El castaño alzó la mirada otra vez, suspirando, se giró quedando cara a cara con el eslavo, que no se esperaba que el ojiverde le mirara con esa sonrisa tan dulce en la cara.
-No es nada, solo que tuve un pequeño accidente en casa, así que no te preocupes- Ivan se sonrojó un poco por esa expresión que le parecía endemoniadamente linda, de manera rápida desvió la mirada haciéndose el duro.
-Yo no estoy preocupado.- sonó a la defensiva, algo que Antonio pilló, haciendo que se le escapara una risilla.
-Ya ya...- guardó las cosas en la cajita que tenía en frente, recogió todas las gasas del suelo y lo limpió todo, dejándolo impoluto. -Bueno, ya podemos ir a ver el recinto. - dijo eso mientras se ponía la camiseta de nuevo y encima una de sus sudaderas favoritas, que le iba un poco grande pero le quedaba perfecta.
-Claro- el eslavo asintió y fueron a dar una vuelta por el recinto, No tardó mucho en enseñarle lo más importante, cuando llegaron al aula de música los ojos del castaño se iluminaron. Esa clase ya era su favorita sin tener apenas una clase. Todos esos instrumentos, el aura de la clase, hasta la luz que desprendía le había encandilado de sobremanera. Ivan al verle así, mirando todos los instrumentos se le dibujó una pequeña sonrisa en la cara inconscientemente.
-Oye...¿Puedo coger la guitarra un momento?- dijo el español sin separar la mirada de una guitarra que le recordaba a la de su hermano mayor.
-Si ¿Sabes tocarla?- se acercó un poco al castaño bajándole la guitarra ya que el ojiverde no podía, entregándosela con cuidado.
-Pues claro! Meenseñóo mi hermano cuando era pequeño...-cogió la guitarra con mucha delicadeza sentándose en uno de los pupitres. - Me acuerdo solo de una canción que me cantaba, hace tanto tiempo que no le veo...- su mirada se volvió un poco triste pero aun seguía con esa dulce sonrisa en su rostro.
-Así que solo te acuerdas de una...¿Me la podrías enseñar, por favor? -el eslavo se sentó en el pupitre de enfrente, pero al revés, poniendo el pecho en el respaldo de la silla y la barbilla en sus manos, apoyado. Viendo como las mejillas del castaño se ruborizaban un poco por lo que acababa de preguntar.
-Es que...me da mucha vergüenza, no canto muy...bien...- Antonio se rascaba la nuca nervioso y con vergüenza, mientras una risa traviesa salía de los labios del ruso.
-Venga...por favor, solo un poco, da? - la actitud del ruso le era extraña al español, cambiaba repentinamente de estados de ánimo, como si se tratara de bipolaridad y ahora mismo estaba mirándole con ojitos de cachorrito, insistiendo en que tocara la guitarra.
El castaño suspiró rendido y con una media sonrisa en la cara.
-Vale, cantaré, pero no te rías vale? Que hace mucho que no toco ni nada y a lo mejor me sale mal...- el ruso solo asintió esperando a que Antonio cantara, y es lo que hizo, empezó a deslizar los dedos delicadamente entre las cuerdas de la guitarra creando un sonido que le gustó mucho a Ivan, haciendo que prestara más atención. Entonces la voz del castaño salió suavemente de sus labios, cantando con una voz dulce y preciosa, sin fallo alguno, cantaba al compás de la música haciendo que cada palabra y nota congeniaran perfectamente, dejando a un Ivan boquiabierto ante el talento de su nuevo compañero.
Estuvo todo el tiempo que duró la canción mirándole adulado, no quería que dejara de cantar, le relajaba oírle. Pero por desgracia de Ivan la canción se acabó.
-Ha sido...alucinante, tienes una voz preciosa Antonio! -tuvo que aplaudir, le había encantado. Ante esas palabras la cara del español era un completo tomate.
-Muchas...muchas gracias...-su voz temblaba por la vergüenza, le devolvió la guitarra a Ivan, que la dejó en su sitio otra vez y siguieron el ''tour'' por la Universidad, hasta volver a la habitación. Ya se había hecho un poco tarde, porque estaba oscureciendo, además habían encendido las luces del campus.
-Espera un momento que te doy tu horario, que lo tengo por aquí -buscaba en su escritorio el horario del español y al encontrarlo se lo ofreció, al igual que los libros que iba a necesitar, menos mal que estaban en inglés y los entendía si no, cateaba como un chino. El ruso le ofreció al castaño sus cosas, y Antonio las colocó en su escritorio. -Ahora si quieres me voy mientras sacas la ropa de la mochila y te acomodas mejor- dijo Ivan dirigiéndose a la puerta.
-Oh, no hace falta, termino en muy poco y luego me daré una ducha, pero puedes quedarte no pasa nada -le ofreció una de esas sonrisas que estaban llenas de luz, una luz cálida como la del país natal del nuevo, sacándole a Ivan de sus pensamientos, dejándole embobado mirando esa sonrisa blanca que derretía los congelados polos.
-Vale, como tu quieras, yo me pondré a terminar un trabajo y luego si eso te enseño lo básico de ruso, da? -le ofreció una de esas infantiles sonrisas al castaño, que este le devolvió igual.
-Da! -dijo Antonio emocionado, le gustaba aprender nuevos idiomas, además de que el idioma eslavo siempre le había parecido alucinante, sin saber por qué. Se fue al baño con su pijama y su neceser. Ya dentro del baño, empezó a desvestirse, dejando la ropa sucia a un lado. Se quitó las gasas con cuidado y se metió en la ducha.
Mientras el español se duchaba Ivan se puso en su escritorio a terminar el trabajo, lo terminó en menos de cinco minutos ya que solo tenía que repasar un par de cosas, así que se tumbó en su cama pensando en las musarañas, aunque el sueño le venció y se durmió. Había tenido un día muy agotador y estaba reventado.
A los 20 min, Antonio salió del baño con tan solo los boxers puestos. -Ya he terminado...Ivan...-se queda mirando la cama del ruso, donde estaba su compañero de habitación, dormido, como un tronco. Abrazado a la almohada como si de un koala se tratara. Antonio se acercó riendo por lo bajito, y se agachó a la altura de la cama de Ivan, mirándole como dormía. A los pocos segundos, el eslavo abrió los ojos, encontrándose con los esmeralda del castaño, que lo miraban fijamente, con una sonrisa en la cara y las mejillas con un ligero tono rojizo.
-Vaya...lo siento, te he despertado...- dijo el castaño incorporándose y rascándose la nuca.
- Tranquilo, no pasa nada -se frotó los ojos y se sentó en la cama- Bueno, por donde empezamos las clases de ruso?
-Em...esto...no las podemos aplazar para mañana? - El español bostezó. -Es que estoy un poco cansado por el viaje...y a lo mejor no presto la misma atención al estar cansado...-buscó una excusa un poco mala, estaba cansado y no le apetecía hacer nada ahora mismo, solo dormir, a pata suelta-
- Oh, si es por eso no pasa nada, la aplazamos para mañana. Eso si, preparate porque en cuanto me levante yo, te levantas tu eh, y que sepas que soy MUY estricto -el rubio se lo dijo al español en plan broma, pero iba en serio.
Antonio se rió asintiendo- Claro, no pasa nada, creo que podré soportarlo, señor Braginski -marcó el señor en plan cachondeo y se giró para coger la camiseta del pijama, era una de tirantes bastante ancha abierta a los lados y de color naranja con un estampado de un CD roto.-
-Lo digo en serio señor Carriedo -también remarcó el señor, sabiendo que a Toni no le gustaba, entonces el castaño giró el rostro con una expresión que hizo reír a plena carcajada al rubio que después fue seguida por la risa del español, que ya se había puesto el pijama completo, metiéndose en la cama arropándose-
-Buenas noches Ivan, hasta mañana! -sonrió Antonio dulcemente mientras cerraba los ojos y se acurrucaba en las colchas, tenían un olor a limpio increíble, y eran muy calentitas. A los pocos segundos, ya se había quedado dormido completamente, su mayor habilidad era la de quedarse dormido, sea donde sea, si quiere dormir, duerme.-
-Spokoynoy nochi Antonio -el de ojos amatistas se durmió también. Mañana ya sería un día nuevo y tendrá mucho trabajo, será mejor descansar.
