Hola! Miles de gracias a lunni, Ushie-Victoria, & An Cute! Sois geniales!
Aquí os dejo un capítulo que para mí es muy especial. Me ha encantado escribirlo y quiero dedicarselo a mi fiel seguidora Ushie-Victoria porque se que ama a Kol y creo que le va a gustar bastante! Y para agradecerle su constancia en sus reviews y sus opiniones! A los demás! Espero que os guste y que tengais muchísima suerte con vuestros examenes! Yo volveré lo más pronto que pueda con otro capi! Lo prometo! Un beso enoooooooooooooooooorme! Y gracias por leerme!
Kol
-Así que… ¿vas a clase con mi hermana? – le pregunto a esa chica para mí desconocida que está sentada a mi lado en mi sofá. Y ella me mira tímida y asiente con la cabeza. – Qué bien. – le sonrío. – Dile que la echo de menos. – sonrío aun más al acordarme de mi pequeña hermanita. Y ella me imita.
-No os parecéis nada. – dice examinándome unos segundos más tarde.
-¿No? Mucha gente nos dice que sí.
-Yo creo que no.
-¿Por qué crees eso? – me apetece sacarle conversación.
-Sois muy diferentes. Ella es… ella llama la atención y nunca pasa desapercibida. Es deslumbrante y se le da bien ser popular. Sabe tener a la gente a sus pies, sabe vivir de una manera… ¿elevada? – yo escucho sus palabras y intento entenderla y ella se intimida.- Lo siento, soy muy mala explicándome. – ríe y se sonroja. Está preciosa cuando se sonroja. – Ella es… - vuelve a intentarlo. Pero se queda en el intento. Decido recurrir a una broma.
-Ella es guapa. – concluyo. – Y yo soy feísimo. – digo en broma y abriendo mucho los ojos. Ella rompe a reír y niega con la cabeza.
-¡No! ¡No es eso! – sigue riéndose.
-Entonces, ¿yo también soy guapo? – le pregunto entre carcajada y carcajada y puedo ver como su piel morena va tiñéndose de rojizo. Y sonrío. Es adorable.
-Bueno… - dice ella bromeando y mirándome de lado. Yo sonrío, me ha sorprendido.
-Pues es una lástima. – finjo tristeza siguiendo su broma.
-¿Es una lástima el qué? – pregunta vacilante.
-Es una lástima que no te parezca guapo. Porque tú a mí sí me lo pareces. Y no poco. – le sonrío. Y ella se queda mirándome perpleja hasta que se acerca a mí y me empuja el brazo.
-¡Deja de reírte de mí! – y los dos empezamos a reírnos de nuevo. Y yo la miro sonreír. ¿Porqué la miras tanto, Kol? Es una chica muy bonita. Su pelo negro yace sobre sus bonitos y delicados hombros destapados porque lleva una camiseta de tirantes. Sus ojos grandes y oscuros miran con timidez y su sincera y amplia sonrisa causa tranquilidad. -¿Por qué me miras así? – pregunta de repente sacándome de mis pensamientos. Y decido continuar con las bromas.
-Es que tienes un bicho en el pelo. – le digo poniendo cara de preocupado. Y ella se alarma. – Espera. Quieta. – Le ordeno. – No te muevas que yo te lo quito. – Me levanto y me inclino sobre su cabeza y hago como si estuviera mirando algo en su cabeza. – Creo…
-¿Qué crees? – está nerviosa y yo sonrío.
-Creo que es una araña. – digo para terminar de asustarla. Y ella pega un chillido, se levanta de un salto golpeándome con su cabeza en mi barbilla y yo del impacto me caigo en el sofá y ella del susto también pero encima de mí.
-¡Dios! ¿¡Estás bien!? – grita enseguida. Y yo me acaricio la barbilla. No puedo parar de mirar esos ojos. Están a escasos centímetros de mí y noto parte de su cuerpo sobre el mío. ¿Debe haberse dado cuenta?
-Creo que sí. – digo moviendo la mandíbula de un lado a otro. – Pero no me chilles en la oreja que estás muy cerca y vas a dejarme sordo.
-Perdón. – dice. – Es que no estoy acostumbrada a estar tan cerca de la gente. – sonríe tímidamente y veo que va a apartarse y antes de que pueda hacerlo la cojo de los dos lados de la cara para que se esté quieta. Y luego, con una mano, le coloco el pelo.
-Era una broma. – digo sonriendo y puedo verla mirándome atónita.
-Me lo imaginaba. – se sonroja y mira hacia abajo apartando su mirada de la mía. Y yo me siento frustrado. Esa chica es demasiado inocente, demasiado dulce y eso me encanta. Unos segundos de silencio más tarde levanta la vista y empieza a reincorporarse. – Lo siento. – dice en un susurro. Y yo no lo comprendo. ¿Qué siente? ¿Ser tan adorable?
-¿Qué sientes, Bonnie?
-Haberme caído encima de ti.
-Siento yo haberte asustado. – digo sonriéndole dulcemente. Aunque sé que jamás seré tan dulce como ella.
-¿Tardan mucho, no? – pregunta de repente tras unos segundos. Y me doy cuenta de que se siente incómoda. Me he acercado mucho. La he cagado. Me pongo nervioso y me entran ganas de fumarme un cigarro.
-Tenían asuntos pendientes. – digo sonriendo. – Oye, Bonnie, voy a fumarme un cigarro y Elena y Caroline no me dejan fumar aquí dentro así que si quieres entrar en mi habitación mientras estoy en el balcón… Así no te quedas sola. – intento ser lo más dulce posible. Principalmente porque es imposible ser brusco con ella. Es una de esas personas que parece que si le gritas se puede romper.
-Ah… - dice en un susurro y con cara de decepción. - ¿Fumas? – intenta esconder su descontento. Sé que eso no le ha gustado, mierda. Mi cabeza empieza a frustrarse demasiado. Necesito que me dé el aire… y el humo. No paro de cagarla y se ve que mi preocupación se refleja en mi cara porque de repente se levanta con firmeza y me mira. – Claro. Te acompaño. – dice sonriendo creo que forzadamente.
Cuando entramos a mi habitación doy las gracias de que esté algo recogida pero ella se queda mirando las fotos que hay colgadas en la pared. En especial una mía y de Rebekah. Sonríe y yo la miro mientras me enciendo el cigarro en el balcón. Luego mira una mía en un concierto que hice hace dos meses.
-¿Cantas? – se sorprende.
-Sí, pero no creo que te haga gracia. – sonrío – Canto rap.
Ella se encoje de hombros y se me queda mirando.
-No me desagrada el rap. – sonríe. – Según cuales. – añade sonriendo aun más. A mí me sorprende. No tiene cara de escuchar rap, pero me alegra saberlo.
-¿Cuánto hace que fumas? – me pregunta de repente.
-Demasiado. – contesto yo con la mirada baja.
-¿Y sólo fumas tabaco o…? – pregunta inocente. A mí me hace gracia y una vez más me parece adorable.
-¿Hierba? ¿Marihuana? – le pregunto. Ella asiente. – No. Muy pocas veces. En ocasiones muy concretas y no mucho. Ahora que lo dices debe hacer unos seis meses de la última vez.
-¿En qué ocasiones? – es muy curiosa. Y ahora es ella la que me intimida a mí pero me hace gracia.
-Es… estimulante, digamos. - me mira con cara rara. – ¡No me mires así! – le recrimino bromeando. - ¡Hay expertos que incluso lo recomiendan de vez en cuando!
-¿Pero eso no te deja como atontado? – me pregunta con su voz dulce e inocente.
-Eso te deja como tú quieres que te deje. – le sonrío. – No comparto lo que hace la gente que fuma a diario para evadirse del mundo y de los problemas. Creo que no es algo que deba hacerse habitualmente. Pero hay veces que te estimula y te hace ver cosas que no verías. – me mira extraña. – No me refiero a alucinaciones, ni mucho menos. Ves lo mismo que ahora pero… de otra manera.
-¿En qué ocasiones estimula? ¿Para componer canciones?
-Por ejemplo. O… - la miro algo intimidado – con el sexo. – digo finalmente y ella abre mucho los ojos, como pidiendo una explicación. – Lo experimentas todo mucho mas. – me limito a decirle esperando que lo entienda. Pero no parece que lo haga. Ahora soy yo el que me siento incómodo. He quedado como un drogadicto ninfómano pervertido.
-¡¿Quién quiere helados!? – se oye a Caroline en la entrada del piso. Y le agradezco su entrada triunfal. Tiro lo poco que quedaba de cigarro por el balcón y yo y Bonnie volvemos a la sala principal dónde están Klaus y Caroline. Los veo mucho mejor. Ahora se hablan y se miran de manera natural. Deben haber quedado cómo amigos pero… ojalá Klaus se dé cuenta de lo fantástica que es Caroline.
Nos comemos los helados y Klaus nos dice que se tiene que ir porque tiene una reunión. Y cinco minutos más tarde Caroline y Bonnie me proponen acompañarlas a ir a tomar un café.
-No puedo chicas. – les digo amablemente. – Tengo un proyecto en el que quiero trabajar.
-Muy bien, pues nos vemos esta noche, Kol. – dice alegremente Care mientras coge su bolso.
Bonnie me mira y me sonríe tímidamente mientras me dedica una dulce mirada.
-Espero verte pronto. – le digo sonriendo. Y ella se limita a sonreír y saludar con la mano mientras sale por la puerta. Y yo me quedo solo. Me dirijo a mi habitación y me quito la camiseta. Odio llevar camiseta cuando hace calor. No tardo más de dos minutos en oír de nuevo la puerta pienso que Caroline se habrá dejado algo pero oigo unos sollozos y salgo rápidamente.
Elena tiene la cara roja y está hecha un mar de lágrimas. Me horrorizo y corro para acercarme a ella. Ella me mira entre llanto y llanto y se derrumba entre mis brazos mientras la abrazo.
-¿Qué ha pasado, Elena? Relájate. – la animo mientras le acaricio el pelo. La llevo hasta el sofá para que pueda estar más cómoda. Y le traigo un vaso de agua. Ella no para de temblar y de llorar, está muy nerviosa y casi no puede vocalizar. Hasta que por fin se tranquiliza y es capaz de hablar. Me cuenta lo que ha pasado con ese chico, Stefan, y su hermano. Y luego me mira triste.
-Kol, yo quiero ser normal. Quiero poder estar con chicos. Voy a estar sola toda la vida.
-Elena, no digas eso. Se te pasará. Encontrarás a un chico que valga la pena de verdad y del que te enamores locamente. – la intento animar mientras le seco las lágrimas. – Ya lo verás. Lo superarás, Elena. Lo harás.
Una media hora más tarde Elena se ha relajado bastante y hablamos fluidamente.
-¿Cómo ha ido la búsqueda de trabajo?
-Bueno… Mal tirando a fatal. – bromeo.
- En la ART buscan camarero.
-Ni de coña. No quiero meterme en esa secta vuestra a la que llamáis ART. – ambos reímos y yo estoy contento de haberla hecho reír. Elena se pone seria de repente y me mira como si estuviera pensando muy rápidamente.
- Ya sé lo que pasa.
-¿Qué? – no la entiendo.
-Son los sentimientos. – dice mirándome como si dijera algo muy lógico.
-No te entiendo. – soy sincero.
-¿Me puedes hacer un favor? – pregunta preocupada.
-Claro, dime.
-Dame un beso. – dice muy convencida y yo me quedo perplejo. No puede decirlo enserio.
-Elena, ¿qué dices?
-Dámelo, por favor. Quiero comprobar una cosa. – me mira ahora más tranquila. – Tú no sientes nada por mí, ni yo por ti. Intenta darme un beso. Por favor, Kol. Tómatelo como un experimento. Y… No le diré nada a nadie. Lo prometo.
-Está bien. – no entiendo nada pero si cree que la va a ayudar. Me acerco a ella con miedo y nervioso, es una situación incómoda. Pego mis labios a los suyos y los abro un poco, lentamente. Ella hace lo mismo y yo con mucho cuidado muevo mis labios y la beso. Ella responde bien a ese beso. Y nos besamos durante unos segundos hasta que me aparto y la miro. - ¿Y bien? – pregunto.
Ella está sonriendo.
-¡Son los sentimientos! Tú no sientes nada por mí y yo tampoco por eso he podido besarte. En cambio con Stefan… él sí que sentía por mí. ¿Lo entiendes? El problema es que no siento nada, no que no pueda besar. ¡Y ya encontraré a alguien por quién sentir!
Ahora sonrío yo también.
-Lo encontrarás. – Y en ese momento estoy muy contento de haberle hecho el favor. Sé que la he ayudado, que ahora está aliviada.
-Gracias, Kol. – me sonríe. – Y me abraza.
-¿Por el beso? Te pediría dinero, pero no quiero sentirme prostituto.
Ella ríe.
-No te pagaría. Ha sido un beso horrible.
Pongo cara de horrorizado.
-Es broma. – dice sonriendo.
-Lo sé. – contesto yo con chulería pero bromeando.
