Hola! Como estáis? Pues ya estoy aquí de nuevo para un capítulo más para vosotros! Muchas gracias por sus reviews a Ushie-Victoria & thequeenofhearts27 !

Espero que os guste este emocionantísimo capítulo! Dejad reviews por favor que así me motivo en estos días duros en los que tengo miiiiiiiiiiiiiiles de examenes!

Otra cosa, ayer subí dos capítulos (el 13 y el 14) lo digo porqe el 14 tuvo muchas mas visitas que el 13 y quizás alguien se despistó y no se dio cuenta y como no se seguían el uno al otro no se enteraron! Os aviso porque si no habéis leído el 13 este no lo entendereis! Bueno, ya dejo de enrollarme! Un beso enorme a todos esos que leen mis palabras! Gracias!


Elena

El martes por la mañana me despierto más nerviosa que el lunes. Hoy empezamos las clases de verdad. Encima he dormido mal, he vuelto a soñar con ojos azules y algo me atormentaba. Me miro al espejo, no sé que ponerme. Al final me decido por unos pantalones cortos verdes, una camiseta blanca y una chaqueta de punto de color negro. También espero que el humor de Caroline haya mejorado. Ayer noche le contó a Kol lo que había pasado con Klaus y nuestro compañero de piso le dijo que su hermano era algo impredecible y complicado con las chicas, que tuviera paciencia y que si él quería algo iría detrás de ella. Que no se arrastrara. Me sorprendió la manera en la que Kol la entendió. Estoy segura que detrás de ese aire de macarra rapero se esconde un gran corazón y además es encantador.

-Buenos días. – sonríe Caroline mientras se toma un café. Sí, está radiante. Esta es mi Caroline. Además se ha puesto un vestido azul algo escotado y se ha recogido el pelo, está preciosa.

-Buenos días, Care. – le sonrío. Y me sorprende cuando se abre la puerta de la habitación de Kol y sale él sin camiseta, solo con unos pantalones de baloncesto mientras bosteza y estira los brazos.

-Mm… - dice.

-Qué buenas vistas de buena mañana. – bromea Caroline. La verdad es que tiene unos abdominales perfectos. Kol hace una mueca y mira a Caroline con el ceño fruncido.

-¿Me quejo yo cuando te paseas tú en albornoz, rubia? – ambos ríen.

-Era una broma. Nosotras encantadas. – dice ella. - ¿Verdad, Elena?

Y yo me río. Son como dos críos. Pero son los mejores compañeros de piso del mundo.

-¿Qué haces despierto tan pronto, Kol? – le pregunto.

-Voy a buscarme un trabajo. Ya he hecho demasiado el vago. – se ríe.

-Muy bien. – le contesto y algo que ayer se me olvidó me viene a la cabeza. – Por cierto, ¿cuándo pensabas decirnos que tu padre es el alcalde? – le acuso y el baja la mirada.

-Dudo mucho que aun me considere su hijo, sinceramente. – dice algo entristecido y Caroline me mira, creo que he metido la pata.

-Intenta arreglar las cosas con él. – aconseja Caroline con su voz dulce.

-No sé… Yo… Somos muy diferentes.

-Kol, créeme, parece una tontería pero… Aprovecha que tienes padre. Ojalá tuviera yo al mío.

En ese momento la conversación termina.

Estoy muy emocionada durante las clases, las teóricas me apasiona funden en un mundo extraño para mí, intento sacar doble significado a todo lo que explican los profesores. Pongo tanta atención que me olvido de todo lo demás.

Al final del día tenemos Prácticas en escena, me suena muy emocionante esa asignatura y la verdad es que nos lo pasamos muy bien. Despues de una breve explicación en el teatro que es una sala enorme y magnífica, hacemos grupos de tres y improvisamos. Yo voy con dos chicas, se llaman April y Katherine. April es muy simpática y se le ve muy buena chica pero de Katherine no me acabo de fiar, no me gusta y no sé porqué.

Cuando terminan las clases me encuentro con Stefan y nos dirigimos hacia su coche. Me lleva a un bar muy bonito y acogedor "Como en casa" se llama. Muy acertado, pienso. Durante la comida hablamos amigablemente de nuestro primer día de clase. Yo me siento rara ahí sentada con un chico al que casi no conozco y que por lo que me ha dicho Caroline le gusto. Ojalá pudiera ser una persona normal, una chica cualquiera, una chica que sale con chicos, y se enamora… Pero yo no soy así, y Stefan no lo sabe. Me siento mal.

-¿Echas de menos a tu familia? – me pregunta sacándome de mis pensamientos.

-Mi familia… Bueno, tengo poca familia. – lo miro y veo que pone cara de arrepentirse de la pregunta que me ha hecho – Mis padres murieron hace tres años. – su cara termina de deformarse y yo siento la punzada de dolor habitual cuando pronuncio esas palabras. Pero de cada día duele menos. – Vivo con mi hermano Jeremy y mi tío Alaric. Alaric es joven y de repente tuvo que cuidarnos a nosotros, pero se ha portado genial. – sonrío tímidamente. Echo de menos a mi tío.

-Vaya… - dice por fin. – Lo siento. Yo no sabía… - empieza. Y le interrumpo.

-No te preocupes. Ya estoy acostumbrada a hablar de este tema. – al oír mis palabras pone cara de alivio. Entonces intuyo que debería preguntarle yo sobre su familia. - ¿Y tú? ¿Tu familia está en Italia? – sonrío.

-Familia… - dice. – Extraña palabra para mí. – sonríe irónicamente. – Tambien he vivido una situación familiar difícil. – se queda callado unos segundos mientras a mi me corroe la intriga. – Mi hermano Damon tiene tres años más que yo y cuando teníamos siete y diez años nuestros padres se divorciaron. Damon y mi madre nunca habían tenido ningún problema pero de repente él empezó a distanciarse de ella. Damon se pasaba el día encima de mi padre y cuando se separaron yo decidí quedarme con mi madre y por mucho que intentamos que Damon se viniera con nosotros quería quedarse con mi padre. Y lo hizo. – se para unos segundos y echa la cabeza hacia abajo, mirando su plato. Le duele recordar eso. – Para mí fue muy duro separarme de mi hermano, estábamos muy unidos pero… desde ahí nunca hemos vuelto a tener la misma relación. Viví feliz con mi madre y un par de veces al mes veía a mi hermano y a mi padre. Mi padre me trataba bien, como siempre. Pero Damon cambió sin saber porqué. Se volvió frío, distante, prepotente, enigmático, reservado… Y todo eso aumentó el hace un par de años, cuando mi padre murió. Damon ya se había independizado y nunca venía a vernos. Ni a mí ni a mi madre, y mi madre se entristecía con el paso del tiempo. – hace otra pausa. – Hace unos meses Damon llamó para decirnos que venía a España porque quería ampliar la empresa de mi padre y yo siempre había querido estudiar aquí así que le propuse venir con él. Mi madre estaba encantada, ella vive con su segundo marido y son muy felices. – se calla durante unos segundos como si estuviera intentando recordar cosa. - El día que salía nuestro avión mi madre me dijo: "Ves ahí, descubre que esconde tu hermano, que le pasó, y recupéralo." – y con eso finaliza. Y se queda absorto en su plato.

-Lo siento… - le digo igual que me había dicho él a mí. - ¿Y cómo van las cosas con tu hermano?

-Bueno… No lo sé, no le entiendo, Elena. - me dice realmente apenado. Y yo me quedo pensando, me da lástima. Él quiere a su hermano.

-¿Cómo era antes de cambiar? – pregunto por curiosidad.

-Era un niño excelente. Era dulce, amable, siempre ayudaba a todo el mundo: a los ancianos por la calle, a los niños más pequeños cuando se caían… Era inteligente, estudioso, responsable, divertido, simpático… Era un ejemplo a seguir.

-Dale tiempo. – sólo se decir eso. Me imagino estar en su situación. Estar así con Jeremy, me costaría muchísimo. – Espero que consigas lo que te pidió tu madre. – sonrío amable.

Cuando terminamos de comer decidimos que es pronto para ir a la biblioteca y Stefan me invita a su casa para tomar un café. Y me asusto al pensar en la idea de que pueda estar su hermano, me sentiría incómoda entre ellos dos pero a la vez tengo curiosidad por ver a ese hombre. Es una casa bonita. Y no parece que haya nadie más que nosotros pero hay un piso de arriba, tal vez está… No pienses en eso, Elena. Me riñe una voz en mi cabeza. Estás aquí con un chico guapísimo en su casa y sólo estás pensando en su hermano que no sabes ni qué cara tiene. Sigue la voz.

-¿Cuántas quieres de azúcar? – la voz de Stefan me despierta de mis pensamientos.

-Dos. – contesto sonriendo.

Sirve los dos cafés y nos sentamos en el sofá. Doy un sorbo, está muy bueno.

-Se te da bien hacer cafés. – le digo sonriendo.

-En Italia trabajaba en un Starbucks. – se ríe. Y yo le imito. Nos quedamos en silencio. Y aunque estoy mirando mi taza fijamente sé que tengo sus ojos clavados en mí. Care tiene razón: le gusto. Mierda. Y yo me he metido en la boca del lobo. No sé que hacer. En ese momento sólo quiero irme corriendo, ¿y si intenta besarme?. Es guapo, y simpático y… y está bueno pero… pero yo no quiero. Quizás podría intentarlo pero no ahora, con el tiempo… Y en ese momento levanto los ojos y veo que se ha acercado y me mira fijamente.

-Elena, - empieza. "Mierda" pienso yo. – Hace muy poco que nos conocemos pero creo que hemos conectado muy bien y que podríamos conocernos más… Y… Elena, no sé como… Nunca me había pasado esto pero… Me gustas. – Y se lanza a mis labios. Me besa. Noto sus bonitos labios encima de los míos y me siento abrumada. No los quiero ahí. ¿No podemos ser solo amigos? Me estoy agobiando y lo sé. He de salir de aquí. Aparto la cabeza hacia atrás, y veo como me mira. Me siento mal. Me levanto, dejo la taza en la mesita del comedor y le miro.

-Stefan, yo no… Lo siento… - me paso la mano por el pelo, nerviosa - Joder, Stefan…

-¿Qué pasa, Elena? – dice dolido. Muy dolido, lo veo en sus ojos. Y es por mi culpa.

-Yo… - paro de hablar porque oigo unos pasos detrás de mí y me giro.

Hay una silueta ahí parada, con los brazos cruzados. Una silueta de pantalones negros y camisa azul cielo con una corbata deshecha. El mundo se para en ese segundo y yo soy incapaz de pensar, mi cabeza se ha colapsado y sólo soy consciente de una cosa. Soy consciente de que unos ojos azules han dicho: "Hermanito, creo que a ella no le gustas de esta manera."