Hola! Lo siento muchíiiiiiiiisimo la tardanza, de verdad! Escribo cuando tengo un poquito de tiempo y suele ser raras veces! Bueno, tranquilos ya me queda poquito de exámenes y luego ya me tendréis totalmente entregada al fic! Bueno, muchísimas y miles de gracias a las grandiosas Ushie-Victoria & thequeenofhearts27 por vuestros reviews y opiniones! Aquí os dejo otro capítulo que espero que os guste! Un beso enorme y ánimos para todos esos que tengáis exámenes!
Acordaos de los bonitos reviews y mil gracias por leer lo que escribo! :)
Katherine
-¿Seguro que estás bien en esa residencia, cariño? – me pregunta mi madre unas cien veces mientras comemos. Me ha casi obligado a venir a comer hoy a casa, aun que a mí me apetecía más irme a comer con Rebekah. Mi hermanita April está preciosa y me alegro de verla. Le cuento que tengo una compañera de clase que se llama igual que ella y se pone muy contenta.
-¿Sabes algo de papá? – me atrevo a preguntarle a mi madre mientras recogemos la mesa y mi hermana se ha ido a su habitación a jugar. Ella niega con la cabeza. Y las dos nos ponemos tristes. Papá es militar y se fue hace unos meses con el ejército, hace un mes que no sabemos nada de él. Pero no es la primera vez, y estoy segura de que está sano y salvo. Mi padre es un hombre fuerte y con mucho carácter. Todos me dicen que soy igual que él, pero yo no lo veo tan claro. Miro a mi madre y me parece ver que le asoma una lágrima de esos preciosos ojos verdes que tiene y que me gustaría haber heredado. – Mamá, - le digo dulcemente – va a volver. – aseguro. Y ella me mira a los ojos. – No te preocupes. Papá siempre vuelve. – le recuerdo. Y le sonrío con fuerza y la abrazo.
Cuando termino de comer y de ayudar a mi madre a un par de cosas aún quedan dos horas para la hora en la que he quedado con Rebekah para que me pase a buscar así que se me ocurre una idea. Decido ir a ver a Stefan y ver si le apetece salir a tomar un café. Me despido de mi madre y de mi hermana y estoy en la puerta de mis vecinos. Toco el timbre y espero. Se abre la puerta y veo a Stefan con una cara extraña. Está triste, enfadado y incluso quizás ha llorado porque tiene los ojos brillantes. Me lo quedo mirando analizando su rostro.
-Damon no está, Katherine. – me dice brusco cuando me ve y se apresura en cerrar la puerta. Pero yo se lo impido poniendo la mano con fuerza.
-No he venido por Damon. – digo firme mientras vuelve a abrirse la puerta.
-Pues ¿qué quieres?
Evito su pregunta y le miro con curiosidad.
-¿Qué te pasa, Stefan? – no me contesta. Agacha la mirada. – Me dijiste que podríamos ser amigos. – Y esa frase le hace reaccionar y vuelve a posar su mirada en mí.
-Ahora no, Katherine. – su voz se ha endulzado un poco.
-Mira, no me cuentes que te ha pasado si no quieres pero… déjame que te invite a un café. – le digo amable.
-¿Por qué haces esto? – me pregunta amable.
-Porque me pareces una gran persona. – le digo con toda la sinceridad del mundo. Me mira con recelo y sé que no se fía de mí pero espero su respuesta deseando que me dé una oportunidad. Su cara es de frustración. Está muy guapo y sus ojos verdes están más oscuros de lo normal. - ¿Y bien?
-Está bien. No creo que me ayude mucho quedarme en casa. – dice finalmente. Y yo sonrío con todas mis fuerzas. Estoy contenta. – ¿Vamos? – pregunta.
-¿No tienes que coger nada? ¿Ni el móvil?
-Prefiero no saber nada de nadie. – contesta tranquilo mientras sale por la puerta y se pone a mi lado. Yo me siento radiante y privilegiada.
-¿Dónde quieres ir? – le pregunto amablemente.
-Me da igual. – contesta.
-A mí me gustaría sentarme al sol, quedan pocos días de verano.
-Pues pidamos un café para llevar y sentémonos en una plaza.
-Hay un Starbucks aquí cerca. – le digo. Y su cara me sorprende, pone cara de… ¿dolor? – Stefan, ¿estás bien?
-Eh… sí. Yo trabajaba en un Starbucks, ¿sabes? – dice despacio como si le costara pronunciar esas palabras.
-¿Enserio? Tiene que ser muy guay saber hacer todos esos cafés. – le digo sonriendo intentando que quite la mala cara. Y lo consigo. Me mira sorprendido, como si mis palabras le hubieran abierto los ojos. Y sonríe. Es la primera vez que lo hace y yo me siento orgullosa.
-Bueno, no está mal. – me sonríe. Y a mí me falta derretirme. Sus ojos vuelven a ser claros y vuelven a brillar de verde esperanza.
-Entonces ¿te apetece?
-Claro. – me sonríe.
Después de pedirnos nuestros respectivos frapuccinos nos dirigimos a una plaza que hay cerca y nos sentamos en un banco.
-¿Sigues enfadado?- le pregunto divertida.
-Sí. No tendrías que haberme pagado el café. – me recrimina.
-Te había dicho que te invitaba. Además lo prefiero así. – me mira como si no me entendiera.
-¿Por qué?
-Porque así tengo una excusa para volver a quedar contigo.- le digo con una mirada dulce. – Me debes un frapuccino. – Le miro y le sonrío. No me siento avergonzada por mi atrevimiento.
-Katherine, - dice al cabo de un tiempo - ¿Por qué te acostaste con Damon?
-No lo sé. – le contesto. Y se produce un silencio algo incómodo y decido reaccionar. –Pero me arrepiento. – Sé que me está entendiendo. Sé que sabe a qué me refiero. Sé que empieza a darse cuenta de que es él quien me gusta. Se queda callado, bebiendo de su café. - ¿No vas a decir nada?
-No sé qué decir. Llevo un día muy duro.
-¿Quieres hablar del tema? – pregunto cuidadosa intentando sonsacarle porque no tiene su preciosa sonrisa adornando su cara.
-Bueno… - pone cara de estar pensándoselo muy seriamente. – Mira, me sentía muy atraído por una chica pero me he dado cuenta de que he sido tonto. Me he lanzado a la piscina sin que nadie me hubiera dicho que había agua. ¿Entiendes?
-Te ha rechazado. – deduzco y digo con lástima y una punzada de dolor aparece en mi interior. Le gusta otra.
-Sí.
-Pues que tonta. – me limito a contestar. – No sabe lo que se pierde. – digo sonriendo con ternura y él me mira y hace lo mismo.
-Gracias. Katherine. Necesitaba salir de casa.
-Gracias a ti por dejarme que sea yo la que te haya sacado de casa.
Me sonríe dulcemente. Y me miro la hora. ¡Qué rápido ha pasado el tiempo! Rebekah viene a buscarme dentro de nada. Pongo cara de frustración.
-¿Qué te pasa? – me pregunta al darse cuenta.
-Que he quedado con Rebekah y… preferiría quedarme aquí contigo.
-¿Por qué? – esa pregunta me pilla desprevenida. Puedo optar por contestar con alguna broma pícara o… ser sincera. La Katherine que yo conozco hubiera optado por la primera opción pero… cuando estoy con él soy mejor persona así que me decido por la verdad.
-Porque tengo miedo de que no se repita. – le digo sin mirarle a la cara. Dejar salir mis sentimientos no es mi punto fuerte.
-Se repetirá. – me asegura mientras me levanta la cabeza por la barbilla y me mira a los ojos. Yo me estremezco al sentir su piel sobre la mía. Tiene unos dedos suaves y cálidos. Pianista, pienso.
-¿Te acompaño a casa? – le pregunto algo avergonzada.
-Vale. – me contesta mientras se levanta y me tiende su mano para ayudarme a levantarme. Qué caballeroso.
-Gracias. – le digo sonrojada.
Vamos caminando en silencio. La situación se ha vuelto un poco incómoda y yo no paro de preguntarme quién será esa chica que le ha rechazado. La curiosidad me mata por dentro. Quiero preguntárselo pero me da miedo que se enfade ahora que ya no me mira mal. He dado un gran paso. Pero al final me decido: he de saberlo.
-¿Puedo preguntar quién es ella? – digo casi en un susurro. El sonríe, irónico. - ¿Qué pasa? ¿La conozco?
-Posiblemente. Estudia teatro en la ART. Cómo tú. – me contesta. Y me quedo perpleja. Empiezo a pensar en las chicas para mí desconocidas que van a la misma clase que yo y entonces me acuerdo de haber visto a Stefan ayer hablando con esa chica tan seria. Elena, se llama. No me cae bien. Y ahora menos porque seguro que es ella.
-¿Elena? – pregunto y él asiente con la cabeza. - ¿Enserio?
-¿Qué pasa?
-Nada, que me parece una insípida y una sosa. Parece que no tiene sangre en el cuerpo.
Pone mala cara inmediatamente y ahí sé que me he vuelto a pasar de la raya y empiezo a arrepentirme de mis palabras.
-Lo siento. – me apresuro a decir. – A veces puedo ser muy impulsiva…
-Lo sé. – me sonríe y yo vuelvo a la calma. – Eso me gusta de ti.
-A mí también me gusta que te guste porque… bueno, creo que necesitas un poco de marcha en tu vida. – le digo bromeando. Ya estamos llegando a su casa y no quiero despedirme de él, me lo estoy pasando genial.
-¿Marcha en mi vida? – abre mucho los ojos y sonríe incrédulo. – Perdona pero aquí dentro – señala su propio cuerpo. ¡Qué bueno que está! – hay un Stefan muy marchoso. – me sigue la broma.
-¿Enserio? No me lo creo.
-¿No?
-No. Demuéstramelo. – Nos quedamos mirando unos segundos. Nos hemos parados a unos escasos pasos de su casa y yo sé lo que quiero en ese momento y quiero que me lo dé. Vamos Stefan, bésame.
-Este fin de semana. – dice sacándome de mis pensamientos y destruyendo mis deseos.
-¿Qué?
-Que este fin de semana nos vamos de fiesta y vas a ver la marcha que puedo tener. – me sonríe. Y yo quiero saltar de la alegría. ¿Es una cita? No lo sé. Pero da igual, es algo.
-Me parece buena idea. – le sonrío. Y entonces vamos hasta la puerta de su casa.
-Espera aquí un momento. – me dice mientras entra. Yo no sé que pretende pero lo comprendo cuando a unos escasos segundos sale con un bolígrafo en la mano. – Dame tu número. – me dice haciendo la intención de apuntárselo en la mano.
-No. – le digo y él me mira perplejo. Le quito el boli y hago el mismo gesto que él antes. – Dame tú el tuyo. No me fío de que me llames. – le sonrío pícara y me dicta los nueve dígitos mientras yo me los apunto.
-Te gusta tenerlo todo bajo control, eh. – me bromea. Y yo le asiento con la cabeza siguiendo su gracia. – Nos vemos en clase. – se despide.
-Sí, nos vemos. – digo intentando ocultar mi decepción por tener que irme ya.
-Me lo he pasado muy bien, Kath.
-Yo también. Y cuídate. – nos sonreímos y me alejo un poco hasta que me doy la vuelta y veo que todavía está en la puerta pasmado. - ¡No me mires el culo! – le grito mientras me alejo riéndome y sé que él está haciendo lo mismo.
-¿Y ese número de teléfono? – me pregunta Rebekah cuando llegamos a la residencia y me ve la mano. Yo le sonrío pícara.
-¿Katherine Pierce ha ligado? – pregunta divertida.
-Se ve que sí. – le contesto riendo mientras entramos en nuestra habitación y ahí está Bonnie leyendo un libro.
-¡Hola Bonnie! – la saludamos a la vez.
-Hola chicas. - nos contesta amable. - ¿Cómo os ha ido el día? – pregunta dejando su libro en la mesita de noche. Me parece una chica muy adorable y muy simpática.
-Muy bien. – le contesto yo con sinceridad.
-Bueno… Ha habido de mejores. ¿Y tu Bonnie? - le pregunta. Y puedo ver como la morena se sonroja un poco.
-Bien. He conocido a tu hermano, Rebekah.
-¿A Kol? – parece felizmente sorprendida.
-Sí. Dice que te echa de menos.
Rebekah sonríe tiernamente.
-Y yo a él. Muchísimo. ¿Y cómo ha sido? – le pregunta. Y yo escucho. Me acuerdo del hermano de Rebekah de cuando éramos pequeños pero hace mucho que no lo veo.
-He ido a comer con Caroline, su compañera de piso.
-¡Sí! – dice Rebekah – Caroline y Elena. Me las presentó. – sonríe. Esa maldita Elena, está por todos lados.
-Es un chico muy agradable. – dice Bonnie con su habitual cordialidad.
-Es un chico que vale millones. – la corrige Rebekah.- Si no fuera su hermana me casaría con él. – bromea. – Es lo más atento y cariñoso del mundo y lo más gracioso es que intenta ser macarra. – sonríe tiernamente. Se nota que se quieren muchísimo. Y Bonnie se sonroja.
-¿Sabéis qué? – pregunta la rubia unos minutos más tarde. – Mi padre me ha contado confidencialmente que nos van a hacer unas pruebas para un trabajo en un musical de la compañía Favoloso. La de la familia Salvatore. – En mi cabeza suena una alarma al escuchar ese nombre.
-¿Salvatore? – pregunto extrañada.
-Sí, es muy famosa en Italia. Y ahora la lleva el hijo mayor, Damon Salvatore, y han venido a España.
Y entonces mi mente empieza a funcionar demasiado rápido. Damon Salvatore, ¿famoso en Italia? ¿Director de una compañía de teatro? ¿Voy a tener que volver a verle incluso tal vez trabajar con él? ¿Cómo se lo va a tomar Stefan?
