Hola! Como estáis!? Aquí un nuevo capítulo para vosotros! Miles y millones de gracias para thequeenofhearts, Ushie-Victoria & ! Suerte a todos esos y todas esas que estáis de exámenes! Y nada, espero que os guste y que sigáis dejando reviews!

Un beso enoooooooooooooooooooooooooooooooooorme y gracias por leeeeeer! :D


Damon

Estoy en mi estudio trabajando en mi nuevo proyecto. Va a ser muy especial y estoy muy emocionado. Dirigir una compañía de teatro y musicales me encanta y le agradezco a mi padre que me dejara su empresa además de todo ese dinero que solo yo sé que existe. Y sé que estaría muy contento de mi acuerdo con la ART. Esa academia busca los mejores artistas del país y yo los tendré a mi disposición para todos mis proyectos.

De repente oigo voces abajo. ¿Stefan se ha traído a una chica? No me lo puedo creer. Sonrío algo malvado. Parece que empieza a espabilar. Decido asomarme por el hueco de las escaleras para ver si puedo escuchar algo. Escucho a la chica hablar y su voz me resulta familiar. La he oído antes pero no sé donde… es una voz dulce. Y entonces caigo en la cuenta. Es ella. No puede ser. ¿Por qué Stefan? Hay miles de chicas en la ART, no puedes traerla a ella a casa… Es horrible así que decido asomarme más para mirar y asegurarme de que es ella. Y ahí está. Sentada en el sofá con su taza de café en las manos. Y entonces veo claro lo que va a hacer mi hermano una milésima de segundo más tarde. Se le ha declarado y la ha besado. No me lo puedo creer y algo me sorprende en mi pecho… ¿dolor? Imposible. Ella se aparta enseguida, parece disgustada, nerviosa, atacada, perdida. No sabe qué hacer. Hermanito, la has cagado. Siento alivio. Si a ella también le gustara él la tendría por casa a menudo y eso no puede ser. Ella empieza a disculparse y se levanta muy nerviosa. Mi hermano pone cara de dolor. Me sabe mal por él, pero esta no es la chica. Y entonces veo en los ojos de ella que está muy perdida y decido intervenir.

-Yo… - empieza ella y se para al oír mis pasos y se gira hacia mí. Me está mirando muy fijamente y yo a ella. Es la segunda vez que nuestras miradas se cruzan. Pero no es la segunda vez que yo la miro a ella. Esa chica es muy especial. Y aunque me siento intimidado saco fuerzas de algún sitio y le planto cara a la situación.

-Hermanito, creo que a ella no le gustas de esta manera. – digo con la mirada de los dos puesta en mí. – Siento entrometerme pero me da la sensación de que esto no iba a acabar bien.

-Damon, ¿qué haces aquí? – dice Stefan con desprecio. – Vete. Esto no es asunto tuyo.

-Sí lo es si pasa en mi casa.

-Yo… Yo me voy. – dice ella nerviosa y recogiendo sus cosas. – Stefan, lo siento. Nos vemos en la academia. – y se dirige hacia la puerta, la abre y antes de desaparecer por ella me dirige a mí una mirada extraña. Me regaño a mí mismo, se suponía que ella no debía conocerme.

-¿Qué hacías? – le pregunto a Stefan enfadado. Y parece no entender mi pregunta.

-¿No puedo traer una chica?

-Ella no es una chica. – le digo nervioso. ¿Es tonto o qué le pasa?

-¿Qué dices? Claro que es una chica.

-No es una chica cualquiera, Stef. – le aclaro. Sí, es tonto. Está claro que no es un chico, eso salta a la vista.

-¿Elena? ¿Por qué no? ¿De qué la conoces?

-Eso da igual, Stefan.

- A mi no me da igual.

-Stefan, no le cuentes nada de esto a ella.

-Dime que tiene de especial. – exige. Y me acerco a él.

-Stefan, no quería llegar a este punto pero… no me dejas elección. Si no tienes la boca callada olvídate de seguir en Madrid o en la ART. Y ahora me voy, tengo una reunión.

Le dejo ahí plantado mientras me abrocho la corbata y salgo por la puerta. Casi voy a llegar tarde por su culpa, pero sé que no dirá nada. Me pongo mis gafas de sol y me dirijo a mi Audi cuando oigo unos sollozos a mi izquierda. Me giro y la veo sentada en un portal. No he de decirle nada, intento convencerme. Pero se me parte el alma al verla así. Está llorando ahí sentada abrazada a sus rodillas. Me acerco despacio.

-¿Estás bien? – pregunto casi en un susurro y ella levanta la cabeza y me mira con los ojos llenos de lágrimas y las mejillas coloradas. Niega con la cabeza. - ¿Quieres que te lleve a alguna parte? – le pregunto aunque mis pensamientos digan que he de alejarme de ahí. No me contesta, se limita a bajar la mirada. – Vamos, - le digo tendiéndole una mano – levanta de ahí. Voy a llevarte a casa.

Y ella me mira, insegura pero al final accede y coge mi mano. Yo me sobresalto por el tacto de su piel y me pongo a caminar hacia el coche, consciente de que me sigue. No tendría que estar haciendo esto, y lo sé, pero no puedo permitirme dejarla tirada en la calle llorando. La miro de reojo, se está secando las lágrimas y está avergonzada. Yo me planteo la posibilidad de irme corriendo y dejarla ahí. ¿Qué podría pasar? ¿Me odiaría? Es lo mejor que podría hacer: Odiarme. Pero decido darme un capricho y descarto lo de irme corriendo.

-Vas a tener que decirme dónde vives. – le digo cuando estamos llegando al coche. Y ella me lo dice casi en un susurro. Aunque yo asiento. No quiere hablar.

Entramos en el coche y una vez ahí dentro, antes de arrancar, no puedo evitarlo, está tan cerca…

-¿Por qué lloras, Elena? – y nuestras miradas se vuelven a cruzar.

-Porque me gustaría ser normal. – su respuesta me deja tonto. No lo entiendo. - ¿Y tú? ¿Por qué te estás portando tan bien conmigo? Sé que normalmente no eres así. – dice con un valor notable.

-No lo sé, pero si lo prefieres te dejo tirada en la calle. – le digo algo molesto. Mi hermano ya ha tenido que hablar de mí, es un idiota.

-No. – se limita a contestar.

-Bien. – digo arrancando el coche. – Pues vamos.

Todo el camino estamos en silencio y cuando llegamos a su calle me paro en seco y la miro sin decir nada.

-Gracias. – susurra mientras abre la puerta.

-No hay de qué.

-Siento las molestias, Damon. – Me siento raro cuando pronuncia mi nombre. – Hasta otra. – se despide. ¿Hasta otra? Espero que no, la verdad. Me estoy metiendo en líos.

-Adiós, Elena. – y cierra la puerta del coche y yo acelero. Vaya mierda. Encima llego tarde.

Llego al bar donde tengo la reunión y sé que él ya me está esperando porque veo una silueta de pelo rubio sentado en la mesa de siempre.

-Una copa de vino. – le digo a la camarera mientras voy hacia mi mesa y me siento enfrente de él.

-Llegas tarde, Damon. – me dice

-Ya estoy aquí, Klaus. – me río.

-No es bonito llegar tarde a una reunión. - se queja.

-Si fuera una reunión de verdad lo entendería. – nos reímos los dos con mi comentario. Y acto seguido nos tiramos lo que queda de tarde bebiendo vino y hablando. Me encantan las "reuniones" con mi viejo amigo Klaus.