Hola! Como estáis? Espero que mejor que yo! Llevo una semana horrible pero... aquí estoy en mi otro mundo donde puedo expresarme trayéndoos un nuevo capítulo de mi fic! Muchísimas y miles y millones de gracias a UshieVictoria, tefi96 & thequeenofhearts27 por sus reviews! Me han animado mucho en estos días duros! Y bueno... ya solo me quedan tres exámenes! En fin, que espero que os guste mucho este capítulo y fans de KLAROLINE, no me matéis, lo bueno tarda en llegar! Un beso enorme, disfrutad del capítulo y cuidaros mucho! Gracias por leeeeeeeeeeer! :D
Caroline
El día con Bonnie ha sido genial y estoy contenta de haber arreglado las cosas con Klaus pero lo peor ha sido llegar a casa y que Elena me contara lo ocurrido con Stefan. Tengo ganas de decirle: Te lo dije. Pero no voy a hacerlo porque sé que le sentaría mal e incluso quizás se enfadaría. No sé que habrá hecho Kol pero la ha animado bastante y cuando he llegado estaban jugando a cartas como dos viejos. Me ha hecho mucha gracia verlos así. Cenamos los tres juntos viendo Los Simpson en la tele y la verdad es que es muy gracioso ver como Kol imita a Homer.
-¿Qué te ha parecido Bonnie? – le pregunto por curiosidad.
-Adorable. – se limita a contestar. Y nosotras nos reímos. – Aun que creo que se ha llevado una mala imagen de mí.
-¿Por qué dices eso? – quiero saber.
-Bueno, digamos que es muy curiosa y me ha preguntado algunas cosas y bueno… Yo no le iba a mentir.
-¿Qué cosas? – no entiendo nada.
-¡Eso! ¿Qué cosas? – Elena me ayuda con el interrogatorio.
-Cuando seáis mayores os lo cuento, chicas. – se burla de nosotras y empezamos a reírnos. - ¿Tú que tal con Klaus?
-Somos amigos. – contesto algo resignada. – Pero… sin ánimos de ofender creo que tu hermano es un poco tonto.
Se ríen.
-¿Por qué lo dices? – pregunta Kol entre carcajada y carcajada.
-Se pensaba que le iba a pedir matrimonio o algo… No sé. – digo sin apartar la vista de la tele. La verdad es que ahora ya me es indiferente. Oigo como Elena y Kol ríen.
-Siempre ha sido muy exagerado. – comenta Kol.
-Oye, Care - me llama Elena - ¿Te has enterado de que mañana llega a la ART el hijo del director? Se ve que estudia danza en Estados Unidos y que es muy bueno y ahora quiere pasar un tiempo en España y viene a la ART pero no como alumno sino a estar por ahí.
-Pues no tenía ni idea. ¿Es mayor?
-Sí, creo que tiene un par de años más que nosotras.
-Qué bien, me gustaría verle bailar.
-Tú tendrías que enseñarles a los de la ART cómo bailas. – me echa en cara.
-¿Pero tú no cantabas? – nos interrumpe Kol.
-Bueno, también sé algo de baile… - le explico.
-¿Algo? ¡Llevas bailando desde los tres años! – Elena se escandaliza.
-Sí, pero sabes que me gusta más la música. Bueno, no es que me guste más… Es que es a lo que me quiero dedicar.
-Ya pero si estudias música y encima bailas tal vez te consiguen un trabajo o simplemente te tendrán como la Diosa de la ART. – ríe.
-Eres una exagerada. – me limito a decirle. Sé que Elena tiene algo de razón, debería haberles comentado que también bailo a los directores pero… la verdad es que en el momento no me apetecía bailar y no lo hice.
Cuando me meto en la cama mi móvil suena. Es un mensaje y es de Klaus:
Buenas noches, amiga mía. Klaus.
Sonrío y decido contestarle.
Los amigos normales no se envían mensajes de buenas noches así porque sí. Pero entenderé que tú eres un bicho raro. Buenas noches. Caroline.
El miércoles por la mañana me levanto animada. Me apetece ir a clase. Miro por la ventana deseando que aun no haya venido el mal tiempo que hace días que anuncian y efectivamente: el sol está radiante. Abro el armario y escojo un vestido veraniego algo escotado de color azul cielo y unas manoletinas negras. Me recojo el pelo en un moño despeinado y salgo a la cocina a encontrarme con Elena.
-¡Buenos días!
-Hola, Care. ¿Te pones muy guapa tú para ir a clase, no?
-Hay que estar divina siempre. – bromeo y las dos reímos.
De camino a la escuela noto a Elena algo nerviosa, diferente. Imagino que será por tener que ver a Stefan y siento algo de lástima, lo debió pasar realmente mal. Elena tiene un gran corazón y no le gusta dañar a la gente y con Stefan tuvo que hacerlo. Encima después fue su hermano quien la trajo a casa… Debió ser un mal trago e incómodo.
-¿Cómo se llama el hermano de Stefan? – la curiosidad me viene de repente.
-Damon. – me contesta pronunciando cada letra con mucho cuidado.
-Mm… No me suena.
-Es más mayor. No sé a qué se dedica pero tiene una empresa.
-Un hombre de negocios. – digo pensativa. Debe ser muy serio y eso debió hacer para Elena el trayecto a casa más incómodo aun.
-¿Por qué lo preguntas?
-Curiosidad. No sabía ni que Stefan tenía un hermano. – me río.
-No se llevan demasiado bien… - dice.
-¿No?
-No. Damon es un tipo… extraño. Como muy misterioso.
-¡Qué interesante! – me lo imagino como un tipo que no sonríe nunca. Con su traje, y su maletín. Nunca saliendo de su estudio, sin amigos. - ¿Es guapo?
-Mm… Sí. – responde finalmente algo avergonzada.
-¿Cómo Stefan?
-Son muy diferentes. Damon tiene los ojos azules y muy intensos. Es un azul… muy claro, muy llamativo. Y el pelo negro como el azabache. Y las facciones de la cara muy duras y… no sé. Es como exótico mientras que Stefan es simplemente… guapo.
-Entiendo. Tiene pinta de ser muy interesante ese Damon.
Elena se ríe ante mi comentario y me doy cuenta de que ya estamos en la ART.
-¡Nos vemos luego! – nos despedimos y yo voy hacia la clase de Historia de la Música. Qué pereza me da ahora mismo. Cuando entro en clase Stefan ya está ahí sentado y habla con Bonnie. Yo me acerco y los saludo amistosamente. Stefan me mira avergonzado, se imaginará que ya sé lo que pasó ayer entre él y Elena pero aun así no se le ve muy destrozado y no para de mirarse el móvil cada dos por tres.
-Bueno chicos, - empieza la profesora de Historia – he de pediros un favor. Cómo seguramente ya habrá llegado a vuestros oídos, hoy tenemos con nosotros al hijo de nuestro director pero él está ausente culpa de una reunión urgente de última hora y necesitamos que alguien reciba al joven y le enseñe la escuela. Sé que no es conveniente que perdáis materia pero también sé que muchos de vosotros venís ya de escuelas de música y que otras veces habéis hecho esta asignatura. Hoy voy a empezar a explicar el Clasicismo así que si alguien cree que se lo sabe que lo diga y le haga este favor al director. Que… ya os lo digo, lo va a tener en cuenta.
En ese momento veo mi vía libre. Me he criado con la historia de la música. Mi padre me explicaba las etapas una y otra vez así que decido que esta hora la voy a pasar con el hijo del director. Y levanto la mano.
-Señorita Forbes, ¿se ofrece voluntaria?
-Sí. Yo… bueno, tengo bastante asimiladas las etapas de la música y sobretodo el Clasicismo así que no me importaría.
Ella me sonríe amablemente.
-Muchas gracias. Es usted muy amable. Al final del día puede venir a preguntarme hasta donde he llegado a explicar y no me importará decírselo. Mire, tiene que estar en quince minutos en la entrada principal.
Yo recojo mis cosas y salgo por la puerta. Aun me queda un ratito así que decido irme a la cafetería mientras y allí tomarme un café.
El camarero está tras la barra recogiendo algo y está de espaldas.
-Hola. – digo amablemente y él se gira. Es muy guapo y veo la etiqueta en su camisa que pone MATT. – Matt. – le sonrío y él me devuelve la sonrisa.
-Hola. – dice amable. – Señorita desconocida. ¿Puedo ayudarte en algo?
-Un café con leche por favor. – le sonrío amable. Él me lo prepara y me lo pone en un vasito de plástico para llevar.
-Aquí tienes. – me sonríe.
-Muchas gracias. – le digo mientras me dispongo a irme. – Y me llamo Caroline.
-A ti, Caroline.
Me siento en un banco que hay en la entrada principal con mi café en la mano esperando a que llegue el desconocido. Está muy rico, ese tal Matt sabe hacer cafés. Sonrío pensando en lo simpático que ha sido. Y de repente se abre la puerta y entra un chico. Está muy moreno, este viene por lo menos de Hawaii. Su pelo corto es negro como el carbón y lleva unas gafas de sol. Las facciones de su cara son duras y sus labios forman una línea firme. Lleva una camiseta roja algo pegada y se marcan sus alucinantes músculos y la conjunta con unos pantalones negros cortos que dejan ver unas piernas musculosas y fuertes. A mí se me cae la cucharilla dentro del café y por poco no se me cae también la baba. Es como un modelo de calzoncillos de Calvin Klein. Madre mía. Me apresuro a levantarme, me bajo un poquito el escote y me acerco a él.
-¿Hola? – le digo con toda la amabilidad del mundo - ¿Eres el hijo del director, verdad?
Él me mira, se levanta las gafas y me mira de arriba abajo con unos ojos marrones y oscuros que cautivan. Es guapísimo y me está mirando de arriba abajo. Me va a dar algo. De pronto sonríe y yo me siento más atacada todavía. Tiene una sonrisa perfecta y deslumbrante.
-El mismo. Tú debes ser la alumna que me tiene que enseñar la escuela y todo eso. – su voz es todo lo contrario de su cuerpo y su mirada. Me esperaba una voz sexy, dura, grave e incluso ronca pero es dulce y suave. Es encantador.
-Sí. Soy Caroline Forbes, estudiante de música. – le tiendo la mano. Y él me la estrecha con delicadeza.
-Tyler Lockwood. – dice sin parar de sonreír.
-Bien, vamos.
Empiezo por enseñarle el ala de música que es la que más me conozco.
-¿Cuántos años tienes, Caroline?
-Diecisiete. – le contesto avergonzada y él asiente con la cabeza. - ¿Y tú, Tyler?
-Diecinueve. – me dice.
-No eres tan viejo. – bromeo.
-¿En qué te especializas?
-Canto.
-Interesante. Luego vas a tener que cantarme algo.
-Ni lo sueñes. – digo riéndome.
-Venga… - pone cara de niño pequeño.
-Quizás si tú bailas primero. Dicen que no eres malo.
-Intento no serlo. Para eso me fui a Estados Unidos.
-¿Y por qué has vuelto?
-Me apetece pasar un tiempo en casa.
-Y antes de volver a casa has ido a ponerte moreno.
-He estado un par de semanas en las Islas Baleares. – le miro incrédula.
-Es decir, que llegas a España ¿y lo primero que haces antes de venir a ver a tus padres es irte a tomar el sol?
-Mm… la verdad es que primero me fui de fiesta. Ya sabes, en las islas hay mucha fiesta. – se ríe. – Nunca me he llevado muy bien con mis padres. – dice luego algo más serio.
-Ah…
Hablamos durante todo el trayecto y al final yo le enseño la escuela entera en poco rato y me siento tonta porque creo que no presta atención a lo que le estoy enseñando pero igualmente me lo paso bien con Tyler. Llega un momento en el que me pregunta si yo sé en qué habitación de la residencia tiene que acomodarse y pienso que la profesora de Historia de la Música no me lo ha dicho así que… ¿cómo voy a saberlo? Él se ríe ante la situación y entonces de lejos veo a Klaus por los pasillos y decido preguntarle. Quizás los profesores lo saben
-¡Profesor Mikaelson! – lo llamo. Y lo llamo así a propósito para fastidiarle. Se gira y me mira y luego le dirige una mirada asesina a Tyler.
-Dígame, señorita Forbes.
-Él es Tyler Lockwood, el hijo del director. – le digo. Y Tyler se inclina para darle la mano y Klaus responde al gesto de mala gana. - ¿Sabe dónde tiene que hospedarse? Es que no nos lo han dicho a ninguno de los dos. Y yo soy la que le está enseñando el centro.
-Mm… No tengo ni idea. – responde.
-Bueno, no pasa nada. Esperaré a que mi padre termine de la reunión. ¿Vamos, Caroline?
-Claro.
-Hasta luego, señor Mikaelson. - Se despide Tyler. Y Klaus hace un gesto con la cabeza. Yo le miro, le sonrío y le saludo con la mano y él se limita a gesticular una pequeñísima sonrisita torcida.
-¿A dónde quieres ir? – le pregunto a Tyler.
-Antes, cuando me has enseñado los estudios de danza, había uno libre. Ahí vamos. – me dice sonriendo. Y yo asiento. Qué mañana más divertida. Cuando llegamos al estudio número cuatro yo me siento en un taburete que hay a la espera de que se ponga a bailar.
Tyler saca su móvil y lo enchufa al cable de los altavoces. Empieza a sonar a todo volumen el tango de Roxanne y se pone serio de repente. Yo le miro, impresionada, veo como se va acercando a mí en unos movimientos completamente característicos del tango y cuando llega a mí, me coge de la mano y me levanta.
-Baila conmigo. – me dice al oído. Y es todo tan sensual que no puedo resistirme. Sé bailar tango, es uno de mis bailes preferidos así que le sorprendo y empiezo a mover mis piernas y mis brazos al ritmo de la música. Nos movemos acompasados, improvisando una preciosa coreografía que a la vez está cargada de pasión y energía. – No sabía que bailabas. – me dice una de las veces que me agarra para subirme de la cintura y yo me limito a sonreírle. La canción está empezando a llegar a su fin y él me da tres o cuatro vueltas perfectas en las que mi vestido vuela y luego me agarra con fuerza y brutalidad pero de manera preciosa y me aplasta contra su cuerpo posando su mano algo más abajo de mi espalda y yo inclino mi torso y la cabeza hacia tras dejándome caer. Y nos quedamos en esa postura tan típica unos segundos. Hasta que escuchamos la puerta y miro hacia ella. Klaus está en la puerta mirando con cara de pocos amigos.
-Aflojad un poco la música. Aquí al lado están dando clase. – y se va. Está malhumorado y su cara de decepción al verme cogida a Tyler era obvia.
-¡Uy! – dice Tyler riéndose. – He de decirle a mi padre que insonorice los estudios. – se queja mientras baja el volumen. Y luego vuelve a acercarse a mí que estoy plantada en medio de las paredes de espejos, algo acalorada por el intenso baile y un poco avergonzada. – Eres una gran bailarina. – me dice colocándome un mechón de pelo detrás de la oreja. Y yo me avergüenzo más aún. ¿Me lo dice él que se mueve como si fuera las mismas notas musicales?
-No es verdad. Tú eres un bailarín excelente.
-Ahora tienes que cantarme algo.
-Quizás otro día. Hoy ya te he bailado y es mucho más de lo que han conseguido otros, créeme.
-¿Otro día? ¿Eso significa que vamos a vernos más veces? – me pregunta a escasos centímetros de mi cara. Yo me quedo mirándolo. Es una pasada, es como una escultura maravillosa. Es… completamente cautivador. En ese momento suena la sirena y sé que debo irme a clase. – Vaya, una señorita tiene que asistir a clase como es debido. – me dice.
-Sí, supongo que debería irme. – le contesto.
-Tendrás noticias mías. – me dice sonriendo dulcemente y yo le devuelvo la sonrisa. Y en ese momento se atreve. Se acerca a mi cara más aun y me da un corto pero delicado beso en los labios. Me pilla por sorpresa pero me encanta. Mis ojos no pueden dejar de mirar los suyos. – Cuídate mi preciosa compañera de baile.
Y acto seguido reacciono, me giro, cojo mis cosas y me dispongo a salir por la puerta.
-Un placer conocerte, Tyler. – Y salgo del estudio, aun perpleja por todo lo que acaba de pasar ahí dentro. El baile tan intenso y ese dulce y delicado beso inocente. Estoy caminando hacia mi próxima clase y saco el móvil. Tengo un mensaje y es de Klaus.
No sabía que usted también bailara, señorita Forbes. Profesor Mikaelson.
Después de la cara con la que me ha mirado me envía esto. No entiendo a este hombre. Primero me cautiva, luego pasa de mí, luego quiere ser mi amigo y ahora me acosa. ¿Qué le pasa? Decido contestarle.
Ni yo que fueras tan maleducado y borde. Caroline.
Este tío lo que quiere es tenerme en sus pies esperando a que yo deje de ser "muy joven" como me repitió ayer mil veces. Y no voy a hacerlo. Me contesta enseguida.
No me gustan sus nuevas amistades. Profesor Mikaelson.
¿Acaso conoce a Tyler? ¿Acaso está celoso? La rabia empieza a invadir mi cuerpo. Y le contesto quizás demasiado dura.
Ni a mí los ayudantes de profesor que se creen profesores y actúan como padres. Caroline.
