Y aquí tenéis el segundo capítulo de hoy! Revieeeeeeeeeeeeews! Muack!
Katherine
Soy la primera en llegar a mi habitación en la residencia. Tiene tres camas individuales y es enorme. Tiene forma rectangular y la puerta está en uno de los costados más largos justo en medio. A un lado hay una cama, a otro lado otra y en medio la última. Decido quedarme con la de la derecha. No por nada en especial, pero me gusta. Empiezo a sacar mi ropa y a guardarla en una cómoda. Y mientras voy pensando en mis últimos dos días.
FLASHBACK
El domingo desperté en la cama de Damon y él no estaba ahí. Cogí mis cosas y bajé al comedor, donde estaba Stefan que me miró con cara de asco. Y eso dolió.
-Hola. – dije casi en un susurro.
-Hola. – contestó él con tono despectivo. – Si buscas a Damon no está, está trabajando.
No le culpaba por ser tan hostil conmigo. Ayer noche me insinué a él cuando ya estaba tonteando con su hermano desde hacía un buen rato. ¿Cómo había acabado en brazos de Damon? Al principio creo que solo pretendía hacerme ver para llamar la atención de Stefan pero… El alcohol, lo cautivador que puede llegar a ser Damon… me sentía mal.
-Stefan, siento muchísimo lo de ayer noche. Yo… me porté como una…
-Como una fresca. – concluye él.
-Stefan, vamos a ser compañeros en la ART. Me gustaría llevarme bien contigo y olvidar lo de ayer noche.
Se quedó pensando durante unos segundos hasta que al fin me miró a la cara por primera vez desde que había bajado por las escaleras.
-Está bien. ¿Quieres mi perdón? Lo tienes. Y podríamos llevarnos bien, supongo. Pero no te vuelvas a insinuar, Katherine. Yo no soy Damon.
-Lo sé. Sé que sois muy diferentes y gracias. Sigue en pie mi propuesta de ayudarte a prepararlo todo. – le dije finalmente con una sonrisa.
-Ya lo tengo todo, no te preocupes. – me sonrió y yo me sentí aliviada por su sonrisa.
-Bien, pues nos vemos mañana.
-Nos vemos mañana.
Y me fui a casa.
De vuelta al presente he terminado de guardar mi ropa y ahora estoy poniéndole las sábanas a la cama y poniendo algunos marcos y otros objetos personales en mi escritorio. Sonrío, y me muero de ganas por saber quién van a ser mis compañeras de habitación. Tengo entendido que suelen poner una de cada especialización. Una de baile, otra de teatro y otra de música.
De pronto se abre la puerta y yo me exalto pero entra un hombre de negro con unas maletas preguntando: "¿Dónde le va bien, señorita Mikaelson?"
-Basta, dame las maletas. Yo puedo sola. No tengo diez años. – entra quejándose Rebekah. Y al verla sonrío con todas mis fuerzas. Al menos la conozco. - ¡Katherine! – se sorprende al verme y me da un abrazo. - ¿¡No me digas que somos compañeras de habitación!?
-Eso parece. – contesto con la misma euforia que ella.
-¡Qué bien! – dice casi gritando y se gira y le dice al hombre de negro. – Puede irse, dígale a mi padre que me ha guardado toda la ropa y me lo ha preparado todo. – saca un billete de su bolsillo y le dice: - Toma. – y el hombre le sonríe y sale por la puerta. – Por fin se ha ido, lleva persiguiéndome con las maletas desde la cafetería de la academia. – se ríe y empieza a deshacer sus maletas en la cama del lado izquierdo.
-Qué fuerte… - es lo único que soy capaz de decir. Voy a convivir con Rebekah. Me acuerdo que de pequeñas, en el colegio, éramos muy amigas.
-Dice mi padre que muchas de las alumnas habían pedido que me pusieran en la habitación con ellas y que me puso con dos que no pidieron nada. – ríe. - ¿Quién será la tercera?
-Ni idea. – le digo y veo como abre la ventana que hay al lado de su cama y saca un paquete de tabaco y un mechero.
-¿Quieres? – pregunta.
-No fumo habitualmente. – le respondo. – pero me apetece.
-Yo tampoco fumo habitualmente, - me responde – pero tampoco empieza una en la universidad habitualmente. – reímos y en ese momento sé que va a ser un gran año.
-¿Qué es de tu vida, Rebekah? Debe ser agotador tener a esas chicas detrás todo el día. – bromeo mientras enciendo mi cigarro y me asomo por la ventana para que el humo salga. Ella pone los ojos en blanco.
-¿Sinceramente? Odio ser popular. A veces me gustaría ser normal.
-Ya lo eras antes de que tu padre fuera alcalde, siempre has tenido ese don de tener la gente detrás de ti.
-No es ningún don, créeme. – ríe. – Pero sí, desde que mi padre es alcalde la cosa ha ido a más.
-Tienes al chico que quieras.
-No me gustan ninguno de los prepotentes que hacen apuestas para ver quién se va a la cama conmigo. Pero si he de decir que hay alguno que está muy bueno. – reímos las dos.
Y en ese momento se abre la puerta y una chica de piel morena entra tímidamente y nos mira.
-Aquí tenemos a nuestra compañera de habitación. – sonríe Rebekah.
-Hola.- dice la chica sonriendo. – Mi nombre es Bonnie.
-Yo soy Katherine. – digo sonriendo.
-Y yo Rebekah. – le dice mi amiga rubia.
-Encantada. – sonríe, aunque parece que ya sabía el nombre de Rebekah. ¿Y quién no? – Esto… ¿se puede fumar en las habitaciones? – pregunta divertida.
-No, - contesta Rebekah con su usual sonrisa – pero es un secreto. – Y le guiña un ojo. Bonnie se ríe tímidamente y se pone a deshacer sus maletas mientras habla con nosotras.
