creo que recuerdo la última vez que hablé con él.
Flashback
Teníamos siete años. El padre de Matt y mi padre tenían unos negocios juntos y siempre venían a casa y yo jugaba con Matt porque Klaus y Kol no me dejaban jugar con ellos.
Estábamos en mi jardín, nadando en la piscina. Hacía mucho calor y yo llevaba un bañador amarillo con florecitas. Estábamos tumbados en una colchoneta hinchable enorme que había en medio de la piscina.
-¿Sabes en la escuela que estudió mi tía? – le pregunté y me miró desconcertado. – Mi tía, la que es bailarina, como yo. Estudió en una escuela muy buena que se llama ARC o cosa así. – le dije con inocencia. – Yo voy a estudiar ahí también. Y voy a ser una gran bailarina. ¿Lo sabes, Matt?
-Tú ya eres una gran bailarina. – me decía ese chiquillo rubio mirándome a los ojos.
-No es verdad. – le aseguré yo – Papá dice que todavía tengo mucho que aprender.
-Pues yo creo que eres la mejor bailarina del mundo. – sonrió con mucha fuerza. Esa preciosa sonrisa. – Y la más guapa. – al decir eso se sonrojó. Y yo también, aunque luego me lo miré de reojo bromeando.
-Eres un pelota. – le acusé. Y empezamos a reírnos.
-¿Cuándo vayas a esa escuela dejarás de jugar conmigo? – me preguntó al cabo de un buen rato. Y yo, escandalizada por esa pregunta, me reincorporé un poco en la colchoneta con cuidado de no caerme y le miré enfadada.
-¿¡Eres tonto!? Nunca voy a dejar de quedar contigo. Vamos a estar siempre juntos. ¿Y sabes por qué? Porque los novios están juntos siempre y tú me dijiste que si que querías ser mi novio así que ahora ya no te puedes echar atrás. – En su cara pude ver perplejidad.
-Ya… - empezó al fin – pero dicen que los novias cuando son mayores ya no quieren jugar.
-¿Quién dice eso?
-Se lo oí a un chico mayor. – contestó con culpabilidad.
-Pues eres tonto. No tienes que creerte a los chicos mayores. – me empecé a reír a carcajada limpia y luego bromeando le empujé y le tiré al agua.
-¿Qué haces? – chilló del susto pero no sin dejar de reírse. Y yo me reía aun más. Me sentía traviesa. Me pilló por sorpresa cuando él también se acercó y me tiró al agua y ahora era él el que más reía mientras yo me colocaba mi larga melena rubia. Y me empezó a salpicar con el agua y yo hice lo mismo. Tras un rato de jugar nos cansamos y acabamos dándonos un abrazo.
-Nunca más vuelvas a pensar que ya no voy a querer jugar contigo. – le susurré al oído.
-Eres la mejor del mundo, Rebekah. – Se limitó a contestar él. Y entonces apareció su padre por la puerta.
-Matt, nos vamos. Ya. – El padre de Matt imponía mucho respeto así que salió del agua inmediatamente y mientras cogía sus cosas envuelto en una toalla y se alejaba hacia el aparcamiento me tiró un beso, como siempre hacía, y yo lo cogí y hice como que me lo pegaba en la mejilla. Nos sonreímos y se marchó.
Me resultaba raro que el padre de Matt hubiera querido irse tan deprisa así que me sequé y entré en casa para preguntarle a mi padre. Y cuando fui a entrar en su despacho lo oí hablando con mi madre.
-Esther, no puedo hacer nada. Se acabó mi trato con Donovan. Lo ha perdido todo y como siga mi trato voy a perderlo todo yo también.
-Pero Michael, tienes que ser más comprensivo. Su mujer se ha dado a la bebida y al juego. Lo está pasando mal. Y el pobre Matt…
-No es mi culpa. Y encima de que me ha hecho perder mucho dinero viene aquí pidiendo ayuda. Si le ayudo acabaré como él. Así que no, se acabó. Los Donovan han desaparecido para nosotros, como si estuvieran muertos.
No entendí mucho de aquella conversación. Sólo el final, y en escuchar eso entré instintivamente por la puerta y me quedé mirando a mi padre a los ojos. En realidad no quería que me viera ahí. Mi pelo largo y rubio aun goteaba y le estaba mojando esa alfombra que no me deja pisar con zapatos. Pero me daba igual, estaba realmente preocupada por mi Matt.
-¿Qué pasa con Matt? – pregunté valiente.
-No volverás a ver a Matt, cariño. – dijo mi padre con voz dulce.
-Pero yo le he prometido… - empecé pero no me dejó terminar de hablar.
-No importa lo que le hayas prometido. Ese chico está destinado al fracaso y tú no volverás a verle.
-Michael – intervino mi madre – sólo tienen siete años.
-Me da igual. No volverá a verle.
Años más tarde lo entendí todo y odié a mi padre en secreto por separarme de él.
