Ya eran las 6:20 de la mañana y nuestro querido Toni iba perdiendo el culo hacia el aeropuerto del Prat de Llobregat, Barcelona. Como siempre, era muy perezoso al despertar, se había puesto la alarma a las 4 de la mañana pero el muy tonto no se le ocurrió otra que tirarse dos horas metido en la ducha, pensando en cómo serían sus nuevos compañeros, si iba a hacer tanto frío en Rusia como decían los demás...bueno, se cuestionaba cosas que realmente no eran importantes, hasta se puso a pensar si había churrerías para poder desayunar los Sábados... Y ahora echaba humo por los pies para llegar a tiempo a coger el vuelo.
Una vez llegó al aeropuerto se esperó sentado, prestando atención a los megáfonos que anunciaban la salida de los vuelos.
-Los pasajeros del avión número 8 con destinación a San Petersburgo, Rusia, por favor acudan a la puerta de vuelo, gracias. -la voz sonó y el ojiverde se levantó un poco nervioso, agarró su maleta de mano, ya que la grande la había facturado. Y se dirigió a la puerta de embarco. Le dio el billete a la muchacha, y esta le permitió la entrada amablemente.
Ya dentro del avión buscó su asiento, menos mal que le había tocado ventana, amaba ver el paisaje, y seguramente le encantaría ver el cielo por encima de las nubes.
-Por favor, abróchense los cinturones, el avión está a punto de despegar- la voz de una de las azafatas sonó por los altavoces del avión, y al fondo se veía una muchacha explicando como usar cada cosa en caso de accidente, cosa que puso más nervioso al hispano, que nunca había volado en avión y ahora estaba desesperado por que no pasara nada malo.
El vuelo pasó rápido para Antonio, ya que se había quedado dormido las 5 horas de viaje. Se despertó cuando una de las azafatas le zarandeo un poco. Se levantó de su asiento, cogió sus cosas y salió del avión, a la zona donde recogen las maletas.
Estuvo esperando durante poco rato, ya que la suya fue una de las primeras en salir, la cogió y se dirigió a la salida, donde el hombre de ayer, que estaba en el despacho del director, le esperaba con un cartel donde ponía su nombre. Se dirigió hacia allí.
-Hola, gracias por venir a buscarme -estiro el brazo y estrecharon las manos. -No tiene porqué darlas señor Carriedo.-le contestó con ese acento ruso marcado y sonriendo. -Por favor,llamame Toni Antonio -dijo el castaño con una de esas típicas sonrisas suyas.
-Como desee, Toni. Ahora nos dirigimos a la limusina e iremos a la universidad donde uno de mis mejores alumnos le enseñara el recinto, le dará su horario, y le ayudará a aprender Ruso.- el ojiverde no se esperaba tal cosa, si que era una universidad de las buenas, tal como había dicho ayer en la reunión. -Vale, muchas gracias por aceptarme, es un honor para mi haber sido elegido entre tantos, para estudiar en su universidad.- sonaba muy emocionado. - No hay de que, ahora señor Antonio,acompáñeme hasta la limusina y nos iremos. -dicho eso, se pusieron en camino fuera del aeropuerto donde una limusina grande y negra con el símbolo de la escuela les esperaba. El español al salir del aeropuerto notó una ola gélida de aire, que le hizo taparse con el abrigo. Tenían razón los demás, joder que si hace frío! Se le van a congelar las manos!
Tardaron unos pocos minutos en llegar a la universidad donde un chico de cabello ceniza y ojos violetas esperaba frente la puerta. El director y Antonio salieron del coche y fueron donde el muchacho les esperaba, entraron en el recinto donde les ofrecieron una taza de chocolate caliente, que el hispano no se negó a rechazar.
-Este es nuestro mejor estudiante, Ivan Braginski.-el director presentó al rubio alto y de ojos amatistas, que le sonrió infantilmente al castaño, y este le devolvió la sonrisa y estrecharon las manos. -Encantado, soy Antonio Fernández Carriedo, un placer conocerte. -sonó lo más amable que pudo, no quería dar mala impresión. -El placer es mío señor Carriedo. -se le notaba un poco el acento ruso. -Por favor,llámame Antonio, o Toni. -el ojiverde se lo dijo con una risilla agradable y un poco sonrojado, no le gustaba que le llamaran señor, le hacía sentir viejo y solo tenía 19 años. -Oh...- el ruso soltó una risilla- vale, lo siento Toni -le sonríe el eslavo de una manera que las mejillas del castaño tomaron un color rosado, que el de ojos amatista notó y le pareció realmente adorable.
-Bueno, ahora Ivan te acompañará a dejar las maletas a tu cuarto y te enseñará todo el recinto de la Universidad -se despide de los muchachos y se va a su despacho, tenía una reunión importante.
El de cabellos ceniza agarró una de las maletas del hispano y se puso a caminar hacia el ascensor que llevaba a los cuartos.
-Oye, no hace falta que las lleves, yo puedo con ellas- dijo el castaño mientras le seguía. -No pasa nada, hay que tratar de buena manera a los nuevos, así que no te preocupes y déjame llevarte la maleta. -llegaron al ascensor y se metieron dentro, lo que el castaño no esperaba era que el ruso le acorralara contra la pared con cara de pocos amigos y un aura bastante oscura. - Mira niño pijo, me ha costado mucho llegar al nivel de mejor estudiante de esta Universidad, y no pienso dejar que un estúpido extranjero como tú me arrebate dicho estatus. Así que por tu bien, no hagas nada que me pueda enfadar. Te ha quedado claro? -de haber pasado de esa adorable sonrisa inocente al mismísimo demonio Antonio no sabía como reaccionar quedándose pálido, temblando como un flan, y cuando quiso hablar las puertas del ascensor se abrieron, el eslavo agarró la maleta y salió, con un ojiverde cabizbajo y asustado como un niño pequeño detrás suyo. -Ya hemos llegado a nuestra habitación, y sí, digo nuestra porque a partir de ahora serás mi compañero de cuarto, así te tendré bien vigilado. -un escalofrío se apoderó del cuerpo de Antonio, realmente ese muchacho adorable que les había recibido antes, era así? Dios, dejaría de ser tan estúpido y no coger confianza tan pronto con la gente.
El ruso abrió la puerta y entró dejando las maletas de Toni a un lado. -Vamos, date prisa a acomodarte que te tengo que enseñar todo el recinto y quiero que sea rápido, no quiero perder el tiempo con un niño pijo como tu. -sonaba terriblemente frío, como el clima de ese país. El castaño se quitó el abrigo y lo dejó en la cama que parecía ser la suya, porque la otra estaba un poco desordenada y con apuntes por encima.
-Esto...antes de irnos...tengo, que ir un momento...al baño...-la voz del español temblaba de una manera que se hizo notar bastante. Abrió su maleta, sacó como una especie de cajita pequeña de plástico y se metió dentro del baño.
-Vale pero que sea rápido.-el eslavo se sentó en su cama cruzando los brazos.
Ya habían pasado como unos 20 minutos y el castaño no salía del baño, Ivan ya se estaba cabreando, decidió mirar que hacía, así que abrió la puerta con cuidado de no esperarse algo desagradable, pero lo que se encontró fue a un castaño sin camiseta frente al espejo y en el suelo un montón de gasas manchadas con sangre, se fijó bien lo que hacía el español, se estaba curando una herida que tenía en uno de los costados bajo las costillas, a la altura de la cintura. La herida parecía ser de un arma blanca, era bastante grande, y por lo que parece no había cicatrizado aun, lo que dio a pensar al ruso que era una herida reciente. También tenía vendas y gasas por el resto del torso, pero eran más pequeñas, y en la espalda una gran cicatriz que le recorría desde la nuca hasta el final de la espalda, realmente parecía doloroso todo lo que los ojos amatistas estaban viendo.
Antonio se percató de la presencia de alguien más, se giró para ver quien era. Su mirada verde se chocó con la amatista del otro, que le miraban con pena y tristeza. A lo que el español desvió la mirada y su voz volvía a temblar.
-Yo...lo siento, te he hecho esperar mucho...pero es que...no puedo ir más rápido...-se giró otra vez hacia el espejo para terminar de colocarse bien la gasa y ponerle esparadrapo. El eslavo no sabía qué decir, se había quedado petrificado, como un cuerpo tan pequeño como el del castaño (pequeño para el, que era un chico muy alto y esbelto) había sufrido tantos daños físicos y además tan recientes. -No...no te preocupes...no pasa nada, tomate tu tiempo...-dijo Ivan, iba a cerrar la puerta cuando Antonio se giró para pedirle algo. -Oye...Ivan, me podrias ayudar...es que...tengo que ponerme esto en la espalda y no puedo yo solo.-le enseñó un bote de pomada.
-Claro, no hay problema...- el de cabellos ceniza entró al baño cerrando la puerta tras él, se acercó al castaño, cogió el bote de crema, abriéndolo y echándose un poco en la palma de la mano. Con sumo cuidado empezó a untar la crema sobre la cicatriz de la espalda, notando como el hispano se estremecía un poco por el frío de sus manos. La piel de el español era muy cálida y suave, de no ser por esas heridas tendría un cuerpo muy bonito, aunque tampoco le hacían ver mal, solo que se veían muy dolorosas. Alzó sus ojos lilas al espejo mirando el reflejo de Antonio, que tenía la mirada agachada perdida en la nada.
-Antonio...-el castaño volvió en sí al oír su nombre y miró al eslavo por el reflejo del espejo- Oye...como te ha pasado todo esto? Lo de las heridas y cicatrices...- Ivan quiso preguntar lo más suave posible pero Antonio solo agachó la mirada otra vez.
