Las 6:00 de la mañana, un sonido electrónico suena en la habitación de los dos universitarios haciendo despertar al rubio, que da un manotazo en la mesita de noche chafando el despertador soltando algunas maldiciones en ruso por lo bajo. El eslavo se incorporó, sentándose en la cama con parsimonia mirando al rededor de la habitación hasta fijar la mirada en un pequeño bulto en la cama contigua a la suya. Sonrió medio dormido, no se acordaba de su nuevo compañero, que ahora dormía plácidamente abrazado a la almohada, como un niño pequeño. El de ojos lilas se levantó poniéndose en pie, estirándose perezosamente y soltando un gran bostezo. Se acercó a la cama del hispano, y le observó dormir, una tonta sonrisilla se le dibujó en la comisura de los labios, pero recordó que tenían que estudiar, a parte hoy era la primera clase de Antonio y tenía que prepararle bien para que no se perdiera.
Con una mano zarandeo un poco al castaño, que se removió molesto en las sabanas, haciendose una bolita y soltando quejidos.
-Vamos Antonio...tienes que despertarte, que es tu primer día de clase y no puedes llegar tarde...-seguía zarandeando con pasotismo, ya que también tenía sueño y no le gustaba madrugar para nada.
-No quieroooo...cinco minutitos más...-es lo único que soltó el castaño para después caer de la cama, por un empujón por parte del eslavo que empezó a reírse divertido- Aaay..eso no tiene gracia Ivaaan...-seguía medio dormido aunque se hubiera caído, frotándose el trasero tras el golpe.
-Es que no te levantabas, y tienes que prepararte -le extendió la mano para que pudiera agarrarse y poder levantarse.-
El español, agradecido le agarró de la mano, y el eslavo tiró levantandole de un tirón.-gracias -ríe estirándose y rascándose la barriga, que ahora gemía pidiendo comida, ya que tenía bastante hambre. La cara del castaño era un cuadro, se moría de la vergüenza.- Creo que...tengo hambre...-se rasca la nuca con nerviosismo.
Una carcajada se oye por parte del eslavo que lo miraba divertido.- En cuanto nos arreglemos, bajamos a desayunar y luego te acompaño a clase, que la primera hora tenemos lo mismo -tras decir eso sacó ropa limpia de su pequeño armario, al lado del escritorio, y la dejó encima de la cama.-Si quieres ducharte primero no hay problema, o prefieres que me vaya duchando yo?- se giró mirandole, ahora estaba agachado de espalda al eslavo, cogiendo la ropa de uno de los cajones de la mesita de noche. Ivan se sonrojó ya que lo único que vio era el trasero de Antonio, respingón y tenso, muy bonito pensó el ruso, tuvo que sacudir un poco la cabeza de lado a lado para quitarse esa idea de la cabeza.
- Ves duchándote tu, yo de mientras preparo la mochila-el castaño se incorporó y giró el rostro dándole una de esas cálidas sonrisas que dejan a Ivan con cara de tonto enamorado. Antonio notó ese gesto en la cara del de ojos violeta, y soltó una risilla divertido, con las mejillas rosadas, por la vergüenza de que le mirara así.- Anda tira a bañarte que mirar las musarañas no es bueno.-sonríe poniendo la mochila encima de la cama sacando de sus pensamientos gays y rosas al ruso, que se sonrojó girándose rápidamente para no mirar al español.
-No tardo..-se metió en el baño de la habitación, y Antonio escuchó el ruido del agua de la ducha caer, soltó un suspiro con una media sonrisa en la cara y siguió preparando sus cosas, hoy iba a ser un largo día lleno de clases que no entendería, pero al menos estaba más tranquilo sabiendo que tenía un ruso bipolar a su lado...aunque eso no puede ser bueno.
Antonio solo rezaba para que no le diera un ataque de bipolaridad y lo mandara a la mierda de una ostia.
Cuando el ruso terminó de ducharse, salió del baño con una toalla liada en la cintura, enseñando su bien fornido torso. Unos pectorales que se notaba que habían sido trabajados, unos abdominales que harían desmayar a cualquier muchacha, y unos hombros anchos. Eso llamó la atención de un español que ahora mismo estaba boquiabierto sin disimulo alguno delante de él, con un par de libros que no tardaron en caer al suelo.
-Dios...santo...Ivan que cuerpazo!-el castaño se agachó a coger los libros que se habían caído, viendo como el eslavo se sonrojaba.
-¡No digas eso! Soy...soy un chico..-bajaba la cabeza por la vergüenza, nunca se lo habían dicho, solo un par de chicas, las típicas guarrillas de turno.
-¡Y que! Si una persona tiene buen cuerpo se le dice -soltó una risa para después volver a hacer lo que estaba haciendo, arreglar su mochila.- Bueno ahora iré yo a ducharme, espero no tardar -deja las cosas listas encima de la cama y coge el neceser y las zapatillas.
-Si necesitas ayuda, dimelo ¿vale? -lo decía por si tenía que echarse pomada otra vez, o ayudarle con las gasas.-
El castaño asiente sonriendo dulcemente, y se mete en el baño dejando las cosas aun lado. Enciende la ducha comenzando a quitarse el pijama y doblarlo para que no se arrugara. Cuando ya estaba completamente desnudo, comenzó a quitarse las gasas, con cuidado dejándolas a un lado. Se miró al espejo y comenzó a recordar todo lo que le había pasado, el porqué de esas horrendas heridas y cicatrices...Se había jurado a sí mismo que mataría al cabrón que le hizo todo eso. Sacudió la cabeza para quitar esos pensamientos, era su primer día de clase y no podía ir de mala leche.
-Controlate Antonio...-se dijo a si mismo rascándose la nuca. Se metió en la ducha y puso el agua fría, era lo que mejor le iba para relajarse, se estremecía con el contacto helado del agua caerle por la espalda hasta las piernas, y de las piernas a los pies, hasta que el agua desaparecía por el desagüe, teñida de un ligero rojo. La cara del hispano tenía una expresión de terror y miedo, se le había abierto la herida, la que había estado tratando durante toda la semana.
Un grito sonó desde el baño, e Ivan se le heló la sangre cuando supo que era Antonio, rápidamente entró en el baño, asustado.
-¡¿Qué pasa Antonio?! -abrió la mampara de la ducha, y solo pudo ver rojo, un rojo intenso que hacía daño a la vista, un rojo que cubría el cuerpo del hispano que ahora estaba sentado en el plato de la ducha apretando contra la herida para que dejara de sangrar, temblando como una gelatina, asustado y llorando. - ¡Der'mo! -el ruso rápidamente cogió una toalla y envolvió al castaño con ella, sacándolo de la ducha con cuidado para dejarlo en la cama, cubierto con la toalla.-Espera aquí, ¿vale? Voy a por ayuda, y no dejes de apretar en la herida. Cuando vio al hispano asentir, no sin dificultad, salió corriendo de la habitación hasta la enfermería. Desesperado le explicó a la enfermera lo que pasaba, y esta subió rápidamente a la habitación, pero antes le dijo al rubio que avisara al director, y que este avisara a sus padres, los de Antonio. Ya llegando al despacho del superior, picó y este le dejó entrar.
-¿Qué pasa Ivan que vienes tan nervioso?- el hombre se lo preguntó un poco confuso viendo al eslavo tan agitado.-Siéntate que te va a dar un mareo o algo muchacho..-se levantó acercándose a Ivan.
-Es...es Antonio...-respiraba agitado apoyándose en sus rodillas, cogiendo grandes bocanadas de aire.- Se le ha...abierto la herida y...ah...no para de sangrar...hay que llamar a sus padres..-pudo hablar un poco más tranquilo cuando cogió el oxígeno perdido.
-No puedo llamarles Ivan...-el tono del director cambió a uno serio y triste a la vez, dejando a Ivan confuso, mirándole extrañado.¿Por qué no podría llamarlos?
-¿Eh? ¿Cómo que no puedes? ¿No tienes el número?- la cabeza de Ivan se llenó de preguntas curiosidad.
-Pues...no se me permite decir esto sin el consentimiento de Antonio, pero él...no tiene padres...no puedo llamarles, por qué es huérfano...
