Capítulo III
"¿Qué ha pasado?" La inspectora no paraba de repetirse esa pregunta en su cabeza una y otra vez. Una enfermera estaba con ella en la sala de espera de la comisaría. El primer golpe le había hecho sangrar, pero no había sido lo suficientemente profundo como para necesitar puntos.
− Parece que aquí ya he terminado, inspectora.
− Muchas gracias.
La voz de Kate sonaba fría, distante. Apenas podía recordar con claridad qué había pasado exactamente, el golpe la había dejado confusa.
− Eh Beckett, ¿qué tal?
− No sé Espo, estoy… Dios mío, ¿y Castle?
En ese momento se acordó de todo, todo lo que había pasado invadió su mente. Ella estaba besando a Rick, y uno de los dos hombres que se lo llevaron la golpeó por detrás con algún objeto, quizás con una pistola. La dejaron en el suelo inconsciente y apuntaron a Castle con su arma. Y desaparecieron de la calle, se esfumaron.
− ¿Qué ha pasado Kate? − Ryan no parecía haber escuchado su pregunta, o simplemente no quería responderla.
− Yo estaba con Castle en la calle, íbamos a subir a la comisaría y… No, por favor, esto no puede ser real. − Kate se llevó las manos a la cabeza, apartándose el pelo de la cara. − Le han secuestrado, han secuestrado a Castle.
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− ¿¡Alguien puede decirme dónde estoy!?
Richard estaba desesperado. No por su situación, él sabía que podía salir de esta, pero habían dejado inconsciente a Kate, y no la había visto levantarse de la acera. "Joder, joder, esto no puede estar pasando". Miró a su alrededor en busca de algo que pudiera ofrecerle alguna pista sobre su paradero, pero todo estaba oscuro. Intentó levantarse, pero estaba atado por pies y manos mediante unos trozos de una cuerda muy gruesa, tan gruesa que estaban empezando a aparecer rozaduras en sus muñecas, y le escocían. De repente, notó como si algo en su pantalón vibrara. "Mierda, el móvil". Alguien le estaba llamando. Intentó sacarlo del bolsillo, pero todo esfuerzo fue en vano. El bolsillo estaba demasiado pegado a su pierna, y el móvil no salía de él. "Richard Castle, tranquilízate, seguro que ella estará bien". No podía dejar de pensar en Beckett, ¿habría sido el golpe demasiado fuerte? No estaba seguro. Mientras esas ideas recorrían su mente a toda velocidad, unos pasos se acercaban a la habitación donde estaba encerrado. Justo en frente de él, esos pasos se detuvieron, y la puerta de la sala se abrió, dando paso a una luz que lo cegó por unos segundos.
− Hola señor Castle, es todo un placer tenerlo aquí.
Una figura se alzaba ante él. No era muy alto, mediría alrededor de un metro sesenta, y no tenía mucha musculatura. ¿Cómo un hombre así había podido con él? "Ah no, eran dos hombres". Ahora sí que tenía sentido. Sin embargo, a pesa de su escasa forma física, imponía respeto. Debía ser un hombre muy inteligente, por su forma de hablar, y a Castle eso no le gustaba.
− Por lo que veo yo no puedo decir lo mismo. ¿Dónde estoy?
− Por favor, ¿un hombre tan inteligente como usted haciendo ese tipo de preguntas? Sabe perfectamente que si se lo dijera no tendría gracia.
− Gracias por el cumplido, es una forma genial de acoger a sus invitados.
− Veo que no se cansa nunca de ser el graciosillo de la clase, señor Castle. ¿Quiere jugar? Pues juguemos.
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− Kevin, esto la está superando.
El detective Espósito observaba a Beckett con preocupación. Jamás la había visto así, ni cuando aquel francotirador amenazaba a la ciudad de Nueva York con sus ataques a personas inocentes. Ese caso fue duro para ella, pero el secuestro de Castle la estaba poniendo peor aún.
− Javi, crees… ¿crees que deberíamos hablar con ella?, ¿contarle que ya sabemos de su relación con Castle?
− Mira bro, lo que debemos hacer ahora es ayudarla con esto y encontrar a esos hijos de perra que se lo han llevado.
Toda la comisaría andaba de un lado para otro sin saber muy bien qué hacer, y la capitán Gates no daba abasto. Sin embargo Kate no podía actuar, no se sentía con fuerzas para hacerlo. "Por Dios Kate, tú nunca has sido así, afronta esto como siempre". Sólo necesitaba un respiro, un poco de aire fresco, eso era todo. Cogió su chaqueta y salió rápidamente a la calle.
− ¡Eh Kate!
− Ahora vuelvo chicos, no os preocupéis.
Mientras bajaba en el ascensor todo tipo de dudas sobre el estado de Rick la atormentaban. Se estaba ahogando en ese caos en el que la comisaría se había convertido. Salió a la calle e inspiró profundamente el aire de Nueva York. Miró su móvil, por si Castle había conseguido llamarla, pero nada. Cuando se disponía a guardarlo otra vez en su chaqueta beige, de repente sonó. Rick, en la pantalla aparecía su foto.
− ¡Castle!
− Me temo que se equivoca, inspectora.
− ¿Quién eres? ¿Dónde está Castle?
− Eh, no tan rápida, preciosa. Presiento que usted y yo vamos a llevarnos muy bien, todo sea por el bien de su querido novio, ¿verdad?
− Te juro que…
− No jure nada, señorita. Todavía puedo convertirme en la peor de sus pesadillas.
