Holaholaholaholaaaaaaa! Como estáis!? Espero que muy bien! Yo estoy muy contenta porque solo me queda un examen y los más duros ya me los he quitado de enmedio! jajaja bueno, al tema, muchísimas, miles y millones de gracias a UshieVictoria, thequeenofhearts27 & tefi96 por vuestros maravillosos y aumentadores de moral reviews! Aquí os dejo un capítulo en mi opinión maravilloso, que como veis los últimos que estoy subiendo son bastante más larguitos... En fin, espero que lo disfrutéis tanto o más como yo disfruté escribiéndolo! Un beso enoooooooooooorme y dejadme bonitos reviews! Muchas gracias por leeeeeeeeer! :)
Rebekah
-Señorita Mikaelson. – me llama la profesora de ballet al final de la clase.
-¿Sí? – pregunto. ¿Qué me querrá decir? ¿Hago algo mal? He visto gente que lo hacía peor que yo…
-Quédese un momento. – me dice seria y yo me asusto. Espero no haber hecho nada mal.
Espera a que se vacíe la clase y algunos alumnos me miran con cara de: "Ya está la hija del alcalde con sus preferencias." Y eso me molesta. ¿No puedo ser simplemente Rebekah? Cuando sólo quedamos yo y la profesora se acerca a mí y su expresión seria se borra de su cara.
-Mira, la academia quiere hacer un reportaje para dar algo de publicidad a la especialización de danza ya que es la que menos demanda tiene y necesitan una bailarina modelo para una sesión de fotos. Me han pedido que con la clase de hoy elija una chica y después de ver tu técnica y tu manera de moverte te he elegido a ti. Sólo si estás interesada, claro. No es obligatorio. – me explica.
¿Una sesión de fotos? Wow. Qué guay. Me encanta la idea.
-Sí, claro. – respondo enseguida. – Me encantaría. – le digo con una gran sonrisa en la cara y ella ríe un poco.
-Vas a ser la imagen de la ART especializada en danza. – bromea. Y yo me sonrojo. – Mira, te explico. Es un nuevo proyecto que tienen en mente. Se trata de hacer un reportaje de fotografías y con ellas hacer carteles y libretos donde se explique qué se hace exactamente. Además, saldrán durante un buen tiempo en nuestra página web de principal y en el periódico también tenemos pensado publicar al menos una de ellas. Queremos probar si tiene éxito. Además, las fotografías las hace un estudiante de fotografía del centro de bellas artes con el que ya sabrás tenemos un compromiso así que de cierta manera para los dos centros es una forma de exponer cómo son de buenos nuestros alumnos.
-Entiendo.
-¿Te interesa? – me sonríe.
-Sí, sí. ¿Cuándo es? ¿Y dónde?
-Bueno, quieren hacerlo cuanto antes y habíamos pensado que si te iba bien podríamos hacerlo esta tarde. Quedarías con el chico en un estudio de fotografía que hemos alquilado y él se encargaría de todo. ¿Te va bien hoy?
-Sí, vale. No tengo nada más que hacer.
-Perfecto. – me sonríe. – Pues a las cinco, por ejemplo. Luego te enviaremos un mensaje al móvil con la dirección. ¿De acuerdo?
-Vale. Y… ¿vestuario? ¿He de llevar algo?
-Sólo las puntas. Por lo demás no te preocupes, ahí lo tendrán todo preparado.
-Vale. Pues ahí estaré.
-Muchas gracias, Rebekah.
-Gracias a vosotros, por la oportunidad.
Me despido de ellos y me voy hacia mi habitación. Estoy encantada por hacer de modelo para la ART. Me parece que va a ser una experiencia inolvidable y tengo muchísimas ganas de contárselo a Kol.
En mi habitación ya están Bonnie y Katherine cuando llego y cuando me saludan lo primero que hago es contárselo.
-¡Es genial, Rebekah! – me dice Bonnie sinceramente contenta por mí.
-¡Qué envidia! – se ríe Kath. - La imagen de la ART… Ahora sí que tendrás chicos detrás. – se ríe.
-¡No seas mala, Kath! – le riño y las tres nos reímos. – Voy a llamar a Kol para contárselo. – les digo. Y puedo ver como Bonnie se sonroja un poco al oír el nombre de mi hermano. Personalmente, creo que le gusta y eso no me desagrada. Creo que Bonnie es una chica encantadora y que quizás no pegan mucho por el royo que lleva Kol pero mi hermano en el fondo es un trozo de cielo y un amor. Creo que la chica que se lo lleve será muy afortunada. Marco el número de Kol con habilidad ya que me lo sé de memoria mientras Bonnie me mira de reojo y Kath está escribiendo un mensaje en el móvil y sonriendo.
-Hola, enana. – me dice Kol desde la otra línea.
-¡Kol, no te lo vas a creer! – le digo con alegría notable.
-¿Qué pasa?
-Me han ofrecido ser la imagen de la ART. Esta tarde me hacen una sesión de fotos bailando. ¿A que es genial?
-¡Qué bien! Ves como eres la mejor… - me dice contento. Y yo me sonrojo.
-No es verdad. – me río.
-Claro que sí.
-¿Cómo estás? – le pregunto unos segundos más tarde.
-Bien. – dice. – Buscando trabajo.
-¿Aun no has encontrado nada?
-Bueno, me tienen que llamar de un par de sitios a ver…
-Espero que tengas suerte. – le deseo con sinceridad.
-Gracias, Bekah. ¿Y tú qué haces?
-Nada. En la habitación descansando con Kath y Bonnie.
-Saluda de mi parte por ahí. – dice. Y yo sonrío.
-Chicas, – digo apartando un poco el auricular del teléfono – saludos de mi hermano.
-Hola. – dice Kath sonriente y Bonnie se sonroja y yo sonrío divertida.
-Dile hola. – dice Bonnie al final sonrojada.
Yo me río y puedo oír como Kol también.
-Voy a dejarte, enana. Tengo cosas que hacer.
-Vale, llámame.
-Hasta pronto. – se despide.
-Hasta muy pronto. – le contesto y cuelgo.
He recibido el mensaje departe del departamento de danza de la ART con la dirección del estudio de danza y a las cuatro y media empiezo a caminar hacia él. No quiero llamar al chofer de mi padre, como de costumbre, porque prefiero que mi padre no se entere de estas fotos por el momento. No sé si le parecerían bien y tampoco como serán las fotos así que prefiero mantenerlo en secreto y no me importa ir andando. Me pongo unos auriculares y mis gafas de sol, y emprendo el camino hacia el estudio.
Voy pensativa por la calle, creo que es una gran oportunidad lo de estas fotografías. ¿Qué pasaría si alguien más quisiera utilizarme de modelo? ¿Quizás podría ganarme así la vida dejando el baile como Hobbie? No lo sé. Son muchas preguntas las que tengo en la cabeza y solo saco una conclusión: Quiero hacer ese reportaje. Estoy algo nerviosa, quiero causar una buena impresión al fotógrafo y caerle bien. No sabía que ponerme así que me he puesto una falda de volantes azul y una camiseta blanca de tirantes. Espero tener una buena imagen.
A las cinco en punto estoy ahí y no hay nadie así que decido esperar porque el fotógrafo debe retrasarse un poco. El sitio es una planta baja de un edificio. Tiene una puerta grande y negra y a los lados tiene ventanas, una de ellas tiene las cortinas echadas pero la otra no así que decido mirar que hay dentro y me pego a la ventana dejando la calle a mis espaldas. Las paredes son blancas y el suelo también. Veo que ya han llevado todos las herramientas para hacer las fotos. Fondos blancos, fondos negros, focos… Hay una barra de ballet en la pared izquierda del estudio, y esta misma pared está llena de espejos. A la derecha puedo ver que hay unas escaleras y me pregunto qué habrá en el piso de arriba.
-Perdona. - oigo una voz a mis espaldas. Y mientras sigue hablando yo me giro. – He salido tarde del trabajo y…
No me lo puedo creer. Y él tampoco. En el momento en el que nuestras miradas se han cruzado y nos hemos dado cuenta de quién éramos el uno y el otro se ha callado de golpe y yo me he quedado paralizada. Una sensación agridulce invade mi cuerpo y mi mente, y no sé por qué. ¿Es que todos nuestros encuentros van a ser así?
-Tú… - dice casi en un susurro.
-Matt… - en estos momentos casi me siento culpable hasta de respirar. Ojalá pudiera entender que nada de lo que pasó fue mi culpa.
-¿Sabes? – dice cuando reacciona algo nervioso. – Da igual. Me voy, que venga otro a hacerte las fotos. Les diré que estoy enfermo, no te preocupes. – su cara expresa frustración y se da media vuelta para irse. ¿Qué hace? ¿Y desde cuando es fotógrafo?
-Matt. – le digo para que se pare. Pero no lo hace, acelera más el paso y se aleja. - ¡Matt! – grito. Y ni se inmuta. Es un cabezota, como siempre. Echo a correr y lo alcanzo, le cojo del hombro y lo giro de golpe hacia mí. - ¿Quieres pararte?
-¿Para qué, Rebekah?
-Porque estoy intentando hablar contigo. – estoy enfadada.
-Rebekah, no quiero ser tu amigo. – me dice serio. Y eso duele, como una aguja en el corazón que se clava lentamente mientras un eco va repitiendo sus palabras una y otra vez en mi mente. Necesito fuerzas para contestar a eso, y necesito saber qué contestar.
-Me da igual. – finalmente me armo de valor. - Lo respeto. Pero esto es una oportunidad profesional para los dos y no voy a dejar que la dejes pasar por mi culpa. – digo firme. Y él mira al suelo. Necesito más argumentos. – Mira, vamos a entrar ahí dentro. – señalo el estudio. – Me vas a decir como tengo que ponerme, me vas a hacer las fotos, van a quedar muy bien, va a ser un reportaje con mucho éxito y va a salir mi cara y tu nombre.
Se queda en silencio, pero ahora me mira a los ojos y yo me estremezco. Sigo teniendo la misma reacción bajo esos ojos que hace tantos años.
-¿Y bien?
-Está bien. – dice finalmente. Y yo me siento algo aliviada, menos culpable, y mejor persona.
Empezamos a caminar hacia el estudio y Matt saca las llaves y abre. Todo en silencio. El estudio huele a cerrado pero se está bien porque hace fresquito.
-¿Has traído las puntas? – me dice de repente dejándome algo perpleja.
-Eh… sí. – digo mientras dejo mis cosas en una esquina.
-Bien. Las fotos las haremos aquí abajo. Arriba tienes todo el vestuario y ahí te cambiaras.
-Vale.
-Sube y ponte el tutú rojo que encontrarás en el armario. Y las puntas. – asiento con la cabeza. Ahora va a venir una maquilladora amiga mía, te maquillará y se irá. – repito el gesto.
Media hora más tarde, yo ya vestida con el tutú rojo rubí precioso y mis puntas, se va la maquilladora llamada Hayley. Me ha hecho un moño perfecto de bailarina y me ha maquillado la cara de una manera sencilla pero me encanta. Llevo la raya de los ojos negra y la sombra es blanca con purpurina que brilla. Las pestañas se me han vuelto negras y largas gracias al rímel y mi piel está pálida y me salen unos coloretes rojos. En los labios llevo un pintalabios carmín con brillo.
Cuando Hayley se va bajo al piso de abajo donde está Matt esperándome con la cámara en la mano. Se me queda mirando algo perplejo de arriba abajo y yo me avergüenzo un poco y me sonrojo. Agacho la mirada y creo que por primera vez en mi vida me intimido frente a la mirada de alguien.
-¿Está bien así? – le pregunto.
-Eh… Sí. Está muy bien así. – se limita a contestar seco. – Ponte las puntas.
Le hago caso. Y luego le miro en busca de una nueva orden.
-Ponte ahí. – me dice señalando la barra. Unos focos de luz fuertes están al lado. Vuelvo a acatar su orden. Y luego le miro. – Baila. – ordena seco. Y yo me quedo perpleja y le miro en busca de una explicación. – Vamos, baila lo que quieras. Yo no sé pasos de ballet, no puedo pedirte nada. Improvisa. – asiento con la cabeza y algo tímida me levanto de puntillas sobre los dedos de mis pies y empiezo a hacer movimientos suaves y delicados, con perfecta técnica. Empiezo a escuchar como la cámara dispara, sin flash.
-¿Miro a la cámara? – pregunto de golpe.
-No. Mira al frente.
-Vale.
Voy bailando y de cada vez me siento más incómoda. Me siento rígida, siento que no estoy bailando bien. Estoy demasiado tensa. Quiero hablar con él, quiero contarle que lo siento, que no quería separarme de él, que le echo de menos, que le quería como a nada y que cuando se fue de mi lado fue como si me quitaran una parte de mí. Quiero decírselo, pero me da miedo su reacción. Me empiezo a frustrar mientras bailo y en un mal movimiento me tuerzo el tobillo y me caigo al suelo. Ahora me siento avergonzada y humillada. Veo como deja su cámara en el suelo rápidamente y se acerca a mí.
-¿Estás bien? – me pregunta enseguida. Puedo ver la preocupación en su cara. - ¿Te duele? ¿Te has hecho un esguince?
-No. Sólo me lo he torcido. En un rato dejará de dolerme. – digo mientras me deshago las puntas y me acaricio el tobillo.
-¿Me dejas ver? – me pregunta sorprendiéndome con amabilidad. Y yo quito la mano de mi pie. Él lo coge con delicadeza y me lo mueve, noto una punzada de dolor en el tobillo. - ¿Así te duele?
-Un poco. – digo atontada por su tacto en mi piel. ¿Cuántos años hacía que no me tocaba? Me pongo triste de repente y la punzada de dolor se va al corazón. Tengo ganas de llorar, de abrazarle, de abrazar a mi Matt.
-No creo que sea grave. – Y me mira a la cara. Nuestros ojos se cruzan y sé que él también siente nostalgia por nosotros. Creo que es el momento.
-Matt… - empiezo y él no me contesta. Se limita a mirarme. Tengo tantas cosas que decir y tan pocas palabras… Y él está tan cerca, y su mano aún está en mi pie. – Yo…
-Rebekah… - me interrumpe. Y quita la mano de mi pie. Siento otra punzada de dolor. Pero está cerca y eso me reconforta.
-Espera. – le digo. – Sólo quiero saber por qué me guardas rencor.
-Sabes perfectamente qué pasó. – suena duro y cortante.
-Sé perfectamente que ni tú ni yo tuvimos la culpa y… Matt, yo no quería separarme de ti.
-Éramos críos, Rebekah. Nada era real. Todo era un juego. – no me puedo creer lo que acaba de decir. Eso es mentira.
-Todo era real, Matt. Nosotros éramos reales. ¿Y sabes una cosa? Nunca he vuelto a tener a nadie como tú. Nadie ha sido tan especial como tú. Y sí, éramos críos, pero eso no significa que no fuera especial.
-Ha pasado mucho tiempo, Rebekah.
-Y durante todos estos años te he echado de menos. – revelo con sinceridad. Él se queda en silencio y mira al suelo. Quizás él no, quizás él no sentía ni siente lo mismo que yo, quizás para él era un juego… El dolor del pecho empieza a intensificarse y siento como me empiezan a escocer las lágrimas y como una lágrima quiere salir. Intento hacer fuerza, intento que no salga, pero es inútil y la lágrima acaba brotando por mis mejillas. Me avergüenzo y miro al suelo, esperando a que el tiempo pase. De repente noto su mirada encima de mí y me asusto.
-Rebekah, no… - dice suave cuando se da cuenta de mi lágrima y eso hace que caiga otra. – No llores, por favor. - Acerca su mano lentamente a mi cara y me la levanta de la barbilla.
-Yo… yo también te he echado de menos. Pero… no tienes ni idea del infierno que sufrí después de aquel día al irme de tu casa. Todo empezó a ir mal de repente y yo no entendía qué pasaba. Yo sólo quería estar contigo, quería ver a mi madre feliz y a mi padre también. – hace una pausa y yo le miro, nerviosa a la espera de que diga algo más. - He vivido mucha mierda. Y… si supieras las noches que me he dormido deseando abrazarte y contarte todo lo que me pasaba… Pero no podía y sufría. Se suponía que debía odiar a tu familia por todo lo que pasó, o eso decía mi padre. Y yo no lo conseguía pero… cuando por fin lo conseguí, cuando conseguí no echarte de menos, cuando te olvidé… Apareces de nuevo con tu brillante sonrisa y tu cara angelical y yo… Yo no sé que tengo que hacer.
Mi mente está abrumada. Él siente lo mismo, no era un juego, era real. Éramos reales. Siento una inmensa felicidad.
-Abrázame. – le contesto en un susurro y firme. No quiero nada más que un abrazo de esos que tanto añoro. Y él me mira, algo extrañado y dudoso. Nuestros ojos no se separan y los míos gritan un abrazo. Finalmente siento como deja llevarse por las emociones y estira los brazos agarrándome y empujándome contra él para sujetarme fuerte entre sus brazos. Yo le correspondo ese abrazo tan deseado y me pierdo en un mar de emociones. Las lágrimas brotan de mis ojos sin control y siento el contacto de su pecho contra mi cara y sus manos que rodean mi espalda. Siento que toda mi piel se eriza y entonces sé que no quiero soltarme de ahí, nunca más. No voy a dejarlo ir nunca más, le quiero a mi lado. Siento una felicidad inmensa cuando voy asimilando todo lo que está pasando y quiero parar el tiempo, quiero quedarme ahí entre esos brazos fuertes que antes eran de un niño al que amaba con toda mi inocencia. Siento que el tiempo no ha pasado entre nosotros, que no hay ninguna incomodidad y que toda esa confianza que pudimos tener un día vuelve a nosotros de repente. Siento que volvemos a unirnos y entonces sé que mis lágrimas son de alegría porque me doy cuenta que estoy sonriendo como una idiota al volver a sentirlo entre mis brazos.
Se separa un poco de mí, sin dejar de abrazarme y yo escondo mi rostro en su cuello. Noto como una de sus manos deja mi espalda para repetir el gesto que había hecho antes y me levanta la barbilla dejando mi rostro sonriente y lloroso a pocos centímetros del suyo.
-No llores más, Rebekah. – dice dulcemente mientras recoge mis lágrimas con su pulgar. Y en esas palabras reconozco a mi pequeño y añorado Matt. A ese niño rubio y de sonrisa resplandeciente.
-Es que te he echado tanto de menos, Matt… - digo entre sollozos. – No me puedo creer que estés aquí, conmigo, abrazándome.
-Ya no tienes que echarme más de menos. Tranquila.
-No te vuelvas a ir. – me limito a contestar con toda la sinceridad del mundo.
-Sabes que nunca quise irme. – y en ese momento siento que el amor nunca ha desaparecido. Me siento en un universo paralelo y me doy cuenta de que sigo queriéndole y de que sigo deseando que él me quiera como hacía hace unos años.
-Yo… Lo siento. – me siento culpable aun que no sé por qué.
-No fue culpa tuya. Ni mía. – se calla como si estuviera dudando en decir algo pero al final lo suelta - No entendían como dos niños de siete años podían amarse.
-Sigues siendo igual de fantástico. – le digo fascinada por sus palabras. Las sensaciones me superan y no puedo controlar lo que siento, lo que pienso, ni lo que digo.
-Y tú igual de preciosa. – me dice acariciándome el rostro. – Mírate. Eres una gran bailarina, una diosa en esta ciudad, podrías tener lo que quisieras y con tu carácter podrías llegar a tener el mundo a tus pies.
-En cambio, lo único que quiero eres tú. – confieso.
-¿Sabes que yo no soy bueno para ti? Tu padre tenía razón, Rebekah. – eso duele y él lo ve en mi cara. – Sólo soy un camarero de cafetería de instituto.
-Y fotógrafo. – replico. Él sonríe irónico.
-Eso lo intento, y es más un hobbie.
-Si te han elegido a ti para hacer las fotos será por algo.
-Rebekah… - escuchar mi nombre de sus labios tan cerca de mi me eriza la piel. Yo sé lo que quiero, y lo que me conviene. Y le quiero a él. Le quiero por todos esos años que nos han sido robados.
-No, Matt. Dejadme a mí solita elegir lo que quiero y lo que es bueno para mí. Y lo que quiero es que vuelvas a estar en mi vida.
Él me mira atónito, sé que está confuso. Y deja mis ojos para mirar mis labios. Tengo unas ganas inmensas de besarle y de quererle. Le quiero en mis brazos. Y casi inconscientemente me acerco un poco más a él y nuestras caras están escasos centímetros. Respiro entrecortadamente y él también. Se acerca a mí un poco más por la obvia atracción y química que hay entre nosotros. En el ambiente se respira deseo. Puedo notar su respiración en mi cara, huele a menta fresca. Y entonces de repente como si pasara una corriente de electricidad estática los dos nos tiramos a la boca del otro y siento como sus labios se posan sobre los míos dulcemente. Enseguida el deseo se convierte en pasión y la pasión roza la locura. Nos besamos apasionadamente mientras me atrae hacia él con una mano y con la otra me coge la cara. Yo subo los brazos hasta su cuello y lo rodeo con fuerza sin soltar por un solo segundo nuestro beso. Me siento radiante, feliz, incluso fuera de mí. Nuestras lenguas se entrelazan acompasadamente y saboreo cada centímetro de sus labios sin asimilar del todo que son sus labios, que es Matt, mi Matt.
No sé cuánto tiempo ha pasado cuando se separa un poco de mí y abrimos los ojos. Los dos estamos sonriendo como dos tontos y juntamos nuestras frentes. La felicidad es obvia. Me atrae a su pecho y me abraza fuertemente.
-Llevaba tanto tiempo esperando este momento… - le digo.
-Yo también, Rebekah. Eres maravillosa. – me contesta. Y me da un beso en el pelo. Me siento a gusto, me siento como una niña de siete años arropada y feliz. Levanto la cabeza y le doy un corto beso en los labios.
-¿Sabes qué? Vamos a dejar las fotos por hoy. No puedes salir con la cara llorosa. Aun se van a pensar que en la ART os hacen llorar. – bromea. Y yo me río. – Además así descansas el tobillo y quedamos el viernes, que yo mañana no puedo. ¿Vale? – asiento con la cabeza. – Estás preciosa con ese tutú. – me dice dándome otro corto beso. Y yo me sonrojo un poco. -¿Quieres que te lleve a la ART? Tengo el coche aquí.
-¿Tiene que ser ya? – le digo poniéndole ojitos. Y él me sonríe.
-Podemos esperar un poco, supongo.
Estamos un rato abrazados en el suelo des estudio. Hablamos y nos contamos cosas de estos diez años. Parece ser que le va muy bien en el mundo de la fotografía, aunque no quiere reconocerlo y yo le hablo de Kol y de Klaus. Me cuenta que al poco tiempo de separarnos su madre enfermó y murió después de dos largos y duros años de enfermedad y como su padre ha movido cielo y tierra para mantenerle. Yo me siento mal por no estar a su lado en todas esas cosas horrible que le han pasado a lo largo de su vida. Ahora vive solo en un piso en el centro de la ciudad. Promete llevarme un día de estos y yo estoy contenta. La tarde pasa volando.
-Es tarde. – le digo de repente cuando me miro el reloj.
-Pues venga, ves a cambiarte. – me sonríe y yo con morriña me levanto y voy al piso de arriba. Me miro al espejo, la sonrisa de mi cara no se borra. Soy incondicionalmente y completamente feliz. Me cambio rápidamente y bajo. Matt ya me está esperando junto a la puerta con las llaves en la mano. Salimos del estudio y le sigo hasta su coche, un Citroen blanco y sencillo que debe ser de segunda mano. Me siento en el asiento de copiloto y espero a que entre. Cuando lo hace me besa en los labios y me sonríe.
Saco mi móvil del mi bolso y veo un mensaje de la ART en el que dice que mañana convocan un casting. El de la compañía de Damon Salvatore y se lo cuento a Matt. Él me cuenta que mañana ha quedado para ir a una exposición de fotografía por la tarde y entonces me pide que le dé mi número de móvil y yo se lo doy encantada.
El trayecto a la ART se hace más corto de lo que yo deseaba y cuando llegamos aparca y me besa profundamente durante unos segundos. Y luego se aparta y me mira.
-Gracias por todo, Rebekah.
-A ti, Matt. Nos vemos pronto.
-Te lo prometo. – me dice mientras salgo del coche y le saludo con la mano mientras se va. Y me quedo sonriéndole a un coche como una boba. Unas manos me sorprenden agarrándome por detrás.
-¿¡Quién es ese!? – pregunta Katherine chillando. Y en ese momento sé que me espera una noche de confesiones, contándole a Katherine todos y cada uno de los detalles de mi relación con Matt.
