Capítulo V
"Kate, ¿dónde estás?". Castle se estaba volviendo loco. No conseguía coger su móvil y aquel tío no había vuelto a hablar con él. Quería marcharse de allí de una vez por todas, no le agradaba la idea de tener que esperar allí mucho más tiempo. Intentaba con todos sus esfuerzos liberarse de aquellas cuerdas que ataban sus manos y pies y que le impedían moverse, pero sin éxito alguno. Parecía que conforme más movimientos hacía, más se apretaban, y el daño empezaba a ser considerable, tanto que empezó a notar pequeñas rozaduras ensangrentadas en sus muñecas. Todo aquel intento de no perder la cabeza y de mantenerse alerta le estaba resultando costoso. Notaba como sus ojos se iban cerrando por el cansancio, y sus brazos y piernas apenas respondían ya. Decidió dejar a un lado la idea de deshacerse de las cuerdas y comenzó a pensar en otra forma de salir de allí. Miró a su alrededor, sin éxito, aquella sala del demonio estaba demasiado oscura. Se fijó en la puerta por la que había entrado el secuestrador, y se fijó en la sombra de unos pies que caminaban de un lado para otro, inquietos. Ese no era el tipo que había entrado antes a hablar con él, ni mucho menos. "El cómplice, el que me pegó cuando estaba en la calle con Beckett". Los conocimientos de Rick sobre el lenguaje corporal le decían que aquel tipo no quería estar allí. Así que decidió interactuar un poco con él.
− ¡Hey! ¿Hay alguien? ¡Por favor!
De repente, los pies se quedaron parados delante de la puerta, y el tipo dio un golpe a la puerta, en señal de que quería que Castle se callara.
− Eso no funciona conmigo. No voy a parar hasta que me hagas caso. – No obtenía respuesta alguna. − ¡Venga! Llevo aquí, cuántas horas, ¿seis? Necesito ir al baño, es urgente, por favor.
Entonces se abrió la puerta y entró. Era un hombre corpulento, y parecía extranjero, de Europa del este.
− ¿Qué quieres, chaval?
− ¿Es que no me has oído? Llevo gritando un buen rato.
− No puedo dejar que salgas, lo siento.
− ¿Por qué no? ¿Es que tu jefe te va a matar a ti también si me llevas al baño? Vamos, por favor, no te cuesta nada.
El hombre le miró indeciso, pero finalmente dijo: "Bueno, no pasará nada, pero yo me quedo en la puerta, ¿queda claro?". Castle asintió con la cabeza y ambos se dirigieron al baño.
− Mmm... no puedo mear si tengo las manos atadas, es un poco difícil.
− No me pienso mover de aquí. – Cuando el grandullón le desató las manos, Rick sintió un enorme alivio, y se tocó las muñecas intentando reducir el daño que esas malditas cuerdas le habían hecho.
− Estás tardando.
− Ya voy, ya voy.
Cerró la puerta del baño y sacó rápidamente el móvil del bolsillo. Lo desbloqueó y miró en las llamadas recientes, para tardar el menor tiempo posible.
− ¿Kate? ¡Kate! Soy Castle, tienes que sacarme de aquí, por favor, haz alguna de esas cosas de policías, ¡pero sácame de aquí ya! – dijo con una voz apenas audible.
− ¡Chicos, es Castle! Oh Dios mío, ¿estás bien? Apenas te oigo. ¿Dónde estás? ¿Ves algo?
−No sé dónde estoy, me tenían encerrado en una habitación. Kate, localiza esta llamada o lo que sea, pero ven cuanto antes, estos tíos no tienen buena pinta.
− Estamos haciendo todo lo posible pero... ¿Castle? Mierda.
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− Chicos, ¿lo habéis localizado?
− No ha dado tiempo Beckett, lo siento.
− Tenemos que encontrarle, nadie se va a ir de aquí hasta que no lo traigamos sano y salvo. ¿tenéis algo sobre Robert?
− Al parecer este tío está en la ruina, no tiene coche, sus cuentas bancarias están vacías... Tenía un almacén de la empresa de su padre que heredó cuando este murió, pero el banco lo embargó hace unos meses y está precintado. Según un empleado de otra planta junto al East River, esta mañana habían arrancado el precinto, pero cuando miró dentro no había nadie. ¿Crees que Castle puede estar encerrado ahí?
− Vamos a comprobarlo.
